Flinqué, esmalte y guilloché

Puede que no haya nada más útil que lo inútil.

Cuando algo es “sólamente útil” (yo que sé, tu lavadora, un móvil, una tele, un coche o la mayoría de objetos de uso), en cuanto sale un artículo más moderno, o con más funciones, o cuando pasa de moda queda obsoleto. No echas de menos tu lavadora vieja, o tu tele vieja, o tu coche viejo (salvo que éste sea un coupé o un cabrio de capricho), o tu móvil viejo cuando se estropean y compras uno nuevo y “mejor”. Todos esos objetos acaban siendo, en la práctica, desechables.

Cuando algo es bello, le coges cariño y creas un vínculo emocional con él. Y será útil siempre. Aunque sea absurdamente inútil. Como una esfera en guilloché esmaltado.

Me da igual que haya smartwatches o cuarzos que sean mucho más precisos que mis relojes mecánicos, y que no se paren si no estoy encima de ellos.

.
.
.

La belleza importa. Tras dos coches feos, querría un coche bonito. Y no encuentro ninguno.

5 Me gusta