Si, no, según…
En mi trabajo, además de relojes económicos, llevo ropa de labor y calzado de seguridad, que pone la empresa. Evidentemente, no la voy a tratar con cuidado, y me importa cero si se mancha, se destiñe, se descose o se rasga. Pero no es una ropa que me guste, que me sienta especialmente cómoda, o que me identifique con ella, pese a que quizá la pueda llevar más tiempo que la ropa de calle.
Me pasa algo parecido a la ropa de casa. Es cómoda, si. Tampoco me importa mucho si al final tiene algún agujero o si no es especialmente vistosa. De hecho, aparte de pijamas, muchas veces suele ser ropa vieja o gastada que no usas ya en la calle.
No soy apasionado de la ropa o de la moda. La ropa de calle suelo comprarla de cierta calidad, pasando de modas y esperando que dure años. De hecho, es curioso, pero no he comprado un pantalón, una camisa (bueno, me las suelen regalar y aún tengo sin estrenar, aplicamos aquí el FIFO), ropa de abrigo o unos zapatos de invierno (sí zapatillas de lona para el verano) desde antes de la pandemia. Igualmente, en ropa de calle tengo más de diario, y alguna ropa para ocasiones especiales, más de bonito.
En cuanto al “reloj del abuelo”… la cuestión ahí estaría en si al abuelo le daba la importancia que le da el nieto al que le apasionan los relojes. Como he dicho otras veces, nadie da importancia a los objetos de uso cuando los sustituye por otros nuevos.