El tema de las dimensiones se toca con frecuencia, con demasiada frecuencia. Pero ¿saben lo que implica? Nosotros vivimos en un universo definido por tres dimensiones físicas ortogonales (ejes X, Y, Z) y una dimensión temporal, según la física clásica. ¿De cuántas dimensiones es el universo de estas entidades? ¿Qué categorías tienen, son físicas, temporales o de algún otro tipo que no percibimos? ¿Qué ventajas o posibilidades les abre a estos seres extradimensionales el vivir en tal universo? ¿Qué limitaciones tienen a la hora de interactuar con un universo de menos dimensiones? Porque matemáticamente podemos trabajar y representar en un plano (dos dimensiones) prácticamente cualquier dimensión que se nos ocurra. También podemos deducir las ventajas que encontraremos en las diferentes dimensiones física, creo recordar que un espacio de ocho dimensiones es ideal para almacenar manzanas (las manzanas son esferas). Los matemáticos son tan cachondos como cualquiera de nosotros y esas pequeñas diversiones son como cuando jugamos con los amigos a lanzar dardos.
Los antiguos también tenían métodos sistematizados de investigación, desarrollados a partir de otros supuestos religiosos y filosóficos (esencialmente, ciencia empírica, lógica y deducción). Precisamente San Agustín de Hipona, en La Ciudad de Dios, glosa el conocimiento del mundo clásico en varios de sus libros, citando diversos autores romanos y sus obras. Era un conocimiento limitado, en no pocas ocasiones erróneo, pero en modo alguno eran los patanes que nos quieren hacer creer y muchas de sus hipótesis eran simplemente brillantes.
Un egipcio de hace 4000 años, dependiendo de su educación y capacidad individual, podría ver la estación espacial como algo divino o una creación humana incomprensible, especialmente por la falta de gravedad, aunque probablemente aceptaría el concepto de “caída”. A veces se nos olvida que nuestros antepasados eran capaces de un pensamiento tan sofisticado como el nuestro.
Julio Verne casi siempre se sustentaba en la ciencia contemporánea. La física es newtoniana a machamartillo, cualquier lector la puede reproducir con lápiz y papel sin mayor problema (está la broma del cálculo de los tres cuerpos que, “inadvertidamente”, Ardan cuela a Barbicane y Nicolls antes de llegar al punto de equilibrio entre la Tierra y la Luna). Lo único salvaje, el sistema elegido: un proyectil. Verne no se olvida de que la respiración elimina “algo” del aire y le pone remedio: detalle ya era conocido desde el siglo XVII (experimentos de Boyle y Mayow), la regeneración de aire química ya era más que conocida en la época de Verne (su química se usó con éxito en el Ictineo II en 1864, el libro de Verne es de 1865). La decepción más grande, que sólo experimentan ingravidez en el punto en que la fuerza de atracción entre la Tierra y la Luna se equilibran: Lewis Carrot tratará el tema en Silvia y Bruno (1889) cuando los personajes discutan las dificultades de tomar té en un gabinete en caída libre. Concluyen que no es posible, el preciado líquido no podrá ser transferido de la tetera a las tazas… salvo que alguien, desde el suelo, estire del gabinete y le imprima aceleración. Lo que forzará a tomar el té en el techo, en lugar del suelo. Cachondo. Lewis era un cachondo de primera fila.
Lo siento, soy verboso.
@trapazza Acabo de leer como dos tercios del libro. Está bien, pero mucho del material lo emplea también en Contacto. Hay muchos temas que ya se recogen en “Nueva visita a un Mundo Feliz” de Huxley y “La rebelión de los brujos” de Bergier y Pauwels.
@Huelva1 Has puesto el dedo en la llaga. También hay una falta significativa de nuevas fotos del monstruo del Lago Ness. Y de nuevos casos en el Triángulo de las Bermudas. ¿Os dáis cuenta de la cantidad de temas que han ido desapareciendo?