A principios del siglo XX, un relojero inglés llamado Albert E. Richardson estaba convencido de que había encontrado la solución a uno de esos pequeños problemas cotidianos que llevaban siglos fastidiando a la humanidad.
No sabemos cuánto tiempo llevaba dándole vueltas al asunto, pero sí que terminó diseñando una máquina bastante peculiar. Una de esas cosas que, cuando las ves, no sabes muy bien si estás delante de un invento genial o de una auténtica barbaridad.
La máquina tenía el aspecto de uno de esos inventos que podríamos encontrar en el laboratorio de un científico loco. Sobre una base de madera se distribuían varios mecanismos, un recipiente de cobre, algunas palancas y un pequeño reloj despertador. Hasta aquí, nada particularmente peligroso… Salvo por un detalle…
¡El cacharro tenía un mecanismo para encender cerillas automáticamente!.. Tal cual en el reloj alarma del que hablamos hace unos días.
Y no era una función secundaria. Aquello era fundamental para que el invento funcionase. Cuando las agujas del despertador alcanzaban la hora programada, el reloj ponía en marcha un sistema de palancas que encendía la cerilla y prendía un pequeño hornillo de alcohol.
A partir de ese momento comenzaba una operación completamente automática que implicaba fuego, agua hirviendo y una serie de movimientos mecánicos… Todo muy tranquilizador para 1903… Pero lo verdaderamente maravilloso es el lugar donde pretendía que colocases semejante aparato… ¡En la mesilla de noche!
Sí, compañeros, la idea era que todo aquello sucediese mientras tú seguías tranquilamente dormido, a escasos centímetros de tu almohada.
Y ahora viene la pregunta inevitable… ¿Para qué demonios querría alguien tener una máquina que encendía fuego junto a su cama?.. Pues para una de las cosas más importantes que puede hacer un británico nada más despertarse…
¡Prepararse una taza de té! ![]()
Richardson había inventado un despertador que preparaba el té automáticamente. Cuando llegaba la hora programada, el mecanismo encendía el hornillo, calentaba el agua de una pequeña tetera de cobre y, cuando esta comenzaba a hervir accionaba otro mecanismo que inclinaba el recipiente y vertía el agua caliente. Después el propio aparato apagaba el hornillo y hacía sonar de nuevo la campana del despertador para avisar de que el té estaba listo.
Es decir… ¡Aquello encendía fuego, hervía agua, te preparaba el té y apagaba la llama mientras tú seguías durmiendo! Y todo sobre una bonita base de madera… Que tampoco era cuestión de escatimar en materiales inflamables. ![]()
Lo mejor es que no estamos hablando de una de esas ocurrencias que alguien dibujó en una servilleta después de tomarse cuatro pintas. El aparato se fabricó y llegó a comercializarse bajo un nombre que no podía ser más descriptivo: A Clock Which Makes Tea. Un reloj que prepara té. Todavía se conservan ejemplares en el Science Museum británico y en el Powerhouse Museum de Australia.
De hecho, la idea no era tan disparatada como podría parecer. Con el paso de los años aparecieron versiones eléctricas mucho más prácticas y los famosos Teasmade terminaron convirtiéndose en un pequeño clásico de los hogares británicos.
Por cierto, en 1904 un periódico inglés llegó a sugerir que lo siguiente sería añadirle un megáfono que gritase «¡Fuera de la cama, dormilón!». ![]()
Hay que reconocer que los británicos tienen una forma muy particular de entender la vida… moqueta en el baño… ¿en serio?.. y que, cuando se les mete algo en la cabeza, son capaces de llegar a extremos verdaderamente sorprendentes.










:format(jpg)/f.elconfidencial.com%2Foriginal%2Fe28%2F34d%2F626%2Fe2834d626b6b3fb9e39de9c4a5572b92.jpg)