Decid, relojeros doctos del ágora horaria,
¿qué arte es este que del tulipán brota
con nombre de holandesa micromarca
y color que en la Provenza fue fragancia?
Batavi se titula —¡oh son de patria brava!—,
mas trae por rostro la lavanda gala,
y en su color se cruzan, sin batalla,
los campos de Brihuega y los de Holanda.
¿Quién osó cultivar flor tan extraña,
mezcla de reloj y de poema?
¿Quién injertó la precisión flamenca
en tallos de perfume y de diadema?
Mas ved, que no fue azar ni ventolera:
el tiempo vino envuelto en cortesía.
Fue su esposa —oh dádiva sincera—
quien selló con amor la maquinaria.
Así se cumplen años con sentido:
cuando el reloj no compra, sino narra,
cuando el tic es caricia, y no latido,
y el GMT se ajusta a quien se abraza.
Llegó la pieza, y tú, noble forero,
sin vanidad, con pluma bien templada,
nos diste un tratado verdadero
de caja, esfera, lume y malla ajustada.
Nos mostraste el reloj con buen juicio,
con saber fino y pulso bien templado,
y al mencionarme en tal beneficio,
tu gesto fue atento y considerado.
Yo, que apenas mostréte la vereda
de esta firma que en Flandes tiene asiento,
reconozco en tu obra la noble idea
y en tu trato el respeto y buen aliento.
Así, con versos cierro este homenaje:
que el tiempo, en el Geograaf y en tu esfera,
siga andando no solo con coraje,
sino también con alma verdadera.
