Hace unas semanas os enseñé el que quizás podría ser “la joya de la corona” de mi pequeña colección
Pero cada vez que pongo en marcha al protagonista de hoy veo que le disputa claramente el título, ya sea por su calidad constructiva, por el relojero que lo hizo, el joyero que lo vendió o simplemente porque es un reloj realmente escaso y muy difícil de encontrar.
Efectivamente, se trata de un reloj comercializado por Sam Hammond de Nueva York, que por su reputación fue apodado como “The Timekeeper of Wall Street”.
A mediados del s.XIX, Wall Street ya era un importante centro de finanzas, comercios, bancos y especuladores. “El tiempo era dinero” y la casa de transacciones y cambios funcionaba con el mismo frenesí que lo hace hoy en día. El precio del oro fluctuaba en cuestión de minutos y era extremadamente importante tener un control preciso del tiempo. En la memoria de todos siempre quedara el suceso del “Black Friday” acaecido en 1869.
Primero asociado con S.W. Benedict y después con su propio establecimiento y compañía, Samuel Hammond se dedicó durante décadas (estuvo activo desde 1836 hasta el mismo año de su fallecimiento en 1907) a la importación de relojes de alto nivel europeos, desde A.P. Walsh, Vacheron & Constantin, IWC y Lange.
Sam Hammond, que al parecer era un hombre muy respetable y con muy buena reputación, nunca quiso expandirse abriendo más locales. Su fama en la ciudad y concretamente en Wall Street fue tan notable que se le apodó como el “relojero de Wall Street”, como hemos citado anteriormente. Quizás esta no sea la traducción más adecuada para este epíteto, pero quien quisiera ajustar su reloj a la hora exacta se iba directamente a su tienda y muchas de las transacciones y cambios se realizaron bajo su hora ya que se consideraba como “el tiempo oficial” o la “hora exacta” del concurrido barrio financiero.
Pero con quien trabajó más Samuel Hammond fue con el relojero Irlandés A.P. Walsh. Al parecer mantuvieron una estrecha relación de amistad (se le atribuyen al primero varios viajes de negocios o visitas al Reino Unido). No hay mucha información al respecto de la figura de Walsh.
Arthur Paul Walsh nació en Irlanda en 1816. A la edad de 17 años se hizo aprendiz de relojero al cargo de T.F. Cooper en su taller de Londres. Al parecer, el joven Walsh recibió en 1838 un galardón por su trabajo sobre “remontoirs” por parte de la “Royal Society of Arts”. Walsh empezó a desarrollar sus propios relojes, pero se especializó en la fabricación y manufacturización propia de espirales y escapes para cronómetros marinos. Su gran habilidad le proporcionó trabajar montando sus propias espirales en cronómetros marinos fabricados por el gran Charles Frodman y sus descendientes. Sus propios relojes fueron exhibidos en la Exposición Internacional de Londres de 1862. Por sus magníficos trabajos fue apodado como “El príncipe de los cronómetros”.
Es este caso, mi reloj no es propiamente un cronómetro ya que no lleva el escape de retén, pero si tiene las características para ser un reloj con certificación “cronómetro” si se ajustaba para tal fin. Pensad que este término “cronometer” solo se utilizaba para relojes con este tipo de escape (de retención) aunque con el tiempo fue evolucionando hasta lo que hoy conocemos como COSC. En la siguiente imagen podemos apreciar un trabajo de Walsh con escape de retén.
En nuestro protagonista , solo varía el escape que es de palanca con doble rodillo (un gran adelanto en la época circa 1870) y su volante es del tipo “free Sprung lever”, es decir, carece de regulador y solo se podía ajustar mediante los tornillos contrapesados. Como podéis ver la fuerza era transmitida por un caracol con cadena (sistema que aseguraba un perfecto isocronismo para este tipo de relojes).
Los relojes de Walsh compitieron en numerosos concursos de cronometría, ganando medallas y primeros premios.
Evidentemente la caja no es original al reloj, que debió ser de oro y malogradamente debió terminar fundida (ya me conformo con tener un reloj de Walsh en tan buenas condiciones). Eran relojes muy caros y se vendían por unos 500$ de la época (unos 11000 de ahora) pero ya os podéis imaginar que los clientes de Hammond en Wall Street no debían pasar apuros económicos…
En resumen, Arthur P. Walsh proporcionó a Hammond sus creaciones, que eran la materia prima para mantener esta peculiar idea de negocio, la de proporcionar relojes muy exclusivos y altamente precisos a potentados clientes. Su fama aún perdura a día de hoy en el centro financiero del mundo. Como ya he comentado no es nada fácil encontrar un reloj de AP Walsh. Los pocos que salen en las casas de subastas cada ciertos años, alcanzan precios desorbitados. Pero mi lo que me importa realmente es poder disfrutar de sus perfectos acabados y al escucharlo funcionar, hacer un sentido homenaje a una de las grandes figuras de la relojería inglesa de todos los tiempos y prácticamente desconocido para el público en general. Como siempre os dejo el artículo que redacté sobre el reloj. Espero que sea de vuestro agrado.








