Con el fin de amenizar y animar a otros compañeros a compartir sus historias, os voy a contar la “cara B” del reloj que pensé para mi hijo. Porque a veces las historias no siempre son positivas.
En realidad, este reloj del que os voy a hablar no fue pensado, ni por asomo, para ningun evento especial ni por supuesto pensé que quedaría ligado al “trauma” al que quedó irremediablemente asociado. Es, de hecho, el primer reloj de mi recien estrenada afición por la horologia en 2024. Miento, comparte ese hueco con mi Timex expedition.
En este caso os hablo de un Citizen modelo BF2011-51EC. Estuve varios meses leyendo (en un foro que no es de coches) sobre relojeria, sobre marcas contrastadas y confiables, sobre modelos must… muchas horas empapandome de sabiduria y acabé con un ambicioso plan de adquisiciones convencido de ser el plan definitivo a prueba de fallos. Y durante las ofertas navideñas, obsesionado peinando todos los relojes del catalogo de Amazon acabaron llegando estos dos. Un reloj informal, el Timex expedition y un reloj formal, el citizen.
Con el tiempo descubriría que ese citizen en concreto es parte del catalogo que tiene la marca para “competir” entre los relojes de centro comercial, pero esa es otra historia. Es un reloj que de lejos parece otra cosa, pero que tiene unas calidades mediocres, una esfera plasticosa y un armis de chapa plegada que parece un sonajero… pero yo estaba encantado.
Pero durante ese año, el reloj quedó asociado a uno de los mayores fracasos de mi vida. Un proceso que antes de llegar ya llevaba su tiempo evolucionando desfavorablemente, pero que se agudizó a lo largo de 2024. Es un reloj que lucía orgulloso en espacios públicos pero que recibía conmigo todos los reveses y malas noticias. Y con el tiempo, y hasta nuestro abandono de la sanidad pública, se convirtió en un talismán de la negatividad.
De hecho, el sentimiento negativo es tan fuerte, que en cuanto pasamos a la sanidad privada no me volví a poner el reloj. Lo puse a la venta en wallapop y no he sido capaz de venderlo. No sé si por superstición o por qué, está guardado en su caja de cartón listo para abandonar mi vida y a la vez sujeto a mi como objeto que atrapa toda mi mala suerte mientras siga en mi poder.
Es un reloj que no me quiero poner, pero que tampoco puedo (inconscientemente) dejar ir.
Lo pienso racionalmente y evidentemente no tiene sentido, la vida sigue y me pasan cosas buenas y malas. Pero ha quedado ligado a esa etapa de mi vida tan emocional como ha sido la búsqueda de la paternidad. Tan ligado que siento que si me deshago del reloj, esta nueva etapa se va a desequilibrar.
Supongo que todos tenemos nuestras taras. ¿Vosotros habeis tenido alguna vivencia negativa que haya quedada asociada a un reloj y que haya provocado que dejeis de disfrutar esa pieza?