Quiero estrenarme en el foro abriendo un espacio para leer historias personales vinculadas a esos relojes que accidental o deliberadamente os acompañaron en ese acontecimiento, época o evento que, cada vez que te pones el reloj recuerdas de forma nítida.
Porque un reloj es una pieza de ingeniería fascinante, una joya, un completo… pero también una cápsula del tiempo que nos acompaña en nuestro día a día, y no solo mide el tiempo, también cuenta historias.
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Y para romper el hielo, voy a empezar por el final de mi historia reciente. El antepenúltimo reloj en entrar (porque el penúltimo implica que habrá un último).
Después de mucho buscar, mucho sufrir y mucho desear, el seiko speedtimer, mi primer seiko, se convirtió en mi acompañante durante el día más importante de mi vida.
Es curioso porque tenía claro que quería comprar un reloj para dicho evento, y de hecho tenia el elegido, y no era el seiko. Y si no hubiese sido tan larga la espera, hoy estaría hablando de otro reloj, pero la espera quedó envuelta en el proceso de madurez de mi gusto, y acabe descartandolo. Llámalo destino, aquel reloj no era para mi.
Pero la vida es eso que pasa entre planes y deseos. Y a medida que se acercaba el día, la escopeta estaba más que cargada. Tuve suerte, de hecho, ya que por el camino pilló el black friday, y acabe ahorrando (y autojustificando) con la compra.
Y veía que se acercaba el día previsto y el reloj no llegaba. Casualidad, un reloj de aparente liquidación y, ¡habían vendido más de los que tenían! Llegará del distribuidor, no te preocupes. Y el reloj llegó. Y llegó el día D. Y yo me puse orgulloso el reloj. Yo pensando en el crono preparado para medir eventos de minutos o pocas horas… y me iban a hacer falta días… casi dos semanas.
No sé si movido por la superstición o qué, pero el reloj estuvo soldado a mi muñeca hasta el último momento, y semanas después, también. De cambiar de reloj todos los días, a veces hasta varias veces al día a no quitarlo en un mes.
Pero no porque sea un reloj excepcional, que lo es, no por ser mi primer seiko, que lo es, sino porque es el reloj que me acompañó en el nacimiento de mi hijo. Que la noche anterior llevó las cuentas de las contracciones de la madre, y que después contaba las horas entre comida y comida.
Compré el seiko speedtimer porque sentí que me conectaría con mi hijo. No compré el reloj para mí, lo compré para él.
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Esta es la historia de mi seiko speedtimer, la primera que me apetecía contar, y que espero que os anime a contar las vuestras. Porque yo llevo un par de años aficionado a los relojes, pero no me ha costado entender que un reloj es solo una excusa para conectar y contar buenas historias.



