Pues te digo que tengo una sensación similar a la tuya y que tenía en el tintero un post parecido para abrir estos días.
Te entiendo perfectamente.
Los cuarzos al final nos solucionan las prisas y los Lugares a donde iremos . Tengo mecánicos que salen poco o muy poco de casa pero los tengo, les doy cuerda y veo cómo funcionan y los disfruto.
Y para según que circunstancias tengo los Casio y alguno más que me solucionan el problema de ponerlo en hora , la fecha etc
Me ha venido algo a la cabeza leyendo el hilo.
Un mecanico tiene vida porque TU se LA DAS AL PONERTELO EN LA MUÑECA, depende del latido de tu corazon, que te impulsa a ti, para a su vez cobrar vida, y mover sus bracillos indicando las horas, es como el relato del Evangelio de Juan sobre Lazaro y su resurreccion, coges tu mecanico inerte, lo mueves y susurras “dame la hora..”, algo magico.
Es un “ser” codependiente, se nutre de ti. Un mecanico enterrado con su dueño esta igual, durmiendo el sueño de los justos.
El cuarzo es magnifico, tiene vida gracias a una pila que no depende de tu halito vital, es mas impersonal, pero da una exactitud fascinante y en muchas ocasiones necesaria.
Ambos coexisten, pero no tienen la misma naturaleza poetica. Cada cual elige en funcion de su personalidad, un modelo u otro, de señalar el tiempo. O ambos, como mi caso y el de muchos otros compañeros.
Bonita reflexión, solo por eso mañana sale el tuyo, le daremos vida.
Gracias por esas ideas
Me acabas de recordar este microrrelato de hace 12 años… leedlo, merece la pena.
Buena y bonita reflexión,
Pienso que al final existe una evolución en esta afición, y cada uno elige su propio camino, ni mejor ni peor, simplemente hemos de aceptar que lo que nos gustaba cuando empezamos en esto, no tiene porque ser lo que nos gusta ahora.
Muy interesante, incluso me conmovió un poco, bonito cuento.
Pues siendo sincero te diré que a mí los cuarzos me gustan y tengo bastantes, pero realmente como no me gusta tener los mecánicos parados tengo a los cuarzos abandonados ya que no me necesitan para funcionar
.
Interesaste reflexión, en una afición no demasiado reflexiva, nos mueve más el corazón que la lógica. Soy de rotar mucho, me gusta combinar mis relojes con la ropa que llevo, mi caja acuna 20 automáticos y solo cuatro cuarzos, pero estoy contigo las prisas muchos días me pueden y últimamente los 4 cuarzos ocupan mi muñeca casi todos los días de entre semana, sobre todo desde que llego el VHP que me tiene enamorado, no deja de sorprenderme, eso sí los fines de semana son de mis queridos automáticos, muy lógico todo, si señor
Creo que no te has podido expresar mejor, a mi me ocurre exactamente lo mismo, tengo mis relojes automaticos bien cuidados que me encantan y los uso, pero la gran parte del tiempo llevo mi gw-5000.
Aunque me encanten los relojes mecanicos este gw-5000 es “mi reloj” y me acompaña siempre (o casi).
Pues yo entré aquí para redescubrir el tic tac. Y ya son mi sístole y diástole.
Cuarzo solar, apenas un par de ellos, para guiarme en mi despiste crónico, de nacimiento; para cuando me muevo más de la cuenta. Algún cuarzo suelto de pila me recuerda en qué siglo vivo, pero me infunden algo de tristeza, no sé muy bien porqué.
Mi deambular diario se lo debo al milagro mecánico. Cuando se pare el mundo ellos seguirán dando una hora que ya no existe. Ellos inventan el tiempo imposible, y me mantienen en él. Sobre todo el de mi padre y el de mi abuelo, cuya restauración y puesta a punto me han devuelto su pulso.
Buenas noches
Me ha encantado el microrelato. Gracias por compartirlo.
Yo debo ser raro jaja, nunca he rotado relojes, siempre he usado el mismo para todo hasta que llega uno nuevo y el ciclo se repite. Los anteriores los guardo y rara vez me los vuelvo a poner. Lo hice así desde mi primer reloj y lo sigo haciendo ahora, muchos años después. Echando la vista atrás recuerdo perfectamente cada etapa (de varios años) en la que cada reloj me acompañaba y me alegro de que sea así, no sería lo mismo si hubiera alternado relojes aleatoriamente.
Sobre el tema de digitales y mecánicos, no sigo ningún orden ni preferencia. El “nuevo” es lo que me apetece en ese momento. Sólo he tenido un mecánico y adelantaba unos 3 segundos al día con un uso constante y haciéndole las mil perrerías, recuerdo que me adapté a él y hasta cuando acumulaba minutos de diferencia sabía exactamente la hora real. Creo que sólo lo volvía a poner en hora cuando la diferencia era muy escandalosa, muchos meses después de llevarlo en mi muñeca. Ahora llevo un digital GPS que siempre está en hora, es más cómodo y no te hace pensar, pero la precisión no es algo que tenga como prioridad a la hora de usar un reloj.
@Kornival , me ha gustado mucho cómo lo has expresado. Al final todo se reduce a esa palabra que usas: satisfacción. Cada uno encuentra en “la máquina” un lugar distinto donde apoyarse: unos en la practicidad, otros en la evasión, otros en el puro disfrute estético de ver girar un crono o un tourbillon. Y es cierto, no hay obligación ni de rotarlos ni de quedarse con uno, pero sí de ser honestos con lo que nos hace sentir bien.
Yo reconozco que, en mi caso, lo que me pesa es esa visión del reloj como herramienta. Quizá por eso me cuesta entregarme a la rotación, porque siento que al hacerlo diluyo la idea de “mi reloj”, ese que me acompaña siempre y con el que me identifico.
Ahora bien, lo que dices de que el verdadero placer está en esas distintas sensaciones… ahí me haces dudar. ¿Será que al cerrarme tanto a un único compañero me estoy perdiendo parte de lo que hace grande esta afición?
@Quichito, me ha gustado mucho cómo lo cuentas, sobre todo esa sensación de redescubrir relojes que parecían medio olvidados y volver a mirarlos con los mismos ojos que el primer día, o incluso con más cariño. Esa es una de las cosas más bonitas de la rotación, que cada pieza tiene su “segundo estreno” y te sorprende cuando menos lo esperas.
Yo, en cambio, me muevo en el extremo opuesto: me cuesta mucho rotar porque tengo muy interiorizada la idea del reloj como herramienta, como compañero de batalla. Por eso acabo echando mano siempre del mismo, aunque en la caja me esperen otros que me encantan.
Sobre lo del radiocontrolado, entiendo lo que dices y comparto que puede ser decepcionante si en tu zona no capta señal. En mi caso, estando en el noroeste de Madrid (donde he venido por trabajo una temporada), el 5610 sincroniza sin problema casi todas las noches. Y aunque no lo hiciera, siempre se puede forzar la sincronización manual desde un punto alto, o bien —como dices— ponerlo en hora a la vieja usanza, que tampoco cuesta nada. Al final, para mí lo importante es que sea solar, eso sí que me parece imprescindible. Lo del radiocontrol es un extra que se agradece, pero no lo considero decisivo.
Quizá ahí está la diferencia: tú disfrutas exprimiendo cada reloj y dándoles su momento de gloria, y yo, en cambio, busco la tranquilidad de tener siempre “mi reloj” en la muñeca. Dos formas de vivir la misma afición, que al final se tocan más de lo que parece.
¿No será que, en el fondo, todos terminamos encontrando nuestra manera de reconciliar la practicidad con el romanticismo que nos enganchó a los relojes?
Te entiendo perfectamente, y creo que lo que cuentas es más común de lo que parece. Al final lo que manda no es tanto el valor económico del reloj, sino la tranquilidad que te da llevarlo en el día a día. Si un reloj caro te obliga a estar pendiente de no golpearlo, de no rallarlo, de no meterlo en agua o simplemente de no “malgastarlo” en una situación cotidiana… acaba perdiendo puntos frente a otro más modesto que te da libertad absoluta.
La paradoja es esa: compramos relojes caros pensando en disfrutarlos, pero muchas veces nos los acabamos poniendo menos, porque su precio o su delicadeza nos hacen verlos como algo “especial” y no como una herramienta. Y mientras tanto, son los económicos los que cumplen lo que siempre se le ha pedido a un reloj: dar la hora sin preocuparte de nada más (de ahí venía mi reflexión de “el reloj del abuelo”).
Eso no significa que los de gama alta no tengan sentido. Siguen teniendo un valor enorme como objetos de arte, como símbolos o como piezas que marcan un momento de tu vida. Pero si hablamos de utilidad práctica y de paz mental, los baratos ganan la partida la mayoría de las veces.
La pregunta quizá es esta: ¿queremos que nuestro reloj sea una joya que cuidamos o una herramienta que usamos? Porque rara vez consigue ser ambas cosas al mismo tiempo. Y quizás cuando nos hablan del Eterna Kontiki, de los Dirty Dozen o de los Divers históricos lo que más nos flipa es como esas piezas que hoy en día se consideran “relojes caros que no vas a estropear para llevar a andar en bici o ir a hacer CrossFit y que se rallen” en aquella época los usaban y trataban en la cima del Everest o en un bosque en Bastogne con el mismo cariño que una bombona de campingaz o un una caja de destornilladores.
La pregunta quizá es esta: ¿queremos que nuestro reloj sea una joya que cuidamos o una herramienta que usamos? Porque rara vez consigue ser ambas cosas al mismo tiempo. Y quizás cuando nos hablan del Eterna Kontiki, de los Dirty Dozen o de los Divers históricos lo que más nos flipa es como esas piezas que hoy en día se consideran “relojes caros que no vas a estropear para llevar a andar en bici o ir a hacer CrossFit y que se rallen” en aquella época los usaban y trataban en la cima del Everest o en un bosque en Bastogne con el mismo cariño que una bombona de campingaz o un una caja de destornilladores.
Si, no, según…
En mi trabajo, además de relojes económicos, llevo ropa de labor y calzado de seguridad, que pone la empresa. Evidentemente, no la voy a tratar con cuidado, y me importa cero si se mancha, se destiñe, se descose o se rasga. Pero no es una ropa que me guste, que me sienta especialmente cómoda, o que me identifique con ella, pese a que quizá la pueda llevar más tiempo que la ropa de calle.
Me pasa algo parecido a la ropa de casa. Es cómoda, si. Tampoco me importa mucho si al final tiene algún agujero o si no es especialmente vistosa. De hecho, aparte de pijamas, muchas veces suele ser ropa vieja o gastada que no usas ya en la calle.
No soy apasionado de la ropa o de la moda. La ropa de calle suelo comprarla de cierta calidad, pasando de modas y esperando que dure años. De hecho, es curioso, pero no he comprado un pantalón, una camisa (bueno, me las suelen regalar y aún tengo sin estrenar, aplicamos aquí el FIFO), ropa de abrigo o unos zapatos de invierno (sí zapatillas de lona para el verano) desde antes de la pandemia. Igualmente, en ropa de calle tengo más de diario, y alguna ropa para ocasiones especiales, más de bonito.
En cuanto al “reloj del abuelo”… la cuestión ahí estaría en si al abuelo le daba la importancia que le da el nieto al que le apasionan los relojes. Como he dicho otras veces, nadie da importancia a los objetos de uso cuando los sustituye por otros nuevos.
Cuando algo es “sólamente útil” (yo que sé, tu lavadora, un móvil, una tele, un coche o la mayoría de objetos de uso), en cuanto sale un artículo más moderno, o con más funciones, o cuando pasa de moda queda obsoleto. No echas de menos tu lavadora vieja, o tu tele vieja, o tu coche viejo (salvo que éste sea un coupé o un cabrio de capricho), o tu móvil viejo cuando se estropean y compras uno nuevo y “mejor”. Todos esos objetos acaban siendo, en la práctica, desechables.
En cuanto al “reloj del abuelo”… la cuestión ahí estaría en si al abuelo le daba la importancia que le da el nieto al que le apasionan los relojes
Claro, ese es el quiz, que caracterizaba a mi abuelo y a que le daba “valor” , a su Dogma, a su gayao (bastón), a su boina… eso, en mi concretamente carece de importancia, porque el le daría un valor, y yo si pudira tener alguna cosa de esas , el valor se lo daré yo, sin tener tanto en cuenta el valor que el le daba, porque igual no lo demostó nunca, solamente lo usaba. Pero para mi es una referencia. Por supuesto mas si demostro su devoción por alguna, pero si no, tampoco me complica.
Diria mas, yo soy un obseso de los relojes con algo de historia… ejemplo : mi abuelo compró el dogma, fue a la joyería, lo compro, uso y apreciaba mas o menos…
Pero para mi, que encima soy aficionado, ese reloj cuenta una historia, compartio el tiempo del abuelo, tiene mas significado…
No se, igual me estoy liando…
Cada persona es un mundo y cada mundo un lio xd. Eso que comentas es muy común.
Mañana les saco una foto para no quitar la alarma y buscar. Pero mi padre era de usar rebecas de lana, de las gordas. Esas que pesan como la oveja que las llevaba xd.
Tenia una gris para salir y una marrón para estar por casa. La de estar por casa esta hecha polvo, llena de descosidos lana colgando y oliendo a ese pasta/bizcocho rojo y amarillo que se le echa a los canarios de color. Ese que huele tan rico que te lo comerías.
Pues mi padre falleció en el 2011 por un cáncer de esófago y aún desde ahí conservo ambas rebecas. En aquellos momentos ni él ni yo le dábamos el mas minimo valor mas allá de su precio y utilidad. Ahora
Una para salir y otra para estar por casa, aunque ya no tengo canarios. Aun huele a ese bizcocho, a mi padre y a aquellos maravillosos años rodeados de estridente cantar de una jauría de canarios malinois.
Una rebeca, un reloj, una boina. Recuerdos de andar por casa.![]()
Yo me he tirado muchos años con un cuarzo y nada más. Es en los últimos años cuando me ha picado tener más de un reloj.
Lo que no consigo es eso de rotarlos a diario. Yo uso uno o dos a la semana, por lo general. Me gusta que mis relojes se instalen en mi muñeca por unos días, hacerme a ellos y ver cómo van de marcha, crear una mini-rutina que me conecte con la pieza.