¿A quién no le ha pasado que le gusta tanto un reloj que acaba comprándolo dos veces? Uno con la esfera azul y otro con la negra… para poder seguir diciendo en casa que en realidad son relojes completamente distintos. ![]()
Pues resulta que esta maniobra no la hemos inventado nosotros…![]()
Empecemos por el principio, como diría Perogrullo…
Situémonos a finales del siglo XVIII. Los relojes y autómatas europeos se habían convertido en objetos muy apreciados en la corte imperial china. No porque en China no existieran instrumentos para medir el tiempo… desde hacía siglos contaba con una tradición astronómica y relojera propia… sino porque aquellas máquinas llegadas de Europa eran completamente diferentes…![]()
Sonaban, mostraban figuras en movimiento, estaban cubiertas de esmaltes, perlas, diamantes y escenas pintadas en miniatura… Vamos, que en algunos casos dar la hora casi parecía una función secundaria. ![]()
Durante buena parte del siglo XVIII fueron principalmente los talleres ingleses quienes abastecieron aquel mercado. Ya en el siglo XIX se sumaron los relojeros suizos de Ginebra y, sobre todo, de Fleurier, donde casas como Bovet terminaron especializándose en los llamados relojes para el mercado chino ![]()
Eran grandes, llamativos y muy decorados. Los movimientos también solían estar grabados y quedaban visibles bajo una tapa de cristal porque a sus compradores no solo les interesaba saber la hora… también querían contemplar la pequeña máquina que la producía ![]()
Hasta aquí todo más o menos normal… Bueno… todo lo normal que puede ser un reloj de bolsillo cubierto de perlas, oro y diamantes.
Lo curioso es que muchos se vendían de dos en dos. ¿Y para qué quería alguien dos relojes iguales?
La primera explicación tiene que ver con el gusto chino por la simetría.
Los objetos valiosos se presentaban habitualmente por parejas: jarrones, candelabros, pinturas, esculturas… Una pareja transmitía equilibrio, armonía y la sensación de que el conjunto estaba completo… Y, cómo no… los relojes se adaptaron a esa costumbre.
![]()
En ocasiones sus pinturas eran idénticas, pero otras veces funcionaban como imágenes enfrentadas. Si en uno aparecía una mujer mirando hacia la derecha, en el otro miraba hacia la izquierda. Si un personaje ocupaba un extremo de la escena, en su gemelo aparecía en el contrario.
![]()
No eran dos relojes repetidos… Eran dos mitades de una misma composición…
Pero existe otra explicación bastante más práctica… y muy relojera
Si uno de aquellos relojes sufría una avería importante, podía tener que recorrer medio mundo para regresar al fabricante. El viaje entre China y Europa duraba meses y, entre la ida, la reparación y la vuelta, su propietario podía quedarse sin reloj durante muchísimo tiempo…![]()
Digamos que no había servicio técnico oficial en el centro comercial de Cantón, ni seguimiento del envío, ni mensaje avisando de que “su paquete está en reparto”.
Según una explicación repetida en muchos catálogos de subastas, el segundo reloj también servía como sustituto: cuando uno tenía que enviarse a reparar, su dueño podía continuar utilizando el otro… Es decir, que además de fabricar algunos de los mejores relojes de la época, los relojeros europeos ya habían descubierto una magnífica forma de convencer a los clientes de que comprasen dos relojes de golpe. ![]()
Y hay un detalle que demuestra que el problema del mantenimiento era muy real…
Una pareja de relojes conservada por el British Museum, por ejemplo, llegó hasta nosotros con su caja original. Dentro no solo estaban los dos relojes, sino también dos llaves de cuerda, dos cristales de repuesto y dos muelles reales de recambio, precisamente dos de las piezas que más fácilmente podían romperse ![]()
Vaya… que la explicación tiene una mezcla de cultura, arte, logística… y un poquito de habilidad comercial. ![]()
Así que ya tenemos una respuesta con base histórica para el día en que alguien nos pregunte por qué hemos comprado dos relojes iguales… No están repetidos… Forman una pareja para el mercado chino. ![]()












