Al llegar a casa me descalzo (detesto las pantuflas y zapatillas para ir por casa) e inmediatamente me cambio el reloj, antes de cambiarme de ropa.
Para ir por casa tengo cuatro relojes. Creo que las tareas domésticas son el trabajo más arriesgado para un reloj. Estos “Dirty Four” cumplen las características de ser funcionales, robustos, aguantar golpes y salpicaduras, económicos (para que si se deterioran no sea un drama), de lectura sencilla y con un buen lume, porque también me los pongo para dormir. Por eso no han de llevar armis, que en la cama me molesta, no soporto las NATO, ni a la vista ni en su uso, y las de cuero se ensucian. Por tanto todas son de dos piezas de nylon o sailcloth. Y sobre todo, han de ser bonitos y gustarme.
Siempre elijo para ir por la calle relojes que sean elegantes y algo llamativos. En general no me apetece llevar ni fields ni fliegers y prácticamente nunca llevo relojes chinos. Eso no quiere decir que no me gusten, sino que mi imagen me lleva por otros lados. Por eso los puedo disfrutar en casa.
Los cuatro relojes que uso son:
El UME 1, que es el que reúne todas las características y que es mi preferido, sobre todo de noche por su espectacular lume.
Yema Sous Marine, que no es el más legible ni tampoco es barato, pero que me gusta mucho llevar y disfrutar de él, es casi como un juguete. Por otro lado es el Yema que menos me gusta y que por tanto puedo arriesgarlo más que los otros.
El Hruodland Majetek sustituyó al RSWC checo, que me gustaba mucho, salvo las agujas catedral. No es el mejor para el lume, pero es suficiente, y que me hace sentir un piloto de la Batalla de Inglaterra. En ese reloj no solamente no me importa que pueda deteriorarse, sino que lo deseo, porque me gustaría que tuviera un aspecto “currado”, pero la verdad es que es indestructible.
Y finalmente un San Martin “granallado”, no arenado, un trasunto del A-11 americano, el menos bonito pero súper funcional y que también luce muy bien en la oscuridad.
Cada uno de los relojes tiene su encanto y me gusta mucho llevarlos, también los utilizo en los Pirineos en el día a día, porque a todos ellos el deterioro del uso les viene bien…. y si se caen al río o al barranco el disgusto no es tan grande como si le pasa a un Seiko Prospex o al Tudor.
A ver si vosotros tenéis algún reloj de “ir por casa” y nos lo enseñáis.























