Me permito compartir una breve reflexión sobre la curiosa deriva que parece tomar nuestra afición a medida que profundizamos en ella. Lo que denomino la Paradoja del Coleccionista Informado.
Resulta fascinante observar cómo, a medida que un aficionado incrementa su bagaje técnico, su deseo se vuelve más predecible. La búsqueda de la “pieza definitiva” suele culminar, con una precisión casi matemática, en los mismos modelos de las mismas manufacturas ginebrinas o sus filiales directas.
-El algoritmo del prestigio
Nos encontramos ante una suerte de esnobismo técnico: adquirimos aquello que el “algoritmo de prestigio” ha preseleccionado para nosotros. Lo hacemos convencidos de haber detectado un valor intrínseco excepcional que, casualmente, coinciden en ver decenas de miles de personas al mismo tiempo.
Este fenómeno nos plantea una duda razonable: ¿Está nuestra capacidad de apreciación mecánica subordinada a la validación del mercado secundario?
Quizás la verdadera complicación relojera hoy no sea el calendario perpetuo o el tourbillon, sino la capacidad de adquirir una pieza ignorando por completo la corriente de pensamiento predominante. En este escenario, el instrumento de precisión corre el riesgo de convertirse en un mero activo aspiracional, cuyo mayor mérito técnico es, precisamente, el de ser deseado por todos los demás.
- Un apunte final
Llegados a este punto de saturación de referentes ginebrinos y manufacturas de culto, me pregunto si no habremos convertido la relojería en un ejercicio de coleccionismo por delegación.
¿Es nuestra colección un reflejo de nuestra identidad, o es simplemente el resultado de un consenso que nos dicta qué debe ser admirado? Resulta curioso que, en una afición que celebra la singularidad mecánica, hayamos terminado convergiendo en una uniformidad estética tan impecable como, quizás, carente de riesgo.
Espero que mi reflexión no haya sido muy densa y tenga un poco de interés.
Saludos



