Así es la marca Dalil (دليلة) colquialmente “la que muestra el camino”
Gracias, me alegra te guste
Día 2 de los primeros 7, mi vintage preferido, el Yema Skindiver “pre 63”, el año que presuntamente se presentó el Superman. Aunque el Superman apareció en 1968, le ha quedado esta designación. Comprado en la red el año pasado, el vendedor me dijo que era de finales de los 60 y que él lo había adquirido de los hijos de su usuario, un Coronel de l’Armèe de l’Air. En estado pristino salvo el insert del bisel de aluminio, con señales de desgaste. Mide unos muy bien aprovechados 38 mm.
No he podido resistir la tentación de fotografiarlo con un primo hermano suyo, un Olympic que no es más que un Yema remarcado (había docenas de marcas que vendían Yemas), de 36 mm, y su versión actual, el Superman skindiver con microrrotor.
Una obra maestra de la técnica francesa acompañada de la mejor manifestación cultural francesa de los 60, Astèrix (no olvidéis que Tintín era belga, como Maigret, Jacques Brel y les moules avec frites)
Y la otra obra maestra francesa de los años 60, Brigitte Bardot, junto con Raquel Welch, las sex symbol de los boomers en nuestra infancia….
Guapísimo y muy curioso ese reloj @JOSERRA100 ![]()
2 de mayo - 2º día del reto
Hoy nos ponemos para el reto un japonés con el fechador en chino, de tamaño muy comedido como se estilaba en la época y con un dial azul ahumado la mar de chulo.
Muy curiosos esos kanji, no son más largos que los que se ven habitualmente, que son un único símbolo?
Si es curioso, el símbolo que coincide con los otros japoneses que tengo es el de la derecha, además está más elaborado que en los otros.
Los caracteres de la izquierda no se que significan ¿Estará en otra de las grafías menos habituales que usan los japoneses?
Habrá que investigar
Vale, no es japonés. Es chino.
Japonés es sólo el reloj ![]()
Pues parece japonés, el primer símbolo de la izquierda creo que sale en la palabra Tokio y el de la derecha creo que entre otras cosas significa hombre. Pero ya sabemos que la escritura japonesa desciende de la china.
Los chinos y japoneses también tienen semana de siete días o en los relojes adaptan el calendario occidental?
Peculiar, muy interesante.
Vaya nivel, y currada puesta en escena, pasamos de las tetas de la chavala de Euphoria a ponerse serios. ![]()
Los días de la semana en chino. Creo que tú reloj marca el sábado.
Usan semanas de 7 días. El Kanji único que muestran los relojes japones es una abreviación ya que los 2 caracteres últimos se repiten en todos los días de la semana.
| Día | Elemento / Astro | Japonés (Kanji) | Chino (Moderno) |
|---|---|---|---|
| Lunes | Luna | 月曜日 (Getsuyōbi) | 星期一 (Xīngqī yī) |
| Martes | Fuego (Marte) | 火曜日 (Kayōbi) | 星期二 (Xīngqī èr) |
| Miércoles | Agua (Mercurio) | 水曜日 (Suiyōbi) | 星期三 (Xīngqī sān) |
| Jueves | Madera (Júpiter) | 木曜日 (Mokuyōbi) | 星期四 (Xīngqī sì) |
| Viernes | Metal/Oro (Venus) | 金曜日 (Kinyōbi) | 星期五 (Xīngqī wǔ) |
| Sábado | Tierra (Saturno) | 土曜日 (Doyōbi) | 星期六 (Xīngqī liù) |
| Domingo | Sol | 日曜日 (Nichiyōbi) | 星期日 (Xīngqī rì) |
Que chulos estos retos de @Drake que encima de ver relojes guapos aprendemos y todo ![]()
Lo he visto, tanto en chino como en japonés la parte repetida quiere decir “semana”. Pero diría que no coincide el símbolo del día.
Es curioso que estoy no este hablado en el foro previamente, estoy seguro que si buscamos, nos sale.
Pero ahora tú y yo hemos refrescado este conocimiento!!! Entre esto y el nuevo reloj samurái, todos sabremos japonés ![]()
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Coincide el domingo que es el día en el que me había fijado ![]()
Cuando salieron los relojes que estamos enseñando te salían estas dudas y te quedabas con ellas.
Ahora pasas la imagen por el reconocimiento de caracteres, los pegas en el traductor de Google y le preguntas a Gemini para ampliar la información.
Cada día, y como técnico informático/electrónico, estoy más en contra de la tecnología
pero hay que reconocer que tiene cosas muy buenas.
Me alucina que en estos tiempos la ignorancia siga campando a sus anchas como lo hace.
Peeeeeero hay una pega, la ventaja de tener el calendario en japonés es que no te obliga a ponerlo correctamente. Pero si ahora ya sabemos que tetas es martes, el ocho raro domingo, etc, tendremos que ponerlo bien!!!
Por cierto que no he acertado ni un kanji. El único que recuerdo correcto de mi viaje a Japón es el de lluvia, tuvimos un tifón que no nos afectó pq estábamos en la costa oeste mientras se inundaba Tokio, y cuando llegamos allí ya no llovía. Eso sí, tuvimos un terremoto, fue muy divertido.
Diferencias entre China y Japón
- Japón: Mantiene los nombres basados en los elementos (Fuego, Agua, Madera, etc.). Si compras un reloj japonés (como un Seiko o Casio) con función de día de la semana en japonés, verás los kanji de la tabla anterior.
- China: Simplificó el sistema para el uso diario. En lugar de usar los elementos, usan la palabra “Semana” (Xīngqī) seguida de un número del 1 al 6. El domingo es la única excepción, llamándose “Día del Sol” o “Día del Cielo”.
Por eso sólo coincide el domingo.
Y parece ser que en China antiguamente usaban ciclos de 10 días.
Poco se habla del calendario zaragozano en relojeria, inexistente, pero quizás menos complicado que el que os ocupa, ![]()
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Desde México con amor, aquí siendo las 22:30 horas, os posteo el primero de mi colección. Aquí lo que llevo es un reloj piratilla y batallero así que a ver cómo hago para mandaros las fotos de los relojes.
Recién he comenzado mi colección de vintages que salvo contadas excepciones son relojes que adquirí para restaurar o enredar más bien. Aquí la ultima adquisición, proveniente de una subasta de catawiki, un tissot antimagnetique del año 40 (supuestamente según la IA y el número de serie de la tapa trasera)
Funciona perfectamente y está en muy buen estado de conservación puesto que según el vendedor todo eran piezas originales.
Venía con una correa muy básica que cambie por una bund vintage que me parece que acentúa su carácter de reloj de trinchera.
Día 02
Muy señores míos,
Permitid que hoy me aparte, aunque solo sea levemente, de los consabidos discursos sobre calibres, escapes y rubíes, para traer a vuestra consideración un objeto que, siendo humilde en su origen, se revela excelso en su destino: una antigua caja metálica de Cola Cao, superviviente digna de otras edades y testimonio fiel de una manufactura ya casi olvidada.
Heme aquí ante un arca de hojalata esmaltada, de traza rectangular y bordes suavemente redondeados, cuya superficie —ora en un rojo encendido y orientalizante, ora en un blanco marfileño de resonancias domésticas— habla con elocuencia del esmero puesto en su hechura. No es esta una caja muda ni vulgar: es, antes bien, un lienzo de estampas y tipografías que evocan el optimismo industrioso de mediados del pasado siglo, cuando el objeto cotidiano aspiraba, sin rubor alguno, a cierta dignidad estética.
Obsérvese, si place al lector, la solidez de su chapa, capaz de resistir el embate del tiempo sin rendirse al óxido ni a la deformación. La tapa, firme en su asiento, cierra con aplomo y sin estridencias, guardando en su seno aquello que se le confíe con discreción casi monacal. Tal cualidad la hace especialmente apta para el alojamiento y custodia de relojes, esos otros artefactos que, al igual que la caja que los alberga, son hijos legítimos de la paciencia, del orden y de la industria humana.
Así pues, lejos de parecer irreverente, el maridaje entre relojes y esta caja centenaria se antoja natural y armonioso. Ambos comparten vocación de permanencia; ambos han sobrevivido al vértigo de lo efímero. En tal conjunción hay algo de justicia poética y algo, también, de refinado humor.
Concluyo, señores, afirmando que esta caja metálica, nacida para el cacao y consagrada hoy a la relojería, merece lugar de honor entre nuestros útiles. Pues no solo guarda relojes: guarda historia.
Prosigo.
He aquí, señores, una máquina del tiempo en su acepción más literal y elevada; no un simple artificio para contar las horas, sino un testimonio silencioso de la alianza entre el ingenio humano y el arte aplicado a lo útil. Este reloj de petaca, de hechura sobria y continente grave, se ofrece al observador con la modestia propia de las cosas verdaderamente bien nacidas, que no necesitan del exceso para granjearse admiración.
Su caja, de forma rectangular y líneas severas, parece concebida no para halagar la ligereza de la moda pasajera, sino para resistir con entereza el juicio implacable de los años. El revestimiento exterior, de aspecto curtido y honesto, acusa el trato del tiempo no como afrenta, sino como medalla; pues cada leve desgaste es prueba de servicio fiel y continuado. La bisagra superior, discreta y firme, descubre el rostro del mecanismo como quien abre un libro antiguo, sabiendo que en su interior mora saber consolidado.
El cuadrante, de plateada compostura, se halla ornado con números romanos que evocan la tradición clásica, recordándonos que toda verdadera exactitud nace del orden. En el centro campea con dignidad el nombre Europa, apelativo que no es baladí, pues sugiere una aspiración a lo universal, a lo bien hecho conforme a cánones compartidos por las grandes escuelas del arte mecánico. Las agujas, delicadamente perfiladas y de elegante traza, avanzan con la discreción de quien cumple un deber sin alarde, señalando el curso de las horas con inalterable constancia.
No es menor mérito el de sus prestaciones, pues aun declarándose con humildad poseedor de dos rubíes, el mecanismo cumple su oficio con precisión sobria, sin recurrir al lujo excesivo ni a la ostentación técnica. Tal economía de medios, tan celebrada por los espíritus ilustrados, es prueba de sabiduría constructiva y de equilibrio entre función y forma. Añádase a ello la ventanilla del calendario, situada con tino en el flanco derecho del dial, que introduce al reloj en la vida cotidiana sin perturbar la armonía del conjunto.
En suma, este reloj de petaca no es solamente un utensilio para medir el tiempo, sino un compañero discreto, concebido para reposar en el bolsillo del caballero reflexivo, de aquel que aprecia más la constancia que el brillo fugaz. Mirarlo es recordar que hubo —y aún hay— objetos hechos para durar, para servir y para ser admirados con silencioso respeto.
Y así, al cerrar su tapa y devolverlo al abrigo de la mano o del bolsillo, no parece uno guardar un simple reloj, sino recoger consigo un fragmento ordenado del propio tiempo, domesticado por la artesanía y ennoblecido por la razón.














