Cuando me incorporé a la Facultad de Ciencias de la Información de la Universidad de Navarra, en el primer curso, allá por el año 83, se contaba una historia, un sucedido, una cuchufleta de un profesor, un dandi él, siempre bien vestido y con andares de galán de Hollywood. Una buena mañana apareció en el aula y le espetó a una alumna de la primera fila, la frase que encabeza este hilo. La historia se contaba y se repetía una y otra vez, casi cada vez que aparecía por la puerta del aula estábamos esperando que la repitiese, pues estos profes, entonces y supongo que ahora también, viajaban mucho a otras universidades, sobre todo a las de Estados Unidos.
A mí aquello se me quedó en las mientes, como a @SILVERSURFER, me se viene recurrentemente. De niño siempre soñé con ir a Nueva York, y al poco de empezar a trabajar allá que me fui un verano. Existían todavía las Torres Gemelas, tengo una bonita foto de ellas, por ahí andará. Subí al Empire, a la Estatua de la Libertad, museos, etc. Fue una semana sólo pero tengo unos recuerdos imborrables. Y claro, me acompañaba siempre el soniquete de mi profesor de Teoría General de la Información, (una especie de contenedor de estudios sobre MacLuhan y si el medio es el mensaje y tal: había que rellenar el incipiente plan de estudios de una joven carrera que apenas contaba con tres facultades en España, sin manuales ni libros de texto, apenas un puñado de catedráticos y todo por hacer).
El caso es que a principios de año llegó a mis manos este relojito:
No creo que merezca ser presentado en detalle, hay un Airliner RSWC del mismo modelo y este Steeldive creo que es de sobra conocido. Es mi primer GMT: lo traigo aquí porque siempre lo tengo con la hora de Nueva York. Es mi ciudad fetiche, recuerdos de niño y de la facultad, de ese profesor tan chulo él, y ahora además porque se juega la final del mundial en esta ciudad.
Si este profesor hubiera tenido este reloj, ahora no estaríamos hablando de él, y no hubiera podido decir semejantes aleluyas en clase. La hora de Nueva York, ahora siempre en mi muñeca.
PD: Busco en la red alguna información de este viejo profesor y me encuentro que ha fallecido en marzo de pasado año, a los 83 años. Catedrático ya, emérito, sin dejar de trabajar hasta el último día. Se llama Esteban López Escobar, y desde allá arriba, andará buscando angelitos a los que preguntar la hora, seguro que con alguna excusa como " Es que tengo la hora de la quinta dimensión"




