LOS RELOJES QUE DISEÑARON LOS QUE NO ERAN RELOJEROS

El otro día el compañero @El_Santo_Bebedor me lanzó una propuesta que me pareció muy interesante… ¿Por qué no investigar los relojes diseñados por gente que, en principio, no tenía nada que ver con la relojería? Me enseñó un Alba diseñado por Riki Watanabe, del que hablaré más adelante, y me dejó el balón botando frente a la portería… :joy: ¿Qué iba a hacer?.. Pues patear la pelota :rofl:

He ido reuniendo algunos de los casos más interesantes, ordenados cronológicamente. He dejado fuera las colaboraciones en las que una marca simplemente pone el nombre de un famoso sobre una esfera. La idea era encontrar relojes en los que el diseñador haya aportado algo reconocible de su propio trabajo.

Aviso… este es uno de mis ladrillos largos así que poneros cómodos que comenzamos :upside_down_face:

1947 — NATHAN GEORGE HORWITT: EL HOMBRE QUE DECIDIÓ QUE SOBRABAN ONCE HORAS

Empezamos con un reloj que seguro que conocéis: el Museum de Movado. Lo diseñó Nathan George Horwitt, un estadounidense que había trabajado haciendo muebles y otros objetos cotidianos, pero que no venía de la relojería…

En 1947 se planteó algo bastante sencillo… ¿Cuánto podemos quitar de una esfera y seguir sabiendo qué hora es? Pues se puso manos a la obra y empezó a quitar cosas. Fuera números, fuera índices, fuera marcas de minutos… Hasta quedarse con un fondo negro, dos agujas y un punto dorado a las doce. Y listo. :joy:

Pero aquel punto no estaba ahí porque sí. Representaba el sol en lo alto del cielo, al mediodía, como una referencia a los relojes solares… Horwitt quería reducir la manera de mostrar el tiempo a lo mínimo imprescindible.

El problema es que a los fabricantes aquello no acabó de entusiasmarles. Normal… En 1947 debía de parecer que alguien había entregado un reloj sin terminar la esfera. :joy: Horwitt hizo varios prototipos, pero encontrar una empresa dispuesta a comercializarlo fue otro asunto.

Hasta que, en 1960, el MoMA de Nueva York incorporó el diseño de aquella esfera a su colección permanente. De ahí viene lo de Museum… Dos años después Movado empezó a comercializar el diseño mediante un acuerdo con Horwitt, aunque la relación entre ambos acabaría bastante menos amistosamente, con disputas por los derechos.

El caso es que un diseñador industrial consiguió crear uno de los relojes más reconocibles del mundo quitándole prácticamente todo lo que solemos buscar en una esfera.

Y todavía hoy hay quien se queja de que un reloj no tenga segundero. :joy:

1957 — HAMILTON VENTURA: EL RELOJ DEL HOMBRE QUE DISEÑABA COCHES

Diez años después aparece Richard Arbib, otro diseñador industrial estadounidense que había trabajado, entre otras cosas, en el mundo del automóvil.

Uno de sus proyectos más curiosos fue el Astra-Gnome, un prototipo de 1956 con una cúpula transparente que parecía sacado de una película de ciencia ficción… o de Futurama…

Pues por aquellos años Hamilton le encargó diseñar un reloj. Y Arbib, en lugar de dibujar la típica caja redonda, se inventó el Ventura… Esa caja triangular y asimétrica que todos conocemos y que, vista en 1957, tenía que resultar bastante marciana.

Además, Hamilton no estaba haciendo un reloj cualquiera. Dentro llevaba el calibre eléctrico 500, alimentado por una pila. No era un cuarzo como los de ahora, sino una de aquellas primeras soluciones eléctricas que intentaban dejar atrás el reloj mecánico tradicional. Por fuera parecía un instrumento del futuro y por dentro también tenía algo de experimento.

El diseño llamó la atención, pero el espaldarazo definitivo llegó en 1961 gracias a un señor que no necesita demasiadas presentaciones…

Elvis apareció llevando un Ventura en Blue Hawaii, conocida aquí como Amor en Hawái, y ya sabemos lo que pasaba con cualquier cosa que se pusiera Elvis.

Lo curioso es que el Ventura ha sobrevivido a la propia tecnología para la que nació. Aquellos primeros calibres eléctricos quedaron atrás hace muchísimo tiempo, pero seguimos comprando relojes con la misma forma triangular casi setenta años después.

1961 — JUNGHANS MAX BILL: EL ARQUITECTO QUE NO QUERÍA ADORNOS

Ahora nos vamos a Alemania. Max Bill era arquitecto, pintor, escultor y diseñador, y había estudiado en la Bauhaus, aquella escuela que cambió para siempre la manera de entender los edificios y los objetos cotidianos.

Bill defendía que un objeto tenía que funcionar bien y que su belleza debía salir de ahí, sin necesidad de llenarlo de adornos. Vamos… justo lo contrario de ponerle veinte tornillos porque queda muy deportivo. :joy:

En 1956 empezó diseñando relojes de cocina y de pared para Junghans, y en 1961 llegó el turno de los relojes de pulsera… Bill trasladó a la muñeca prácticamente los mismos principios que utilizaba en sus edificios y muebles.

La receta parecía sencilla: esfera limpia, agujas finas, cristal abombado y unas proporciones muy estudiadas. Pero había bastante más trabajo detrás de lo que parece. Bill prestaba muchísima atención a los números, sus formas y la manera en que quedaban distribuidos. No bastaba con coger una tipografía cualquiera y plantarla en la esfera.

Al final, cambiar la forma de un cuatro o de un ocho puede parecer una tontería, pero si os fijáis en los Max Bill veréis que todo está pensado para que encaje. Los primeros de cuerda manual medían unos 34 milímetros, y Junghans sigue haciendo relojes prácticamente iguales más de sesenta años después.

Que tiene bastante mérito… Sobre todo viendo la cantidad de marcas que necesitan rediseñar medio catálogo cada año para convencernos de que tenemos que comprar otro. :joy:

1970 — ANDREW GRIMA: EL JOYERO QUE CAMBIÓ EL CRISTAL POR UNA PIEDRA PRECIOSA

Andrew Grima era uno de los joyeros más importantes del Londres de los años sesenta.

Sus diseños eran muy conocidos entre las celebridades de la época y hasta entre algunos miembros de la familia real británica. Le gustaban las formas irregulares, las piedras enormes y las piezas que parecían más pequeñas esculturas que joyas convencionales.

Pues en 1969, el mismo año en el que Omega llegó a la Luna, la marca decidió encargarle una colección de relojes. Y aquí viene lo interesante… Grima no tenía experiencia diseñando relojes, pero Omega le dio bastante libertad para hacer lo que quisiera. Y vaya si la aprovechó. :joy:

Se le ocurrió algo que a un relojero probablemente no se le habría pasado por la cabeza… ¿Y si sustituimos el cristal del reloj por una piedra preciosa?

Pero no hablo de poner unas piedrecitas alrededor de la esfera para que quede bonita. Hablo de utilizar una piedra de verdad, tallada de manera que pudiésemos ver las agujas a través de ella.

Amatistas, citrinos, cuarzos… Las piedras pasaban a ser una parte fundamental del propio reloj. Y alrededor de ellas, Grima construía cajas y brazaletes de oro con formas completamente diferentes a las habituales.

El resultado fue una colección llamada About Time, presentada en 1970 en el Goldsmiths’ Hall de Londres. Eran piezas hechas a mano en el taller de Grima, que después se enviaban a Omega para incorporar los movimientos.

Lo curioso es que el diseño no estaba pensado para facilitar precisamente la lectura de la hora. Grima quería que el reloj fuese una joya y que consultar la hora formase parte de la experiencia de llevarla. Vamos… que si a alguno le parece difícil leer la hora en una esfera sin índices, que pruebe a hacerlo a través de un pedrusco. :joy:

1971 — PIERRE CARDIN ESPACE: EL MODISTO QUE SE FUE A LA LUNA

Pierre Cardin fue uno de esos personajes que parecía empeñado en diseñarlo absolutamente todo. Ropa, muebles, gafas, perfumes, interiores… y también relojes, claro.

Pero lo divertido es cuándo llegó a ellos. Estamos a principios de los setenta, hacía nada que el hombre había pisado la Luna y todo lo relacionado con el espacio estaba de moda. Cardin llevaba tiempo jugando con esa estética futurista en sus colecciones. De hecho, en 1969 visitó la NASA en Houston y llegó a probarse un traje espacial.

En 1971 presentó la colección Espace, realizada con Jaeger France. Y aquí una aclaración para que nadie se lleve a engaño: encontrar el nombre Jaeger en estos relojes no significa que estemos hablando de un Jaeger-LeCoultre convencional. La fabricación estaba vinculada a la empresa francesa Jaeger y utilizaba movimientos mecánicos suizos.

Dicho eso, Cardin hizo lo que cabía esperar de él: olvidarse de que los relojes tenían que ser redondos. :joy: Hay cajas cuadradas, rectangulares, superficies curvadas y pequeñas esferas metidas en estructuras metálicas enormes. Algunos parecen instrumentos de una nave espacial y otros, esculturas que por casualidad también dan la hora.

Uno de los más reconocibles es el PC-117, con esa caja rectangular que se curva sobre la muñeca y una esfera redonda encajada en el centro.

La aventura no duró demasiado, pero dejó unos relojes que, sinceramente, parecen más futuristas que muchos de los que se venden hoy.

1972 — PORSCHE DESIGN CHRONOGRAPH I: DEL 911 A LA MUÑECA

Y llegamos a Ferdinand Alexander Porsche, el hombre que había diseñado el Porsche 911.

En 1972 puso en marcha Porsche Design junto con su hermano Hans-Peter y uno de sus primeros proyectos fue un cronógrafo para el entorno de la propia Porsche.

Podía haber hecho un reloj elegante, ponerle el escudo de la marca y quedarse tan ancho, pero prefirió fijarse en algo que conocía muy bien: los instrumentos del salpicadero. Quería que la hora se leyese de un vistazo, sin reflejos ni adornos que distrajesen al conductor.

De ahí salió el Chronograph I. Caja negra, esfera negra, brazalete negro… y una aguja roja del cronógrafo para que destacase. Si miráis el cuadro de instrumentos de un 911 de aquella época, entenderéis inmediatamente la relación. Porsche Design suele presentarlo como el primer reloj de pulsera completamente negro, una afirmación que conviene tomar con cierta prudencia, pero desde luego en 1972 aquello llamaba la atención.

Los primeros los fabricó Orfina, con cajas de acero revestidas de negro.

Y lo mejor viene al comparar el original con la reedición que Porsche Design presentó en 2022 por su cincuenta aniversario. Cambiaron materiales, calibre y algunas soluciones de construcción, pero la apariencia apenas necesitó retoques.

1975 — LIP MACH 2000: EL DISEÑADOR DE TRENES QUE ACABÓ HACIENDO RELOJES

Nos vamos a Francia, donde aparece Roger Tallon, uno de los grandes diseñadores industriales franceses.

Había hecho televisores, muebles, electrodomésticos y otros muchos objetos, y también trabajó en proyectos relacionados con el ferrocarril. Pero a mediados de los setenta acabó metido en una empresa relojera que estaba pasando por un momento bastante complicado.

LIP llevaba años de crisis, conflictos laborales y ocupaciones de fábrica. Sus trabajadores habían protagonizado uno de los episodios más conocidos de autogestión obrera en Francia. Vamos, que no era precisamente el escenario ideal para ponerse a inventar relojes raros.

Y, sin embargo, en 1975… ese gran año… :joy: Con Claude Neuschwander al frente de la empresa, LIP recurrió a Tallon para renovar sus diseños.

Y el hombre apareció con el Mach 2000.:upside_down_face:

Menudo bicho. Una caja negra asimétrica, una esfera redonda desplazada hacia un lado y tres pulsadores que, en lugar de parecer botones de cronógrafo, eran unas bolas de colores: amarilla, azul y roja. Daba la impresión de que alguien había fabricado un juguete futurista y luego le había metido un movimiento dentro.

Pero las bolas tenían su lógica. Eran fáciles de reconocer y de accionar, y el tamaño y los colores diferenciaban las funciones. Tallon trabajaba así: sin dar por hecho que lo habitual era necesariamente lo mejor.

Su relación con el mundo ferroviario venía de antes, y años después también participaría en el diseño del TGV Atlantique. Así que aquí tenemos a un hombre que diseñaba trenes haciendo un cronógrafo con botones de colores que, medio siglo más tarde, sigue pareciendo un objeto del futuro. :joy:

1977 — BRAUN DW 20: LA PANTALLA CUADRADA QUE TUVO QUE SER REDONDA

Si hablamos de diseño industrial, tarde o temprano tenía que aparecer Dieter Rams.

Fue uno de los responsables de la imagen de Braun y su influencia se nota en radios, tocadiscos, calculadoras y electrodomésticos de toda clase. Muchos de aquellos aparatos parecen los abuelos de algunos productos de Apple.

En 1977 Braun lanzó su primer reloj de pulsera, el DW 20, diseñado por Rams y Dietrich Lubs. Era un digital de cuarzo con pantalla LCD, algo que entonces ya no resultaba tan sorprendente. Pero tenía una peculiaridad bastante divertida.

Braun quería hacer un reloj digital moderno y se encontró con que el módulo disponible tenía forma redonda. Así que tuvieron que meter una pequeña pantalla rectangular dentro de una caja circular. :joy: Lubs lo contó años después: la tecnología que tenían a mano les estaba condicionando todo el diseño.

Al año siguiente apareció el DW 30, esta vez con caja rectangular y una disposición mucho más lógica para una pantalla digital. Viéndolos juntos se entiende enseguida la diferencia: el primero tuvo que adaptarse al movimiento disponible y el segundo ya podía acercarse a la idea que querían fabricar.

A mí me hace gracia imaginar a Rams, que llevaba media vida defendiendo que cada cosa debía estar ahí por una razón, mirando aquel rectángulo diminuto en mitad de un reloj redondo. :joy:

1983 — SEIKO GIUGIARO: EL HOMBRE QUE REGRESÓ AL FUTURO

Este es uno de mis favoritos. Giorgetto Giugiaro diseñó algunos de los coches más conocidos de la historia.

El DeLorean, el primer Volkswagen Golf, el Fiat Panda, el Lotus Esprit… llevan su firma… Vamos, que el hombre sabía dibujar automóviles. :joy:

En 1983 Seiko contó con él para una serie de cronógrafos y Giugiaro, en lugar de pensar en un reloj como una joya, lo planteó como algo que un conductor debía poder consultar y manejar. De ahí salieron cajas asimétricas, pulsadores desplazados y unas formas que no se parecían demasiado a las de los cronógrafos de siempre.

Entre ellos estaba el Seiko 7A28-7000, con aquel enorme módulo a un lado para alojar los pulsadores. No parecía un reloj pensado para llevar debajo del puño de una camisa, precisamente.

Y aquí se cruzan sus relojes con el cine. En 1986 James Cameron estrenó Aliens, el regreso, con Sigourney Weaver interpretando de nuevo a Ripley. Pues el reloj que llevaba era uno de los Seiko de Giugiaro, el 7A28-7000, que terminaría siendo conocido entre los aficionados como el Ripley.

En la película también aparece el 7A28-6000, asociado al androide Bishop.

Lo mejor es que ninguno de los dos se había diseñado para la película. Ya existían. Simplemente tenían una pinta tan futurista que encajaban perfectamente en aquel universo. Diseñar un reloj en 1983 y conseguir que tres años después parezca un objeto del siglo XXII tampoco está nada mal. :joy:

1986 — MONDAINE: EL RELOJ QUE NACIÓ EN UNA ESTACIÓN DE TREN

Aquí hay que retroceder un poco, porque el reloj de pulsera apareció en 1986, pero el diseño que lo hizo famoso venía de 1944. Ese año Hans Hilfiker, ingeniero y diseñador suizo, creó el reloj de las estaciones de los Ferrocarriles Federales Suizos.

La idea era que pudiera leerse desde cualquier punto del andén, así que se olvidó de complicaciones: fondo blanco, índices negros gruesos y agujas bien visibles. En 1953 añadió la famosa aguja roja de segundos, con ese pequeño círculo en la punta que recuerda a las paletas que utilizaban los empleados ferroviarios para dar salida a los trenes.

El diseño se hizo tan reconocible que Mondaine consiguió la licencia para llevarlo a la muñeca en 1986. Y tiene su gracia… Un reloj creado para que cientos de personas mirasen la hora desde un andén terminaba convertido en algo que cada uno podía llevarse a casa.

Pero la historia no acabó ahí. En 2012 Apple incorporó a sus dispositivos un reloj demasiado parecido al de Hilfiker y los ferrocarriles suizos, propietarios de los derechos, reclamaron.

Al final hubo acuerdo de licencia. Vamos, que un diseño nacido para las estaciones en los años cuarenta acabó sentando a Apple a una mesa de negociación. :joy:

1986 — MARC NEWSON LARGE POD: EL RELOJ QUE NO SOPORTABA VOLAR

En 1986 un joven diseñador australiano llamado Marc Newson decidió hacer su propio reloj.

Por aquel entonces trabajaba entre el diseño industrial y la escultura; años después acabaría diseñando de todo, desde muebles hasta interiores de aviones.

Su primer experimento fue el Large Pod, una especie de disco de aluminio de nada menos que 60 milímetros. Sesenta. Y nosotros discutiendo si 42 son demasiados. :joy: Era tan grande que podía llevarse incluso por encima de la ropa.

Tampoco tenía agujas convencionales. Las horas y los minutos se leían mediante pequeños puntos situados en discos que giraban. Newson hizo personalmente parte de aquellos relojes y de sus correas, así que estamos hablando casi de un experimento artesanal.

Y ahora viene la mejor parte. Años después explicó que el reloj funcionaba bastante bien… hasta que te subías a un avión. Al alcanzar cierta altitud, la diferencia de presión podía hacer saltar algunas piezas que iban encajadas a presión.

Se fabricaron poquísimos Large Pod, pero de aquel experimento saldrían varias de las ideas que Newson desarrolló después en Ikepod. Incluso algunas soluciones de sus correas recuerdan a las que años más tarde terminaríamos viendo en relojes inteligentes.

AÑOS 80 — ALDO ROSSI MOMENTO: DEL EDIFICIO AL RELOJ

Aldo Rossi fue uno de los arquitectos italianos más importantes del siglo XX.

En 1990 ganó el Premio Pritzker, pero no se limitaba a diseñar edificios: también hacía muebles y objetos domésticos, muchos de ellos para Alessi.

Entre sus creaciones está La Conica, una cafetera que parece un pequeño edificio con tejado puntiagudo. :joy: Y es que Rossi tenía una manera muy particular de trabajar: podía trasladar las mismas formas de un proyecto arquitectónico a una cafetera, a un mueble o a cualquier cosa que se le pusiera por delante.

A finales de los ochenta llegó el Momento, un reloj de aspecto bastante clásico, con grandes números y unas proporciones muy estudiadas. En lugar de intentar que pareciese algo salido del futuro, Rossi tiró por el camino contrario: una forma reconocible, sencilla y casi monumental, como si hubiera reducido una fachada hasta dejarla del tamaño de una muñeca.

Además, el diseño podía utilizarse como reloj de pulsera o transformarse en uno de bolsillo con su correspondiente cadena.

Y después Alessi lo recuperó también en tamaño de pared. Es decir, primero convirtió la arquitectura en un reloj pequeño y luego volvió a agrandarlo para colgarlo en una habitación. :joy:

Viendo la cafetera y los distintos Momento juntos se entiende muy bien su manera de diseñar. Cambia el tamaño y cambia el uso, pero el lenguaje sigue siendo prácticamente el mismo.

1989 — BRAUN AW10: AHORA VAMOS A HACERLO BIEN

¿Os acordáis del Braun digital que aparecía antes, con aquella pantalla rectangular metida a la fuerza en una caja redonda? Pues volvemos a Braun, esta vez de la mano de Dietrich Lubs.

En 1989 presentaron su primer reloj analógico de pulsera, el AW10, y aquí ya no había ningún módulo digital obligándoles a hacer malabarismos.

Lubs pudo trabajar con una caja de acero de unos 33 milímetros, una esfera muy limpia, índices finísimos y una pequeña aguja amarilla de segundos que es casi la única nota de color.

No había mucho más. Ni adornos, ni un logotipo gigantesco, ni nada que estuviera ahí porque sí. Y justamente por eso el reloj sigue pareciendo actual. Si no supierais la fecha, costaría bastante situarlo en los ochenta.

Braun llevaba años haciendo objetos que no dependieran demasiado de las modas, y con el AW10 acertó de lleno. Lo reeditaron décadas después sin necesidad de cambiar prácticamente nada.

Mientras otros fabricantes se entretenían con cajas enormes y diseños imposibles, ellos habían presentado un reloj pequeño, redondo y con tres agujas. A veces la mejor idea es dejar de añadir cosas. :joy:

1989 — ACHILLE CASTIGLIONI Y MAX HUBER: UN RELOJ CON FORMA DE DISCO

Achille Castiglioni fue uno de los grandes nombres del diseño industrial italiano.

Había diseñado lámparas, muebles, electrodomésticos y un montón de objetos que hoy podemos encontrar en museos de diseño.

Tenía una manera de trabajar que me encanta. Le gustaba observar cómo utilizaba la gente los objetos cotidianos y preguntarse por qué demonios estaban hechos de aquella manera.

En 1989 diseñó para Alessi un reloj junto con Max Huber, un diseñador gráfico suizo que se encargó de buena parte de la apariencia de su esfera.

Lo llamaron Record. Y no fue por casualidad. La esfera recordaba a un disco de vinilo. Un círculo grande, muy limpio, con una caja reducida prácticamente al mínimo y unos números enormes que podían leerse sin demasiado esfuerzo.

Castiglioni había estado estudiando algo que todos hacemos continuamente… Mirar el reloj en situaciones en las que no resulta especialmente cómodo hacerlo. Cuando vamos con prisa, cuando estamos cansados, cuando montamos en bicicleta… incluso cuando no llevamos las gafas. Vamos, que probablemente más de uno de nosotros habría agradecido sus investigaciones. :joy:

Pero había otra cosa bastante ingeniosa. En lugar de colocar las asas tradicionales para sujetar la correa, diseñó la caja de manera que esta pudiera pasar directamente por detrás del reloj. Así, si querías cambiarla, podías sacar el reloj y deslizarlo sobre otra correa sin necesidad de andar desmontando pasadores.

Una solución de lo más sencilla, pero que se apartaba bastante de la construcción habitual. Y, según se cuenta, parte de la inspiración le vino de aquellas pulseras con las que sujetamos las llaves de las taquillas cuando vamos a una piscina.

El resultado no era especialmente complicado ni pretendía revolucionar la mecánica. Pero conseguía algo que a veces olvidamos… Que para diseñar un buen reloj también hay que pensar en cómo lo utilizamos… Y todo por fijarse, entre otras cosas, en cómo llevamos la llave de una taquilla de piscina. :joy:

1996-1998 — IKEPOD: LOS OVNIS DE MARC NEWSON

Diez años después de fabricar aquel gigantesco Large Pod, Marc Newson debió de pensar que aquello de diseñar relojes tenía posibilidades… Y decidió tomárselo bastante más en serio.

En 1994 fundó Ikepod junto con el empresario Oliver Ike. La idea era crear su propia marca, en lugar de diseñar un reloj para que lo fabricase otro.

Y no quería que fuese una marca de relojes de diseño sin más. La intención era que el diseño tuviese tanta importancia como la mecánica. El primero en llegar fue el Seaslug, presentado en 1996.

Era un reloj de buceo automático, con una caja redondeada y unas proporciones bastante atrevidas para aquellos años. Pero el verdadero salto llegó con el Hemipode.

Ahí sí que se vino arriba… :joy: Una caja de 44 milímetros, completamente redondeada, sin las asas de toda la vida y con la correa entrando directamente en el cuerpo del reloj.

Tenía unas formas tan suaves que parecía una cápsula espacial. Y ojo, porque no estamos hablando de uno de esos relojes que llaman «de diseño» porque tienen una caja rara y poco más. Los Ikepod se fabricaban en Suiza, montaban movimientos mecánicos y querían competir en el mercado del lujo. Claro que fabricar aquellas cajas tenía su complicación… y su precio.

Newson explicaría después que conseguir una superficie continua, sin unas asas que interrumpiesen la forma del reloj, era mucho más difícil de lo que parecía. Y cuando empezaron a entrar en juego el oro, el platino y otros materiales, ya os podéis imaginar cómo se ponía la factura. :joy: Los Ikepod acabaron convirtiéndose en relojes de culto, aunque la marca tuvo una vida comercial bastante accidentada, con problemas y posteriores relanzamientos.

Eso sí, hay algo que nadie le puede quitar a Newson… Cuando empezó a hacer relojes de 44 y 60 milímetros, todavía había mucha gente convencida de que uno de 38 ya era grande. :joy:

2001 — PHILIPPE STARCK CON FOSSIL: ¿Y SI DESAPARECE LA CAJA?

Pasamos a Philippe Starck, que seguramente os sonará aunque no tengáis demasiado interés por el diseño industrial. Porque este hombre ha diseñado prácticamente de todo.

Hoteles, restaurantes, sillas, lámparas, muebles, cacharros para la cocina… y aquel famoso exprimidor de Alessi que parece un extraterrestre. :joy: Vamos, que lo mismo te diseña una habitación de hotel que un aparato para sacarle el zumo a un limón.

Y a comienzos de los 2000 le tocó el turno a los relojes. Se asoció con Fossil y empezó con una colección de modelos digitales que tenían una idea bastante peculiar detrás.

Starck quería que dejásemos de ver la caja por un lado y la correa por otro. Quería que todo pareciese una sola pieza. Por eso algunos modelos eran prácticamente una banda continua, con una pequeña pantalla incrustada… Más que un reloj, aquello parecía una pulsera que también servía para saber la hora.

La colección fue creciendo y llegaron nuevos modelos digitales y analógicos. Entre ellos estaba el O-Ring, de 2006, en el que la esfera parecía salir directamente de la propia correa. Si os fijáis en las fotos, entenderéis enseguida por dónde iba la cosa.

Para Starck, un reloj no era solamente un instrumento que llevamos encima, sino algo que está todo el día en contacto con el cuerpo. Así que le parecía bastante lógico empezar por cómo se adapta a la muñeca y, a partir de ahí, pensar en lo demás. Un planteamiento muy distinto del que solemos encontrar en la relojería tradicional.

No le interesaba enseñar el movimiento ni convertir la caja en la protagonista. Quería que el reloj pareciese casi una prolongación de la muñeca. Y viendo algunos de aquellos modelos, es inevitable acordarse de las pulseras inteligentes que llegarían años después… aunque estas todavía no te avisaban de los correos, los mensajes y los grupos de WhatsApp.

Que, pensándolo bien, tampoco estaba nada mal. :joy:

2001 — RIKI WATANABE: EL DISEÑADOR QUE MEDÍA LOS NÚMEROS

Y ahora nos vamos a Japón, con Riki Watanabe, uno de los grandes pioneros del diseño industrial del país. Un personaje al que seguramente muchos conocimos precisamente a través de sus relojes.

Watanabe nació en 1911 y trabajó en muebles, interiores, objetos domésticos y un montón de relojes públicos. Uno de los más conocidos es el monumental que diseñó para el edificio Dai-ichi Life de Hibiya, en Tokio, terminado en 1972.

En 2001 empezó a colaborar con Seiko en una colección de relojes de pulsera para Alba. Y aquí hay una cosa de Watanabe que me encanta… El hombre estaba obsesionado con que la hora se leyese bien. Pero obsesionado de verdad.

No se conformaba con elegir una tipografía bonita y colocar los números más o menos donde tocaba. Estudiaba su forma, el espacio que ocupaban y cómo los percibía el ojo. Hasta el punto de desplazar ligeramente algunos índices respecto a su posición geométrica para conseguir que visualmente todo quedase equilibrado. Sus colaboradores recuerdan que podían hacer montones de dibujos y versiones de una misma esfera hasta que los números, las agujas y las proporciones quedaban exactamente como él quería.

Y esa manera de trabajar terminó llegando a los Alba Riki, unos relojes que, además, tenían la virtud de ser relativamente asequibles. No hacía falta gastarse una fortuna para llevar en la muñeca un diseño suyo.

Con los años aparecieron también versiones automáticas con movimientos Seiko, pero aquí conviene separar las cosas. Una cosa son los relojes de pulsera que empezaron a salir en 2001 y otra los modelos posteriores inspirados directamente en los relojes públicos que Watanabe había diseñado décadas antes.

En 2009, por ejemplo, Alba recuperó la estética de aquellos relojes urbanos, incluido el de Hibiya. Es curioso pensar que un diseño pensado para que alguien leyese la hora desde una plaza terminara reducido al tamaño de una muñeca… y siguiese funcionando igual de bien.

2003-2005 — FRANK GEHRY: EL HOMBRE DEL GUGGENHEIM QUE ESCRIBÍA LA HORA

Y vamos con otro personaje que seguramente conocéis todos… Frank Gehry. Sí, el del Guggenheim de Bilbao.

Sus edificios están llenos de curvas, superficies metálicas y formas que, cuando las miras, te preguntas cómo demonios consiguieron construirlas. El Guggenheim es probablemente el mejor ejemplo, aunque tiene unos cuantos más por el mundo.

Pues resulta que Gehry también acabó diseñando relojes para Fossil. La colaboración comenzó a principios de los 2000 y dio lugar a modelos analógicos y digitales. Algunos llevaban números escritos con su propia letra, que ya es una manera bastante personal de firmar un reloj.

Pero el que más me ha llamado la atención es el Gehry Writes Time. En vez de enseñarte la hora con números, te la escribía con palabras, utilizando la caligrafía del arquitecto.

Por ejemplo, a las once y media podía aparecer algo parecido a «half past 11». Y si faltaban seis minutos para la una, la pantalla decía «6 til 1». Vamos, que en lugar de mirar dos números y seguir con tu vida, tenías que leer una pequeña frase. :joy: Además, el aspecto de la pantalla cambiaba según el momento del día.

Y todo eso lo hizo con un reloj bastante sencillo por fuera. Porque Gehry, en lugar de ponerse a retorcer la caja como si estuviese diseñando otro Guggenheim, decidió llevar al reloj algo mucho más suyo: la manera de dibujar y escribir.

Así que uno de los arquitectos más famosos del mundo terminó haciendo un reloj que te decía la hora como si te hubiese dejado una notita escrita a mano.

2005 — TOKUJIN YOSHIOKA: UN RELOJ TALLADO EN METAL

Seguimos en Japón. Tokujin Yoshioka es uno de esos diseñadores a los que les gusta experimentar con casi cualquier material que cae en sus manos.

Ha diseñado muebles, instalaciones y objetos bastante difíciles de clasificar. Sillas transparentes, estructuras que juegan con la luz… Muchas de sus piezas parecen hechas para un museo antes que para una tienda de muebles.

En 2005 Issey Miyake le encargó un reloj y Yoshioka presentó el TO. La idea era que pareciese tallado directamente de un bloque de metal, como si alguien hubiese cogido una pieza de acero y hubiera ido quitando material hasta encontrar un reloj dentro.

Por eso no hay demasiadas concesiones a la decoración. La caja, el brazalete y lo que normalmente llamaríamos esfera parecen formar una sola pieza. Incluso las agujas tienen ese aspecto de pequeños fragmentos que salen de la propia superficie. Es un reloj bastante peculiar… y muy industrial.

Casi parece una pieza que alguien ha desmontado de una máquina y se ha puesto en la muñeca. :joy: Pero lo que buscaba Yoshioka era precisamente que no pareciese un objeto de moda, de esos que quedan viejos a los cinco años. Quería algo que pudiese existir en cualquier época. Y viendo el resultado, cuesta creer que hayan pasado ya más de veinte años desde que lo diseñó.

2005 — NAOTO FUKASAWA TWELVE: EL RELOJ CON DOCE ESQUINAS

Y en ese mismo 2005 Issey Miyake trabajó con otro diseñador japonés, Naoto Fukasawa. Pero esta vez la solución iba por un camino completamente distinto.

Fukasawa es muy conocido por su trabajo con MUJI y por diseñar objetos cotidianos que parecen tan sencillos que uno casi no se pregunta quién los ha pensado. Y precisamente ahí estaba buena parte de su filosofía.

A él le interesaba que pudiésemos usar las cosas de manera natural, sin tener que pararnos a pensar cómo funcionan. Así que cuando se puso a diseñar un reloj, decidió quitar de en medio todo lo que le pareciese innecesario. Lo llamó Twelve.

Una esfera limpia, sin números ni índices. Pero el truco está en el cristal y en el contorno de la caja, que forman un dodecágono. Doce lados… uno para cada hora. :joy: O sea, que los índices siguen estando ahí, solo que nadie se ha molestado en pintarlos.

Las agujas son grandes y se distinguen muy bien, así que la lectura acaba siendo más intuitiva de lo que parece. Además, Fukasawa sabía algo de relojes: había trabajado antes en Seiko Epson. Quizá por eso prefirió alejarse de lo que todos entendemos por un reloj técnico. Quería hacer un objeto normal, de los que usamos sin pensar demasiado, y que encima sirviese para dar la hora. Los doce números acabaron convertidos en doce esquinas.

2010 — HERMÈS CARRÉ H: EL RELOJ PARA UN DANDI VIAJERO

Nos vamos ahora a Francia para conocer a Marc Berthier, un diseñador industrial que llevaba décadas trabajando en muebles, aparatos electrónicos y toda clase de objetos cotidianos.

Entre sus creaciones está la radio Tykho de Lexon, aquella radio de goma de colores que parece un juguete y que terminó convirtiéndose en todo un icono del diseño. No está mal para algo que, en principio, solo tenía que servir para escuchar la radio.

A finales de los 2000 Hermès retomó con Berthier una idea que habían tenido tiempo atrás: fabricar un reloj para un «dandi viajero». Me hace gracia el encargo, porque no hablamos de un reloj para bucear a mil metros ni para pilotar un caza. Querían algo que un señor pudiese llevar de viaje, cómodo, elegante y un poco diferente. De ahí salió el Carré H, presentado en 2010.

La caja era cuadrada, de titanio, pero tenía las esquinas redondeadas y una ligera curvatura para adaptarse a la muñeca. Se hicieron solamente 173 ejemplares. Y esa curvatura no estaba ahí por capricho: Berthier quería que, aun siendo cuadrado, el reloj no pareciese un bloque rígido atado al brazo. Si miráis la foto de perfil, se entiende perfectamente.

En 2018 Hermès recuperó el Carré H y lo hizo algo más grande, con una apariencia más deportiva. Pero la idea de aquella caja suavemente curvada seguía allí.

Y a mí eso es lo que me gusta de este reloj. Se nota que lo ha pensado alguien acostumbrado a diseñar objetos para que se usen, no solamente para que queden bonitos en una fotografía. Que también está bien, pero hay que llevarlos puestos. :joy:

2010-2013 — RESSENCE: EL DISEÑADOR QUE DECIDIÓ ELIMINAR LAS AGUJAS

Benoît Mintiens es un diseñador industrial belga que había trabajado en cosas tan diferentes como trenes de alta velocidad, interiores de aviones y dispositivos médicos.

Vamos… que experiencia diseñando objetos tenía bastante. Pero relojes, lo que se dice relojes, no era lo suyo… Hasta que en 2010 decidió fundar Ressence.

Mintiens se había hecho una pregunta bastante interesante… ¿Por qué un reloj mecánico tiene que mostrar la hora utilizando agujas que giran alrededor de un eje central?

Y decidió prescindir de ellas. Sus primeros relojes utilizaban un sistema de discos giratorios para representar las horas, los minutos y los segundos. En lugar de las agujas convencionales, las indicaciones parecían moverse sobre la esfera siguiendo distintas órbitas.

Pero el verdadero disparate llegó en 2013, cuando presentó el Type 3. Porque Mintiens había decidido que tampoco le gustaba demasiado cómo se veía una esfera a través de un cristal. Los reflejos, las distorsiones y esa separación visual entre los indicadores y la superficie del reloj le parecían cosas que podían mejorarse… Y así encontró una solución de lo más peculiar… Llenar de aceite la parte del reloj en la que se mostraba la hora. :joy:

La idea era conseguir que, al mirar el reloj, los indicadores parecieran estar directamente sobre el cristal, casi como si estuviésemos viendo una pantalla digital.

Claro que había un pequeño problema. No puedes meter alegremente un movimiento mecánico dentro de un baño de aceite y esperar que siga funcionando como si nada.

Así que desarrollaron una construcción con dos cámaras independientes. En la inferior quedaba el movimiento, funcionando en seco. Y en la superior estaban los discos que mostraban la hora, sumergidos en aceite.

¿Y cómo conseguían transmitir el movimiento de una cámara a la otra si estaban completamente separadas? Pues mediante un sistema magnético. Por si todo esto fuera poco, el Type 3 tampoco tenía corona. Para darle cuerda y ponerlo en hora se utilizaba la parte trasera del reloj, que podía girarse.

El resultado parece más un dispositivo electrónico que un reloj mecánico. Pero ahí dentro hay engranajes, ruedas y un movimiento automático de verdad. En 2013 ganó el premio a la Revelación Relojera del Grand Prix d’Horlogerie de Genève.

2017 — RICHARD ORLINSKI: EL RELOJ QUE SE CONVIRTIÓ EN ESCULTURA

Richard Orlinski es un artista francés conocido por sus esculturas de animales, muchas de ellas enormes y de colores bastante llamativos.

Gorilas, osos, panteras, cocodrilos… Todos tienen algo en común: están formados por caras geométricas, como si alguien hubiese decidido tallarlos a golpe de diamante. Una vez que has visto una de sus esculturas, es difícil confundirlas con las de otro.

Pues en 2017 Hublot lo invitó a meter mano a uno de sus relojes, el Classic Fusion. Y Orlinski hizo lo que cabía esperar de un señor que se dedica a convertir gorilas en figuras geométricas… Empezó a llenarlo todo de facetas. :joy:

La caja, el bisel, los pulsadores e incluso algunos detalles de la esfera adoptaron esas aristas tan características de sus esculturas. Así nació el Classic Fusion Aerofusion Chronograph Orlinski. Y aquí, por una vez, el artista no se había limitado a cambiar el color de la esfera.

El reloj apareció en dos versiones, titanio y cerámica azul, de 200 unidades cada una. Pero llevar aquel dibujo a una caja de verdad tenía su complicación. Había que mecanizar las caras, trabajar las aristas y pulirlas sin cargarse la geometría por el camino. Y todo ello manteniendo el funcionamiento de un cronógrafo mecánico de Hublot.

Vamos… que no bastaba con coger un Classic Fusion y pasarlo por una máquina de hacer diamantes. :joy: Lo que me gusta de este caso es precisamente eso: Orlinski consiguió que su estilo llegase a la propia construcción del reloj. No era una escultura dibujada en la esfera… era casi una escultura que, además, daba la hora.

2019 — TADAO ANDO: EL ARQUITECTO QUE DIBUJÓ EL INFINITO

Tadao Ando es otro de esos arquitectos cuyo nombre aparece en cualquier conversación sobre la arquitectura contemporánea. Y su historia, además, tiene tela.

Antes de dedicarse a los edificios fue boxeador y no estudió Arquitectura siguiendo el recorrido universitario habitual. Aprendió viajando, visitando obras y estudiando por su cuenta. Vamos, que no siguió precisamente el camino más corto para acabar siendo arquitecto.

Con los años terminaría ganando el Premio Pritzker. Si conocéis alguna de sus obras, seguramente recordaréis el hormigón visto, las formas sencillas y esa manera tan suya de utilizar la luz y las sombras. Parece que no hay mucho… hasta que entras en uno de sus edificios.

En 2019 Bulgari le propuso reinterpretar el Octo Finissimo, que ya es un reloj con una geometría de lo más peculiar. Ando podría haber intentado complicar todavía más la caja, pero hizo justo lo contrario: decidió no tocarla y concentrarse en la esfera.

Quitó casi todo y dibujó una espiral que parte de la zona del pequeño segundero. La idea era representar el paso infinito del tiempo, nada menos. En vez de llenar la esfera de números, índices y adornos, dejó una línea que parece no acabarse nunca. Es de esas cosas que, cuando te las explican, te parecen una ocurrencia… y luego miras el reloj y tienen bastante sentido.

El primer modelo automático tenía caja de titanio y se hicieron 200 ejemplares para Japón. Hubo también una versión con tourbillon y carbono, todavía más difícil de encontrar. De esta última se anunciaron solamente ocho unidades.

La colaboración siguió más adelante y aparecieron otras versiones. Una de las más bonitas, para mi gusto, es la de esfera azul oscuro con una pequeña luna dorada. Una forma completamente distinta de llevar la misma idea al reloj.

Eso sí, aquí hay una diferencia respecto a los casos anteriores. Ando no diseñó la caja del Octo Finissimo ni inventó un reloj nuevo: intervino la esfera. Por eso es quizá el ejemplo que menos encaja con la idea inicial del hilo. Pero me apetecía incluirlo porque esa espiral explica bastante bien cómo puede trasladarse a un reloj la manera de pensar de un arquitecto.

2021 — TAKASHI MURAKAMI: UNA FLOR QUE GIRA EN LA MUÑECA

Seguimos en Japón, pero cambiamos completamente de estilo. Ahora le toca a Takashi Murakami, uno de los artistas japoneses más conocidos del mundo.

Murakami mezcla el arte tradicional japonés con el manga, la cultura popular y unos colores que no pasan precisamente desapercibidos. Y si hay algo que se reconoce enseguida en su trabajo son esas flores sonrientes de doce pétalos. Seguro que las habéis visto alguna vez.

Parecen sacadas de un dibujo infantil. Pues en 2021 Hublot decidió convertir una de aquellas flores en un reloj: el Classic Fusion Takashi Murakami All Black. Y aquí la cosa se puso interesante.

Murakami no quería que le imprimiesen la flor en una esfera y le pusiesen su nombre debajo. Quería que se moviese. Así que Hublot tuvo que desarrollar un sistema de rodamientos para que los doce pétalos girasen alrededor de la cara sonriente. Y ya que estaban, los adornaron con 456 diamantes negros, más otros 107 en el centro. En total, 563 diamantes… Por si alguno estaba pensando en comprarlo para el amigo invisible. :joy:

Por dentro llevaba un movimiento automático de la familia Unico y se fabricaron solo 200 unidades. Vamos, que tampoco era precisamente un reloj que fueras a encontrarte en cualquier escaparate.

Y hay otra cosa curiosa. Murakami, que normalmente utiliza todos los colores que encuentra, eligió hacer su primera colaboración con Hublot completamente en negro. El resultado es una flor sonriente que gira cuando mueves la muñeca. No sé si sirve para leer la hora de un vistazo, pero como objeto es una auténtica locura. :joy:

2022-2023 — ÁLVARO SIZA: EL ARQUITECTO QUE CONVIRTIÓ UNA PISCINA EN UN RELOJ

Álvaro Siza es uno de los grandes arquitectos portugueses, Premio Pritzker en 1992, y llevaba toda una vida diseñando edificios cuando decidió ponerse con algo bastante más pequeño.

Entre sus obras más conocidas están las piscinas de Leça da Palmeira, construidas junto al Atlántico en los años sesenta. Unas piscinas que se meten entre las rocas, con muros de hormigón y formas muy sencillas. Viendo las fotos, casi parece que siempre hubiesen estado allí.

Pues en 2022, con 89 años, Siza se puso a diseñar un reloj para Lebond que acabaría llegando al mercado en 2023.

La inspiración fueron precisamente aquellas piscinas de Leça da Palmeira, que había diseñado de joven. La forma de la caja recuerda a la geometría de la piscina principal. Ya tiene gracia acabar llevando en la muñeca una piscina diseñada sesenta años antes.

Pero la cosa no se quedó ahí. Las agujas estaban inspiradas en los símbolos que Siza había utilizado para señalizar los aseos en algunos de sus edificios. O sea… que el hombre cogió una piscina, unos letreros de baño y acabó haciendo un reloj. :joy: Y encima queda bien.

El Lebond Siza utiliza una caja de titanio de grado 5 y un movimiento automático ETA 2892-A2. La esfera es muy limpia y la caja está ligeramente girada. Pero mi detalle favorito es otro: Siza decía que quería un reloj elegante, de esos que uno se pone los domingos. Su reloj de domingo.

Después de pasarse la vida diseñando edificios, museos y espacios públicos, con 89 años se puso a pensar en un reloj para salir tranquilamente a tomar el aperitivo.

2024 — EDUARDO SOUTO DE MOURA: EL RELOJ QUE ESTÁ GIRADO

En Lebond debieron de quedar contentos con el experimento, porque volvieron a llamar a otro arquitecto portugués ganador del Pritzker: Eduardo Souto de Moura.

Entre otras cosas, Souto de Moura es el responsable del Estadio Municipal de Braga, un edificio bastante espectacular que parece salir directamente de una montaña.

Pero para diseñar su reloj no miró ningún edificio. Se fijó en algo que hacemos todos los días y en lo que casi nunca pensamos: el pequeño giro de muñeca que damos para mirar la hora. Y se preguntó por qué teníamos que colocarnos nosotros de una determinada manera para leer el reloj. Así que decidió girar la esfera treinta grados en el sentido de las agujas.

Y no solo giró la esfera. También desplazó la posición del movimiento y la corona para que todo encajase. La idea era que, al mirar la muñeca de forma natural, las doce quedasen en una posición más cómoda de leer.

Está fabricado en titanio y lleva un movimiento automático. Lo gracioso es que, cuando lo ves sobre una mesa, da la impresión de que alguien ha montado la esfera torcida. :joy: Pero te lo pones en la muñeca y ya empiezas a entender por qué lo hizo.

Y esa es precisamente la gracia de estos relojes diseñados por gente que viene de otros mundos. A veces basta con que alguien se haga una pregunta que los relojeros llevamos años sin hacernos… ¿Y si, en vez de adaptar la muñeca al reloj, adaptamos el reloj a la muñeca?

2026 — JEFF KOONS: DEL PERRO GLOBO AL TOURBILLON

Y llegamos casi hasta hoy. Jeff Koons es uno de los artistas contemporáneos más conocidos del mundo y también uno de los más polémicos. Vamos, que sus obras no suelen dejar indiferente a nadie.

Seguro que habéis visto alguna vez sus famosos perros globo. Son esas esculturas enormes de acero inoxidable pulido que parecen hechas con los globos de una fiesta infantil. Solo que estas pesan una barbaridad y algunas se han vendido por cifras que quitan el hipo.

Pues en septiembre de 2026 Hublot presentó una colaboración con Koons y, como el hombre no suele quedarse corto, llegaron dos relojes de golpe. El primero fue el Classic Fusion Balloon Dog.

Un reloj de 42 milímetros en el que las formas redondeadas de sus esculturas pasan directamente a la caja. Superficies abombadas, curvas por todas partes y hasta una corona que recuerda a la válvula por la que se infla un globo. También tiene una pequeña prolongación que imita el extremo del globo. Vamos… que dan ganas de cogerlo y empezar a retorcerlo para hacer un perrito. :joy:

Lo presentaron en tres versiones: acero pulido, aluminio rojo y aluminio azul, con 200 ejemplares de cada una. Vamos, que tampoco iba a ser fácil encontrarse uno por la calle.

Pero junto al perro globo enseñaron otra cosa bastante más complicada: el MP-14 Origin. Y ahí ya dejaron de jugar con globos para meterse directamente con el universo.

Un reloj de 44 milímetros, con zafiro, titanio, oro blanco, diamantes y zafiros azules. Koons quería representar el origen del universo utilizando anillos concéntricos y una construcción mecánica que parece sacada de una película de ciencia ficción. Y esta vez la complicación no se quedaba en la apariencia.

El MP-14 incorpora el primer tourbillon central automático de Hublot. Las horas y los minutos se leen mediante pequeños indicadores que giran sobre anillos, como si estuviesen orbitando alrededor del mecanismo. Cuesta decidir qué mirar primero… el reloj o todo lo que han tenido que inventar para hacerlo funcionar.

Y atentos a este dato: la caja de zafiro necesita unas 534 horas de mecanizado. Quinientas treinta y cuatro horas… ¡para trabajar la caja de un reloj! :joy: Solo se han anunciado treinta ejemplares.

Y con esto creo que tenemos un buen sitio donde terminar el recorrido.

Porque empezamos en 1947 con un diseñador que quitó todos los números de una esfera hasta quedarse con un puntito dorado y terminamos en 2026 con otro que ha metido una representación del universo dentro de un reloj… Algo hemos avanzado… o nos hemos complicado un poquito la vida. :joy:

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Muy bueno :ok_hand:t2: :+1:t2:. Me ha gustado mucho.

Me ha recordado en parte a este tema del gran @Tortuga_Shelly

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Tremendo hilo @Chinaskis

Mil gracias por este y por todos.

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No lo había visto… :upside_down_face: Y mira que suelo cotejar que no se hayan tratado antes en el foro los temas de los que escribo… :downcast_face_with_sweat:

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Que barbaridad de hilos te pegas!! . Muchas gracias.

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Este no deja de recordarme a uno de mis oscuros objetos de deseo

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¿Es de aviador? Me suena que un piloto, creo que Santos Dumont, se hizo fabricar un reloj girado 45º para poder leer la hora sin girar la muñeca. Pero sería un ¿Cartier? O tal vez fuese un piloto de coche.

El hilo es magnífico. Muchas gracias!

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Este es de automovilista…

El Cartier Santos Dumont era para un aviador

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Interesantísimo hilo.

Como no podía ser de otra forma cuando el arte moderno se mezcla con cualquier cosa, hay auténticos espantos dignos de Invicta.

Pero también hay relojazos. Cuando sea millonario me compraré un Ressence Type 3. El Orfina Porsche Design es fantástico, y entre los más artísticos me quedaría con el Gehry Writes Time.

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Magnífico hilo como siempre :clap:t3::clap:t3::clap:t3:
Al ver la creación de Siza me acordé que la actual Cauny hizo una colaboración con la marca un poco menos elaborada pero bastante asequible.


Sin salir de la marca Cauny encontramos otros dos arquitectos donde el que más me llama la atención es Ando con su manza verde.
Tadao Ando: Eternal Youth


Me sorprende mucho Hublot y sus colaboraciones.
Cuando leí el título se me vino a la cabeza el Santos de Cartier.
Enhorabuena por el hilo!

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Los ghery me encantan… Me recuerdan a este reloj que vi en un hotel de México

Y que tiene su versión de pulsera

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Buen trabajo compañero.
Algo actual es la colaboración de AP con la diseñadora de moda Tamara Ralph.

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Tremendo hilo. ¡Vaya repaso y que nutrida representación japonesa! ¡Gracias!

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Magnífico hilo, vaya panda de genios diseñando caprichos. Por cierto, si no te importa mucho que en vez de Vacheron ponga Baltany, tienes una alternativa bastante molona

Buenos días compañero, te superas día a día, en este caso no lo he leído porque voy con prisas y lo haré más tarde, pero a pesar de las prisas he querido agradecerte el tiempo que te tomas para hacernos más ameno e instructivo el foro.

Un saludo.

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Yo le he reenviado los dos hilos a mi hija.

Está haciendo ingeniería en diseño industrial.

A ver si coge recortes…