Red Bull pagará 10 dólares a los consumidores por engaño: no les salieron alas
¿Red Bull te da alas? Así lo promete el anuncio. Pero es solo un eslogan y nadie pensaría que realmente te pueden salir un par de apéndices con plumas en la espalda para volar tras dar un trago a la bebida energética. ¿O sí?
Una demanda colectiva de varios estadounidenses ha logrado que la compañía acepte indemnizar a cada consumidor de Red Bull que se haya sentido decepcionado por la marca entre el 1 de enero de 2002 y el 3 de octubre de 2014. Esto es, a cualquiera que crea que Red Bull ha incumplido su promesa y que no sólo no da alas, si no que, según la demanda, tampoco aumenta el desempeño físico o mental. Vamos, que no es más efectivo que la dosis media de cafeína de una taza de café.
Sería, por tanto, “publicidad engañosa” que induce al error al consumidor, como lo tacha la demanda, lo que pasará factura a la firma: la indemnización será de diez dólares en efectivo a los clientes decepcionados o un cupón de 15 dólares intercambiable por productos de la marca. No será necesario presentar el ticket de compra ni ningún tipo de prueba sobre su consumo, suponiendo un coste para Red Bull de unos 13 millones de dólares.
El acuerdo aún debe ser aprobado por un tribunal neoyorquino, por lo que aún no se conocen más detalles sobre las condiciones para reclamar. No obstante, los expertos esperan que sea aprobado, toda vez que Red Bull ha dado su conformidad para evitar el coste y las distracciones que generarían futuros litigios. Intenta evitar un coste negativo para la enseña y defiende que en todo momento la comercialización de la famosa bebida ha sido “siempre veraz y exacta”.
Hablando de justicia americana: extracto de la columna publicada por Elvira Lindo en EL PAIS del 11-1-2006::eek::eek::eek::eek::D:D:D
***“Una asociación americana de abogados premia los casos más extravagantes que se han ganado en el año. El ganador de 2005 no decepciona: se premió a un abogado que defendía a un tipo que había comprado una caravana con navegador por satélite incluido. El cliente, un zoquete integral, entendió que una vez que le metía al navegador la información del destino al que quería llegar, el navegador navegaba solo. Zoquete escribió en la pantallita, Indianapolis, y se fue a echar un pitillo a la parte trasera dejando al supuesto piloto automático hacer su trabajo y pensando, ¡esto es vida! En la primera curva la caravana se empotró contra un árbol. Natural. El abogado de Zoquete apelando a que en las instrucciones del navegador no se especificaba si el aparato navegaba solo o con ayuda de otros, consiguió una indemnización para su cliente, que sigue siendo un zoquete, pero henchido de orgullo y millonario.”