Hoy ne gustaría enseñar el que fuese mi primer reloj “catalino” o verge. Para quien no lo sepa, este curioso nombre viene asignado por el tipo de escape que equipa y que se denomina “verge” o “catalino”.
Este tipo de escape básicamente consiste en una rueda con forma de corona llamada “rueda de escape”, con dientes en forma de diente de sierra que sobresalen axialmente hacia el frente y con su eje orientado horizontalmente. Frente a ella hay una varilla vertical, “el borde”, con dos placas de metal, “las paletas”, que enganchan los dientes de la rueda de escape en lados opuestos. Las paletas no son paralelas, sino que están orientadas con un ángulo entre ellas, por lo que solo una atrapa los dientes a la vez. El borde se fija a un oscilador como un péndulo, un volante (como en los relojes de bolsillo) o, en su forma más antigua, un foliot (hasta la entrada de la espiral) Una vez puesto en movimiento, el borde oscila sobre su eje deteniendo y soltando la rueda de escape alternativamente para hacer avanzar los engranajes del tren a una velocidad constante, proporcionando así un estándar de cronometraje. que se conozca, se utilizó desde el sXIII hasta finales del XIX. Con un vídeo, su funcionamiento será más comprensible que con mis palabras…
Su nombre “verge” proviene del latín que se puede traducir como “vara” o “borde”, que ya hemos visto que consistía en el eje vertical donde se instalaban las paletas. La otra denominación más común para este tipo de escape o de relojes que lo utilizan es “catalino”. En este caso hace referencia a la rueda dentada de escape por su analogía con la rueda que se utilizó para el martirio de Santa Catalina de Alejandría.
Con los sellos de la caja, podemos fechar el reloj circa 1812, y que si bien durante esas fechas aún se utilizaba este tipo de escape, ya estaban al orden del día otras soluciones técnicas como el escape de cilindro. Su ausencia de joyas, nos hace pensar en un reloj muy robusto, destinado a una clase menos pudiente, aún así muy bien finalizado y decorado con gusto como podemos apreciar en la imagen.
Una de las cosas que me llamó la atención desde un primer momento fue precisamente la efigie que lleva grabada en la “galluza” o puente del volante. No es muy común observar personajes grabados y si los hay, solían ser de la realeza o militares famosos (como Nelson). Así que por la fecha del reloj pude deducir que se trataba de la Reina Charlotte (seguro que alguno habrá visto la serie de TV.

La Reina Charlotte a quien se le conoce coloquialmente como “la reina mulata” por sus raíces portuguesas, era la esposa del Rey George III. Al parecer Charlotte, que tuvo 15 hijos con su esposo, era una mujer muy educada y culta en su época. Era muy aficionada a la música, sobre la que aprendió sus misterios tomando lecciones de Johann Christian Bach. Incluso un jovencísimo Mozart le dedicó su Op. 3 durante una gira europea que recaló en la corte de Inglaterra. Su afición a la botánica la involucró en la organización de los jardines de Kew. Además, durante su vida tuvo una actividad filantrópica muy ferviente, creando hospitales y orfanatos.
Como he dicho antes, no son muchos los ejemplos que podemos encontrar de efigies de personajes en este tipo de relojes ya que por norma general se realizaban por encargo del cliente o para rememorar una importante efeméride. En este caso podemos ver a una reina ya envejecida (falleció 6 años después de este trabajo) y acuciada por los problemas, quizás debido a la intermitente locura (posiblemente causada por la porfiria) de su marido, la muerte de su amiga epistolar María Antonieta, el problema de la regencia con su hijo el Príncipe de Gales o las continuas y largas Guerras Napoleónicas.
Habréis observado que en el interior de la caja hay una hoja con un calendario, firmado por el relojero Rob Hampson de Manchester.
Este viene sin fecha y organizado en anillos concéntricos con casillas numéricas. El exterior muestra los meses del año. El siguiente se corresponde a los días de mes que coinciden con el primer día de cada semana a lo largo del año. La siguiente serie de números era un verdadero misterio para mi…
Sin embargo, en el añillo interior aparecen las inscripciones “Sun Faster” y “Sun Slower”. Esto aparentemente hace mención a la posición del sol y por ello pude adivinar que las cifras que aparecen en el tercer añillo concéntrico corresponden a la ecuación del tiempo, es decir, la diferencia de tiempo que encontramos entre el zenit solar con el mediodía marcado por el reloj. Si nos fijamos con atención, en algunos puntos vemos una representación gráfica del sol señalando los días en los cuales no hay diferencia horaria entre estos dos sucesos y que el año se divide en cuatro ciclos donde encontramos una variación máxima de 15 minutos, con el zenit solar ocurriendo antes (“Sun Faster”) o después (“Sun Slower”) del mediodía civil. Evidentemente esta ecuación solo puede servir para instrumentos muy precisos como los cronómetros marinos que eran imprescindibles para la navegación. Así que con estos datos ya sólo nos quedaba buscar las coincidencias con los almanaques náuticos de la época, llegando a encontrar una fecha exacta para datar el calendario: el año 1821.
Por su edad, el reloj aún tiene una reserva de marcha de casi 25 horas y me adelanta unos 20 minutos al día. Creo que no se le puede pedir más y es un verdadero placer escucharlo cuando está en marcha. Bueno, espero que os haya gustado y para quien desee profundizar un poco más sobre este tipo de relojes, le dejo aquí mi trabajo completo.








