El pulpo, la barracuda y la reunión de abulones: Phoibos Wave Master Abalone

Yo no tengo párpados que cierren mi mirada: vivo siempre abierto al mundo líquido que me envuelve. Mi casa es la grieta oscura de una roca que el tiempo ha pulido, allá donde la luz del sol se disuelve en penumbras verdes y azules. El fondo marino conforma mi medio de vida, y cada corriente que roza mis brazos es como un susurro que me anuncia noticias interesantes y a veces amenazantes.

Mis ocho extremidades no solo me llevan, también me hablan. Con ellas palpo, pruebo, abrazo y hasta pienso. Cuando me desplazo suavemente sobre la arena, siento el pulso secreto de los gusanos escondidos; cuando acaricio un coral, percibo la antigüedad del océano en su rugosa estructura. Cada ventosa es una boca diminuta que se aferra a la piel del mundo marino.

No soy un guerrero, aunque mi cuerpo sabe transformarse en sombra o piedra. La piel que me viste es un lienzo vivo: cambia de color según lo dicte la emoción o la amenaza. Si el depredador se acerca, me vuelvo humo líquido; si la calma me rodea, me fundo con las algas como si siempre hubiera sido una parte de ellas.

He visto cosas que los ojos humanos apenas podrían imaginar. Cardúmenes de peces plateados que, en su danza, parecen espejos del firmamento. Enormes medusas luminosas e iridiscentes, que parecen volar bajo el mar como faroles de un carnaval sumergido. Ballenas que surcan lentas y graves hablando a sus crías, portadoras de un canto que hace vibrar las piedras. Yo me encojo en mi guarida, y aún así todo mi cuerpo siente la resonancia de su música… y la vida marina, pasar.

La vida aquí debajo del mar es un equilibrio de silencios y destellos. No hay prisa: los días se miden por el vaivén de las mareas, no por relojes, eso lo dejo para esos extraños seres que a veces observo escondido cómo aletean descontroladamente desperdiciando el aire y haciendo ruidos extraños.

Sin embargo, todo aquí es frágil, silencioso y suave: un descuido, una corriente inesperada, un depredador hambriento, y la existencia puede apagarse como una chispa. Quizá por eso vivimos con intensidad cada instante, atentos a lo pequeño, celebrando lo efímero.

A veces me pregunto qué sienten los que viven en la superficie. Yo nunca veré el cielo, pero tampoco vosotros veréis el universo secreto que late bajo vuestros barcos en las profundidades. Soy un guardián discreto de este mundo sumergido: no necesito palabras, solo la certeza de que pertenezco a este tejido inmenso de vida.

Y cuando, en las noches más oscuras, me extiendo por completo fuera de mi cueva, siento que no soy solo un pulpo: soy la respiración misma del océano, el latido oculto que nadie oye, pero que todo lo sostiene.

Una noche en el lecho marino donde apenas alcanzaban llegar leves y tenues reflejos de luz, la corriente trajo consigo una sombra afilada. Sus ojos fríos atravesaban la penumbra como cuchillas, y cada movimiento de su cuerpo era un relámpago de plata. Sentí la vibración del agua antes de verla, esa tensión invisible que precede a la amenaza.

El mar nunca duerme, y yo menos. Cada corriente trae mensajes: el olor lejano de la sangre, el destello de una escama, la vibración de un cuerpo poderoso. Esa noche, desde mi grieta, percibí algo distinto: un rastro agudo, eléctrico, que me electrizó la piel. ¡ Era la barracuda !

La vi aparecer como una flecha viviente, su alargada cabeza afilada, el cuerpo de plata endurecido por la caza. Sus ojos brillaban como cuchillas, incapaces de la ternura, sólo hechos para calcular distancias y lanzarse. Mis ventosas se tensaron contra la roca; mi piel, en un latido, se volvió piedra oscura.

La barracuda giró a mi alrededor, tanteando, como un verdugo impaciente. Yo sabía que no podía competir con su velocidad: su arranque era la muerte. Solo podía ser humo. Y lo fui.

En un instante solté una nube de tinta, negra, densa, que se expandió como la noche misma. Mientras ella embestía la nada, yo me deslicé por la arena, bajo un manto de invisibilidad, hasta perderme en la seguridad de otra hendidura.

Mi corazón lo sentía palpitar en cada ventosa. La vida en las profundidades es siempre un pulso entre la muerte y la belleza. Y tras el encuentro con el filo, llegó el bálsamo.

Allí, sobre una planicie rocosa bañada por la luz tamizada de la luna, vi a mis viejas conocidas: las conchas de abulón. Inofensivas ellas, no huyen; viven ancladas a la roca, en su silencio paciente. Son como templos de nácar. Su interior suave se oculta bajo sus conchas ovaladas, iridiscentes, que destellean reflejos azules, verdes y púrpuras, como si hubieran robado un pedazo del arcoíris y lo reflejaran en la profundidad marina.

Yo las observo con respetuosa reverencia. Con sus fuertes músculos se aferran al lecho marino, resistiendo las marejadas, los embates de peces hambrientos o incluso de nosotros, los cefalópodos, cuando el hambre aprieta. Y sin embargo, parecen eternas: generaciones enteras nacen, crecen lentamente y se adhieren unas junto a otras, creando un mosaico vivo sobre la piedra.

Ellas filtran el agua, beben de la corriente invisible, y a cambio regalan refugio a diminutos seres que hallan en sus conchas un hogar. He visto pequeños cangrejos esconderse bajo sus bordes, y algas finas ondear sujetas a sus conchas, como cabellos que danzan en la marea.

Los abulones cubrían las rocas como pequeñas constelaciones marinas, aferrados con la fuerza obstinada de los que desafían el paso del tiempo. Sus conchas, rugosas y firmes por fuera, guardaban en el interior un resplandor secreto, un arcoíris nacarado que atrapaba la luz más tenue y la devolvía multiplicada. Yo los observaba con fascinación. En su quietud había un lenguaje distinto al mío: no huían, no cambiaban de piel ni de forma; permanecían, pacientes, respirando el mar, filtrando la vida en un ritmo lento, constante y armonioso.

Me quedé allí largo rato, rozando mis tentáculos sobre la arena, mientras las corrientes me mecían, viendo cómo los abulones se aferraban con silenciosa dignidad y tranquilidad a las rocas del lecho marino. La corriente igualmente acariciaba sus conchas, y en ellas parecía vibrar la eternidad del océano.

En el reflejo nacarado de los abulones parecía latir toda la grandeza del océano: la luz que aún conseguía filtrarse desde la superficie, la calma tras la tormenta, el misterio de las criaturas invisibles. Yo lo contemplaba todo, con mis ojos de espectador silencioso, como si guardara en ellos la memoria del mar entero.

Yo, el pulpo, viajero inquieto de las grietas y los arrecifes, hallé un instante de reposo en esa contemplación. El mar entero respiraba a través de esas criaturas inmóviles, y en su reflejo nacarado podía adivinarse la grandeza de lo infinito.

Yo, que puedo cambiar de forma, envidio a veces su quietud. Ellas no necesitan correr ni disfrazarse. Viven su verdad plácidamente en silencio: ser conchas brillantes, resplandecer bajo la tenue luz que aún alcanza el fondo. Y yo me quedo allí, hipnotizado, dejándome acariciar por esa visión, hasta que el miedo de la barracuda se disuelve y sólo queda la certeza de que, incluso en un océano lleno de sombras, hay belleza que perdura.

Más allá, en lo más hondo, donde la luz apenas se atreve a descender y el silencio se convierte en un rumor eterno, es donde más cómodo me siento. Mi piel, mutable como las nubes del cielo que nunca veo, palpita con reflejos que se funden con la arena y la roca. Allí, entre grietas y bosques de algas ondulantes, late mi existencia, alerta y solitaria.

Más abajo, mucho más abajo en las profundidades abisales, donde el azul se vuelve casi negro y las frías aguas guardan secretos que los hombres jamás alcanzarán a descubrir, es donde habito. A veces encuentro alguna guarida u oquedad en la roca, donde me refugio y siento la respiración del mar como un murmullo constante: el roce de la corriente contra las grietas, el crujido de pequeños crustáceos, el krill, el eco profundo del oleaje que arriba golpea con furia y abajo se convierte en susurro y quietud.

Mis grandes ojos, redondos y observadores todo lo escrutan. Ven cómo las plumas de los corales blandos se abren al paso de la corriente, meciéndose como jardines de seda. Ven cómo los bancos de peces plateados, al girar todos al unísono, pintan relámpagos fluidos y líquidos en la penumbra. A veces escucho, más que ver, el crujir de las lapas, el roce grave de un pez loro arrancando fragmentos de coral, o el lamento lejano de una ballena, un rumor profundo que hace vibrar el agua como un latido compartido.

De pronto, observé apenas un destello, una leve chispa azul, fugaz como el parpadeo de una estrella. Después otra, y al segundo, otra más. Era el plancton. Millones de diminutas criaturas flotaban suspendidas en la corriente, cada una constituía un universo en sí misma, y cuando la masa de agua se agitaba, respondían con destellos eléctricos, encendiendo el mar como un cielo en miniatura.

Estiré un tentáculo y lo moví suavemente. La corriente liberada encendió un sendero de luces líquidas que se expandió en todas direcciones. A mi alrededor, la penumbra se transformó en un mosaico de constelaciones submarinas.

Entre los destellos se movían criaturas translúcidas: medusas minúsculas, como faroles flotantes dejando estelas fosforescentes. Un sifonóforo, largo como una cinta infinita, se balanceaba, sus campanas luminosas latiendo con un ritmo lento y solemne. Larvas microscópicas, invisibles al ojo humano, eran para mí como polvo estelar que se arremolinaba al compás de mi respiración.

La vida microscópica y la bioluminiscencia eran la música secreta del océano, aquella que solo podían escuchar los que habitaban su vientre. No había silencio, no había vacío. Para mí, todo estaba lleno de pulsos, de luces que respondían, de organismos diminutos que pintaban la oscuridad con pinceladas destelleantes.

Dejé que la visión me envolviera. A lo lejos, la sombra de la barracuda se había desvanecido, el peligro era ya solo un muy leve recuerdo. Ahora, frente a mí, se desplegaba un teatro donde las luces eran creadas por seres invisibles para quienes vivían en la superficie.

Y así, entre la inmovilidad solemne de los abulones y la danza titilante del plancton y demás criaturas vivientes, el océano se revelaba en toda su grandiosidad: roca, sombra, luz, vida diminuta y colosal, todo entretejido en un tapiz que se renovaba cada segundo.

Y así, entre corrientes que arrullaban las rocas y destellos de vida que iban y venían, comprendí —no con pensamiento, sino con mirada— que el océano no era solo un hogar, sino un universo infinito que se desplegaba cada día en mis ojos.

El pulpo permaneció allí, sin moverse, como si él mismo fuera el guardián de esa constelación sumergida. Y en sus ojos redondos, reflejados por las luces danzantes, cabía todo el mar.

Muy buenas señores, les presento a esta mini joyita.

Se trata del Phoibos Wave Master Abalone, cuyo principal atractivo es que la esfera está elaborada con concha de abulón.

El Abulón es un molusco con un único género, Haliotis. Son conocidos como orejas de mar y abulones, o con el término inglés de abalone.

Tienen una concha larga, plana, de forma ovalada, en una espiral de dos o tres vueltas, la más externa de las cuales les da su característica forma auricular. En el margen anterior muestran cuatro a diez orificios a través de los cuales expulsan en caso de peligro el agua contenida en el interior de la concha, de modo a sujetarse más firmemente a su sustrato. El exterior de la concha es rugoso y de color variable; el interior es de nácar irisado y muy vistoso. No muestran opérculo. Se adhieren vigorosamente a las rocas en zonas sublitorales mediante su pie muscular. El cuerpo de los haliótidos sigue el modelo de todos los moluscos, presenta tres regiones: el pie, la masa visceral y el manto. El pie es un músculo plano de forma oval, provisto de numerosos surcos transversales que permiten la fijación del organismo al sustrato; este músculo es grueso y es esta la parte de consumo humano. La masa visceral contiene los aparatos y sistemas de órganos, es aplanada y ocupa espacio localizado entre pie y la concha. El manto es membranoso y se extiende sobre la masa visceral, cubriendo el borde de los orificios respiratorios y cumple con la función de formación y crecimiento de la concha. Se alimentan de algas microscópicas y animales planctónicos.

Algunas de estas especies presentan gran valor comercial debido a su gran tamaño y volumen usándose como elementos ornamentales, tanto la propia concha en sí, como sus derivados una vez procesados, al usarse en bisutería y abalorios.

A decir verdad, no me agrada que marcas que introducen materiales “exóticos” y procedentes de la naturaleza en las esferas, como por ejemplo Venezianico, le metan precios exagerados a dichas piezas, como hace con su nuevo Nereide Corallo sin ir más lejos. Phoibos en cambio, micromarca humilde, ofrece piezas como ésta con diseños originales y precios asequibles, muy bien !!!

Phoibos significa “brillante”, “resplandeciente” o “luminoso”. Es un nombre griego antiguo que se traduce de la raíz phoib- y está asociado principalmente con Apolo, el dios de la luz, el sol, el conocimiento, las artes, la música, la poesía, el tiro con arco, la medicina, la curación y la belleza.
El nombre encarna cualidades de brillo, claridad y pureza.

Todo ello, para elaborar esta pequeña, como digo, joyita, que para mí representa el mar, la simbiosis de las especies marinas y todo el ecosistema marino. Me resulta enormemente evocador y me aporta “buenas vibraciones”
Todo ello se manifiesta tanto en los colores y formas de la esfera como en la procedencia de la misma: el fondo el mar.

El reloj en sí, no es nada del otro mundo, NH-35, caja más bien gordita y basicota, corona roscada con muchas vueltas por cierto que es un primor operarla, bisel con sus 120 clicks muy bien logrados, suaves pero firmes, de sonido muy agradable y armónico, el bisel, de zafiro, simple, tipo Mil-Ships, aunque de grafías más gruesas, 22mm de ancho de asas y tapa con un grabado muy lindo.
La corona luce el logo de la marca:

No es un reloj especialmente grande es de dimensiones diría normales: 48.3 mm lugs to lugs, 14,7 mm de grosor y 42 mm de diámetro, si bien no es menos verdad es que aparenta ser mayor. Como digo, nada del otro jueves.

Aquí las referencias del modelo en la web de la marca:

Aquí en Amazon:

https://www.amazon.es/dp/B0B6FMLDWR?ref=ppx_yo2ov_dt_b_fed_asin_title&th=1

Se han ido lanzando diferentes evoluciones del modelo, que en un origen era “solo” 200m e inicialmente sin fechador, y posteriormente con fechador a las 3 y con agujas de espada, para llegar a éste con agujas de pala, 300m, fechador a las 6 y trotadora naranja.

El rehaut es grande y alto, y el lúmen está bastante bien, en realidad, muy bien y cubre tanto agujas e índices, como índices del inserto del bisel. El color de lúmen, es un agradable celeste muy bonito en la oscuridad. Las grafías del rehaut, lucen un tono anaranjado a juego con la segundera.

El fondo luce el logo de la marca en unas dimensiones muy generosas, siendo el resultado espectacular.

La tapa, se mire por donde se mire me parece muy equilibrada.

La legibilidad, que era un de mis “preocupaciones” antes de pillarlo, me parece más que buena, por no decir muy buena.

Es muy curioso, que entre los relieves y contrastes, la hora se lee con normalidad y sin fallos.

Este modelo equipa una correa de caucho, si bien también se sirve con brazalete super-ingenieur. El que luce en las fotos, evidentemente es after.

Pero lo bonito, y donde más tiene que aportar la pieza es en la esfera.

Ésta, se encamina a mi modo de ver a lo “sublime” con un conjunto armonioso de destellos, reflejos, tonalidades, brillos, apariencias nacaradas e iridiscentes a la luz que forman un precioso caleidoscopio según le incida la luz que por supuesto, siempre que lo aprecies, cambia y verás una esfera distinta.

El calibre viene con un ajuste de 0,0, vamos perfecto, en 3 semanas goza de +5"

Decir que es una pieza que acoge el cambio de correas y brazaletes de muy buen grado, quedando muy ponible tanto con cueros, cauchos, brazaletes de diferente diseño y siendo el resultado muy lindo y agradable a la vista.

Se trata de un reloj muy bien conseguido y me da que está mucho más estudiado y bien diseñado de lo que pudiera parecer.

No es fruto de la improvisación “china” de empezar a pillar cajas, biseles y agujas y “rifar” cómo los monto, sin orden ni concierto.
La propia evolución del modelo, ya lo atestigua.

En cuanto a otros modelos que comparten caja y diseño nos encontramos los siguientes:

El reloj es un crisol de tonalidades, brillos y destellos, matices, reflejos, colores y formas que “atrapan” la vista, sobre todo a los entusiastas de la Horología.

Se trata de un reloj armonioso diría, “amante” del mar y todo lo relacionado, a lo que contribuye todo desde el logo de la esfera, el bisel de buceo, la trotadora “alto contraste”, tapa grabada con el pulpo, materiales y robustez. Encantado la verdad, habla de mí.

Me agrada pensar que la esfera del reloj se ha pasado años bajo el fondo del mar, me parece un contacto muy bonito con la naturaleza, si además la pieza está repleta de alegorías al mar, pues me parece un conjunto magistral en ese sentido, el pulpo grabado en la tapa, el pulpito en la esfera, el nácar del abulón, en fin, traer un trocito de mar a nuestras muñecas.

Espero les haya gustado.
Saludos !

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Unos modelos chulísimos.

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Me encanta esa esfera, una lastima que no la tengan en la versión de 39mm, por qué realmente es el que quería, tengo el de aventurina que lo encontré casi regalado por la red.

Tus fotos y tus presentaciones son como siempre, una pasada. Como te gusta el mar.

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Me ha sorprendido el reloj, muy muy chulo con esos brillos y esos cambios de tono, pero la presentación me ha dejado sin palabras. Mi enhorabuena.

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Buenas noches
Una presentacion espectacular, mi bella dama tiene una pequeña coleccion de conchas y entre ellas dos de abulon, y son realmente magicas.
Un abrazo


Aqui una mala foto, pero seguro que tu las localizas rappido.
Un abrazo

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Estás hecho un literato, Óscar. Me ha encantado el relato en la piel del pulpo, casi tanto como las descripciones gráficas que haces del abalón y demás misterios de las profundidades. ¿Me permites un motete a tu magnífico texto? El pulpo, además de todas las cosas que cuentas de él, tiene algo que lo hace especialmente atractivo para integrarlo en nuestro imaginario bucólico y romántico. Es todo corazón. Corazones, cabría decir. Tres, más en concreto.

Un auténtico tricore, que por mor del cambio climático está huyendo de Galicia hacia aguas atlánticas más frías. Snif. :sad_but_relieved_face: :octopus:

PD: dime, por favor, que la IA no ha tenido nada que ver con el contenido escrito. Necesito que sea un ser humano el que haya alumbrado la parte creativa y literaria, para seguir confiando en la química orgánica… :worried:

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Bonito reloj y maravilloso relato de introducción y presentación.

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La esfera es brutal! Me gusta. Pero más tu presentación…. Gracias por mostrar. Eres un crack!

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Grandes fotos, disfrútalo!

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Oscar, me quito el sombrero. Lo paladearé con calma, que ahora lo he leído en diagonal, pero me ha encantado. Eres un artista, amigo.

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Vaya presentación!! Que dedicación!! Cheapeau!! Como te curras las presentaciones!! El reloj es como una joya, para admirar esta esfera, aunque para mi vista, no la veo demasiado legible, pero reconozco la belleza, seguro que no dejará indiferente a quien te lo descubra, bajo la manga. Felicidades!

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La presentación es de tal calidad, escrita tan desde dentro, que cuando he llegado al reloj estaba tan abducido por la lectura que lo que menos me interesaba era el reloj, que por cierto la esfera es hipnótica, bonita pieza, que solo quería seguir leyendo y leyendo al “pulpo”
SUBLIME PRESENTACIÓN, el reloj es precioso, una pena que no lo monten con un movimiento superior

Ahora a disfrutarlo y mojarlo mucho en el mar. Es su hábitat

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Estoy llorando de alegría por la presentación, me solidarizo con el pulpo.

Magnífica presentación e inmejorables fotografías para la presentación de tu nuevo reloj.

Me ha parecido tremendamente interesante.

Muchas gracias por el hilo…

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Preciosa forma en primera persona de encandilar a todos!

Me encanta…y lo sabes bien… llevar la belleza serena del océano en la manga…uff…

Impecable como siempre… un gran abrazo.

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Magnífico relato, que solo he ojeando, pero promete y mucho, lo leeré con más calma.
El reloj, muy digno, de una marca, que a la chita callando, se está haciendo un merecido hueco, por sus diseños y calidad, de producción.
Y sus precios, se agradecen…
Muchas gracias, por mostrarlo​:wink::+1:

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Me ha encantado la presentación y por supuesto, el reloj.

Enhorabuena y muchas gracias @psicoac

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Que preciosidad…y que ganas tengo de un Phoibos :rofl:

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Me quedo con la presentación. Cuando se toca el tema del fondo de los mares, enseguida me parte el corazoncito buceador. Te ha quedado de película​:clap::clap::clap:

El reloj me gusta, pero es esfera es demasiada esfera para mí. Me cuesta leer la hora, pero para los que sois más jóvenes, muy bonito….

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Olé, ole y olé!!!

Vaya presentacion más fabulosa y precioso reloj!

Gracias por este rato tan ameno.

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Excelente presentación, muchas gracias.

Disfruta mucho de una pieza tan especial

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