Para redimirme por los errores anteriores, pongo mi otro cigalero… Otro Cauny, misma época y mismo calibre. El dial está bastante mal, pero siguiendo indicaciones que he leído por aquí, y también consejo de mi relojero, lo dejé estar. La caja fue pulida (buena falta le hacía) y plexi nuevo, y una limpieza. Y marcha muy bien!
Sí, estoy muy satisfecho del resultado, aunque el dial… Pero todo lo que leo, y mi propio relojero, me dicen que no toque el dial. Así que me aguanto, pero está muy descascado…
Para mí, un clásico tiene que ser de oro macizo: ni chapados, ni dorados, ni bañados, ni sucedáneos ¿Por qué? Pues porque la gente en esa época no concebía el lujo sin el oro. Hoy día nos conformamos (algunos se conforman) con el amarillo de los PVD, los chapados ajados, y poco más. Pero yo me pregunto: entre los mil millones de matices, saturaciones, variaciones, y coloraciones del amarillo, ¿por qué sólo existe una (para relojes y joyas) y es la que se asemeja al oro? ¿No será que se dice que no gusta (el oro) cuando -como en la fábula de la zorra y las uvas- no se alcanza?
Pues, entonces, dejémonos de sustitutivos y vayamos a la esencia. A mí el siguiente me costó, proporcionalmente, cuatro perras y estoy encantadísimo con él. Además, es genuino 100%, lo que incluye la corona firmada y el cristal grabado con el anagrama, interiormente. Y como premium traía el brazalete Fraga, una reliquia del pasado, la cual llevaba buscando varios años.
La llave para abrirlo sin dañar el oro la mandé yo hacer a un taller de mecanizado; casi estoy más orgulloso de mi diseño que del propio reloj y por eso sale en la foto.