El otro día, en el hilo que abrí para que me propusierais historias que investigar, el compañero @Omega1 me dejó varias sugerencias que consiguieron que me picase inmediatamente la curiosidad… ![]()
Una de ellas era la de un antiguo reloj que se encuentra en Venezuela y sobre el que, al parecer, pesa una historia bastante inquietante… Así que nada… Vamos a viajar hasta el otro lado del charco… o hasta ahí al lado, dependiendo desde donde leas esto… y a ver qué hay de cierto en esa historia. ![]()
Nuestra historia comienza en Güigüe, una localidad del estado de Carabobo situada al sur del lago de Valencia.
Allí, junto a la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, se encuentra un reloj monumental que, a primera vista, tampoco parece especialmente misterioso.
Tiene cuatro esferas con numeración romana, una estructura decorada en blanco y dorado y una veleta que corona el conjunto. Además, originalmente contaba con un termómetro y un barómetro… Vamos, que no estamos hablando precisamente de un Casio. ![]()
El reloj llegó desde Europa durante el siglo XIX, aunque no he conseguido encontrar documentación que permita identificar con seguridad a su fabricante… La tradición local lo relaciona con Antonio Guzmán Blanco, presidente de Venezuela durante varios periodos entre 1870 y 1888, y con la importación de relojes públicos que se produjo durante aquellos años.
Según algunas versiones, Guzmán Blanco lo utilizaba en sus propiedades agrícolas para controlar las jornadas de trabajo de los empleados de sus haciendas… Con el tiempo, el reloj terminó en una finca llamada El Trompillo…
Y aquí es donde aparece el segundo protagonista de nuestra historia… Juan Vicente Gómez.
Gómez fue uno de los personajes más poderosos de la historia venezolana. Llegó al poder en 1908 y gobernó el país, directamente o a través de presidentes subordinados, hasta su muerte en 1935… Durante aquellos veintisiete años acumuló una fortuna enorme, con haciendas, tierras y propiedades repartidas por buena parte del país…
Entre ellas estaba El Trompillo, una finca vinculada también a su amigo Antonio Pimentel.
El reloj terminó formando parte de aquella propiedad y de hecho, todavía conserva una placa en la que puede leerse:.. “HACIENDA EL TROMPILLO. GENERAL J. V. GÓMEZ.”
Hasta aquí, todo bastante normal… Un reloj europeo del siglo XIX, una hacienda venezolana y un dictador que lo utilizaba para controlar el paso del tiempo… El problema llegó cuando Gómez empezó a hacerse viejo…
En 1935, con 78 años, su salud se deterioró considerablemente. Padecía diabetes y otras enfermedades, y sabía que el final estaba cerca…
Y según una tradición que todavía se cuenta en Güigüe, durante sus últimos meses de vida el general se acercó al reloj de El Trompillo y pronunció una maldición… Quería que el mecanismo dejase de funcionar cuando él muriese… Y que cualquiera que intentase repararlo sufriese las consecuencias. ![]()
El 17 de diciembre de 1935, a las 11:45 de la noche, Juan Vicente Gómez murió en su residencia de Maracay.
La fecha de su fallecimiento está documentada y distintas crónicas sitúan la hora a las 11:45 de la noche… Lo que no está documentado es que, en aquel mismo instante, a varios kilómetros de distancia, el reloj de El Trompillo se detuviese marcando exactamente esa hora… Si la historia hubiese terminado ahí, probablemente hoy no estaríamos hablando de ella.
Porque un reloj que deja de funcionar el mismo día que muere su propietario puede ser una coincidencia bastante llamativa… Pero al fin y al cabo, los relojes se estropean… El problema es lo que, según cuentan, comenzó a suceder cuando intentaron ponerlo nuevamente en marcha.
Tras la muerte de Gómez, el reloj terminó siendo trasladado al centro de Güigüe, donde quedó instalado en la plaza Ávila. Allí permaneció durante décadas, hasta que fue trasladado nuevamente a las inmediaciones de la iglesia de Nuestra Señora del Rosario, donde puede verse hoy.
El primer relojero, cuyo nombre no aparece en las versiones que he localizado, consiguió que el mecanismo volviese a funcionar. Todo parecía solucionado… Pero apenas unos días después, el hombre apareció muerto en su domicilio… Y el reloj volvió a detenerse…
Según la tradición, las agujas quedaron marcando la hora exacta de su fallecimiento… No sé vosotros, pero yo, de haber vivido en Güigüe por aquellas fechas, probablemente habría empezado a plantearme si no era mejor dejar el reloj como estaba. ![]()
Aunque, evidentemente, alguien tenía que volver a intentarlo… Y aquí aparece el primer nombre propio de nuestra historia: Salvatore Consoli.
Según los relatos publicados, Consoli era un relojero italiano que llegó a Güigüe alrededor de 1940… El hombre examinó el mecanismo, encontró la avería y consiguió ponerlo nuevamente en funcionamiento… Su trabajo debió de impresionar bastante a las autoridades locales porque, según la leyenda, decidieron contratarlo como responsable de su mantenimiento…
Durante un tiempo, el reloj funcionó perfectamente… Pero Europa estaba en guerra y Consoli decidió regresar a Italia para reunirse con su familia… Y aquí empieza la parte realmente extraña del relato…
Según cuentan, poco después de regresar a su país, una bomba cayó sobre el lugar donde se encontraba alojado y el relojero murió durante el bombardeo… ¿Y qué pasó en Güigüe? Pues sí… a miles de kilómetros, el reloj volvió a detenerse. ¿A qué hora? Pues, naturalmente, a la misma a la que había muerto Salvatore…
Ya tenemos dos relojeros muertos y un reloj que parece tener bastante mala leche. ![]()
Pero todavía quedaban voluntarios… El siguiente fue Andrés Mijares, conocido por sus vecinos como Chipia… Mijares había sido amigo de Salvatore y, según la historia, había aprendido bastante sobre el mecanismo mientras lo ayudaba con sus reparaciones. El insensato después de conocer la muerte del italiano decidió poner nuevamente en marcha el reloj… Al parecer, quería hacerlo también como una especie de homenaje a su amigo… Y lo consiguió.
El mecanismo volvió a funcionar… Pero esta vez no duró demasiado… Apenas veinticuatro horas después, el reloj se detuvo nuevamente y, según la leyenda, lo hizo a la misma hora en que Andrés Mijares fallecía de manera inesperada.
Tres intentos. Tres hombres muertos… A estas alturas, parece comprensible que empezasen a escasear los candidatos para repararlo. ![]()
De hecho, según algunas versiones, durante décadas nadie quiso volver a intentar reparar su mecanismo… El reloj permaneció allí, convertido en un monumento que había dejado de cumplir la función para la que había sido construido… Hasta que apareció Juan Lorenzo Márquez, un maestro de la localidad.
Lorenzo era un vecino de la zona que, al parecer, no creía demasiado en maldiciones ni en historias sobrenaturales… Decidió examinar el mecanismo y consiguió algo que llevaba décadas sin suceder: el reloj volvió a dar la hora… Y no durante un par de días.
Según cuentan, funcionó durante varias semanas… Todo parecía indicar que, después de tantos años, alguien había conseguido acabar con aquella absurda superstición. Hasta que una tarde el reloj volvió a detenerse. Las agujas quedaron inmóviles a las 3:01… Y para sorpresa de nadie, poco después llegó la noticia de que Juan Lorenzo había muerto en Valencia, una ciudad cercana a Güigüe… ¿Y a qué hora había muerto? Pues sí, a las 3:01.
Pero todavía nos falta un relojero… Y este tiene una particularidad: su historia termina nada menos que en Madrid.
Pegamos un salto hasta 2013… Según un relato que comenzó a circular por diferentes publicaciones venezolanas, aquel año llegó a Güigüe un relojero suizo de 47 años llamado Crónidas Piaget… Piaget llevaba algún tiempo viviendo en Venezuela y había escuchado las historias que rodeaban al famoso reloj… Pero, a diferencia de quienes lo habían precedido, no estaba interesado únicamente en repararlo: Quería descubrir por qué habían muerto aquellos hombres… Y tenía una teoría.
¿Y si el mecanismo contenía alguna sustancia tóxica que provocaba el envenenamiento de quienes lo manipulaban? ![]()
A ver… la hipótesis no era disparatada… Como ya sabemos a lo largo de la historia de la relojería se han utilizado sustancias bastante peligrosas, desde determinados compuestos de mercurio hasta pinturas luminiscentes radiactivas…así que Piaget decidió que tenía que desmontar el mecanismo y analizar sus componentes…
Visitó el reloj varias veces y se preparó para solicitar los permisos necesarios… Sin embargo, justo antes de hacerlo recibió una noticia desde Suiza… La madre de sus hijos estaba gravemente enferma… El relojero decidió regresar inmediatamente a Europa y aplazar la investigación… Pero nunca llegó a su destino.
Por algún motivo que los relatos no aclaran, Piaget decidió hacer una escala de varios días en Madrid… Y allí, en un hotel de nuestra capital, fue encontrado muerto… Según la historia, los médicos forenses no consiguieron determinar con seguridad la causa del fallecimiento. Pero sí pudieron establecer aproximadamente la hora… Las tres de la tarde… Prácticamente la misma hora que llevaba años marcando una de las esferas del reloj de Güigüe: Las 3:01.
Y hasta aquí la leyenda… Que reconozco que tiene su gracia, pero claro, después de leer todo esto empecé a preguntarme cuánto había de verdad en aquellas muertes… Así que me puse a buscar información sobre los relojeros.
Lo primero que me llamó la atención fue que prácticamente todas las versiones repetían los mismos nombres y acontecimientos:
Salvatore Consoli.
Andrés Mijares.
Juan Lorenzo.
Crónidas Piaget.
Y entonces encontré algo que no esperaba… Tres de aquellos nombres aparecían en un documento oficial… El Catálogo del Patrimonio Cultural Venezolano, elaborado por el Instituto del Patrimonio Cultural entre 2004 y 2008, identifica como operarios del reloj a Juan Lorenzo Márquez, Salvador Cónsoli y Andrés Mijares, al que también llama Chipia.
Es decir, que sus nombres no aparecen únicamente en los relatos de la maldición… También figuran en un catálogo oficial dedicado al patrimonio de Güigüe.
El problema es que el catálogo no explica de dónde procede esa información. No sabemos si utilizaron documentos históricos o si simplemente recogieron lo que contaban los vecinos.
Y en cuanto a las muertes, nada… Ni certificados de defunción, ni noticias de la época, ni un solo documento que me permita confirmar cómo fallecieron aquellos hombres.
Puede que aquellos hombres trabajasen realmente en el reloj y que, con el paso del tiempo, sus muertes acabasen relacionándose con él… Pero no he encontrado nada que me permita comprobarlo…
Y lo de Crónidas Piaget es todavía más extraño…Estamos hablando de un tipo suizo que supuestamente apareció muerto en un hotel de Madrid en 2013… Anteayer como quien dice… Una muerte inexplicable, con intervención de médicos forenses y posterior traslado del cuerpo a Suiza… Pues bien… He buscado su nombre de diferentes formas y no he conseguido encontrar una sola noticia española independiente sobre su fallecimiento…
Tampoco he localizado documentación profesional verificable sobre el supuesto relojero… Ni una referencia funeraria que confirme su entierro en Weggis, la localidad suiza donde, según los relatos, habría sido sepultado… Nada.
Y todavía hay algo que me llamó más la atención… Muchas publicaciones atribuyen el origen de la historia a una antigua crónica del periódico venezolano Notitarde… El problema es que no he conseguido localizar aquel artículo original… Ni comprobar cuándo se publicó.
Lo que sí he encontrado son versiones de la leyenda que ya circulaban en 2010 y en las que aparecían los primeros relojeros, pero todavía no se mencionaba a Crónidas Piaget… Su historia comenzó a aparecer en relatos posteriores, que aseguran que visitó Güigüe en 2013… Así que puede que alguien fuese incorporando nuevos episodios a una leyenda mucho más antigua… Pero sin encontrar la crónica original, no podemos saber exactamente cómo ocurrió.
Y encontré otra contradicción bastante curiosa… El catálogo oficial del patrimonio de Güigüe sitúa el traslado del reloj desde la hacienda El Trompillo hasta la plaza Ávila en 1946.
Sin embargo, algunos relatos aseguran que Salvatore Consoli ya lo estaba reparando allí, contratado por las autoridades municipales, en 1940.
Las fechas no encajan… Aunque eso no significa que Consoli no existiese o que no pudiera haber intervenido antes en el reloj, cuando todavía estaba en la hacienda.
Y cuando ya estaba a punto de dar la investigación por perdida, encontré un artículo publicado el 27 de septiembre de 2026 en el periódico venezolano Ciudad Valencia…
El periodista Diego Trejo había recogido el testimonio de Francisco Ramón Sánchez, antiguo alcalde del municipio Carlos Arvelo… Y Sánchez recordaba perfectamente una intervención realizada durante su mandato, entre 1990 y 1992.
Cuando llegó a la alcaldía, el reloj estaba estropeado y necesitaba mantenimiento… Un jardinero municipal llamado Vidal Parra se ofreció a limpiarlo por dentro y decidió meterse en aquella estructura que, según la tradición popular, llevaba décadas provocando desgracias.
Pues bien… Cuando comenzó a trabajar descubrió que no estaba solo. En el interior del reloj había un enorme panal de avispas conocidas en la región como matacaballos… Y los insectos, que no debieron de agradecer demasiado la visita, lo atacaron… El pobre hombre terminó con la cara completamente inflamada y necesitó tres días de reposo médico.
Pero sobrevivió… Y cuando se recuperó, volvió para terminar la limpieza ![]()
Muchos años después, entre 2013 y 2017, una de las esferas sufrió importantes daños cuando una mujer lanzó una piedra contra el cristal. El propio Sánchez, que ya no era alcalde, decidió organizar su reparación junto a varios vecinos… Desmontaron las agujas, retiraron los restos de cristal, reconstruyeron la numeración romana y encargaron una nueva protección.
Uno de los participantes, el pintor Eren Rodríguez, se ocupó de reproducir los números respetando incluso el clásico IIII que utilizan muchos relojes en lugar de IV… Y todos aquellos hombres siguieron con sus vidas.
Según la investigación publicada en septiembre de 2026, solamente uno de los participantes, Tomás Retaco, había fallecido posteriormente por problemas de salud… El resto seguía vivo. Incluso Vidal Parra, el jardinero de las avispas, continuaba viviendo en Güigüe y desplazándose habitualmente en bicicleta por sus calles…
Y hay un último detalle bastante divertido… Resulta que algunos vecinos aseguraban haber visto luces misteriosas dentro del reloj…
Pues bien, durante la instalación del nuevo cristal, que había permanecido guardado unos cuatro años y que finalmente se colocó durante la alcaldía de Ángel Bilbao, entre 2021 y 2025, descubrieron que la estructura tenía un antiguo sistema de iluminación eléctrica…
Le colocaron una bombilla nueva y aquello volvió a encenderse. Misterio resuelto. ![]()
Eso sí, hay una diferencia importante… Aquellos hombres limpiaron el reloj y repararon sus esferas, pero no he encontrado ninguna prueba de que consiguieran poner nuevamente en marcha su mecanismo… Así que tampoco podemos utilizar estas intervenciones para demostrar que las historias de los antiguos relojeros sean falsas…
Lo que ocurre es que, después de investigar todo esto, seguimos sin tener una sola prueba documental que confirme aquellas supuestas muertes. Así que no puedo deciros que haya descubierto un reloj maldito… Lo que sí he descubierto es cómo un viejo reloj monumental terminó rodeado de una historia que ha conseguido sobrevivir durante generaciones.
Y me sigue quedando una pregunta… ¿Quién fue el primero que empezó a contar que los relojeros morían después de repararlo y por qué?
Si alguno de nuestros compañeros venezolanos conoce el reloj, ha estado en Güigüe o tiene acceso a información histórica de la zona, me encantaría conocer su versión… Porque una cosa tengo clara después de investigar esta historia… Si alguna vez paso por Güigüe y veo que el reloj no funciona, creo que voy a resistir la tentación de ponerlo en hora. ![]()
























