Dicen que al principio crees en los Reyes Magos, luego no crees en los Reyes Magos, y al final acabas siendo Rey Mago.
Las fábricas de juguetes, tando de los Magos como de Noel, se encuentran en China, Viet Nam, etc, etc, etc, contaminan por igual y explotan a niños.
¿Lo ves? Hemos sustituído a los entrañables reyes magos de nuestra niñez, con sus muñecas hechas en Onil con las manos de trabajadores patrios que cotizaban a la seguridad social y los Feber hechos en Valencia por PapaNoel y sus fábricas chinas.
Por algo abogamos por la vuelta a lo nuestro.

Santa Klaus puede ser tan nuestro como los R. Magos, esta leyenda, o tradicion, se desarrolla a partir de la supuesta existencia de un obisto santo de nombre Nicolas nacido en Asia Menor en el s. III, esta tradicción se desarrolló principalmente en los paises nórdicos, donde se le representaba vestido de verde, esta tradición fué llevada por los emigrantes a Norteamérica de donde nos fue revertida transformada y disfrazada de “cocacolera”.
Los países nórdicos tenían también sus propias tradiciones. Al final mezclamos a San Nicolás de Bari, con Joulupuki, otros mitos y el pijama de la Coca-Cola y tenemos el “Ho-Ho-Ho”.
En cuanto a la multiracialidad de los R. Magos:
Mateo dice:
“Nacido Jesús en Belén de Judea, en tiempo del rey Herodes, unos magos que venian de Oriente…”, en nigún mometo habla de reyes, blancos, negros o fucsia.
Marcos no dice nada por la sencilla razón de que ni se ocupa del nacimiento ni de la infancia de Jesús.
Lucas y Juan tampoco los mencionan.
Así que ¿de donde nacio “nuestra” tradicción de los Reyes Magos muestra de la multirracialidad?.
Saludos.
Aún siendo cierto que el rol de majestades, el número de ellos (no así el de los regalos) y sus nombres los ha acabado dando la tradición, la celebración de la Epifanía es tan antigua como el cristianismo y puede que más antigua que la de la propia Navidad.
Y sobre la multiculturalidad, la tradición decía que un Rey Mago venía de Europa, el otro de África (no tenía porqué ser negro, sino un “mauri” o habitante de Mauretania, vamos, un magrebí) y un tercero de Asia.
Y acabo. No es mío, pero ¡¡¡es de bonito!!! 
PAPA, QUIENES SON LOS REYES?
Apenas el padre se había sentado al llegar a casa, dispuesto a escuchar, como cada, lo que su hija le contaba sus actividades en la escuela;
de repente en voz un poco baja, como con miedo, le dijo:
- Papá?
- Sí, hija, dime.
- Oye, quiero … que me digas la verdad.
- Claro, hija. Siempre te la digo -respondió el padre un poco sorprendido-.
- Es que … -dudó Julia-.
- Dime hija, dime
- Papá, existen los Reyes Magos?
El padre de Julia se quedó mudo, miró a su mujer, intentando descubrir el origen de aquella pregunta, pero sólo pudo ver un rostro tan sorprendido como el que lo miraba.
- Las niñas en la escuela, dicen que son los padres. ¿Es verdad?
La nueva pregunta de Julia le obligó a volver la mirada hacia la niña y
tragando saliva le dijo:
-
Y tú a quién crees, hija?
-
Yo no sé papá, que sí y que no. Por un lado me parece que sí que existen,
porque tú no me engañas, pero, como que las niñas dicen eso.
-
Mira, hija, efectivamente son los padres los que ponen los regalos pero …
-
Entonces es verdad? -cortó la niña con los ojos humedecidos- me has engañado!
-
No, mira, nunca te hemos engañado porque los Reyes Magos sí que existen-respondió el padre cogiendo con sus dos manos la cara de Julia.
-
Entonces no lo entiendo papá.
-
Siéntate Julia, y escucha esta historia que te explicaré, porque ya
ha llegado la hora que puedas comprenderla -dijo el padre, mientras
señalaba con la mano el asiento a su lado-.
Julia se sentó entre sus padres ansiosa de escuchar cualquier cosa que la sacara de su duda, y su padre se dispuso a narrar lo que para él era la verdadera historia de los Reyes Magos:
-Cuando el Niño Jesús nació, tres Reyes que venían de Oriente guiados por una gran estrella se acercaron al Portal para adorarle. Le llevaron regalos en
prueba de amor y respeto, y el Niño se puso tan contento y parecía tan feliz
que el más anciano de los Reyes, Melchor, dijo:
- Es maravilloso ver tan feliz a un niño! Deberíamos llevar regalos a todos
los niños del mundo y ver lo felices que serían.
- Oh, sí! -exclamó Gaspar-. Es una buena idea, pero es muy difícil de hacer.
No seremos capaces de poder llevar regalos a tantos millones de niños como hay en el mundo.
Baltasar, el tercero de los Reyes, que estaba escuchando a sus dos compañeros con cara de alegría, comentó:
- Es verdad que sería fantástico, pero Gaspar tiene razón y, aunque somos
magos, ya somos ancianos y nos resultaría muy difícil poder recorrer el mundo
entero entregando regalos a todos los niños. Pero sería tan bonito.
Los tres Reyes se pusieron muy tristes al pensar que no podrían realizar su
deseo. Y el Niño Jesús, que desde su pobre cuna parecía escucharles muy
atento, sonrió y su voz se escuchó en el Portal:
-
Sois muy buenos, queridos Reyes Magos, y os agradezco vuestros regalos. Le ayudaré a realizar vuestro hermoso deseo. Decidme: ¿qué necesita para poder llevar regalos a todos los niños?
-
¡Oh! necesitaríamos millones y millones de pajes, casi uno para cada niño
que pudieran llevar al mismo tiempo a cada casa nuestros regalos, pero no
podemos tener tantos pajes., no existen tantos.
-
No se preocupe por eso -dijo el niño-. Yo os daré, no uno sino dos pajes para cada niño que hay en el mundo.
-
Sería fantástico! Pero, ¿cómo es posible? -dijeron a la vez los tres Reyes
Magos con cara de sorpresa y admiración-.
-
Decidme, ¿no es verdad que los pajes que os gustaría tener deben querer
mucho a los niños?.
-
Sí, claro, eso es fundamental - afirmaron los tres Reyes.
-
Y, no es cierto que esos pajes deberían conocer muy bien los deseos de los niños?
-
Sí, sí. Esto es lo que exigiríamos a un paje -respondieron cada vez más
entusiasmados los tres-.
-
Pues decidme, queridos Reyes: hay alguien que estime más a los niños y los
conozca mejor que sus propios padres?
Los tres Reyes se miraron asintiendo y empezando a comprender lo que el Niño Jesús estaba planeando, cuando su voz de nuevo se volvió a escuchar:
- Puesto que así lo has querido y porque en nombre de los Tres Reyes
Magos de Oriente todos los niños del mundo reciban algunos regalos, YO ordeno que en Navidad, conmemorando estos momentos, todos los padres se conviertan en sus pajes y que, en su nombre y de su parte, regalen a sus
hijos los regalos que deseen. También ordeno que, mientras los niños sean
pequeños, la entrega de regalos se haga como si lo hicieran los propios Reyes
Magos. Pero cuando los niños sean suficientemente mayores para entender esto, los padres les contarán esta historia ya partir de entonces, cada
Navidad, los niños harán también regalos a sus padres en prueba de afecto. Y
recordarán que gracias a los Tres Reyes Magos todos son más felices.
Cuando el padre de Julia hubo acabado de contar esta historia, la niña se
levantó y dando un beso a sus padres dijo:
- Ahora sí lo entiendo todo papá. Y estoy muy contenta de saber que me amas y que no me has engañado.
Y corriendo, se dirigió a su habitación, volviendo con su hucha en la mano
mientras decía:
- No sé si tendré bastante para compraros algún regalo, pero el año que
viene ya guardaré más dinero.
Y todos se abrazaron felices … mientras desde el Cielo los tres Reyes Magos
contemplaban la escena tremendamente satisfechos.
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