Y las matemáticas, lógica aplicada. De ahí sus posibilidades y sus limitaciones.
La física no existe en el vacío, se necesita una estructura que la soporte. Por ejemplo, Aristóteles y demás insistieran en una ciencia de propiedades cualitativas, mientras que nuestra ciencia moderna es cuantitativa.
Nosotros trabajamos en un marco en que es posible la acción a distancia (el gran salto de fé de Newton, la física mecánica de Descartes o de Galileo era física de mesa de billar, cosa que no les impidió plantear las leyes de la inercia correctamente), algo totalmente prohibido en el sistema aristotélico.
En cuanto a la física de Einstein, fue necesaria la filosofía de Kant para su nuevo salto de fé. Ahora, en lugar de un universo infinito con infinitas repeticiones (universo mecanicista), se contempla un universo finito con infinitas variaciones.
También lo podemos ver en el intento de ciencia revolucionaria que tuvo lugar en la Unión Soviética, en este caso la biología de Lisenko. También he leído artículos que mostrarían que, en algún momento, se intentó aplicar la filosofía marxista a la ciencia nuclear… pero con las cosas de pelear no se juega, y se permitió seguir en la senda de la física decadente burguesa occidental. Ojo, no estoy seguro de ello.
Y, naturalmente, la religión acaba de definir el marco de referencia. Nuestra ciencia moderna arranca a partir de Santo Tomás y su afirmación de que “todo lo que existe, en cuanto existe, es bueno”, así como la creencia judeocristiana en la existencia de un Dios que se manifiesta de forma lógica y objetiva: se trata de comprender el pensamiento divino a través de su creación, ahí tenemos a los franciscanos embarcados en la búsqueda del conocimiento, o al papado contratando a Galileo para que investigue.
En el caso de los musulmanes, siendo su concepto de Dios capaz de confundir a sus criaturas, es un lastre importante para desarrollar un sistema de visión objetiva del mundo.