El relojero que construyó una máquina para matar sin saberlo

Hay relojeros a los que les encargan un reloj con calendario perpetuo, otros que tienen que fabricar mecanismos con complicaciones imposibles… Y luego está el relojero del que os voy a hablar hoy, al que un cliente le pidió una máquina que funcionase durante diez días sin hacer absolutamente ningún ruido y que, al terminar, diese un golpe con una fuerza tremenda…

Nos vamos a Alemania, a 1873… Johann Ignatz Fuchs es un conocido relojero especializado en relojes de torre. Tiene su taller en Bernburg y acaba de conseguir una medalla de plata en la Exposición Universal de Viena gracias a uno de sus mecanismos…

Vamos, que el hombre sabe bastante de lo suyo.

Un día, durante una visita a Leipzig, le presentan a un estadounidense llamado William King Thomas, que anda buscando a alguien capaz de fabricarle un mecanismo muy especial… El señor Thomas quiere que funcione durante varios días, sin hacer ruido, y que al llegar a un momento determinado produzca un golpe muy potente.

Fuchs intenta averiguar para qué necesita semejante aparato, pero hay un problema… Su cliente apenas habla alemán y no consigue explicarse demasiado bien… Así que el relojero decide no aceptar el trabajo… Y aquí podría haber terminado nuestra historia. Pero dos años después, el mismo hombre vuelve a aparecer por el taller de Fuchs…

Estamos en marzo de 1875… Esta vez Thomas habla bastante mejor alemán y trae una explicación que, aparentemente, tiene todo el sentido del mundo… Según cuenta, es propietario de varias fábricas de seda en Rusia y ha inventado un sistema revolucionario para mejorar la producción. Necesita un mecanismo de relojería que funcione silenciosamente durante diez días y que, al terminar, active una máquina capaz de cortar mil hilos de seda de un solo golpe.

¿Mil hilos de seda a la vez? :thinking:

A Fuchs le parece un encargo un poco extraño, pero tampoco demasiado. Al fin y al cabo, en aquella época se estaban inventando máquinas para prácticamente todo… Además, el cliente le promete algo bastante interesante… Si el primer mecanismo funciona, le encargará otros veinte.

Veinte mecanismos… No estaba nada mal el negocio. :joy: Así que acepta el encargo y se pone a trabajar.

El 20 de abril de 1875, Fuchs se reúne con Thomas en el Hotel de Pologne de Leipzig para entregarle su invento… El mecanismo funciona perfectamente. Puede mantenerse en marcha durante diez días, prácticamente sin hacer ruido, y después liberar una fuerza considerable.

Durante las pruebas ocurre algo bastante curioso… El golpe del mecanismo daña seriamente la mesa de caoba sobre la que lo habían colocado… A Thomas le encanta el resultado. Paga los 100 táleros acordados y, cuando Fuchs le explica que el trabajo ha supuesto un gasto adicional de 25 táleros, también se los paga sin discutir… Vamos, el cliente con el que sueña cualquier relojero. :joy:

Después se despiden y Thomas promete volver a ponerse en contacto con él para realizar los siguientes encargos. Pero nunca lo hace.

Y ahora viene lo interesante…

Porque William King Thomas no se llama William King Thomas… Su verdadero nombre es Alexander Keith, nació en 1827 y creció en Canadá, donde su familia tenía vínculos con el negocio cervecero… Durante la guerra de Secesión estadounidense se había dedicado a hacer negocios con los confederados, actividades bastante turbias y operaciones que terminaron dejándole una larga lista de enemigos.

También tenía una habilidad especial para conseguir que otras personas le confiasen su dinero y después hacerlo desaparecer… Vamos, un artista. :sweat_smile: Acabó huyendo a Europa, donde consiguió instalarse con su familia y llevar una vida aparentemente respetable.

Era un hombre encantador, sociable, bien relacionado y al que muchos consideraban un empresario de éxito… El problema es que tenía un estilo de vida carísimo, perdía dinero en el juego y sus negocios no siempre salían como esperaba… Y llegó un momento en el que se quedó prácticamente arruinado. Así que se le ocurrió una idea para hacerse rico de nuevo. Una idea espantosa… Consistía en estafar a una compañía de seguros haciendo desaparecer un barco en mitad del Atlántico. Pero había un pequeño problema… Tenía que conseguir que el barco desapareciese sin estar él a bordo y sin que nadie pudiera relacionarlo con lo sucedido.

¿Y qué tenía que ver todo esto con nuestro relojero?

Pues que Keith necesitaba una forma de hacer desaparecer aquel barco varios días después de que hubiese zarpado, cuando ya estuviese en mitad del océano… Y para eso necesitaba algo que funcionase por sí solo, sin que nadie tuviese que intervenir.

¿Os acordáis de aquel extraño mecanismo que Fuchs había construido para cortar mil hilos de seda? :thinking:

Aquella supuesta máquina para cortar hilos de seda no iba a cortar absolutamente nada. Era el temporizador de una bomba…Keith había conseguido además una importante cantidad de explosivos haciéndose pasar por el propietario de una explotación minera en Jamaica…

Su intención era desembarcar antes y dejar que el mecanismo hiciese el resto. Es decir, estaba dispuesto a provocar la muerte de todos los que viajasen a bordo simplemente para cobrar una indemnización… Pero todavía hay más…

Porque resulta que Keith ya había intentado ejecutar el plan una vez. En junio de 1875 consiguió embarcar un cargamento asegurado por 9.000 libras en el vapor Rhein, con el mecanismo de relojería oculto en su interior. Él viajó a Nueva York en otro barco y esperó… Y esperó…

Pero cuando llegó descubrió que el Rhein estaba tranquilamente atracado en el puerto. No había explotado nada… :man_facepalming: El mecanismo había fallado. Y lo más curioso es que había sido por un problema puramente relojero… La tapa de uno de los barriletes se había salido de su sitio y había bloqueado el movimiento… Vamos, que había conseguido organizar un atentado en mitad del Atlántico y todo se había ido al traste por la tapa de un barrilete. :joy:

Keith recuperó el aparato y volvió a Europa… Intentó repetir la operación, pero esta vez se encontró con otro problema: la compañía aseguradora y la naviera querían comprobar el contenido de unas cajas que, según él, estaban llenas de monedas.. Y claro, eso no le venía especialmente bien… Así que tuvo que abandonar aquella operación.

Pero nuestro amigo no pensaba rendirse… En Bremen encargó la reparación del mecanismo a otro relojero, Friedrich Bruns, y preparó una nueva carga… Esta vez eligió el vapor Mosel, de la compañía Norddeutscher Lloyd, que debía zarpar desde Bremerhaven hacia Nueva York el 11 de diciembre de 1875…

Keith había comprado un pasaje de primera clase hasta Southampton. Allí pensaba desembarcar, dejando el cargamento en el barco… Según su plan, la explosión se produciría diez días después de la salida, cuando el vapor estuviese cruzando el Atlántico. Era, desde su punto de vista, el crimen perfecto.

Pero aquel 11 de diciembre iba a ocurrir algo que no había previsto…

El puerto de Bremerhaven estaba lleno de gente… Familiares que despedían a los viajeros, pasajeros que esperaban embarcar, marineros, trabajadores del muelle… Entre los últimos bultos que debían cargarse en el Mosel había un enorme barril reforzado con hierro, que pesaba aproximadamente 650 kilos… Según la documentación, contenía caviar valorado en 3.000 táleros.

En realidad, dentro estaba la bomba de Keith. Los trabajadores comenzaron a izar el barril con una grúa. Y entonces sucedió algo terrible.

Alrededor de las once y veinte de la mañana se produjo una explosión gigantesca… La detonación abrió un cráter de unos cuatro metros de profundidad en el muelle, destrozó parte de las instalaciones y causó daños importantes tanto al Mosel como al remolcador Simson… Murieron 83 personas y alrededor de 200 resultaron heridas… La tragedia conmocionó a Alemania. Al principio nadie entendía qué había ocurrido. Se llegó a pensar que había explotado la caldera del remolcador. Pero poco a poco empezó a descubrirse la verdad.

¿Y sabéis qué es lo más increíble?

Que todo apunta a que el problema no había sido el funcionamiento del mecanismo de relojería… Al parecer, el barril recibió un golpe durante la carga y ese impacto provocó la explosión antes de tiempo.

Keith había calculado cuánto tardaría el mecanismo en activarse, pero no había previsto qué podía ocurrir si alguien le daba un buen golpe al barril. :man_facepalming:

Y aquí viene lo curioso… Fuchs creía que había construido un mecanismo para cortar hilos de seda. No para meterlo dentro de un barril lleno de explosivos y colgarlo de una grúa en un puerto. :joy:

Así que no tenía ningún motivo para diseñarla pensando en los golpes que pudiera recibir durante la carga.

De haberlo sabido, quizá habría construido un mecanismo más resistente. Y entonces el Mosel podría haber desaparecido en mitad del Atlántico sin que nadie llegase a descubrir lo que realmente había ocurrido…

Pero volvamos al puerto.

Mientras intentaban auxiliar a los heridos, alguien escuchó unos gemidos procedentes de una cabina de primera clase… Eran aproximadamente las cinco de la tarde… La puerta estaba cerrada y tuvieron que forzarla… Dentro encontraron a William King Thomas cubierto de sangre. En un principio pensaron que era otra víctima de la explosión, hasta que descubrieron un revólver. Thomas se había disparado intentando suicidarse… También encontraron dos notas de despedida. Una dirigida al capitán, en la que decía que no podía soportar lo que había presenciado aquel día. Otra para su esposa y sus hijos.

Pero sobrevivió al disparo.

Y durante los días siguientes la policía consiguió interrogarlo.

Acabó reconociendo que el barril que había explotado era suyo, aunque no quiso aclarar todos los detalles de su plan… Murió el 16 de diciembre de 1875.

Y ahora viene una de esas cosas que uno encuentra investigando historias del siglo XIX y que hacen pensar que aquella gente tenía unas costumbres bastante peculiares… :flushed_face: El médico municipal de Bremerhaven, el doctor Soldan, decidió que sería interesante estudiar la cabeza del criminal… Así que, sin autorización, se la cortó y la conservó en un enorme recipiente con alcohol. Sí, habéis leído bien: La cabeza de Alexander Keith terminó expuesta como una curiosidad científica…

Años después pasó al museo policial de Bremen, donde permaneció hasta la Segunda Guerra Mundial. Y entonces desapareció… Hay distintas versiones sobre su destino, pero lo que sabemos es que nunca volvió a aparecer. En fin…

¿Y qué ocurrió con nuestro relojero?

Pues aquí llega la última sorpresa de esta historia… Cuando Fuchs se enteró de lo sucedido, acudió por iniciativa propia a las autoridades para explicar que había fabricado aquel mecanismo y contar exactamente cómo se lo habían encargado… Consiguió demostrar que desconocía las intenciones criminales de su cliente y quedó libre de sospechas.

Pero el escándalo lo convirtió en una celebridad. De repente, todo el mundo quería saber cómo funcionaba aquella máquina. Y empezaron a llegarle encargos… No de relojes de torre. Ni de mecanismos para fábricas de seda. ¡De réplicas de la máquina utilizada en el atentado! :joy:

Fuchs empezó a fabricarlas para museos y coleccionistas interesados en conocer aquel extraordinario mecanismo… Una de esas réplicas todavía se conserva en el museo del castillo de Bernburg… Y así terminó la historia de Johann Ignatz Fuchs, un prestigioso fabricante de relojes que pasó a la historia por un encargo que jamás habría aceptado de haber conocido su verdadero propósito.

Por cierto, a pesar de todo, siguió trabajando y fabricó extraordinarios relojes astronómicos, entre ellos uno con indicación de la hora mundial para el Ayuntamiento de Bernburg… Pero su mecanismo más famoso no fue ninguno de esos relojes. Fue uno que ni siquiera estaba pensado para dar la hora. Estaba diseñado para contar diez días… y después matar… Y lo construyó sin saberlo.

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A estas horas, y trabajando???

Y yo leyendo… inevitable, cada vez que me encuentro historia nueva!

:clap: :clap: :clap:

Gracias! Y buenas noches…

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Qué bueno

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Fantástica historia. Gracias!

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Buenísimo,en tu línea vamos :wink:

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Esta historia merece una película, tiene todos los elementos necesarios para pegarte a la pantalla…

:clap:t3::clap:t3::clap:t3::clap:t3::clap:t3::clap:t3:

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¡Qué maravilla!

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A ver quien coge ahora un barco o un vuelo sin comprobar la declaración de la carga… buenísimo, la avaricia del personal no conoce de límites en la imaginación humana. Otra gran historia que nos obsequias.

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Super interesante, gracias compañero!

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Genial el artículo como todos los que escribes. ¡¡¡BRAVO!!!

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¡¡Me encanta, vaya historia alucinante!!

¿De dónde sacas todas estas maravillas?
¿Tú lees mucho, eh?

Gracias

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Magnífico y entretenidísimo relato una vez más.

Muchas gracias!!!

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Impresionante!!!

Qué gozada de lectura.

Una vez mas gracias compi…

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Otra historia muy entretenida. Me empiezo a acostumbrar a entrar en HdR buscando una historia nueva. Muchas gracias!!

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Trágica historia, excelente narración! Gracias como siempre maestro

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Fantástica historia, me encanta leerte.

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Estupenda historia, y enganchado hasta el final. :clap::clap::clap:

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El relojero fue honesto y entregado…el uso que se daría a aquél mecanismo…estaba en la cabeza de aquél asesino que lo encargó…cabeza que ya había perdido !!!

…mucho antes de que se la contasen…

Muchas gracias por toda la pasión y dedicación que pones en crear estos relatos…fantástico !!!

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Una historia magnífica y muy bien contada. Una mente diabólica, la de Keith.

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Una vez más , gracias

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