Es alucinante lo que me ha pasado hoy compañeros, os lo cuento para ver si os sorprende tanto como a mí.
Resulta que estoy esperando un reloj de Hour Passion y esta mañana debía entregarlo la mensajería que acostumbran a utilizar en sus envíos, pero yo no estaba en casa. No me preocupaba porque tenemos portero 24h en la finca y le suelen dejar a él los paquetes.
El caso es que estoy siguiendo el tracking y, tras estar varias horas en reparto, veo que pone que han intentado entregarlo pero el destinatario se encontraba ausente y que habían contactado con él para acordar otra cita (cosa que no era cierta).
Total, que llamo al servicio de atención al cliente y, tras muchos menús, IAs y más submenús, consigo hablar con una persona que me atiende, por su voz parecía campechano…
Le explico el problema y me dice, sin rodeos “Es que al mensajero se le ha olvidado meter su paquete en la furgoneta esta mañana, no se preocupe que mañana se lo entregará”. Y yo pensando “jolín, qué sinceridad, ya podrían aprender los de SEUR, por ejemplo, tan aficionados al “Destinatario ausente”, aunque hayas estado todo el día sin salir de casa, sin ducharte y, casi sin ir al baño, por si no te daba tiempo a contestar al telefonillo y el repartidor se iba sin entregarte el pedido”.
Pero no acaba ahí la cosa, “Es que mañana por la mañana tampoco voy a estar en casa”, continúo, “y era por si se podría programar la entrega por la tarde”. A lo que mi interlocutor contesta: “No se preocupe, se lo dejará al portero de la finca”. “Ahí, iba yo”, replico, “es que algunos repartidores no le dejan los paquetes al portero (sobre todo si son de cierto valor, aunque eso lo dije sólo para mis adentros)”.
“[Comdexfall] de verdad, no se preocupe, el repartidor conoce la finca y conoce al conserje. Confíe en mí cuando le digo que no habrá problema”, respondió en un tono entre el desdén y la lástima, casi parecía que sentía él más que yo el intento fallido de entrega. Con un, “Perfecto entonces, no se preocupe que no me corría excesiva prisa recibirlo”, intenté librarle en cierta medida del peso de la culpa que causaba en él tamaña desazón".
En fin, quedé abrumado por su sinceridad (tan escasa en los SAT en estos días) y, dándole las gracias por su excelsa atención, procedí y colgar la llamada.
Os parece normal u os ha sorprendido su sinceridad tanto como a mí? En fin, ¡cosas veredes, amigo Sancho!..