Desde que me compré el cronocomparador he descubierto que hago una cosa bastante absurda… Pongo el reloj, espero a que se estabilice, miro cuánto adelanta o atrasa, la amplitud, el beat error… Todo estupendo… Salgo de allí convencido de que tengo el reloj perfectamente ajustado… Y ¿qué hago cinco minutos después?
Miro el móvil para comprobar que, efectivamente, da bien la hora ![]()
Vamos, que utilizo una máquina para comprobar que el reloj funciona bien y después utilizo otra para comprobar que la primera comprobación era correcta… Un TOC de libro, como el de Jack Nicholson en Mejor… imposible…
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Pues el otro día descubrí que, en realidad, hace muchos años ya había gente que hacía más o menos lo mismo que yo…
Este cacharro de aquí arriba fue fabricado hacia 1605-1610 por Jan Jansen Bockeltz, un relojero establecido en Haarlem, y es uno de los primeros relojes neerlandeses que se conservan.
Y ojo, porque para tener más de cuatrocientos años el amigo venía bastante equipado: daba las horas mediante sonería, tenía alarma, indicación de las fases de la Luna, día del mes y mes del año… Pero lo que me hizo gracia está en la tapa… Porque al abrirla aparece esto.
Un reloj de sol con su brújula. Y lo curioso es que no estaba ahí de adorno… A ver… es cierto que aquellos primeros relojes portátiles mecánicos podían ser auténticas virguerías… pero dando la hora todavía dejaban bastante que desear.
Así que el reloj de sol servía precisamente para poner en hora y corregir el reloj mecánico. La brújula permitía orientarlo correctamente para hacer la medición.
Es decir, que podías gastarte una fortuna en uno de los relojes más sofisticados de principios del siglo XVII y después necesitabas mirar al Sol para comprobar que el reloj sabía qué hora era. ![]()
l propio Metropolitan Museum, que conserva la pieza, explica que, pese a todas sus funciones, probablemente no fue un gran cronometrador hasta que, bastante tiempo después, alguien decidió modernizarlo. El reloj debió de seguir utilizándose durante buena parte del siglo XVII y, en algún momento posterior a 1675, le añadieron un espiral al volante, mejorando considerablemente su precisión.
Al final hemos cambiado el reloj de sol por el iPhone…
Pero seguimos sin fiarnos del reloj. ![]()





