Houston, tenemos un problema... de relojería 😂

Hay relojes que han viajado al espacio. Hay relojes que han pisado la Luna. Y hay relojes que han sobrevivido a condiciones que difícilmente podremos imaginar desde aquí abajo.

Pero hoy quiero contaros una historia un poco diferente…:upside_down_face:

Antes de empezar, quiero agradecer al compañero @Horafria que fue quien me puso sobre la pista de esta extraordinaria historia. Me habló de un astronauta, de un Omega X-33 y de una reparación en gravedad cero que había quedado grabada en vídeo… La curiosidad hizo el resto.:nerd_face:

Y lo que encontré investigando me pareció lo suficientemente interesante como para dedicarle este hilo.

¿Listos para viajar al espacio?:rocket:

¡Pues despegamos!:astronaut:

Para entender lo que sucedió tenemos que viajar hasta finales de los años noventa. En 1998, Omega presentó un reloj bastante particular: el Speedmaster Professional X-33.

No era el Speedmaster mecánico que todos asociamos con las misiones Apolo. Era un instrumento de titanio, con movimiento de cuarzo, indicación analógica y digital, y funciones especialmente pensadas para pilotos y astronautas. Entre ellas, cronógrafo, cuenta atrás, hora universal y tiempo transcurrido de misión. :milky_way:

Pero una de sus características más interesantes era algo que, en un reloj convencional, podría parecer secundario: sus alarmas. El X-33 estaba diseñado para emitir señales acústicas extraordinariamente potentes, una necesidad real en el interior de una nave espacial, donde ventiladores, bombas y otros equipos producen un ruido constante.

No era simplemente un reloj inspirado en la exploración espacial. Era un instrumento desarrollado con la participación de profesionales que realmente iban a utilizarlo allí arriba.

Y uno de esos profesionales era Don Pettit.

Don Pettit era ingeniero químico, astronauta de la NASA y un hombre con una curiosidad científica casi inagotable… El 23 de noviembre de 2002 partió hacia la Estación Espacial Internacional como integrante de la Expedición 6. Lo acompañaban Kenneth Bowersox y el cosmonauta ruso Nikolái Budarin.

Su misión transcurrió en uno de los momentos más delicados de la historia de la exploración espacial… El 1 de febrero de 2003, mientras Pettit permanecía en órbita, el transbordador Columbia se desintegró durante su regreso a la Tierra, causando la muerte de sus siete tripulantes.

La tragedia paralizó los vuelos de los transbordadores estadounidenses. La logística de la estación cambió radicalmente y el envío de suministros, equipos y piezas de repuesto quedó sometido a nuevas restricciones.

La situación fue tan excepcional que la misión de Pettit, inicialmente prevista para unos dos meses y medio, se prolongó hasta superar los cinco. Finalmente, él y sus compañeros regresaron a la Tierra a bordo de una cápsula rusa Soyuz.

En aquel contexto, la posibilidad de reparar algo en lugar de sustituirlo comenzó a adquirir una importancia mucho mayor. Y aquí es donde entra nuestro protagonista…

No el astronauta.

El reloj.

El X-33 que Pettit llevaba en la muñeca era, según sus características exteriores, un ejemplar de primera generación. Un reloj extraordinariamente avanzado para su época, pero que no estaba libre de problemas.

Y aquí aparece una curiosidad. El X-33 de Pettit no era exactamente igual al que podíamos encontrar en una relojería… El astronauta contó años después que, antes de viajar al espacio, había modificado personalmente el bisel, oscureciendo su aro metálico y pintando los números de blanco para hacerlos más legibles con poca luz.

También había experimentado con el anodizado de la caja de titanio, dándole un peculiar tono marrón, parecido al del café… Por si fuera poco, aseguró que durante aquella expedición llegaron a fallar tres relojes X-33, hasta el punto de dejar de resultar útiles.

Parece que aquellos primeros ejemplares tenían todavía algunos problemas por resolver… Durante su estancia en la estación, la corona del reloj de Pettit comenzó a aflojarse hasta que terminó desprendiéndose. Y no fue lo único… Uno de los cuatro pulsadores también se soltó.

Imaginad la situación.

Estáis a unos 400 kilómetros de la superficie terrestre, dentro de una estación espacial, y vuestro reloj acaba de perder dos de sus principales elementos de control… En casa buscaríamos las piezas por el suelo… Allí arriba no existe esa posibilidad… Porque en microgravedad, los objetos pequeños quedan flotando y pueden terminar arrastrados por las corrientes de ventilación.

De hecho, Pettit contó posteriormente que algunas de las piezas acabaron atrapadas en los filtros del sistema de aire. Al recuperarlas durante las tareas de limpieza, se le presentó una oportunidad inesperada… Su reloj había quedado prácticamente limitado a mostrar la hora universal, UTC… Y entonces decidió que iba a intentar repararlo.

Por su cuenta. Sin instrucciones de Omega. Sin un relojero. Y sin gravedad que ayudara a mantener las piezas sobre la mesa. Fácil.

Pettit tenía una costumbre maravillosa. Durante algunos de sus ratos libres realizaba pequeños experimentos para demostrar cómo se comportaban los objetos y los fenómenos físicos en microgravedad… Los agrupaba bajo el nombre de Saturday Morning Science, algo así como «Ciencia de los sábados por la mañana»… Y decidió convertir la reparación de su Omega en una de aquellas demostraciones.

Preparó una cámara y reunió las herramientas que tenía disponibles. Entre ellas, una multiherramienta Leatherman, unas pinzas y un pequeño destornillador de precisión… Pero había un problema que ningún relojero terrestre tiene que afrontar. ¿Dónde dejas los tornillos cuando no existe el concepto de «dejarlos sobre la mesa»?

Pettit encontró una solución tan sencilla como ingeniosa: colocó una tira de cinta adhesiva con la parte pegajosa hacia arriba… Así pudo ir fijando los ocho minúsculos tornillos de la tapa trasera mientras trabajaba, evitando que salieran flotando por la estación.

Y lo mejor de todo es que aquella reparación quedó grabada en vídeo.

Hay algo especialmente atractivo en estas imágenes… Pettit no está haciendo una demostración espectacular para una campaña publicitaria. Está intentando resolver un problema real, con las herramientas que tiene a mano y en unas condiciones que harían desesperarse a más de un relojero… Y todavía hay otro detalle curioso.

El vídeo no muestra el reloj completamente montado y funcionando, lo que llevó a algunos aficionados a preguntarse si Pettit había conseguido terminar la reparación… Pero la historia no acaba ahí.

En mayo de 2011 apareció un comentario firmado por el propio Don Pettit en una página especializada en el X-33… En él aseguraba que había conseguido reparar su Omega y explicaba que, sencillamente, se había olvidado de grabar la secuencia final… Una lástima para nosotros, los aficionados a los relojes… Aunque, pensándolo bien, bastante tenía aquel hombre con intentar que los tornillos no salieran flotando por la estación…:rofl:

Pero aquella reparación tuvo unas consecuencias que iban mucho más allá del reloj… Como hemos visto, tras la tragedia del Columbia, la NASA se enfrentaba a importantes dificultades para enviar material y repuestos a la estación.

Hasta entonces, según explicó Pettit, una parte importante de la filosofía de mantenimiento consistía en sustituir unidades completas cuando fallaban. Si un equipo dejaba de funcionar, se retiraba y se instalaba otro… Era una solución práctica mientras los transbordadores podían transportar grandes cantidades de material… Pero aquella situación había cambiado.

En una entrevista concedida a WIRED en 2023, Pettit explicó que su demostración había ayudado a mostrar a los responsables de mantenimiento de la NASA algo importante: Los astronautas podían realizar trabajos mecánicos de gran precisión en órbita.

Si un hombre era capaz de desmontar un reloj, manipular sus diminutos componentes y volver a montarlo en microgravedad, quizá también podía reparar determinados equipos de la estación sin necesidad de sustituirlos por completo.

Pettit contó que la grabación y las instrucciones que envió a Tierra contribuyeron a que los especialistas empezaran a considerar esa posibilidad de otra manera.

No se trataba de que un Omega hubiera cambiado por sí solo todos los procedimientos de la NASA. Pero aquella reparación había servido como una demostración muy convincente de algo que hasta entonces no se daba tan fácilmente por hecho.

Así, lo que había comenzado como una avería en un reloj terminó convirtiéndose en una pequeña demostración de una idea mucho mayor: En el espacio, saber reparar puede ser tan importante como saber utilizar… Y queda una última pregunta que seguramente muchos os estaréis haciendo…:nerd_face:

¿Dónde está hoy aquel Omega X-33?.. Según contó Pettit años después, tras regresar a la Tierra tuvo que devolver el reloj a la NASA, como sucedía con los ejemplares que la agencia entregaba a los astronautas. La NASA lo remitió posteriormente a Omega. Y el propio Pettit reconoció que desconocía su destino final.

En algún lugar puede encontrarse, por tanto, un X-33 de primera generación que fue desmontado y reparado a cientos de kilómetros de la Tierra… Un reloj que, además de haber viajado al espacio, guarda una historia verdaderamente increíble…

Quiero terminar dando de nuevo las gracias al compañero @Horafria, que fue quien me descubrió esta historia y despertó mi curiosidad para investigarla y compartirla con vosotros. Espero que la hayáis disfrutado tanto como yo investigándola.

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Que buen hilo y que historia tan interesante y curiosa. Vaya paciencia tenía que tener el tipo para arreglárselas ahí arriba!

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Conocía la historia, gracias por traerla igualmente.

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Historión de un modelo que me tuvo muy caliente y que durante una época se podia encontrar a precios medianamente asumibles en la bahía japonesa. Me ha encantado, muchísimas gracias.

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Gran historia, gracias a ambos, @Horafria por sacarla de la manga, y @Chinaskis por investigarla y escribirla!

:clap: :clap: :clap:

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Gracias por la mencion @Chinaskis , la verdad que cuando descubri la historia me quedé flipado y cuando vi que “buscabas historias” me dije: esta la tiene que contar Chinaskis..
Muy ameno y bien redactado, como siempre..
Un saludo..

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De nuevo una preciosa historia maravillosamente contada, genial incluir el video…nos has puesto en orbita alrededor de tus relatos…

Gracias…eres un tipo espacial !!!..perdón…quise decir especial !!!

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