Hola a todos, compañeros,
Me paso por aquí para compartir una reflexión que me viene rondando la cabeza. Con los 50 años asomando ya en el horizonte cercano, he notado un cambio de mentalidad profundo en mi relación con esta afición.
Tradicionalmente, parece que entrar en esa década es la excusa obligatoria para ir a por “El Reloj”: ese Rolex que parece que debes tener, ese Omega que supuestamente “cierra una etapa” o ese grial inalcanzable que debería definir tu éxito, tu trayectoria o tu madurez. Sin embargo, me está pasando algo curioso: mi interés por los relojes como símbolos aspiracionales ha desaparecido.
No necesito que un reloj me defina. Mi cambio no es que haya dejado de gustarme la relojería, sino que ya no busco un grial que me confirme o me dé identidad. He perdido el interés en esas piezas que se supone que “hay que tener” para ser un coleccionista serio o para demostrar cierto estatus al llegar a este punto de la vida, la satisfacción de lo que ya está en la caja. He llegado a un momento en el que abro mi caja y me siento plenamente satisfecho. Tengo piezas que me gustan por lo que son, no por lo que proyectan hacia los demás.
Paz mental: Me he liberado de la presión de las listas de espera, de la especulación y de la necesidad de alcanzar una meta impuesta por el marketing.
Discreción y disfrute real: Disfruto de lo que llevo en la muñeca por su mecánica, su diseño o su historia personal, sin esperar que el logo de la esfera cuente una historia sobre mí que yo ya conozco de sobra.
Ahora bien, que no sienta la necesidad de “confirmarme” con una pieza de lujo no significa que haya colgado los hábitos. No me cierro al amor, ni mucho menos. Jajaja. Sigo mirando en foros y sigo apreciando la buena relojería. La gran diferencia es que ahora, si aparece una pieza que me enamora de verdad, estaré en el mejor momento posible para tomar la decisión: desde la estabilidad absoluta. Sin ansias, sin vacíos que llenar y sin la urgencia de quien busca un trofeo. Si algo entra, será por puro flechazo y con la tranquilidad de quien ya no tiene nada que demostrarse a sí mismo.
¿A alguien más le ha pasado esto al ver cerca el cambio de década? ¿Es esta la verdadera madurez relojera o simplemente he aprendido a valorar lo que realmente importa en la muñeca?
Bienvenidos al lado zen y luminoso de la Fuerza ![]()