Muere Álvaro Bultó, aventurero y presentador de televisión, mientras practicaba windfly

Muere Álvaro Bultó, aventurero y presentador de televisión, mientras practicaba windfly…
El aventurero Álvaro Bultó ha fallecido en la mañana de este viernes por culpa de un accidente ocurrido en los Alpes suizos, tal como afirma La Vanguardia. Bultó, una cara muy reconocible en televisión, se encontraba haciendo windfly.

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El deportista tenía sólo 51 años. Hace un mes, ya tuvo un percance saltando con un traje con alas en Benidorm. Intentó sobrevolar el Gran Hotel Bali pasando a 30 metros del tejado, pero un giro imprevisto hizo que terminara sobre el tejado en vez de sobre la playa como había planeado.

Bultó era un personaje muy relacionado con la televisión. Este mismo año, fue uno de los que se atrevió a saltar del trampolín de Antena 3 en ‘Splash! Famosos al agua’, aunque no consiguió pasar de la primera fase del programa.

También ha colaborado con Discovery Max, cadena con la cual tuvo mucha relación en sus primeros meses en emisión. Fue la voz que acompañó a ‘Así nos va’, formato de relevancia en el canal.

Álvaro Bultó, presentador de ‘Frontera límite’ en La 2

Previamente, también otro concurso televisivo se interesó por él. Fue ‘¡Mira quién baila!’, concurso que en su etapa de La 1 presentaba Anne Igartiburu. Bultó estuvo presente en el programa en el año 2007.

También tuvo programas propios en la cadena pública. En La 2, presentó entre otros ‘Frontera límite’, donde buscaba “emociones deportivas”.

Su vida personal también estuvo en muchas portadas del corazón. Antes de que conociera a Iñaki Urdangarín, Álvaro Bultó mantuvo una relación con la infanta Cristina.

//youtu.be/tafgIqxks7c

Dep

Que fuerte pero como tantos hacia la vida que queria y que ademas podia,descanse en paz

Que le quiten lo bailao…

DEP

[video]http://www.antena3.com/videos-online/programas/millon/celia-consigue-10000-euros-ayuda-alvaro-bulto_2012022700084.html[/video]

//youtu.be/tafgIqxks7c

El wingflight es una práctica de altísimo riesgo. Sinceramente, me parece un poco triste que haya quien se juegue la vida en ruletas rusas.

Pérez Reverte lo describía muy bien hace 10 años.

31 de agosto de 2003

Arturo Pérez-Reverte: Giliaventureros

Me parece muy bien que un fulano, o fulana, practique deportes de riesgo: parapuenting, nautishoking, tontolculing y todo eso. Cada cual es cada cual, y hay quien no encuentra riesgo suficiente en conducir cada mañana camino del curro, con doscientos hijos de puta a ciento ochenta adelantándote por los carriles derecho e izquierdo. Sobre gustos, ya saben. Como he comentado alguna vez, veo de perlas que alguien ávido de vivir peligrosamente haga motocross por Afganistán, o se tire por las cataratas del alto Amazonas con una piedra de quinientos kilos atada al pescuezo. Me parece bien, ojo, siempre y cuando el osado deportista no vaya luego quejándose al ministerio de Exteriores cuando un pastor de cabras afgano y enamoradizo lo ponga mirando a Triana en las soledades del Paso Jyber, o las pirañ<acronym title=“Adolph Schild”>as</acronym> motilonas le roan un huevo. Como el propio complemento indica, son deportes de riesgo, y punto. Allá cada cual con lo que se juega. Lo que pasa es que incluso ahí hay clases. Categorí<acronym title=“Adolph Schild”>as</acronym>. No es lo mismo ser un aventurero de riesgo que un giliaventurero. Y no es giliaventurero el que quiere, sino el que puede.

Para que ustedes capten la diferencia, pongamos que un aventurero normal, español, de infantería, al que le gustan los deportes de riesgo, compra en Carrefour un barreño de plástico, se pone un casco de albañil de la obra y los manguitos de su hija Jessica, y se tira dentro del barreño por los rápidos de un río asturiano, por ejemplo, al día siguiente de que el ministro de Fomento haya afirmado rotundamente que los ríos asturianos son los menos contaminados, los más tranquilos y seguros de Europa. Eso es echarle adrenalina y cojones al deporte, y ahí no tengo nada que objetar. Al Filo de lo Imposible se hace con cosas menos arriesgadas. Además, lo del barreño está al alcance de cualquiera. Sale por cuatro duros. Basta ser un poquito imaginativo y una pizca gilipollas.

El otro, el aventurero de riesgo de elite, o sea, el giliaventurero a lo grande, es un ejemplar más exquisito. Tiene rasgos específicos propios, lejos del alcance de cualquier tiñalpa. El nivel Maribel de sus hazañ<acronym title=“Adolph Schild”>as</acronym>, por ejemplo, está muy por encima de la media del resto de los aventureros cutres. Un giliaventurero de pata negra nunca se despeina por menos de una travesía atlántica a bordo de un navío de línea de setenta y cuatro cañones construido por artesanos turroneros de Jijona con bejucos del Aljarafe, y tripulado por una dotación hermanada y multirracial –eso es lo más emotivo y lo más bonito– compuesta por un saharaui, un chino, un maorí y uno de Lepe. Y si nunca llega a atravesar nada porque una vez se le suelta el bejuco y otra se le amotina el chino, y tiene que salir doce o quince veces, pues mejor. Más fotos y más prensa. Además hay aventuras alternativas, como hacer slalom entre los icebergs de Groenlandia con moto acuática y sin otra escolta que una fragata de la Armada, o tirarse con parapente de kevlar ignífugo sobre Liberia –hermoso detalle solidario con esos pobres negros– para aterrizar en Puerto Portals, entre una nube de fotógrafos, casualmente el día de la regata patrocinada por la colonia Azur de Juanjo Puigcorbé número 5.

Pero la piedra de toque, la condición indispensable, el contraste de calidad por donde se muerde a este aventurero al primer vistazo, es ese aura, ese carisma mediático que deja, para toda la vida, tener o haber tenido algún parentesco, aunque sea lejano o accidental, con familias de la realeza europea: primo del heredero de Varsoniova, ex novio de la hija hippie del rey de Borduria, hermano del cuñado del rey de Ruritania. Detallitos, en fin, que permiten salir en la prensa rosa. Ayuda mucho ser de buena familia, con posibles, y que el patronímico –con los aventureros cutres se dice nombre a secas– sea, por ejemplo, Borja Francisco de los Santos; pero que desde niño la familia y los amigos te hayan llamado, y sigan haciéndolo aunque ya tengas cuarenta tacos, Cuquito, Cholo o Totín. Porque luego, cuando el Hola dedica cuatro páginas a tu última hazaña, para el titular queda estupendo eso de Totín Fernández del Ciruelo-Bordiú, estirpe de aventureros, declara: «Que Televisión Española, Iberia, Telefónica, el BBVA, La Caixa, Trasmediterránea, Repsol, la Once y la Doce me financien esta gesta no tiene nada que ver con que yo sea cuñado del rey Ottokar de Syldavia».

Me da una pela relativa… dedico su vida a jugarsela buscando el limite y lo encontro.

Dep

D.e.p.

Siempre he dicho q si Dios hubiese querido q volásemos nos hubiese puesto alas, pero como no es el caso jamás haría un salto así.
DEP

Certero. Cuanta razón.

:D:D

A mis hijos siempre les digo que antes de asumir un riesgo hay que considerar las posibles consecuencias y la probabilidad de que ocurran, y después de eso decidir si merece la pena.
Si a él la cuenta le salía positiva, nada que objetar. Solo que descansé en paz.

Pérez-Reverte acertaba de pleno, me acuerdo bien de ese artículo. He leído los comentarios de Jesús Calleja, del cual he visto muchos programas en situaciones de alto riesgo y no me lo imagino jugándosela así. Una cosa es el deporte extremo y otra jugar con tu vida. Él se la ha jugado y ha perdido, descanse en paz.

deporte extremo y jugarte la vida van siempre de la mano, y si no es así pues ya no es deporte extremo.

Descanse en Paz

Discrepo, compi. Yo creo que bucear en un cenote mexicano, ascender un ochomil o llegar al Polo Sur en trineo se pueden considerar deportes extremos pero que, si se llevan a cabo como debe ser, no tienes por qué jugarte la vida, imponderables aparte. Habría que deslindar lo que es deporte extremo de deporte arriesgado y deporte potencialmente suicida. Creo que el windfly entra dentro de esta última categoría, pero bueno, cada uno tiene su opinión. Si yo salgo a dar un paseo en bici sin casco y regreso a casa sin problemas, no pasa nada; si, por el contrario, tengo un patinazo, me caigo y me abro el cráneo, nadie dirá que practicaba un deporte extremo sino que he tenido mala suerte o he sido imprudente, como mucho. Yo creo que, literalmente, hacer windfly es jugarse la vida, directamente.

Muy ilustrativo el artículo que ha puesto Tortuga de Peréz-Reverte.
DEP

todos los deportes que has puesto siguen siendo deportes extremos. Bucear en un cenote por ejemplo es bastante peligroso, y tambien muere gente. que uno sea mas peligroso que otro, o que tenga mas nivel de riesgo, o que simplemente te gusta mas uno que otro no hace que deje de ser un deporte extremo y pase a llamarse de otra manera.

por lo que sea a un paracaidista normal y corriente le ocurre un percance en el aire y tambien se muere. Estas buceando en un cenote y por lo que sea te pierdes, te mueres. La única diferencia de uno y otro es el tipo de deporte y el médio en el que se practica, simplemente es eso.

Pues estoy de acuerdo con el artículo de Reverte que ha reproducido tortuga, también estoy de acuerdo con muchos de los comentarios que aquí se han escrito respecto de los llamados deportes de riesgo; no obstante pienso que cada cual es dueño de su vida y muy libre de disponer de ella como le plazca, y, he de decirlo, me produce cierta envidia, ha muerto haciendo lo que le gustaba, yo cualquier día puedo palmar realizando un trabajo que detesto.
DEP