20 años entre relojes, de un Seiko 5 a volver a empezar

Hay veces que abro la caja de relojes y me doy cuenta de que lo que veo no son solo relojes. Veo etapas de mi vida, recuerdos, decisiones acertadas y equivocadas, momentos de ilusión y también de despedidas. Al final, creo que eso es lo que más me gusta de esta afición: que detrás de cada pieza siempre hay una historia.

En mi caso, la afición por los relojes no nació de la nada. La heredé de mi padre, que en paz descanse. Desde pequeño recuerdo fijarme en sus relojes, escucharlo hablar de ellos y sentir esa curiosidad que, con los años, acabaría convirtiéndose en una pasión. Como casi todos, empecé con los relojes que estaban al alcance de cualquiera: Casio, Lotus, Festina… relojes sencillos que acompañaron una etapa de descubrimiento y que, sin saberlo, me fueron abriendo la puerta a algo mucho más grande.

Mi padre fue, sin duda, quien más me marcó en este aspecto. Siempre fue un gran aficionado a los relojes, aunque, como ocurre en tantas familias, las responsabilidades estaban por delante de cualquier capricho. Con un trabajo normal y corriente y una familia que sacar adelante, su afición siempre tuvo que adaptarse a unas posibilidades económicas ajustadas. Aun así, nunca perdió el interés por los relojes ni la capacidad de disfrutar de ellos.

Con apenas 19 años llegó mi primer automático. Un modesto Seiko 5 con calibre 7S26 por 25 euros que vi en un Cash Converters y que mi novia, hoy mi mujer, me regaló. Hoy puede parecer una cantidad insignificante, pero para mí representó muchísimo más que una compra. Fue el reloj que me hizo descubrir la magia de una máquina latiendo en la muñeca sin necesidad de pilas, el que me enseñó que un reloj podía tener alma. Quizá por eso, después de tantos años y de tantas idas y venidas, sigue conmigo.

A partir de ahí llegaron años de entusiasmo, aprendizaje y también de cierta ambición relojera. Leí todo lo que cayó en mis manos, pasé horas en foros y aprendí sobre calibres, marcas e historia. Poco a poco fui alcanzando piezas que me parecían inalcanzables. Rolex, Omega, TAG Heuer, Breitling, Franck Muller, IWC, Oris, Longines… relojes que en algún momento fueron objetivos, sueños cumplidos y compañeros de viaje.

Pero la vida, como las colecciones, cambia constantemente. Llegó una etapa en la que tuve que priorizar otros proyectos y otros objetivos, además de afrontar problemas serios de salud. Poco a poco fueron saliendo todos aquellos relojes que tanto había deseado. Recuerdo algunas ventas con satisfacción y otras con mucha tristeza. Al final me quedé con tres piezas: aquel Seiko 5 de los 25 euros, un Orient 3 Stars que también me regaló mi mujer y un Radiant automático que había pertenecido a mi abuelo. Curiosamente, cuando desapareció todo lo demás, permanecieron los relojes que más historia tenían para mí.

Pasó el tiempo y, con el cumplimiento de aquellos objetivos y proyectos, la afición volvió a llamar a la puerta. Regresé con ganas renovadas y sin la necesidad de perseguir grandes nombres. Durante un par de años me sumergí en el mundo de las marcas chinas y de AliExpress. Compré mucho, probé mucho y aprendí mucho.

La relación calidad-precio era impresionante y empecé a comprar modelos de todo tipo. Homenajes, divers, cronógrafos, relojes de vestir… Llegué a acumular una cantidad indecente de piezas.

Durante una temporada disfruté mucho esa etapa. Poder probar diseños, tamaños y estilos distintos por muy poco dinero tenía su atractivo. Fue una etapa divertida, una especie de laboratorio relojero personal donde descubrí qué me gustaba realmente y qué no.

Pero con el tiempo empecé a notar algo.

Me di cuenta de que estaba acumulando muchos relojes, pero no emociones. Tenía muchísimas piezas, pero pocas me transmitían algo especial. Y ese fue probablemente el momento más importante de mi trayectoria como aficionado. Entendí que mi objetivo ya no era tener más, sino tener mejor. No necesariamente más caro ni más exclusivo, sino más significativo.

Así que hace un año empecé de nuevo. Empezé a vender todos aquellos relojes, salvo dos, y decidí construir una colección con calma, sin prisas y dentro de mis posibilidades. Una colección formada por piezas que realmente me apeteciera ponerme y disfrutar. El primero en llegar fue un reloj que había echado mucho de menos: un Hamilton Khaki Field Automatic de 38 mm.

Hoy me atraen especialmente las pequeñas marcas con personalidad, las que todavía transmiten la sensación de que detrás hay personas y no únicamente departamentos de marketing. Sérica, Baltic, Nivada Grenchen, Crepas, Benjamin James, Monbrey y otras propuestas similares representan muy bien lo que busco actualmente en esta afición.

Con los años también he dejado de sentir cualquier necesidad de aprobación a través de la marca que llevo en la muñeca. Aprendí que un reloj puede ser una obra extraordinaria de ingeniería, diseño y artesanía, pero no eleva el estatus de quien lo lleva. De poco sirve llevar un reloj de lujo si detrás no existe una situación económica sólida o unas prioridades bien ordenadas.

Sigo admirando profundamente muchas de las grandes marcas de la relojería. Sus productos son extraordinarios y forman parte de la historia de esta afición. Sin embargo, también creo que el mercado atraviesa una etapa difícil de justificar. Los precios han subido de forma constante durante años hasta alcanzar cifras que, en muchos casos, poco tienen que ver con el producto en sí. A eso hay que añadir unos costes de mantenimiento que en determinadas marcas superan con facilidad los 800 o incluso los 1.000 euros por una revisión periódica.

Quizá algún día vuelva a tener un reloj de lujo. No lo descarto en absoluto. Pero si ocurre, será porque realmente me apetece y porque encaja en mi momento vital, no porque sienta la necesidad de demostrar nada a nadie. Mientras tanto, soy plenamente feliz recorriendo el camino en el que me encuentro hoy.

Y sin embargo, después de tantos años, de tantos relojes que han entrado y salido, de marcas prestigiosas y de marcas desconocidas, sigo pensando que el reloj más importante de mi colección es aquel humilde Seiko 5 que me regaló mi hoy mujer con 19 años por 25 euros.

Porque con el tiempo he comprendido que el valor de una colección no lo determina el precio de sus piezas, sino las historias que hay detrás de ellas. Y la mía, para bien o para mal, empezó con aquel pequeño Seiko que todavía sigue marcando el paso del tiempo conmigo.

Aquí os dejo ese Seiko 5:

PD: Disculpad el plomazo.

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De plomazo nada en absoluto.

Un auténtico placer leerte @Kaiser87 y más aún al sentirme identificado plenamente contigo.

Nunca he tenido piezas de gran valor económico. Las valoro y doy su importancia, pero por diversos motivos, sobre todo el económico, no las he tenido. Ahora bien, sin duda he buscado que las piezas que tengo me evoquen o transmitan algo mucho más allá de dicho valor económico y por esa senda intentaré seguir.

Muchas gracias por el hilo @Kaiser87

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Suscribo tú razonamiento, bonita historia , no puedo estar más de acuerdo sobre todo con el final, chapó.

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Se ve que es una reflexión serena y venida de la experiencia. Creo que es extrapolable a otros ámbitos de la vida y ese bonito Seiko 5 es la prueba material de que lo más importante no es lo económico.

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Increíble reflexión, gracias por compartirla.

Y precioso ese Seiko, parece a estrenar y eso que ya lo compraste de segunda mano ¡Que 25 euros más bien gastados!

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Me ha encantado leerte. Creo que reflejas la trayectoria de muchos compañeros,incluido yo.

Al igual que tú ,yo guardo mi primer reloj “bueno” como si fuera el mejor rolex. Un humilde Casio anadigi de 198ytantos…

Te dejo foto y de nuevo te felicito por el hilo.

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Hola

Un gran placer leerte y compartir muchos puntos de vista, que gusto da leer algo cuando sabes exactamente qué se está intentando transmitir.

Muchisimas gracias y un saludo

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Jo, gracias por tú comentario. Me alegro que te haya gustado, y sentido identificado.

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Me ha encantado tu reflexión / historia @Kaiser87

Soy otro “acumulador de relojes” y coincido 100% contigo, tengo muy claro cuales serían las 3, 4 o 5 piezas que se quedarían conmigo, y que el Seiko Sea Lion de mi padre será el primero

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Preciosa historia, al final lo que perdura son nuestros intangibles

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Bonita historia, esto va de eso, de sentimientos, y a veces…, de relojes.
Un saludo Compi.

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Muchas gracias por tus palabras.

Creo que esa es precisamente una de las grandezas de esta afición: el valor de una pieza no siempre guarda relación con su precio. A menudo, los relojes que más significan para nosotros son aquellos que nos recuerdan una etapa, una persona o un momento especial, independientemente de su cotización.

Me alegra especialmente que te hayas sentido identificado con la reflexión, porque era justo esa idea la que quería transmitir. Al final, cada colección cuenta una historia única, y eso es mucho más valioso que cualquier cifra.

Un abrazo y gracias.

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Muchas gracias por tus palabras.

Me alegra que te haya gustado la historia y, sobre todo, que compartas esa forma de entender la afición. Al final, más allá de referencias, marcas o precios, lo que realmente permanece es lo que cada pieza significa para quien la lleva.

Un placer leerte y gracias por pasarte a comentar.

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Muchas gracias por tu comentario.

Creo que has dado en el clavo al decir que esta reflexión es extrapolable a muchos otros ámbitos de la vida. Con el tiempo, uno acaba comprendiendo que el verdadero valor de las cosas rara vez coincide con su precio, sino con las experiencias, recuerdos y emociones que llevan asociados.

Y sí, ese humilde Seiko 5 es, para mí, el mejor ejemplo de ello. No destaca por su valor económico, pero sí por todo lo que representa y me recuerda cada vez que lo miro.

Un abrazo y gracias por compartir tu reflexión.

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Muchas gracias por tus palabras.

Y sí, visto con perspectiva, esos 25 € fueron de las mejores compras que he hecho. Lo mejor es que, además de seguir estando estupendo, con los años ha ganado aún más valor para mí.

¡Un abrazo!

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Muchas gracias por tus palabras.

Me alegra saber que te has sentido identificado. Creo que muchos hemos recorrido un camino parecido y, al final, esos primeros relojes terminan teniendo un valor especial que ninguna etiqueta puede igualar.

Y qué bonito ese Casio. Además de conservarlo en un estado estupendo, tiene ese encanto tan especial de los relojes de aquella época. Seguro que para ti vale mucho más que cualquier reloj de precio elevado.

Gracias por compartir la foto y por pasarte a comentar.

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Muchas gracias por tus palabras.

Me alegra especialmente saber que se ha entendido el mensaje que intentaba transmitir. Al final, compartir estas reflexiones tiene sentido precisamente cuando encuentran eco en compañeros que han vivido o sienten algo parecido.

Un placer leerte. ¡Muchas gracias por comentar y un cordial saludo!

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Muchas gracias por tus palabras.

Me alegra saber que te has sentido identificado. Creo que muchos somos más acumuladores que coleccionistas y, cuando toca pensar qué piezas se quedarían con nosotros, enseguida aparecen las que tienen una historia detrás.

Y ese Seiko Sea Lion de tu padre es el mejor ejemplo. Estoy seguro de que ocupa un lugar privilegiado por todo lo que representa, mucho más allá del propio reloj.

Un abrazo y gracias por comentar.

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Muchas gracias.

Creo que lo has resumido perfectamente en una sola frase. Al final, lo que realmente perdura no son los objetos en sí, sino los recuerdos, las experiencias y los vínculos que asociamos a ellos.

Un abrazo y gracias por comentar.

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Muchas gracias, compañero.

Estoy totalmente de acuerdo. Al final esto va, sobre todo, de sentimientos, recuerdos e historias; los relojes muchas veces son simplemente el vehículo que los mantiene vivos.

Un abrazo y un saludo.

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