Hay gente que aprovecha las vacaciones para comprarse un reloj. Otros esperan a su cumpleaños. Y algunos, entre los que me incluyo, no necesitamos absolutamente ninguna excusa… ![]()
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Pero hoy os traigo a un señor que llevó esto de comprar relojes a otro nivel. Porque decidió encargarse un Rolex mientras estaba prisionero de los nazis, en plena Segunda Guerra Mundial.
Pero vamos por partes, que la historia tiene tela…
Nos vamos a 1943, concretamente a un campo alemán de prisioneros de guerra llamado Stalag Luft III, cerca de Sagan, en un territorio que actualmente pertenece a Polonia…

Allí estaba encerrado un cabo británico llamado Clive James Nutting, conocido por sus compañeros como Nobby. Había sido capturado en Francia en 1940 y, después de pasar por otros campos, llegó a Stalag Luft III en 1942…
Nutting pertenecía al cuerpo de transmisiones del Ejército británico, pero dentro del campo tenía una ocupación bastante diferente… Era zapatero… Y no porque echase de menos su negocio de Londres, sino porque había terminado dirigiendo el taller de cuero, reparando calzado y fabricando cosas para sus compañeros.
Y por ese trabajo recibía un pequeño salario de los alemanes.. ¿Qué habría hecho cualquiera con ese dinero? Comprar comida, tabaco o alguna cosilla que hiciera la estancia más llevadera, supongo… Pero Nutting debía de ser de los nuestros…
porque el 10 de marzo de 1943 escribió a Rolex para pedir un reloj… Y no cualquier reloj. El caballero quería un Oyster Chronograph de acero inoxidable ![]()
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Y lo verdaderamente increíble es que Rolex recibió el pedido y le contestó personalmente su fundador, Hans Wilsdorf. ![]()
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Resulta que Nutting no era el único prisionero que compraba relojes. Wilsdorf había organizado un sistema que permitía a oficiales británicos prisioneros pedir relojes y pagarlos después de la guerra ![]()
Pensad un momento en lo que significaba aquello. Enviar relojes a hombres encerrados en Alemania, sin cobrarles por adelantado y sin ninguna garantía de que llegasen a recuperar la libertad… Hoy ya me gustaría encontrar un distribuidor autorizado con semejantes facilidades… ![]()
El 30 de marzo de 1943, Wilsdorf respondió a Nutting. Le confirmó el pedido, valorado en 250 francos suizos, y se disculpó porque seguramente habría algún retraso… ¿Y sabéis por qué ¡PORQUE TENÍAN MUCHOS PEDIDOS PENDIENTES DE OTROS OFICIALES!.. ¡¡¡HABÍA LISTA DE ESPERA EN UN CAMPO DE PRISIONEROS!!! ![]()
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Pero lo mejor es lo que venía a continuación. Wilsdorf le decía que ni siquiera pensase en pagar durante la guerra.
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Y eso que había un pequeño detalle… Nutting ni siquiera era oficial, sino cabo. La oferta estaba pensada principalmente para oficiales británicos, pero él había pedido un cronógrafo bastante más caro que los relojes habituales entre los prisioneros… Una vez más: hay prioridades. ![]()
El reloj salió de Ginebra en julio y, según los documentos de la subasta, el 4 de agosto ya estaba en su muñeca… Imaginaos la escena. Estás encerrado, rodeado de alambradas y torres de vigilancia, esperando a que termine una guerra… Y un día te llega un paquete de Suiza con un Rolex dentro.. surrealismo… ![]()

El Rolex de Nutting era un Oyster Chronograph referencia 3525, fabricado en 1941, con caja de acero de 35 mm, preciosa esfera negra, números arábigos, dos subesferas y escalas taquimétrica y telemétrica. Dentro llevaba un movimiento de cuerda manual con 17 rubíes…
Y ahora viene la segunda parte. Porque seguramente alguno se estará preguntando qué demonios necesitaba un prisionero de guerra un cronógrafo… ¿Os suena La gran evasión? Sí, la película de Steve McQueen, James Garner, Charles Bronson y compañía.
Pues resulta que estaba inspirada en unos hechos reales que ocurrieron precisamente en este campo. Durante meses, cientos de prisioneros prepararon una fuga: excavaron túneles, falsificaron documentos, reunieron ropa de paisano y fabricaron todo lo necesario para salir de allí.
Los túneles se llamaban Tom, Dick y Harry. Muy poético todo. ![]()
Y Nutting estaba metido en el ajo. Desde el taller de cuero fabricaba zapatos, cinturones y maletines para los hombres que iban a intentar escapar.
Pero es que, además, ya tenía experiencia. En 1943 colaboró en otra fuga del mismo campo, una historia tan disparatada que acabó teniendo su propia película: El caballo de madera.

La idea era fabricar un caballo de gimnasia hueco, llevarlo todos los días al mismo sitio y ocultar dentro a los hombres que estaban excavando un túnel. Mientras unos saltaban por encima, otros cavaban por debajo… Nutting ayudaba a dispersar la tierra sacada del túnel. Se la metían en unas bolsas ocultas en los pantalones y la dejaban caer mientras paseaban.
El 29 de octubre de 1943, tres prisioneros consiguieron escapar con aquella operación y finalmente regresaron a territorio aliado… Vamos, que nuestro amigo, además de tener buen gusto para los relojes, era bastante apañado…
Pero volvamos a la Gran Evasión. La noche del 24 al 25 de marzo de 1944 comenzó la operación definitiva. Setenta y seis hombres consiguieron salir por el túnel Harry antes de que los alemanes descubrieran lo que estaba ocurriendo.

Por desgracia, aquella operación tuvo un desenlace terrible. De los 76 que salieron, 73 fueron capturados de nuevo y 50 de ellos fueron asesinados por la Gestapo siguiendo órdenes de Hitler. Solo tres consiguieron llegar a territorio seguro. ![]()
Nutting no estuvo entre los fugados y siguió prisionero., Y su Rolex siguió con él.
A finales de enero de 1945, ante el avance soviético, los alemanes evacuaron Stalag Luft III. Los prisioneros tuvieron que realizar durísimas marchas invernales, en condiciones que poco tenían que ver con las pruebas de resistencia de un laboratorio relojero.
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Y aquí viene otro detalle maravilloso de la historia: el Rolex aguantó… De hecho, lo sabemos porque, cuando Nutting regresó a Inglaterra, volvió a escribirle a Rolex. El 11 de agosto de 1945 contó que el reloj se había portado bien durante el cautiverio, especialmente durante las marchas invernales. Eso sí… tenía un pequeño problemilla. ¡ADELANTABA UNA HORA AL DÍA! ![]()
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Nutting preguntó dónde podía enviarlo para revisarlo. Y, de paso, cuánto debía. Wilsdorf le respondió el 20 de agosto con las instrucciones para tramitar la revisión. Pero las restricciones monetarias británicas de posguerra complicaron el pago y la factura definitiva no pudo formalizarse hasta años después…
El 23 de marzo de 1948, Rolex le comunicó que ya podía pagar. La cantidad: 15 libras, 12 chelines y 6 peniques. Cinco años después de haber pedido el reloj.
Y todavía queda un último capítulo. Nutting conservó aquel Rolex hasta su muerte, en Australia, en 2001, a los 90 años. También guardó la correspondencia, la garantía, las fotografías y su diario del cautiverio y llegó a colaborar como asesor en las películas El caballo de madera (1950) y La gran evasión (1963).
O sea, que vivió una historia de cine y acabó ayudando a contarla en el cine…![]()
En 2003 hay constancia de una intervención de restauración valorada en 2.356 dólares australianos. Y en mayo de 2007 Antiquorum ofreció el reloj junto con su documentación en Ginebra, con una estimación de 80.000 a 100.000 euros.

Por cierto… Si alguno conoce un distribuidor que me deje pedir hoy un reloj, recibirlo dentro de cuatro meses y pagar la factura dentro de cinco años, que me pase el contacto… Que yo sigo en Tailandia y tampoco me importaría recibir algún paquetito… ![]()
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