La relojería española

El otro día, en el hilo “Se buscan historias”, el compañero @kant comentaba que echaba de menos que hablásemos de la relojería española. Yo le contesté que era un asunto en el que llevaba tiempo metido, pero que aquello parecía no tener fin… Y os prometo que no exageraba… :joy:

Porque hay una pregunta que parece bastante sencilla, pero que a mí me ha resultado mucho más complicada de responder de lo que imaginaba: ¿hemos tenido alguna vez una industria relojera propia? Pues resulta que sí. O, mejor dicho, que lo intentamos… Y algunas veces con bastante más entusiasmo que éxito. :watch:

Aunque cuanto más he ido buscando, más claro tengo que reducir la relojería española a cuatro marcas conocidas sería bastante injusto. Aquí hubo relojeros de corte, artesanos, talleres familiares, fabricantes de relojes de torre, comerciantes que levantaron empresas enormes y, más recientemente, gente capaz de hacer alta relojería de verdad. Otra cosa es que hayamos sabido contar su historia.

Vamos allá. :mantelpiece_clock:

Cuando Carlos III quiso que fabricásemos nuestros propios relojes

Para empezar tenemos que retroceder hasta el siglo XVIII. En aquella época los relojes eran objetos de lujo que llegaban principalmente de Inglaterra y Francia. Los reyes españoles eran grandes aficionados, pero tenían un pequeño problema: para darse el capricho dependían de relojeros extranjeros. :crown:

Fernando VI, por ejemplo, tenía piezas de maestros como John Ellicott y George Graham, y la colección real estaba llena de maravillas foráneas…

A ver… Eso no significa que aquí no hubiera relojeros. Los había, y buenos. Lo que faltaba era una estructura capaz de competir con los grandes centros europeos de producción… De hecho, antes del proyecto más conocido de Carlos III ya se habían ensayado iniciativas de enseñanza, como la del relojero Bourgeois en Madrid, entre 1746 y 1747.

Carlos III decidió que aquello tenía que cambiar… Si en España éramos capaces de fabricar porcelanas, tapices y un montón de objetos que competían con los mejores de Europa, ¿por qué demonios no íbamos a fabricar nuestros propios relojes? :thinking:

Y así, el 28 de noviembre de 1771, aprobó la creación de una escuela-fábrica de relojería en Madrid.

La idea, sobre el papel, era muy buena: formar relojeros españoles para que después pudieran abrir sus propios talleres y competir con franceses e ingleses. Incluso se pensaba en abastecer a los territorios americanos… El problema era encontrar a alguien que supiera enseñar todo eso…Y así fue como entraron en escena dos hermanos franceses afincados en Madrid: Felipe Santiago y Pedro Charost.

Los hermanos se comprometieron a formar a una docena de jóvenes españoles. Debían enseñarles a fabricar relojes de bolsillo, de sobremesa, péndolas y sus correspondientes cajas. La escuela se instaló en la calle del Barquillo, en Madrid.

Hasta aquí un plan sin fisuras… o eso parecía… Porque el 9 de diciembre de 1774 los Charost se presentaron ante Carlos III con un magnífico reloj de sobremesa que dijeron haber fabricado en agradecimiento por dirigir la escuela.

Era una pieza espectacular de bronce dorado, con figuras alegóricas, una representación de la Astronomía y un medallón con la imagen del monarca. Su mecanismo tenía ocho días de cuerda y sonería de horas y cuartos… Los hermanos explicaron que querían regalárselo al rey como muestra de gratitud… ¡Un detalle precioso!, ¿verdad? :wrapped_gift:

Pues bien, pocos días después de entregar aquel supuesto regalo presentaron una factura de nada menos que 12.997 reales. :joy: No sé qué concepto tenían aquellos señores de hacer un regalo, pero desde luego lo de invitarlos a cenar debía de tener su riesgo… :money_with_wings:

La escuela de relojería resultó un fracaso en relación con las ambiciones que habían justificado su creación… Según la documentación del Banco de España, los motivos incluyeron mala gestión y una sorprendente falta de interés de los Charost por formar a quienes después podrían competir con ellos. En ocasiones, además, comercializaban productos traídos de Francia… así que entre unas cosas y otras la escuela fue languideciendo hasta que su contrato terminó en marzo de 1795…

Carlos III que, por lo que fuera, ya debía ver que los hermanos no eran trigo limpio autorizó en 1788 otra Real Fábrica de Relojería, esta vez en la calle Fuencarral… Esta segunda fábrica la dirigía el presbítero Vicente Sión y contaba entre sus maestros con el suizo Abraham Matthey y el sevillano Manuel de Rivas (en la foto aquí abajo).

¿El resultado? No mucho mejor que el de la anterior: problemas económicos, informes desfavorables y, bastante definitivo como golpe final, la muerte del rey que la impulsó dieron al traste con todo. La fábrica cerró en 1793, solo cinco años después.

No está mal el balance de nuestro «arranque industrial»: dos intentos importantes, dos cierres y un reloj de regalo con factura incluida. :joy:

Pero tampoco fueron dos intentos completamente inútiles. De aquellas escuelas salieron relojeros capaces de hacer piezas extraordinarias. Y algunas todavía se conservan.

Los relojeros españoles que sí hacían relojes

Manuel Gutiérrez es uno de los nombres que merece la pena recordar. No solo fue un relojero español de gran nivel: también intentó conseguir apoyo para dirigir aquella primera escuela de relojería, aunque los Charost se llevaron finalmente el proyecto… Hacia 1772 construyó un reloj de sobremesa de tipo esqueleto por encargo del futuro Carlos IV, destinado a su esposa María Luisa de Parma :gear:

Entre los discípulos de la Real Escuela estuvo Manuel de Frías, autor de otro reloj de sobremesa con alta sonería, datado en 1788… Estas son piezas que demuestran que en España había artesanos relojeros de gran talento… Y hay muchos más nombres de los que imaginaríamos.

Salvador López, por ejemplo, construyó en 1797 un reloj que se conserva en la Real Oficina de Farmacia del Palacio Real.

José López de Villa fue enviado al extranjero para hacer lo que hoy llamaríamos un Erasmus relojero: estudió en París con maestros como Berthoud y Breguet, y después pasó a Londres, donde fue discípulo de John Arnold… Vamos, que el hombre no se anduvo con chiquitas a la hora de formarse… :joy:

En 1794 recibió los honores de relojero de cámara. Y a su alrededor aparecen otros nombres que normalmente no salen cuando hablamos de relojería española: Félix Bausac, Francisco Ribera, Ramiro González Perea, Manuel de Rivas, Rafael Varona, Agustín Albino o Miguel Amable Charost, hijo de Felipe…

Rafael Varona, por ejemplo, fundó y dirigió una Real Escuela de Relojería en Ciudad Real…

Y ojo con Manuel de Rivas, porque no fue simplemente «el sevillano que trabajaba con Vicente Sión». Llegó a ser relojero de la Real Casa en 1801 y después relojero de cámara en 1833…

Y todavía me estoy dejando nombres. Eso es lo sorprendente: que casi no hemos salido de la órbita de la corte. :magnifying_glass_tilted_right:

Los relojeros que necesitaba la Armada

Atención ahora a otros dos personajes: Antonio Molina y Cayetano Sánchez… Estos no se conformaban con hacer bonitos relojes para decorar salones reales: tenían una misión mucho más seria… Los barcos necesitaban conocer su posición en el mar, y para determinar la longitud era fundamental disponer de cronómetros navales precisos… como ya sabemos un error acumulado de unos pocos segundos podía traducirse en un error considerable de posición. Por eso el marino José de Mazarredo impulsó la formación de especialistas españoles en cronometría. :compass:

Cayetano Sánchez estudió con grandes relojeros europeos y Antonio Molina también viajó a Inglaterra para perfeccionar sus conocimientos… El objetivo era que España pudiera construir y mantener sus propios instrumentos de precisión, sin depender siempre de proveedores extranjeros… Y sí hubo frutos.

El Instituto Geográfico Nacional conserva un regulador astronómico firmado por Antonio Molina en Londres a finales del siglo XVIII… Es un regulador de ocho días de marcha, con escape de áncora de tipo Graham y péndulo compensado de parrilla. Ni tan mal… :gear:

Según el catálogo del IGN, Molina había recibido apoyo del Gobierno para formarse en Inglaterra con la intención de impulsar una escuela de relojería propia… Lamentablemente, su muerte prematura, junto con la de otros especialistas vinculados al Observatorio de San Fernando, frustró buena parte de aquel proyecto.

Lo interesante es que la documentación histórica también menciona a Francisco Ribera y Cayetano Sánchez entre los relojeros formados para estas tareas, y atribuye a esos esfuerzos la construcción en España de algunos de los primeros relojes de longitud destinados a la Armada… Es decir, no todo quedó en buenas intenciones. Hubo relojería de precisión, hubo formación especializada y hubo instrumentos reales. Lo que no llegó a consolidarse fue una industria capaz de dar continuidad a todo aquello.

El carpintero navarro que acabó fabricando relojes de torre

Hay otra historia que me gusta especialmente, porque demuestra que para fabricar relojes no hacía falta estar cerca del Palacio Real ni de un ministro… Viajemos a Navarra y conozcamos a José Francisco Yeregui.

Nacido en Leitza en 1760, era carpintero de profesión y estaba fascinado con los relojes… Tanto le interesaban que decidió fabricar uno él mismo… ¡de madera! :wood:

Según la investigación histórica recogida por la asociación de la familia Yeregui, llegó a exponer aquel reloj en una feria de Pamplona… La pieza daba las horas y las medias, y parece que gustó lo suficiente como para que le animaran a construir otro de hierro… Así que se marchó a Arruitz para aprender el oficio de herrero y finalmente, el 15 de abril de 1796, firmó un contrato con la villa de Betelu para construir un reloj de torre… Y aquí la historia se pone interesante… :hammer:

El contrato especificaba un péndulo real, cinco ruedas de bronce, ejes torneados, piñones de acero templado y cuerda para veinticuatro horas… Pero además el reloj tenía una peculiaridad bastante curiosa: a las tres de la tarde debía dar 33 campanadas, en recuerdo de la edad de Cristo y de la hora tradicionalmente asociada a su muerte. :bell:

Yeregui también se comprometía a mantener el reloj durante seis años… ¿Y cómo le pagaban? El acuerdo incluía 86 ducados al comienzo y otros 86 al terminar los seis años. Durante ese tiempo, el pueblo debía facilitarle una fragua y alimentos para su familia :rofl: Los Yeregui se convirtieron en una dinastía de cinco generaciones de relojeros-herreros, construyendo y manteniendo relojes para iglesias y ayuntamientos de Navarra y alrededores.

Y aquí sí hablamos de una tradición de fabricación mecánica propia, no simplemente de poner una esfera con el nombre del pueblo a un mecanismo comprado fuera… Eso sí, conviene no idealizarlo todo: a medida que avanzaron las generaciones también encontramos relojes y componentes procedentes de otros centros europeos, como Morez, en Francia. Vamos, que lo de “fabricado aquí” o “fabricado fuera” ya entonces tenía su letra pequeña.

Losada, el relojero que nos dio las campanadas

Varias décadas después surgió otro personaje fascinante: José Rodríguez Losada… Nacido en Iruela, León, en 1797, tuvo que marcharse de España por motivos políticos y acabó en Londres. Allí aprendió relojería y llegó a convertirse en un profesional de gran prestigio, fabricando relojes de bolsillo, cronómetros navales y grandes relojes monumentales… Mantuvo una relación estrecha con la Marina española, a la que suministró instrumentos de precisión… Pero su obra más conocida no es un cronómetro naval ni un reloj de bolsillo.

El reloj de la Puerta del Sol de Madrid. Sí, el de las uvas. :grapes: Losada lo regaló a la ciudad, y fue inaugurado el 19 de noviembre de 1866… Y aquí hay algo que me parece muy bonito: un relojero español que tuvo que desarrollar su carrera fuera de España terminó regalándonos uno de los relojes más reconocibles del país.

Eso sí, también hay que hacer una distinción: Losada era español, pero su gran taller estaba en Londres. Es un ejemplo de talento relojero español, aunque no de una fábrica establecida en territorio español… Y ahí sigue su reloj, funcionando más de siglo y medio después y soportando cada Nochevieja la presión de millones de personas mirando sus agujas. :twelve_o_clock:

Antonio Canseco y el arte de vender relojes de torre

Pero Losada no fue el único relojero español que dejó su marca en los relojes de nuestras ciudades… Otro caso singular es el de Antonio Canseco.

Nacido en Rabanal del Camino, León, se hizo famoso por colocar relojes de torre por toda España a finales del siglo XIX… Lo curioso es cómo los fabricaba. Canseco no fabricaba íntegramente en España los mecanismos que comercializaba. Trabajaba con el fabricante francés Arsène Cretin-L’Ange, establecido en Morbier, que producía maquinaria de relojes de torre conforme a sus indicaciones…

Canseco introducía modificaciones técnicas que después se comercializaban como “Sistema Canseco”. En una certificación reproducida en su publicidad de 1884, el fabricante francés reconocía que llevaba produciendo relojes para Canseco desde 1880 y que las modificaciones indicadas por el español habían resultado beneficiosas para su negocio… :gear:

En 1892 Canseco publicó información comercial con un inventario de los relojes de torre que había instalado, indicando localidades y precios… Por ejemplo, el inventario recoge uno para San Sebastián de los Reyes, fechado el 19 de enero de 1883, por 4.630 pesetas, y otro para Pozuelo de Alarcón, del 7 de agosto de ese mismo año, por 2.000 pesetas.

Y luego está la historia de Órgiva, en Granada. El Ayuntamiento compró un reloj por 5.450 pesetas, pero pagó solamente el primer plazo… Canseco dejó constancia de sus quejas por la deuda… Según la investigación recopilada por Ignacio Boixo, el Ayuntamiento terminó saldando lo pendiente con un nieto de Canseco aproximadamente un siglo después… Eso sí que es paciencia para cobrar una factura :joy: :money_with_wings:

Y no, los relojes de torre no terminan con Canseco

Aquí hay una parte de nuestra historia relojera que suele quedar bastante olvidada. Durante el siglo XX continuaron existiendo talleres y empresas dedicados a fabricar, instalar y mantener relojes públicos… Entre los nombres que aparecen en la documentación están Murua, de Vitoria; Perea, de Miranda de Ebro; Roquetas, de Barcelona; y Erviti, en Navarra. :factory:

Hay un ejemplo muy interesante en Miranda de Ebro. El propio Ayuntamiento cuenta que su antiguo reloj, instalado por la casa Murua, sufría averías y se decidió sustituirlo…

El 20 de febrero de 1947 se adjudicó a la firma «Viuda de Ángel Perea», de Miranda, un nuevo reloj de torre de sistema Morez, con treinta horas de cuerda, repetición de horas y sonería Westminster sobre cinco campanas… ¿El precio? 11.460 pesetas… Y en 1962 el Ayuntamiento volvió a acudir a la misma casa para adquirir una esfera nueva, por otras 7.775 pesetas.

Aquí ya no había reyes encargando relojes. Había ayuntamientos sacando concursos, talleres fabricando máquinas y empresas encargándose de que siguieran dando la hora. Otra clase de industria, pero industria al fin y al cabo… De hecho, un estudio histórico sobre la relojería de Miranda identifica a Roquetas, Murua y Perea entre los principales fabricantes nacionales de relojes de torre de la posguerra…

Llegan las marcas que todos hemos visto alguna vez

Así llegamos al siglo XX, donde todo empezó a cambiar.

Los relojes dejaron de ser un lujo casi exclusivo y se volvieron cotidianos. Empezaron a aparecer marcas que seguramente os sonarán… Una de ellas es Duward…

Según la historia publicada por la propia firma, los orígenes familiares se remontan a 1835, cuando Carlos Vendrell Castellá estableció un taller de relojería en Sants, Barcelona… El negocio creció durante generaciones hasta convertirse en una empresa importante, y en 1930 Carlos Vendrell Paradís creó la marca.

Ojo, distinción importante: Duward era una marca española, pensada para el mercado nacional, pero utilizaba movimientos de origen extranjero, especialmente suizos. :watch:

La familia Vendrell nos lleva a otro nombre importante: Kronos…

La historia de Unión Suiza sitúa el registro de la marca Kronos en torno a 1930 y documenta su vinculación con la producción relojera en La Chaux-de-Fonds… Es otro ejemplo de empresa española con una relación industrial muy estrecha con la relojería suiza… Y aquí tenemos una curiosidad: según la historia familiar recogida por el Museo Internacional de Alta Relojería de Bolsillo, la firma llegó a disponer de instalaciones productivas en Suiza. Es decir, no siempre se trataba simplemente de importar relojes terminados. :switzerland:

Otra veterana es Justina, cuyos orígenes se remontan a 1898. Su historia está vinculada al Almacén de Relojería Otero, fundado por José Alonso Otero en Dueñas, Palencia… No será una de las primeras marcas que se nos ocurran al hablar de relojería histórica, pero representa una trayectoria de más de un siglo en el sector. Eso sí, la sociedad Almacén de Relojería S. L. entró en concurso de acreedores en 2018…:pensive_face:

Poco después, en 1948, apareció Radiant, impulsada por Antonio Cadarso…

La propia historia del Grupo Cadarso sitúa en ese año la fundación del negocio y el lanzamiento de Radiant, una firma que nació muy ligada a la relación comercial entre España y Suiza… Radiant acabaría convirtiéndose en la semilla de un importante grupo de distribución.

Y todavía nos quedan nombres… Thermidor, por ejemplo, sitúa sus orígenes empresariales en Madrid en 1956. Es otra marca española que ha atravesado varias generaciones y que muchos recordaréis por sus relojes de pulsera y de bolsillo.

Potens es un caso diferente: nació como marca suiza en 1945, aunque tuvo una presencia enorme en el mercado español y en 1998 fue adquirida por la empresa barcelonesa Industrial Martí de Relojería…

Con Cauny sucede algo parecido. Su historia oficial reconoce una producción y dirección creativa originalmente suizas, con España y Portugal entre sus grandes mercados. Después pasó por distintos propietarios, incluida una empresa española, hasta que en 2019 los derechos de la marca fueron adquiridos por la compañía portuguesa Ourtime.

Y aquí empieza el lío… Porque no es lo mismo crear una marca española que vender aquí una suiza, ni comprar una empresa extranjera que fabricar sus relojes. Parece evidente, pero cuando empiezas a tirar del hilo descubres que se mezclan unas cosas con otras.

El español que terminó comprando marcas suizas

Y luego vino una auténtica revolución empresarial de la mano de Miguel Rodríguez Domínguez. Nacido en La Línea de la Concepción, Cádiz, en 1948, su historia suena a película.

En 1968 emigró a Suiza con cuatrocientas pesetas en el bolsillo y sin hablar francés… De regreso a España comenzó a comerciar con relojes suizos, y descubrió que aquello podía convertirse en un negocio bastante más grande… Ah, una precisión que suele repetirse por activa y por pasiva… Rodríguez no fundó Lotus. La adquirió a comienzos de los años ochenta (la Junta de Andalucía sitúa la compra en 1981) y en 1984 compró Festina, una firma de origen suizo.

Con el tiempo incorporó otras marcas, como Jaguar en 1989 y Candino en 2002, y el Grupo Festina terminó convirtiéndose en uno de los grandes nombres del sector… Además, su actividad no se quedó únicamente en la distribución: el grupo llegó a controlar producción de componentes y movimientos mediante empresas suizas como Soprod.

En resumen, mientras Carlos III intentaba que relojeros extranjeros vinieran a enseñarnos a fabricar relojes, dos siglos después un empresario español acabó comprando marcas y empresas de la industria relojera suiza… ¡Las vueltas que da la vida! :joy:

Y sí, también tenemos relojeros independientes

Pero todavía nos falta una parte de la historia… Hasta ahora hemos hablado de escuelas, talleres, fábricas de relojes de torre, marcas y distribución. ¿Y qué pasa con alguien que quiera desarrollar soluciones mecánicas originales y hacer relojería de autor?

Pues resulta que también lo tenemos. Quizá el nombre más destacado sea Aniceto Jiménez Pita. Nacido en Oliva de Mérida en 1947, aprendió relojería por su cuenta y desarrolló su carrera en Barcelona… Durante décadas trabajó reparando, estudiando y mejorando mecanismos hasta desarrollar soluciones originales.

Una de sus ideas más conocidas fue eliminar la corona tradicional de algunos de sus relojes, mediante sistemas propios de puesta en hora y carga del movimiento.. El ejemplo más famoso es el Pita Oceana, un reloj mecánico de buceo con versiones anunciadas para profundidades de hasta 5.000 metros. :diving_mask:

En 2006 Pita fue aceptado en la AHCI, la Académie Horlogère des Créateurs Indépendants… Nada mal para alguien autodidacta… :clap:

En Barcelona surgió también Atelier de Chronométrie, un proyecto artesanal de alta relojería vinculado a Santiago Martínez Rajasa, Montse Gimeno y su equipo.

Ellos quisieron recuperar una manera de trabajar inspirada en la relojería de las décadas de 1930 y 1940: producción muy limitada, acabados artesanales y atención obsesiva al detalle… En 2016 presentaron el AdC1, construido a partir de una ébauche Omega 266 profundamente transformada.

El reloj obtuvo certificación cronométrica del Observatorio de Besançon y según el propio atelier, fue el primer reloj de la historia relojera española en conseguir esa certificación… Eso sí, una precisión técnica importante: partir de un Omega 266 no equivale a fabricar desde cero absolutamente todos los componentes de un calibre. Lo que impresiona es todo lo que consiguieron hacer con aquella base Omega. Y basta mirar el resultado para entenderlo. :microscope:

Las nuevas marcas: no todo es fabricar un calibre desde cero

Y ojo, que no son los únicos… En los últimos años han surgido en España varios proyectos independientes interesantes.

Por ejemplo, Ophion busca ofrecer relojes mecánicos clásicos con un nivel de acabado poco habitual en su segmento… Es un proyecto español que trabaja con especialistas extranjeros para distintos componentes y procesos. Modelos como el OPH 786 Vélos muestran muy bien ese planteamiento: diseño propio y colaboración con proveedores especializados.

Otro caso es la conocida por todos CREPAS, nacida en 2010 de la afición por los relojes de buceo… Su nombre responde a Compañía Relojera Especializada para Actividades Subacuáticas y uno de sus modelos más conocidos, El Buzo, montaba un ETA 2893-2 con función GMT, declaraba 500 metros de hermeticidad y se lanzó en una edición limitada a 333 unidades…

Lo chulo de CREPAS es que nació de aficionados que sabían exactamente qué buscaban en los divers clásicos. No inventaron el reloj de buceo, evidentemente, pero sí supieron recuperar una estética y unas soluciones que muchos coleccionistas echaban de menos. :ocean:

Y otro nombre interesante es Tempore Lux, fundada en Mallorca por David Ramírez en 2017… Desde 2026, la firma declara una producción máxima de cien relojes al año. El ensamblaje y el ajuste se realizan artesanalmente en Mallorca desde 2020, gracias a la colaboración con el relojero Miguel Ángel Martínez, de S’Hora des Rellotge…

Eso no quiere decir que en Mallorca fabriquen hasta el último tornillo. Pero sí que allí se montan, ajustan y comprueban los relojes. Y ojo, porque si para llamar relojero a alguien le exigimos que fabrique cada pieza en su taller, tendríamos que borrar de la lista a más de un nombre ilustre…

Una cosa es fabricar un calibre, otra desarrollar un módulo o una complicación, otra ensamblar y regular, y otra encargar un producto terminado y ponerle un logotipo… Todas son actividades distintas… Y no tiene mucho sentido mezclarlas.

Entonces, ¿hemos tenido relojería española o no?

Pues después de meterme en este berenjenal, creo que la respuesta es bastante más interesante de lo que esperaba… Sí hemos tenido relojería española. Lo que no hemos tenido, al menos de forma continuada y a gran escala, es una industria de relojes de pulsera comparable a la suiza… Pero eso no borra las escuelas del XVIII, los relojeros de la corte, los instrumentos de precisión para la Armada, los talleres de relojes de torre, las sagas familiares, las empresas comerciales ni los independientes actuales. :spain:

Y seguramente me dejo muchísimas historias… De hecho, estoy convencido de que alguno de vosotros estará pensando:

“¡Pero cómo se ha olvidado de tal marca!”. :joy:

Y seguro que tiene razón.

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Uff! Menudo currazo te has metido! Otro buen rato de lectura , instructiva y amena.

Gracias!!

Me lo dices o me lo cuentas :rofl: :rofl: Mil gracias!!

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Hilazo buenísimo, justo hoy me has pillado con uno de los que mencionas

Déjame añadir a Angelo y sus Luxmento y después Trigalux. Le he perdido la pista, aunque conservo unos cuantos de sus relojes.

Esperando el siguiente hilo :wink:

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Para leer sosegadamente. Bravo.

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Creo que sería interesante tener un hilo de la historia de este foro! Conocer a los integrantes (no datos personales; claro está!) pero si lo que los motivó a crear el foro y como se conciben las piezas y lo genera!

Saludos y gracias por los mensajes tan instructivos!!

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Magnifico hilo @Chinaskis !! Como todos, he de decir.

Aunque no por habitual menos cierto, de tanto en cuanto se debe recordar :clap: :clap: :clap: :clap:

Por cierto que tu hilo me ha hecho pensar en los relojes diseñados en esta casa. Desde los inicios meramente cambiando un dial y estampando preciosos diseños traseros en modelos genéricos ya existentes, a diseñar hoy en día modelos completos en su totalidad (calibres aparte). Algo que para mí tiene mucho mérito y que no es menos de lo que hacen tantas micromarcas actualmente en el mercado.

En mi humilde opinión, la RSWC y los SyS se merecerían un puesto en esa lista de la relojería española :index_pointing_up:.

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Al final lo lei del tirón, gracias por tu tiempo, como siempre interesantisimo, esta vez deja un sabor algo agridulce, pero mas o menos ya lo sabiamos, industria relojera española pues … que pena…
Saludos y gracias

Muy buen artículo :wink::clap:t2::clap:t2:.

De Losada tengo muy cerca un reloj plenamente operativo:

Un artículo excelente como todos los que escribes.
¡¡¡Bravo!!!