Ya se sabe que el imperio vasco no conoce de fronteras y, aprovechando que los niños tienen toda la semana de vacaciones de carnaval (los profesores también), decidimos adentrarnos hasta Santander. Ya lo decía mi agüela: estudia pa profesor y tendrás más vacaciones que la embajadora de Ferrero Rocher.
Salimos a buena hora de casa, tampoco era cuestión de conducir de noche.
Con un poco de hambre, aparcamos cerca de La Magdalena
Imaginándonos los manjares que se podrían encontrar dentro, nos dejamos guiar por el olor a postres recién horneados. En su lugar nos encontramos con alguna foca y algún foco; foques no vi ningune. Por la siesta panza arriba que se estaban pegando, me imaginé que se habían comido ellas todas las magdalenas.
Si empiezas a subir por un lateral, se deja ver una estatua dedicada al gran Félix Rodríguez de la Fuente
De todo entra en este lugar, hasta unos bonitos galeones.
Grandes amantes de los relojes en esta ciudad, haciendo un homenaje al Eterna Kontiki.
Ya estábamos cansados de caminar y cogimos el AVE
Es de todos bien sabido el amor por la pátina de los santanderionos, no se les escapa ni un detalle.
Había que ir poniendo la vista en su precioso paseo marítimo y hacia allí nos dirigimos.
Si coges un barquito allí cerca, te da un paseo de 45 minutos hasta Somo.
Aunque en esa zona el mar está como un plato, no llevábamos biodramina y decidimos ir nadando.
Siempre es bueno buscar un faro que te lleve a casa.
Ya DSando volver al catre.
Un saludo del comando Flik Flak-Certina



















