El otro día… ya no sé ni en qué día vivo… traje la historia de aquellos prisioneros de guerra que, desde un campo alemán, podían escribir a Rolex para pedir un reloj… y Hans Wilsdorf se lo enviaba fiándose de que ya se lo pagarían cuando terminase la guerra.
Pues mientras preparaba aquel hilo me encontré con algo que es casi la historia contraria… Porque hubo otros prisioneros a los que los relojes no les llegaban al campo… Se los quitaban… Y algunos de aquellos relojes necesitaron más de setenta años para volver a casa ![]()
Nuestro protagonista se llamaba Czesław Bilnik… Había nacido en Polonia en 1909, trabajaba como técnico de precisión y formaba parte de la Armia Krajowa, la resistencia polaca contra la ocupación alemana. Él y su mujer, Marianna, ayudaban a partisanos heridos escondiéndolos y cuidándolos en su propia casa. Una actividad que, evidentemente, no era precisamente recomendable en la Polonia ocupada…
Y eso fue exactamente lo que terminó ocurriendo… En el invierno de 1943 unos hombres irrumpieron en su casa y se llevaron a Czesław. Su hija Wanda tenía entonces cuatro años. Décadas después seguía recordando prácticamente una sola imagen de aquel día: ella y su hermana llorando y gritando mientras aquellos desconocidos se llevaban a su padre.
No volvió a verlo nunca..![]()
Entre las pertenencias personales que los nazis le retiraron a Czesław había una pequeña pieza que, en aquel momento, seguramente no parecía tener ninguna importancia histórica: un reloj de bolsillo de plata... Nada especialmente extraordinario desde un punto de vista relojero. No era un Patek, ni un Breguet… Era simplemente su reloj.
Czesław fue deportado primero al campo de concentración de Gross-Rosen y después a Neuengamme… Y cuando la guerra estaba prácticamente terminando ocurrió una de esas tragedias que parecen imposibles incluso dentro de una historia de por si trágica como esta…
A finales de abril de 1945, con las tropas británicas avanzando, las SS evacuaron Neuengamme y miles de prisioneros fueron trasladados hacia la bahía de Lübeck. Más de 9.000 acabaron hacinados en varios barcos, entre ellos un antiguo transatlántico de lujo llamado Cap Arcona…
El 3 de mayo de 1945 aviones británicos atacaron los barcos en una operación destinada a impedir que fuerzas alemanas escapasen por el Báltico. El Cap Arcona y el Thielbek ardieron. Miles de prisioneros murieron quemados, ahogados o fueron tiroteados cuando intentaban ponerse a salvo. El memorial de Neuengamme cifra en unos 6.600 los prisioneros muertos…
Czesław Bilnik fue uno de ellos.. Y la fecha es especialmente cruel…
3 de mayo de 1945.
La rendición alemana entró en vigor cinco días después… Había sobrevivido a la detención, a la deportación y a los campos de concentración… y murió cuando la guerra estaba literalmente terminándose.![]()
Su hija Wanda se quedó sin padre y durante décadas tuvo muy poco de él. Su madre conservó dos cartas que Czesław había conseguido enviar antes de morir y las guardó, según contaría Wanda muchos años después, “como reliquias”… Pero el reloj había desaparecido… O eso creían.
Porque después de la guerra se recuperaron miles de objetos personales que los nazis habían confiscado a los prisioneros: anillos, fotografías, documentos, carteras, plumas, peines… y relojes… Muchos relojes.
Una parte de aquellas pertenencias acabó en el International Tracing Service, hoy Arolsen Archives. En 1963 llegaron allí unos 4.700 sobres con efectos personales de antiguos prisioneros y, décadas después, en 2016, el archivo puso en marcha la campaña #StolenMemory para localizar a sus familias y devolverles aquellos objetos…
Y aquí, setenta y dos años después, la historia vuelve a Wanda…
En 2017 leyó en un periódico polaco que en Alemania seguían guardándose pertenencias de antiguos prisioneros de los campos. Así que llamó… Explicó quién era. Dio el apellido: Bilnik… Al otro lado buscaron en el archivo… Y entonces le dijeron que sí. Que tenían documentación de su padre y que también tenían un reloj ![]()
En julio de 2017, Wanda Różycka-Bilnik viajó a Bad Arolsen, en Alemania, para recogerlo…Tenía casi 80 años. La última vez que había visto a su padre tenía cuatro… Setenta y dos años después de su muerte, volvió a tocar algo que él había llevado consigo… ![]()
Cuando le preguntaron qué pensaba hacer con aquel reloj dijo que no volvería a desprenderse de él y que se lo llevaría con ella a la tumba…
En el hilo de los Rolex hablábamos de relojes que conseguían entrar en los campos… Relojes que Rolex enviaba a los prisioneros porque Hans Wilsdorf confiaba en que algún día saldrían de allí y podrían pagarlos… Este hizo exactamente el camino contrario…
Tardó 72 años en regresar a su familia y por una vez creo que da absolutamente igual la marca que pusiera en la esfera. ![]()
PD: Por si os interesa escuchar la historia de Wanda de su propia voz aquí la tenéis… sólo tenéis que activar los subtítulos y la traducción automática… Es muy emocionante…













