Tengo bastantes relojes, pero pocos con historia por sí mismos, pero haciendo memoria, y con la ayuda de una prima mía, he resucitado un triste recuerdo de infancia.
Este precioso Omega es herencia de mi tío Pedro, un personaje barcelonés, primo de mi madre, mítico para mí, que en la terraza posterior de su piso principal del Eixample tenía un Sidecar Zundapp tropicalizado, con afuste de ametralladora y casco en el filtro de aire, creo, como si fuera una auténtica motocicleta del Afrika Korps, que igual lo era.
Pero su mito se afianzaba más en su casa de Cadaqués, en la Riba Pitxot, justo antes de los arcos. El Cadaqués del final de los 60 y principios de los 70 era un lugar extraordinario, lleno de hippies con dinero y Dalí al mando del cotarro. Al principio de estar por aquí expliqué algunas anécdotas de ese Cadaqués.
Este reloj es el que llevaba siempre el tío Pedro. Incluso (y eso es lo que he confirmado con mi prima) en un día aciago de julio, creo que en 1971 o 72, cuando nos llevaba a Figueres desde Cadaqués, para coger el tren a Barcelona. En una larga recta cerca de Figueres, una moto conducida por un joven nos adelantó de forma incorrecta, con la mala pata de que se estrelló contra una moto que iba de frente, ocupada por un señor mayor y su hija veinteañera. Recordad que en aquel tiempo no se usaban cascos. Ambos saltaron con el impacto y el padre se reventó la cabeza detrás de nuestro coche, y la hija cayó delante, siendo arrollada. Los dos murieron casi en el acto. Tengo un difuso recuerdo de haber visto a la chica sangrando por una pierna destrozada, pero me retiraron inmediatamente del lugar. Un trauma de infancia que quedó en el inconsciente, aunque todavía puedo rememorarlo.
Pero cuando veo el reloj del tío Pedro, su Omega de oro (todas sus cosas eran buenas) no recuerdo ese asunto desdichado, sino todas las joyas de su casa, las armas, las lanzas, los libros, la tortuga, el tablero gigante que colgaba del techo y que por un lado era un tren y por el otro lado un scalextric, las largas veladas jugando al mah-jong y sobre todo, los días en Cadaqués, con su barca y el Es Cucuruc al fondo. Qué mayor me parecía cuando murió de un infarto a los 62 años, y de qué manera diferente se percibe su figura ahora.


