Bueno… después de unas cuantas semanas hablando por aquí de relojes hechos de piedras, relojes desaparecidos, complicaciones absurdas y demás historias que voy encontrando cuando probablemente debería estar haciendo otras cosas… creo que ya iba siendo hora de presentaros alguno de los míos.
Y he decidido empezar precisamente por uno que tiene poco de discreto.
Un Rolex Deepsea D-Blue referencia 136660, de 2025.
Y antes de seguir tengo que reconocer una cosa: probablemente sea uno de los relojes más absurdamente sobredimensionados para el uso que voy a darle que tengo. Porque yo no buceo. Bueno… sí. En la piscina. ![]()
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Así que llevo en la muñeca un reloj preparado para bajar a 3.900 metros de profundidad cuando la posibilidad de que yo llegue siquiera a necesitar los últimos 3.899 metros de esa capacidad es bastante remota.
Pero precisamente ahí está parte de lo que me gusta de este reloj. Porque el Deepsea me parece una de esas ocasiones en las que Rolex, una marca que normalmente cambia las cosas con cuentagotas y parece que necesita reunir al consejo de administración para mover una inscripción dos milímetros, decidió venirse completamente arriba y fabricar un reloj para solucionar problemas que prácticamente ninguno de sus propietarios va a tener jamás.
Mide 44 mm, tiene unos 17,7 mm de grosor y desde luego no desaparece en la muñeca. Tampoco lo pretende, claro. Tiene un cristal de zafiro abombado de nada menos que 5,5 mm de espesor y alrededor de la esfera lleva escrito, por si todavía quedaba alguna duda sobre sus intenciones: ORIGINAL GAS ESCAPE VALVE - RING LOCK SYSTEM… Vamos… discreción suiza.![]()
Pero lo curioso es que toda esa exageración no está ahí simplemente para que parezca un reloj de buceo. Está ahí porque Rolex quería que realmente soportase una presión absolutamente demencial y para entender por qué acabaron fabricando semejante animal hay que retroceder bastante más de lo que yo pensaba cuando empecé a investigar sobre él antes de comprarlo.
Porque el Deepsea nació en 2008… Pero para entender de dónde sale hay que irse bastante más atrás. Hasta 1960.
El 23 de enero de aquel año, el oceanógrafo suizo Jacques Piccard y el teniente de la Marina estadounidense Don Walsh se metieron dentro del batiscafo Trieste y comenzaron a bajar hacia un lugar bastante poco recomendable para darse cuenta de que te has olvidado algo en casa: El Challenger Deep, en la Fosa de las Marianas… El punto más profundo conocido de los océanos.
El Trieste tardó varias horas en descender y terminó alcanzando los 10.916 metros. Casi once kilómetros debajo de la superficie. Para ponerlo un poco en perspectiva, si pudiéramos coger el Everest entero, darle la vuelta y meterlo allí dentro, todavía quedarían más de dos kilómetros de agua por encima de la cima. ![]()
Rolex decidió que aquello era un sitio estupendo para probar un reloj. Pero no dentro del batiscafo. Eso habría sido demasiado fácil
Fijado al exterior del Trieste iba un reloj experimental llamado Rolex Deep Sea Special. Fuera de la cabina presurizada, completamente expuesto a la presión del agua y con un cristal de plexiglás gigantesco cuya forma parece más la escotilla de un submarino que el cristal de un reloj.
Cuando el Trieste volvió a la superficie, el reloj seguía funcionando perfectamente. Jacques Piccard incluso mandó después un telegrama a Rolex contando que el reloj funcionaba igual de bien a 11.000 metros de profundidad que en la superficie.
Hay algo especialmente bonito en el Deep Sea Special porque aquello no era realmente un reloj pensado para que alguien fuese por ahí con él puesto. Medía más de tres centímetros y medio de grosor. Es decir… comparado con aquello, el Deepsea es un Octo Finissimo ![]()
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Pero había servido para demostrar algo. Un reloj mecánico podía sobrevivir a unas presiones que hasta entonces parecían completamente incompatibles con un reloj. Y Rolex se quedó con la idea.
El siguiente problema, curiosamente, no iba a aparecer a once mil metros. Iba a aparecer mucho más arriba. Y dentro del propio reloj.
Durante los años 60 comenzó a desarrollarse el llamado buceo de saturación. La idea, simplificando muchísimo, consiste en que los buzos profesionales puedan trabajar durante largos periodos a gran profundidad sin tener que realizar una descompresión completa después de cada inmersión. En lugar de eso viven durante días, incluso semanas, dentro de cámaras presurizadas y se descomprimen una sola vez al terminar toda la misión.
El sistema solucionaba el problema de los buzos, pero creó otro bastante curioso en sus relojes… porque los submarinistas respiran mezclas gaseosas que contienen helio y los átomos de helio son tan pequeños que pueden atravesar lentamente las juntas de una caja aparentemente hermética y terminar acumulándose dentro del reloj. Mientras la presión exterior sigue siendo alta no pasa nada. El problema llega durante la descompresión. La presión de la cámara empieza a disminuir pero el helio acumulado dentro del reloj no consigue salir con suficiente rapidez. De repente tienes más presión dentro del reloj que fuera. Y el resultado por lo que dicen puede ser tan espectacular que el cristal puede literalmente salir disparado y esa no creo que fuera exactamente la complicación que buscaban los propietarios ![]()
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Para solucionar aquello Rolex desarrolló una válvula automática que permite que el helio salga de la caja cuando la presión interna alcanza determinado nivel, sin permitir que entre agua en sentido contrario. Y así es como en 1967 aparece el Rolex Sea-Dweller ref. 1665, el llamado Sea-Dweller Submariner 2000: 610 metros de hermeticidad y, ya como rasgo definitorio de la nueva familia, la válvula automática de escape de helio.
Y aquí aparece otro nombre fundamental en la historia de este reloj. COMEX. La Compagnie Maritime d’Expertises, una empresa francesa especializada en ingeniería submarina, cámaras hiperbáricas y buceo profesional profundo.
En 1971 Rolex hizo oficial su colaboración con COMEX y sus submarinistas comenzaron a utilizar relojes Rolex en condiciones reales de trabajo.
Y cuando digo utilizarlos de verdad me refiero exactamente a eso. Los utilizaban señores que pasaban días viviendo en cámaras hiperbáricas y trabajando a cientos de metros bajo el agua. Los relojes servían además como banco de pruebas para Rolex. Aquellos buzos devolvían información sobre su comportamiento, la hermeticidad, la válvula de helio… Era básicamente un laboratorio lleno de submarinistas del que deriva mi reloj que, más de medio siglo después, sigue llevando aquella solución desarrollada para esos buzos con sus heriditas de batalla.
Esa pequeña pieza circular que veis en el lateral izquierdo de la caja es la válvula automática de escape de helio que jamás usaré. Porque si algún día esta válvula tiene que hacer su trabajo conmigo dentro significa que he acabado viviendo en una cámara hiperbárica respirando helio a cientos de metros de profundidad. Y llegado ese momento probablemente el reloj sea la menor de mis preocupaciones ![]()
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El Sea-Dweller continuó evolucionando y en 1978 prácticamente duplicó su resistencia al agua hasta alcanzar los 1.220 metros. Durante décadas aquello parecía más que suficiente. Hasta que alguien en Rolex debió hacerse una pregunta peligrosa: “¿Y si hacemos uno que aguante bastante más?”
En 2008 apareció el Deepsea. 44 mm, 3.900 metros de hermeticidad y una arquitectura completamente nueva para la caja llamada Ringlock System…… el antepasado directo del reloj que tengo ahora mismo. Porque pasar de los 1.220 metros del Sea-Dweller a 3.900 no consiste simplemente en hacer la caja un poco más gruesa. A esa profundidad tenemos unas 390 veces la presión atmosférica actuando sobre el reloj y únicamente sobre el cristal de zafiro se ejerce una fuerza equivalente aproximadamente a tres toneladas.
Y viendo el reloj de lado se empieza a entender bastante bien por qué tiene el aspecto que tiene. El Ringlock está pensado para que diferentes elementos de la caja trabajen conjuntamente frente a la presión. Arriba tenemos ese enorme cristal de zafiro de 5,5 mm. Debajo aparece la anilla interior de alta resistencia que soporta buena parte de la carga. Y cerrando el conjunto por detrás tenemos un fondo de titanio.
En él aparecen grabados ROLEX DEEPSEA, RLX TITANIUM y, por supuesto, 12.800 ft = 3.900 m. Por lo que dicen los señores de Rolex no se limitan a probar el reloj exactamente hasta la profundidad que anuncia. Durante las pruebas de hermeticidad el Deepsea tiene que soportar un margen adicional del 25 %. Es decir… el reloj garantizado para 3.900 metros se prueba a una presión equivalente aproximadamente a 4.875 metros. Para ello Rolex utiliza cámaras hiperbáricas desarrolladas junto a… sí. COMEX. Aquella empresa cuyos buzos ayudaron a desarrollar y probar los Sea-Dweller hace más de medio siglo sigue ligada técnicamente a las pruebas de sus descendientes.
Y la historia podía haberse quedado perfectamente ahí. En 1960 Rolex había llegado al fondo de las Marianas, después había creado el Sea-Dweller, llevaba décadas trabajando con COMEX y desde 2008 vendía un Deepsea capaz de bajar a 3.900 metros.
Entonces alguien decidió que había que volver al fondo.
Cameron llevaba años trabajando junto a un equipo de ingenieros y científicos en un sumergible experimental llamado DEEPSEA CHALLENGER. Una especie de torpedo vertical, de un verde bastante difícil de ignorar, diseñado específicamente para transportar a una sola persona hasta el Challenger Deep. El 26 de marzo de 2012 se metió dentro… Solo… Y empezó a bajar hasta alcanzar finalmente los 10.908 metros de profundidad.
Cincuenta y dos años después de Piccard y Walsh, un ser humano volvía hasta el punto más profundo del océano y Rolex decidió repetir exactamente lo que había hecho en 1960. Poner un reloj por fuera.
Para aquella expedición construyeron un reloj experimental llamado Rolex Deepsea Challenge, basado en el Ringlock del Deepsea de serie, pero todavía más animal. 51,4 mm de diámetro. 28,5 mm de grosor. Más de 14 mm de cristal de zafiro y preparado para soportar una profundidad de 12.000 metros… y como uno solo debía parecerles poco pusieron 3. Uno iba en el brazo manipulador hidráulico y otros dos en el casco.
Cuando Cameron subió los relojes habían pasado casi siete horas bajo el agua y seguían funcionando perfectamente. Además, dentro de la cabina viajaba otro pasajero bastante especial: el Deep Sea Special de la expedición del Trieste de 1960.
Dos años después, en 2014, Rolex decidió conmemorar la expedición de Cameron haciendo algo bastante poco habitual en sus relojes profesionales. Jugar de verdad con el color. Así apareció la esfera D-Blue.
La esfera empieza azul y se va haciendo cada vez más oscura hasta acabar prácticamente negra, reproduciendo lo que sucede con la luz según vas descendiendo.Y entonces aparece una palabra escrita en verde. DEEPSEA.
Ese verde tampoco está ahí simplemente porque alguien en Rolex pensase que quedaba bonito. Es un guiño al color verde del DEEPSEA CHALLENGER de Cameron.Yo reconozco que estas chorradas me pueden. Porque antes de conocer la historia ves una esfera azul degradada con unas letras verdes. Después sabes de dónde vienen… y ves otra cosa.
Mi reloj concretamente es un 136660 de 2025. La referencia 136660 apareció en 2022 sustituyendo a la anterior 126660 y Rolex hizo lo que suele hacer Rolex cuando presenta una nueva referencia… casi nada ![]()
Modificó una serie de detalles: aumentó el tamaño de la ventana de fecha, retocó el bisel y el perfil del cristal, eliminó la antigua extensión Fliplock y realizó otros pequeños cambios que convierten esta referencia en la tercera generación del Deepsea de acero. Y después, en 2024, hizo algo todavía más Rolex. Quitó dos palabras: SEA-DWELLER.
Las primeras 136660 todavía llevaban esa inscripción en la esfera. Las actuales, como esta unidad de 2025, ya no. Ahora aparece simplemente DEEPSEA.
Dentro lleva el calibre automático Rolex 3235, con unas 70 horas de reserva de marcha, escape Chronergy, espiral Parachrom y la certificación Superlative Chronometer de Rolex, con una precisión anunciada de -2/+2 segundos diarios después del encajado.
La corona utiliza el sistema Triplock de triple hermeticidad y el bisel es, naturalmente, unidireccional. El disco negro está fabricado en Cerachrom, la cerámica de Rolex, y los números y graduaciones se realizan mediante un depósito de platino. Todo muy pensado para soportar años de buceo profesional. En mi caso probablemente tendrá que soportar cosas todavía peores. Reuniones. Aeropuertos. Restaurantes. ![]()
Y luego tenemos el brazalete.
Algo bastante importante en un reloj de este tamaño porque, si no se asentase bien en la muñeca, probablemente acabarías llevándolo en una mochila. El Oyster es ancho y sólido, y el cierre Oysterlock incorpora el sistema Glidelock que permite modificar progresivamente la longitud del brazalete sin necesidad de utilizar herramientas.
En teoría está diseñado para poder adaptar el reloj cuando se lleva sobre un traje de buceo. En mi caso sirve fundamentalmente para cuando hace calor y la muñeca aumenta un poco de tamaño. Rolex pensando en un buzo de saturación y yo utilizándolo porque en agosto se me hincha la muñeca ![]()
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Y llegamos finalmente a… ¿Cómo carajo se lleva esto?
Pues bastante mejor de lo que uno podría pensar mirando solamente las cifras.
No voy a deciros la típica milonga de que “los 44 mm se sienten como 40”. Son 44 y los casi 18 mm de grosor también están ahí. No desaparece debajo del puño de una camisa. Pero el brazalete reparte bastante bien el peso, la caja se asienta razonablemente sobre la muñeca y, una vez bien ajustado, no tengo esa sensación de reloj cabezón moviéndose continuamente que sí he tenido con otros relojes en teoría más pequeños.
Eso sí. Es grande, es grueso, tiene peso y no puedes olvidar que lo llevas.
El Deepsea no intenta fingir que es un reloj elegante. Ni siquiera intenta parecer un Submariner ligeramente más grande. Es una bestia. Además, como podéis comprobar por las fotografías, este no vive precisamente dentro de una caja fuerte. El cierre tiene arañazos, el brazalete tiene marcas y la caja tampoco está impoluta… pero yo creo que para eso son los relojes…






















