Ciertamente, es muy triste cruzarse con ellas. En su día pensé en escribir algo sobre el tema centrándome en una marca mítica a la que tengo gran aprecio, Enicar. Con lo brillante que fue su pasado y, como tantas otras, lo lamentable que resulta su presente en manos asiáticas.
Por lo que respecta a Guillaume Laidet, se ha convertido en una figura clave dentro del mundillo, un auténtico gurú cuya influencia, para bien o para mal, no deja de expandirse. En su momento, dediqué tiempo a desentrañar su trayectoria profesional mientras preparaba un hilo que nunca terminé, aunque me sirvió para comprender ciertas cosas.
Especializado en marketing y gestión de proyectos, Laidet inició su andadura en la relojería con un par de años en Zenith, justo cuando la marca resucitaba modelos históricos para recuperar su lugar en el sector. Posteriormente, trabajó tres años en Jaeger-LeCoultre antes de emprender su propio camino.
En 2015, funda William L. 1985, una marca con la que tiene éxito y que le permite establecer contactos clave para el futuro. Antes de lanzarse a la aventura de Nivada, vende William L. 1985 al Korius Group, con quienes más adelante resucitará Excelsior Park.
Durante su etapa con William L. 1985, su principal fabricante y proveedor fue el Grupo Montrichard, un actor relevante en el sector de las fornituras y micromarcas, con fábricas en Suiza y Hong Kong. A través de su presidente, Rémi Chabrat (quien también dirigió UNDONE durante una reestructuración),entra en contacto con los propietarios de Nivada, los mexicanos de Holzer y Compañía, a los que Montrichard les fabrica las piezas, y adquiere los derechos para lanzar Nivada Grenchen. Por cierto, la Nivada mexicana (Nivada Swiss) sigue activa.
La relación con Rémi Chabrat ha sido clave en todos sus proyectos, y es muy probable que Montrichard esté detrás de la fabricación de todos sus relojes. Tras el éxito con Nivada Grenchen y Excelsior Park, Laidet intentó hacerse con Universal Genève, pero no llegó a un acuerdo con los abogados de City Chain (que, como sabemos, terminaría vendiéndola a Breitling).
Su influencia va más allá de las marcas que controla directamente, como Nivada Grenchen, Excelsior Park o Vulcain (donde empezó como asesor). También ha jugado un papel indirecto en otros proyectos, como Praesidus (su director y cofundador es Oscar Chabrat, hijo de Remi; realizó su aprendizaje en Montrichard, Aeromat -otra marca bajo la influencia del grupo- y Nivada Grenchen) o Chronofixe. Además, Laidet es cofundador de SpaceOne junto con el relojero parisino Théo Auffret.
Desde mi punto de vista, la estrategia consiste en explotar el legado de unas marcas que fueron míticas, fusilando sus viejos diseños y poniendo unos precios a la altura de esos “cuarenta siglos os contemplan”, pero sin aportar nada realmente innovador que los justifique. Simplemente se juega con la nostalgia y el gusto por los diseños “vintage”. En el fondo, todas estas “resurrecciones” no dejan de ser micromarcas que utilizan nombres ilustres sin ningún vínculo real con su herencia. No conservan archivos ni han hecho un esfuerzo serio por investigar la historia de unas marcas cuyo legado dicen preservar. Esto es especialmente evidente en sus propias páginas web o en las inexactitudes—cuando no auténticos disparates—que se publican en sitios “especializados”. Esto último, además, pone de relieve otro problema: la falta de rigor y de verdadera investigación por parte de ciertos “plumillas” del sector.