El 26 de abril de 1986 explotó un reactor de la central nuclear Vladímir Ilich Lenin, ubicada en el norte de Ucrania (en ese momento parte de la Unión Soviética), a 18 kilómetros de la ciudad de Chernóbil. Han pasado 40 años del que está considerado el peor accidente nuclear de la historia .

Techo derrumbado
Restos del techo derrumbado de la central nuclear de Chernóbil, dañada en el incendio ocurrido en la sala de turbinas del reactor número 2, en Chernóbil, Ucrania.

Noria abandonada
Una noria abandonada se alza en un parque de la ciudad, el 15 de abril de 2021, en la ciudad abandonada de Pripyat, Ucrania, que alguna vez fue el hogar de trabajadores y sus familias cuyas vidas estaban ligadas a la cercana central nuclear de Chernóbil.

Sala de control
La sala de control altamente contaminada del reactor número 4 se observa en el interior de la central nuclear de Chernóbil, en Chernóbil, Ucrania, el 10 de noviembre de 2000. Los ingenieros accionaron un interruptor a la 1:23 de la madrugada del 26 de abril de 1986, lo que provocó dos explosiones y el peor desastre nuclear del mundo.

Restos de un colegio
Un potro de gimnasia se encuentra en una escuela en la ciudad desierta de Pripyat, Ucrania, el 5 de abril de 2017, que alguna vez fue el hogar de personas cuyas vidas estaban ligadas a la cercana central nuclear de Chernóbil.
Un ensayo que salió mal
La pesadilla comenzó a las 01.23 de la madrugada de aquel 26 de abril. El equipo de la central nuclear de Chernóbil iba a hacer un experimento en el reactor nº4 . Se trataba de probar los sistemas de seguridad en condiciones extremas , como apagones. Pretendían averiguar durante cuánto tiempo continuaría generando energía eléctrica la turbina de vapor después de una pérdida del suministro de energía eléctrica principal del reactor.
En caso de un corte, las bombas refrigerantes de emergencia requerían de un mínimo de potencia para ponerse en marcha —para rellenar el hueco de entre 60 y 75 segundos hasta que arrancasen los generadores diésel— y los técnicos de la planta desconocían si, una vez cortada la afluencia de vapor, la inercia de la turbina podía mantener las bombas funcionando durante ese lapso. El caso es que el corte eléctrico, añadido a una serie de errores del operador, desembocó en la fusión del núcleo del reactor RBMK de la unidad , moderado por grafito.
Al entrar el grafito en contacto con el núcleo, se produjo un pico masivo de energía y el núcleo se sobrecalentó. Al cabo de tres segundos, el nivel de potencia se elevó por encima de los 530 MW. De acuerdo con algunas estimaciones, la potencia del reactor aumentó a alrededor de 30.000 MW, diez veces la producción normal.
La última lectura en el panel de control fue de 33.000 MW. Entonces, se oyeron fuertes ruidos y se produjo una explosión causada por la formación de una nube de hidrógeno dentro del núcleo, que hizo volar la tapa de 2000 toneladas del reactor , provocando un incendio en la planta y una gigantesca emisión de productos de fisión a la atmósfera.
Los liquidadores del desastre
Capítulo aparte merecen los liquidadores, las personas que se ocuparon de minimizar las consecuencias del desastre nuclear. Se calcula que fueron aproximadamente 600.000. Los equipos de liquidadores los formaban, sobre todo, bomberos, obreros, científicos y especialistas de la industria nuclear; pero también había tropas terrestres y aéreas preparadas para la guerra atómica, ingenieros de minas, geólogos y mineros del uranio. En teoría, todo el personal no militar era voluntario
Vestían trajes cubiertos con 3 cm de plomo para que no absorbieran mucha radiación. Para su trabajo, se les daba una pala, que luego era desechada, puesto que había estado en contacto con el grafito que anteriormente había estado en el interior del núcleo.
Se calculó que 90 segundos era el tiempo máximo que un liquidador podía estar expuesto a la radiación. Cuando subían al techo del reactor tenían ese minuto y medio para limpiar los escombros y lanzarlos por una barandilla que daba al núcleo del reactor con el fin de que luego se tapara y no pudiera liberar más radiación. Una vez que un liquidador regresaba de esos limpiar durante esos 90 segundos no podía volver otra vez.
Muchos de los liquidadores enfermaron de cáncer en los meses posteriores . Evitaron el riesgo de una liberación radioactiva aún más devastadora por toda Europa y fueron condecorados con el título de Héroe de la Unión Soviética. Cuarenta años después, solo cinco miembros de uno de los primeros equipos de intervención siguen vivos.








