Huérfano de relojero... por segunda vez

Pues, como reza el título, me quedo huérfano de relojero por segunda vez.

En mis comienzos en esta afición tuve la suerte de contar con Aniceto Jiménez Pita como relojero de confianza, un auténtico maestro relojero que regentaba la famosa Relojería Pita, en la avenida Meridiana de Barcelona.

Allá por 2005 o 2006 me regalaron mi primer reloj automático, un Seiko 5. Más tarde llegaron un Hamilton Khaki Field y un Oris Big Crown Pointer Date, este último también de segunda mano. Yo ya conocía la relojería de pasar por delante y quedarme embobado mirando las vitrinas repletas de relojes vintage. Siempre pensaba: «Aquí saben de relojes de verdad». Y no me equivocaba.

Con el tiempo necesité los servicios de un relojero. Un día me presenté allí con mi Hamilton, que había sufrido un buen golpe y adelantaba de forma exagerada. Me atendió Aniceto con una amabilidad extraordinaria. Le llamó la atención que un chaval de 18 o 19 años apareciera con un reloj automático en lugar del típico Casio para cambiar la pila. Enseguida me dijo:

—Tú eres el chico que siempre se queda mirando el escaparate, ¿verdad?

Le respondí que sí, que me apasionaban los relojes y, especialmente, los mecánicos. Su mirada se iluminó y, con una enorme sonrisa, me dijo:

—Sígueme.

Durante más de una hora me enseñó piezas, calibres, herramientas y relojes de todo tipo. Era una auténtica enciclopedia de la relojería con patas, una fuente inagotable de conocimiento. Cuando terminamos, se quedó mi Hamilton y me dijo:

—Pasa en cuatro o cinco días, que te lo llevarás como un tiro.

Y así fue. A los pocos días el reloj estaba perfectamente ajustado y hasta había disimulado con maña las marcas del golpe en la caja. Desde entonces confié en él todas mis piezas mecánicas, siempre acompañadas de largas conversaciones sobre calibres, modelos, materiales y todo lo relacionado con este apasionante mundo.

Hacia 2010 dejé el barrio de Navas y me mudé a Gavà. Poco después, mi Oris pedía una revisión, así que bajé a Barcelona para dejarlo en manos de Aniceto. Sin embargo, la tienda estaba cerrada. Volví varios días más y seguía igual. Pregunté por la zona y me dijeron que había cerrado definitivamente. Nadie sabía explicarme exactamente el motivo.

Me llevé un gran disgusto, pero el Oris seguía necesitando una puesta a punto. Ya en Gavà acudí a una joyería-relojería de la Rambla que vendía marcas como TAG Heuer, Tissot o Hamilton. Pensé que allí podrían ayudarme. Me atendieron muy amablemente, pero me explicaron que eran vendedores y no reparadores. Eso sí, me recomendaron sin dudar una pequeña relojería situada unos metros más arriba.

—Ve allí. El señor sabe lo que hace y trabaja muy bien.

Corría el año 2010 cuando crucé por primera vez la puerta de aquel establecimiento. Me recibió Damián. También le sorprendió ver a un joven con un reloj mecánico bajo el brazo en lugar de uno de moda para cambiar una pila. Le conté mi historia, mi relación con Aniceto y cómo había llegado hasta él gracias a aquella recomendación.

Me transmitió confianza desde el primer momento y se quedó mi Oris para revisarlo. Una semana después me lo devolvió perfectamente ajustado y revisado por un precio que hoy parece increíble: 30 euros.

Desde entonces ha sido mi relojero durante los últimos 16 años.

Hemos compartido miles de horas hablando de calibres, modelos, marcas y restauraciones. Hemos asistido juntos a ferias de relojería, tomado unas cervezas y hasta algún que otro pelotazo, siempre hablando de lo que más nos apasiona: los relojes.

Con el tiempo me contó que había empezado como aprendiz con apenas 11 o 12 años y que llevaba más de cuatro décadas dedicándose a un oficio que era, además, su gran pasión. Para mí, como lo fue Aniceto, Damián es otro auténtico maestro: unas manos prodigiosas y una sabiduría inmensa.

Por sus manos han pasado durante estos años decenas de relojes míos, tanto modernos como vintage. Si había que fabricar una rueda o una pieza desde cero, la hacía. Si era necesario localizar un recambio en la otra punta del mundo, lo encontraba. Pocos calibres, muy pocos, se le han resistido. Y eso sin hablar de la extraordinaria colección de relojes que posee.

Hoy, 31 de julio, ha llegado el día que temía.

Hoy Damián baja la persiana por última vez. Se jubila. Y la tiene más que merecida. Desde aquellos 11 o 12 años de aprendiz hasta los 67 que tiene hoy, toda una vida dedicada a la relojería.

Y aunque me alegro enormemente por él, no puedo evitar sentir cierta preocupación. Me toca volver a encontrar un relojero de confianza cerca de casa, alguien a quien poder dejar mis piezas con la misma tranquilidad con la que se las he dejado a Aniceto y a Damián durante todos estos años.

Sé que puede parecer exagerado, pero quienes llevamos tiempo en esta afición sabemos que cada vez quedan menos relojeros independientes de verdad. Cada vez abundan más los simples cambia-pilas, profesionales que en muchos casos no pasan de sustituir una batería y poco más.

Por eso hoy cierro una etapa con una mezcla de gratitud, nostalgia y preocupación. Gratitud por todo lo aprendido junto a dos maestros; nostalgia porque desaparece una figura importante en mi afición; y preocupación porque encontrar a alguien de ese nivel no será nada fácil.

PD: Si conocéis algún buen relojero que trabaje bien y a un precio razonable por la zona de Gavà o alrededores, os agradecería mucho cualquier recomendación.

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No puedo ayudarte. Sólo quería decirte que has sido afortunado. Por haber contado durante años con quien cuidaba tus relojes. Pero, sobre todo, por haber encontrado a 2 seres con quienes compartir y de quien aprender

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Gracias. Creo que has dado en el clavo. Los relojes son la excusa; lo importante son las personas que te encuentras por el camino. Y en ese aspecto, no puedo quejarme de la suerte que he tenido.

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Bonita y preocupante historia simultáneamente

Precisamente hace un par de días iba escuchando la radio en el coche, y entrevistaron a Pedro Ortiz, relojero encargado del mantenimiento del reloj de la Puerta del Sol. La entrevista no fue muy extensa, pero entre los comentarios que hicieron, ya no recuerdo si fue el propio Pedro o el periodista, dijeron que en España no quedaban más de 300 relojeros (no simples cambia pilas). Preocupante futuro, y el problema no era la falta de aprendices, pues segun el propio Pedro, todas las semanas se presentaba al menos un candidato a aprendiz en su propio taller. El verdadero problema radicaba en los elevados costes de mantenimiento del negocio, inversión inicial en herramientas y maquinaria, y para más inri las dificultades que los propios fabricantes de relojes y calibres ponen para servir piezas a servicios no oficiales. Estos fabricantes no quieren que un relojero de barrio pueda reparar una pieza sin pasar por caja. Directamente no les venden las piezas necesarias o les da un precio desorbitado si previamente no han pasado por caja para certificarse como servicio oficial… De ahí los precios actuales de cualquier revisión… Nada que ver con los precios de hace 10-15 años que ni la inflaccion puede justificar…

Los propios fabricantes se van cargando el oficio… Luego vendrán los lamentos

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Lamentables medidas, que conducen al monopolio de las grandes marcas y sus CO y talleres asociados.

No corren buenos tiempos para las colecciones de decenas de relojes mecanicos…

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Estoy bastante de acuerdo. El problema no parece ser la falta de vocación, sino que cada vez resulta más difícil ejercer el oficio de forma independiente. Cuando los fabricantes limitan el acceso a piezas, documentación o formación, el relojero tradicional pierde capacidad para reparar y acaba convirtiéndose en un simple intermediario del servicio oficial.

Además, la relojería es un oficio que requiere años de aprendizaje, una inversión importante en herramientas y una clientela suficiente para sostener el negocio. Si a eso se le añaden barreras impuestas por las marcas, el relevo generacional se complica mucho más.

Es una lástima, porque la existencia de relojeros independientes no solo beneficia a los profesionales, sino también a los clientes, que disponen de más opciones, precios más competitivos y un servicio más cercano. Si esta tendencia continúa, probablemente terminaremos con menos talleres, menos competencia y reparaciones cada vez más caras.

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Totalmente. Al final, este tipo de políticas reducen la competencia y dejan al aficionado cada vez más dependiente de los servicios oficiales. Cuando las marcas controlan las piezas, la formación y las reparaciones, los costes acaban repercutiendo inevitablemente en el cliente.

Y para quienes tienen colecciones amplias de relojes mecánicos, la situación es especialmente preocupante. El mantenimiento periódico de varias piezas puede convertirse en una factura considerable, hasta el punto de que conservar y disfrutar una colección resulte mucho más caro que hace apenas unos años.

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Ellos serían/serán muy buenos relojeros, pero tú no te quedas atrás como escritor, una pasada como has transmitido la relojería,tú manera de observarla y sobretodo de narrar tu historia.

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Muchas gracias. Que alguien valore no solo los relojes, sino también la forma de contarlos, es un auténtico privilegio. Me alegra mucho que te haya transmitido esa pasión. Un abrazo.

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Yo lo solucionaba rápido, obligación de suministrar piezas durante x años…y si no pues no se permite su venta oficial en España.

Sinceramente me parece un abuso con el que tragamos y no deberíamos…

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Respecto a los relojeros…futuro negro veo, quedan pocos y de esos pocos muchas veces buscas reseñas y ves auténticos destrozos…

Sinceramente llevar a las casas los relojes es inasumible, todo lo japones que te cueste 200-300 no merece la pena porque te van a cobrar casi lo mismo…y con los suizos de entrada seguramente te cueste ya más la revisión de lo que pagaste por ellos en su día…los suizos un poco más caros a pagar entre 600-1000 por revisión.

Al final como se tengan varias docenas en unos años no vamos a tener operativos ni la cuarta parte…salvo que te quieras dejar unos cuantos miles año tras año…

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Es una preocupación bastante real. Más allá de las marcas o de los relojes en sí, el verdadero cuello de botella cada vez parece ser la relojería y el mantenimiento.

Entre que quedan pocos profesionales, que algunos están saturados y que los servicios oficiales tienen tarifas que en muchos casos no guardan proporción con el valor del reloj, llega un punto en el que mantener una colección amplia se vuelve complicado.

De hecho, creo que muchos aficionados acabaremos haciendo una selección natural: mantener al día las piezas que más nos gustan o tienen más valor sentimental, y asumir que no todos los relojes podrán pasar por revisión con la frecuencia ideal.

Porque, como dices, cuando empiezas a multiplicar revisiones por varias docenas de relojes, las cuentas dejan de ser una afición y empiezan a parecer un presupuesto anual. :sweat_smile::watch:

Historia triste y conocida por muchos. Desgraciadamente los oficios de toda la vida se van perdiendo, y aunque nosotros creamos que somos legión, en el fondo somos 4 gatos.
En las ciudades grandes , todavía aguantará un poco más, pero en el resto, todo lo relacionado con la relojería va a desaparecer…lo primero, los vendedores, el resto, va detrás.
Solo quedará recurrir al fabricante, y pasado un tiempo, se acabó… habrá cosas aftermarket, pero con caducidad.

Es una pena, pero es lo que nos toca vivir. Hace tiempo, un NH35 era la mula de carga que lo aguantaba todo e iba a durar por años. Hoy? Yo a mis sobrinos, le he regalado relojes y no los quieren…no tienen WhatsApp, ni les cuentan los pasos que andan. Son cosas de pollavieja.

No vamos a desaparecer, somos millones en el mundo, pero nuestro hueco es cada vez más pequeño, en parte, porque una porción del mundo en el que nos criamos ya no existe.

Bueno, después del desahogo, me voy a dormir.

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Buen resumen de una realidad que muchos vemos venir. Quizá no desaparezcamos, pero sí se está perdiendo todo el ecosistema que rodeaba a la afición. Aun así, mientras haya aficionados, habrá relojes… aunque cada vez seamos más de nicho.

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Bonita historia, el lado positivo es que has podido disfrutar durante años del servicio y la amistad de dos maestros. La mayoría de nosotros nunca podremos decir algo así.

Si tienes buena relación con Damián siempre podrás pedirle como favor que le eche un vistazo. Hacerle servicio no es complicado, otra cosa es si tiene que sustituir piezas.

Quizás incluso lo agradezca. Muchos jubilados tienen un exceso de tiempo libre y se aburren un huevo.

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Al final lo del “reloj que heredarán los nietos” es más marketing que otra cosa.

Casi parece que lo que pretenden es que tires el reloj a los 10 años y te compres otro.

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En mi caso espero que los hereden, pero bien es cierto que la mitad estarán parados pendientes de pasar por quirofano. Al menos que los nietos se gasten la pasta en arreglarlos!!! :winking_face_with_tongue: :winking_face_with_tongue:

Muchas gracias. La verdad es que en eso me considero afortunado. Más allá de los relojes, haber tratado durante años con personas que viven este oficio con tanta pasión es algo que se valora mucho con el tiempo.

Es una pena en general . El trabajo manual y los artesanos se van extinguiendo, sin remedio, la moda del consumismo rápido y vivir rápido. El ejemplo de la catedral de Notre Dame que tuvieron que aprender para hacer las partes y piezas faltantes . Una pena el camino sin retorno que llevamos. Cómo bien dijo un relojero, la relojería no desaparecerá pero el oficio de relojero si

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Estoy bastante de acuerdo. La relojería seguramente seguirá existiendo, pero cada vez será más difícil encontrar personas que dominen el oficio de verdad. Al final, aprender un trabajo artesanal requiere años de dedicación y paciencia, algo que cada vez encaja menos con la sociedad actual.

Por eso hay que valorar tanto a los buenos profesionales mientras los tenemos, porque cuando desaparecen es mucho más difícil sustituirlos que sustituir un reloj. :watch: