Como veo que están proliferando los relatos en torno a los relojes;subo este,que aunque no es mío:ouch: (que más quisiera…) me encantó cuando lo ví en una de las mejores peliculas de Tarantino…Pulp Fiction:inlove:
El relato al ser pelicula lo pongo en modo guión. Me imagino que la gran mayoría a visto la pelicula;pero aún así,creo que se merece este hilo:sweat:
Nos encontramos en la sala de estar de una modesta casa de dos dormitorios, en Alhambra, California, en el año 1972.
La MADRE DE BUTCH, una mujer de unos 35 años, está de pie en la puerta que conduce a la sala de estar. Junto a ella hay un
hombre vestido con el uniforme de oficial de las Fuerzas Aéreas de Estados Unidos.
MADRE: Butch, deja de mirar la tele un momento. Tenemos una visita muy especial. ¿Recuerdas que te dije que
tu padre había muerto en un campo de prisioneros de guerra?
BUTCH (voz) .: Ajá.
MADRE: Bueno, pues este es el capitán Koons, que estuvo en el campo de prisioneros de guerra con papá.
El capitán Koons entra en la habitación, se acerca al niño y se agacha, con una rodilla en tierra para ponerse a la altura de su
mirada. Al hablar, lo hace con un ligero acento de Texas.
CAPITÁN KOONS: Hola, hombrecito. Muchacho, he oído hablar mucho de ti. Fui un buen amigo de tu padre. Estuvimos
los dos en aquel pozo infernal de Hanoi durante más de cinco años. Espero que nunca tengas que experimentar
algo así por ti mismo, pero cuando dos hombres se encuentran en una situación como la que vivimos tu
padre y yo, y durante todo el tiempo que la vivimos, uno se hace cargo de ciertas responsabilidades para con el otro.
Si hubiera sido yo el que no lograra salir de allí con vida,el mayor Coolidge estaría hablando ahora mismo con mi
hijo Jim. Pero tal como salieron las cosas, soy yo el que está hablando contigo, Butch. Tengo algo para ti.
El capitán se saca un reloj de pulsera del bolsillo. Es de oro.
CAPITÁN KOONS: Este reloj que tengo aquí fue comprado por tu bisabuelo. Lo compró durante la Primera Guerra
Mundial en una pequeña tienda de Knoxville, Tennessee.
Fue llevado por el soldado Doughboy Erine Coolidge el día en que zarpó para París. Fue el reloj de guerra de tu
bisabuelo, hecho por la primera empresa que fabricó relojes
de pulsera. Porque, hasta entonces, la gente sólo llevaba relojes de bolsillo. Tu bisabuelo llevó ese reloj durante
cada uno de los días que estuvo en la guerra. Luego, una vez que hubo cumplido con su deber, regresó a casa
junto a tu bisabuela, se quitó el reloj de la muñeca y lo guardó en una vieja lata de café. Y en esa lata permaneció
guardado hasta que tu abuelo, Dañe Coolidge, fue llamado por su país para servir en ultramar y luchar de
nuevo contra los alemanes. En esa ocasión la llamaron la Segunda Guerra Mundial. Tu bisabuelo le entregó el reloj
a tu abuelo para que le trajera buena suerte. Desgraciadamente, la suerte de Dañe no fue tan buena como la
del viejo. Tu abuelo era marine y resultó muerto junto con otros muchos marines en la batalla de la isla Wake.
Tu abuelo se enfrentaba a la muerte y lo sabía. Ninguno de aquellos muchachos se hacía ilusiones sobre la posibilidad
de salir con vida de aquella isla. Así que, tres días
antes de que los japoneses ocuparan la isla, tu abuelo, que entonces tenía veintidós años de edad, le pidió a un
artillero de un transporte de la Fuerza Aérea, llamado Winocki, un hombre al que jamás había visto en su vida,
que le entregara el reloj de oro a su pequeño hijo, el de tu abuelo, al que tampoco había podido llegar a conocer.
Tres días más tarde, tu abuelo había muerto. Pero Winocki mantuvo su palabra. Una vez terminada la guerra,
visitó a tu abuela y le entregó el reloj de oro a tu padre, que por entonces aún era un niño. Este mismo reloj de
oro. Tu padre llevaba este reloj de oro en la muñeca cuando su avión fue derribado sobre Hanoi. Fue capturado
y encerrado en un campo de concentración vietnamita.
Sabía que si sus carceleros le descubrían el reloj, se lo confiscarían. Según veía las cosas tu padre, ese reloj era
tu propio derecho de nacimiento. Y estaba dispuesto a que lo condenaran antes de que cualquier ojos rasgados
fuera a poner sus manos amarillas sobre el derecho de nacimiento de su hijo. Así pues, lo ocultó en el único lugar
donde sabía que podía esconder algo. En el culo.
Durante cinco largos años llevó este reloj escondido en el trasero. Luego, cuando ya estaba a punto de morir de disentería,
me entregó el reloj. Yo también oculté este incómodo montón de metal en mi trasero durante otros dos
años. Luego, al cabo de siete años de prisión, fui enviado de regreso a casa con mi familia. Y ahora, hombrecito, te
entrego a ti el reloj.
El capitán Koons le entrega el reloj a Butch. Una pequeña mano aparece en la pantalla y lo acepta.