A @JOSERRA100, Custos Horarum Mundi,
para quien cada huso horario no es una diferencia de horas
sino una invitación al viaje, a la historia y a la mecánica del tiempo.
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Antes de emprender esta nueva singladura, busquemos primero algo de música que nos acompañe.
Recientemente veíamos en otro hilo un reloj aparecido en el mundo de las subastas a finales del pasado año y presentado bajo el nombre de The Victory Watch. Siguiendo una estructura similar, hablaremos ahora de otro Victory Watch. A diferencia de aquel, cuyo nombre procedía de un navío de época napoleónica, este sí hace referencia directa a una victoria, aunque ciento cuarenta años más tarde.
El fin de semana del 9 y 10 de mayo de 2026, la casa de subastas Phillips presentó en The Geneva Watch Auction: XXIII una destacada selección de piezas de alta relojería. Entre los lotes más relevantes figuraba el número 24, conocido como Victory Watch - Charles de Gaulle.
Fabricado por la Agassiz Watch Co., bajo el paraguas de Wittnauer & Cie., y desarrollado con la participación de algunos de los mejores artesanos ginebrinos de la época, el reloj se describía en el catálogo como un reloj de bolsillo de oro amarillo con complicación de hora mundial, excepcionalmente bien conservado, con esfera de esmalte cloisonné policromado y monograma Victory, además de una dedicatoria en el reverso; realizado para Charles de Gaulle en conmemoración de la victoria aliada en la Segunda Guerra Mundial.
El contexto
La Segunda Guerra Mundial constituye, todavía hoy, uno de los acontecimientos más decisivos y devastadores de la historia contemporánea. Entre 1939 y 1945, el conflicto transformó radicalmente el mapa político internacional y dejó tras de sí un continente europeo material y moralmente exhausto. Millones de personas murieron en los frentes, en los bombardeos sobre la población civil, en los campos de concentración o como consecuencia directa del hambre y la destrucción. Cuando las rendiciones de Alemania en mayo y de Japón en agosto de 1945 cerraron definitivamente el conflicto, el mundo entero celebró el final de una tragedia cuya magnitud resultaba entonces casi imposible de comprender plenamente.
La victoria aliada no supuso únicamente el final de la guerra, también marcó el inicio de un nuevo orden internacional. Estados Unidos y la Unión Soviética emergían como superpotencias; el Reino Unido conservaba aún buena parte de su prestigio político y militar; y Francia, gracias en gran medida al liderazgo de Charles de Gaulle y a la resistencia interior y exterior, regresaba al grupo de las grandes potencias vencedoras. Paralelamente, comenzaban a definirse las instituciones y alianzas que darían forma al mundo de la posguerra: Naciones Unidas, nuevos equilibrios diplomáticos y una creciente conciencia de interdependencia internacional.
En ese clima de final de guerra y reorganización del orden internacional nació en Suiza la idea de crear una serie de relojes conmemorativos destinados a simbolizar tanto la victoria militar como la esperanza de una nueva cooperación entre naciones. La iniciativa surgió en Ginebra pocas semanas después de la capitulación alemana, impulsada por un grupo heterogéneo de ciudadanos suizos procedentes de ámbitos diversos de la vida pública: políticos, juristas, académicos, industriales, artistas, relojeros y representantes del mundo cultural.
El grupo estaba presidido por Ernest Baumann, un agente de seguros, y entre sus miembros figuraban personalidades como Louis Cottier, destacado relojero de su generación especializado en complicaciones horarias; Marcel Perréard, presidente del Consejo de Estado; el profesor y escritor Carl J. Burckhardt de Ziegler; representantes de la Universidad de Ginebra; miembros del Tribunal de Ginebra; joyeros, libreros y responsables de asociaciones culturales y profesionales. Aquella diversidad resulta especialmente significativa: el proyecto no nacía como una iniciativa gubernamental oficial, sino como una expresión colectiva de admiración y agradecimiento hacia quienes habían liderado la derrota del nazismo.
No era, además, la primera vez que este grupo impulsaba una iniciativa semejante. En agosto de 1945, apenas unos meses después del final de la guerra en Europa, aquellos mismos ciudadanos habían ofrecido ya un reloj personalizado, realizado a partir de una moneda de 100 francos suizos, al general Henri Guisan, comandante en jefe del ejército suizo durante la contienda.
Aunque Suiza había permanecido oficialmente neutral durante la guerra, la situación del país había sido extraordinariamente delicada, especialmente tras la caída de Francia en 1940, cuando quedó prácticamente rodeado por territorios controlados por las potencias del Eje. En ese contexto, Guisan se convirtió en una figura clave para la cohesión nacional gracias a su estrategia defensiva conocida como Réduit National. El plan contemplaba, en caso de invasión, la retirada estratégica del ejército hacia el macizo alpino, desde donde continuar la resistencia aprovechando las fortificaciones de montaña y el control de los principales pasos ferroviarios y de carretera.
Más allá de su valor estrictamente militar, aquella estrategia tuvo un enorme impacto psicológico y simbólico sobre la población suiza. El célebre Rapport du Grütli, pronunciado por Guisan en julio de 1940, terminó convirtiéndolo en un símbolo de independencia y resistencia nacional frente a la expansión nazi.
El homenaje de 1945 debe entenderse, por tanto, no como una celebración de la participación suiza en la guerra, sino como un reconocimiento a la voluntad de defender la soberanía del país en uno de los momentos más inciertos de su historia contemporánea.
Aquel primer reloj dedicado a Guisan puede considerarse, en muchos sentidos, un precedente conceptual de lo que serían los posteriores Victory Watches. A partir de ahí, la intención del grupo ginebrino fue rendir homenaje a los dirigentes de las principales potencias aliadas mediante objetos que representasen una de las grandes especialidades históricas de Suiza: la alta relojería. No se trataba únicamente de un regalo diplomático, sino de piezas de alta relojería concebidas como objetos de prestigio y, al mismo tiempo, como vehículos de conmemoración y reconocimiento personal, capaces de combinar arte, técnica y simbolismo político en un mismo objeto.
Desde el primer momento se decidió que los relojes incorporarían una complicación de hora mundial. La elección no fue casual. La dimensión global del conflicto había puesto de manifiesto una realidad cada vez más evidente: los acontecimientos políticos, militares y económicos trascendían ya las fronteras nacionales. La posguerra parecía abrir una nueva etapa de cooperación e interdependencia internacional. El sistema de hora mundial (Heure Universelle) desarrollado por Louis Cottier apenas unos años antes representaba perfectamente esa nueva realidad.
Cottier había concebido esta complicación en 1931, permitiendo visualizar simultáneamente la hora en distintas ciudades del mundo mediante un disco de 24 horas sincronizado con un anillo de ciudades. Además, el relojero perfeccionó el sistema incorporando indicaciones de día y noche. En 1945, aquella complicación seguía siendo una innovación moderna y sofisticada, estrechamente asociada al progreso técnico, la aviación y la creciente internacionalización del mundo contemporáneo.
El encargo fue confiado a Wittnauer & Cie., que lo realizaría bajo la firma Agassiz Watch Co., aunque el verdadero motor creativo del proyecto sería el propio Louis Cottier. Su participación resultó decisiva en prácticamente todos los aspectos fundamentales: preparación de los movimientos, diseño de las esferas, concepción iconográfica y desarrollo de los grabados. De hecho, cuando los relojes fueron finalmente presentados, buena parte de la prensa especializada mencionó principalmente el nombre de Cottier antes incluso que el de Agassiz o Wittnauer.
El proyecto se desarrolló bajo un estricto secreto. Ni siquiera la Maison Wenger, encargada de fabricar las cajas, conocía la identidad de los destinatarios finales, pese a que Edouard Wenger y Louis Cottier se conocían desde la infancia. El nivel de discreción ilustra hasta qué punto los organizadores comprendían la importancia simbólica y diplomática de aquellas piezas.
El contrato firmado entre Wittnauer & Cie. y Cottier establecía que los relojes debían estar terminados antes del 30 de noviembre de 1945 para poder ser entregados como obsequios navideños. El calendario era extremadamente exigente si se tiene en cuenta el nivel técnico y artesanal requerido. Los relojes no solo incorporaban una sofisticada complicación de hora mundial; además, cada ejemplar poseía una decoración completamente personalizada mediante esmalte cloisonné policromado y manecillas específicamente diseñadas para su destinatario.
Finalmente se realizaron cuatro relojes de bolsillo, cada uno dedicado a uno de los grandes líderes aliados.
El ejemplar destinado al presidente estadounidense Harry S. Truman (No. 44.495) incorporaba una representación de la Estatua de la Libertad como símbolo de libertad y democracia. La aguja horaria adoptaba la forma de una rama de olivo, referencia universal a la paz.
El reloj realizado para Winston S. Churchill (No. 44.496) mostraba a San Jorge, santo patrón de Inglaterra, derrotando al dragón, una poderosa alegoría de la resistencia británica frente al nazismo. La aguja de las horas tomaba la forma de un tridente, símbolo tradicional asociado al Reino Unido y a su histórica condición de potencia marítima.
La pieza creada para Charles de Gaulle (No. 44.497) representaba a Juana de Arco, figura central del imaginario nacional francés y símbolo de resistencia y unidad, plantando la Cruz de Lorena en la costa francesa. La elección difícilmente podía resultar más significativa. La Cruz de Lorena había sido adoptada por la Francia Libre como emblema de resistencia frente a la ocupación alemana y terminaría convirtiéndose en uno de los grandes símbolos políticos asociados a la figura de De Gaulle.
Por su parte, el reloj destinado a Iósif Stalin (No. 44.498) recurría a una iconografía industrial soviética: un trabajador frente a instalaciones fabriles en llamas bajo un cielo tormentoso evocador de Stalingrado. La manecilla horaria reproducía la estrella de cinco puntas característica de la simbología comunista soviética.
Además de estos cuatro relojes de bolsillo, el grupo decidió crear una quinta pieza destinada a Eleanor Roosevelt en memoria de su marido, Franklin D. Roosevelt, fallecido apenas unas semanas antes del final de la guerra. Inicialmente se había planteado entregarle una moneda conmemorativa, aunque finalmente se optó por un reloj de sobremesa con complicación de hora mundial. La pieza, fabricada por el orfebre Jules Reusse, mostraba una armada cruzando el Atlántico desde Nueva York hacia una Europa en llamas, mientras la Estatua de la Libertad y diversos símbolos de justicia y victoria completaban la composición alegórica.
Todos los relojes compartían un mismo diseño de fondo de caja: un mapamundi esmaltado atravesado por una gigantesca “V” de Victory. Sobre esta composición se grabó una dedicatoria personalizada para cada destinatario. Las piezas iban además acompañadas por cartas firmadas por los miembros del grupo y selladas oficialmente en Ginebra.
Las dedicatorias reflejaban claramente el tono político y moral del proyecto. A Truman se le rendía homenaje por los esfuerzos en favor de las “cuatro libertades” proclamadas por Roosevelt; Churchill era descrito como “The happy warrior”, el hombre que inspiró a Inglaterra cuando se encontraba sola y amenazada; De Gaulle recibía el reconocimiento por su fe en la resistencia francesa iniciada el 18 de junio de 1940; y Stalin era elogiado como líder victorioso de los ejércitos soviéticos y símbolo del patriotismo de la URSS.
Nota: La expresión The Happy Warrior (“el guerrero feliz”) procede del poema Character of the Happy Warrior, escrito por el poeta romántico inglés William Wordsworth en 1806 tras la muerte de Horatio Nelson. Publicado por primera vez en 1807, el poema describe el ideal del “hombre de armas”: una persona que combina valentía, integridad moral, autocontrol y sentido del deber. Con el paso del tiempo, la figura del Happy Warrior trascendió su contexto original y se convirtió en una influyente metáfora cultural y política para referirse a quienes defienden una causa con optimismo inquebrantable, rectitud y elegancia incluso en situaciones de gran presión o adversidad.
Cuando los relojes se terminaron, quedaron expuestos durante unos días en unos grandes almacenes de la place du Molard antes de ser entregados en la Navidad de 1945. Fueron descritos como “símbolos de perfección”. La expresión no hacía referencia únicamente a su calidad relojera. Aquellas piezas representaban algo mucho más ambicioso: la unión entre arte, técnica y memoria histórica en un momento decisivo para el siglo XX. No eran simples instrumentos para medir el tiempo, sino objetos concebidos para conmemorar el final de un conflicto global y el comienzo de una nueva era.
Un apunte curioso: según la documentación conservada en la colección Louis Cottier del fondo documental del Musée d’art et d’histoire de Genève, en 1946 se habría fabricado un quinto reloj de bolsillo (nº 44.499) destinado al generalísimo Chiang Kai-shek. Existe constancia del encargo realizado por Wittnauer a Cottier, así como varios esbozos de posibles diseños, pero, a diferencia de los ejemplares anteriores, y a falta de una investigación más exhaustiva, no se han localizado imágenes del reloj ya terminado.
El reloj
Nos encontramos ante un reloj de bolsillo tipo lepine en oro amarillo de 18 quilates. Su arquitectura técnica se articula en torno a la complicación desarrollada por Louis Cottier que permite leer simultáneamente la hora en distintas ciudades del mundo mediante un disco rotatorio de 24 horas y un anillo con los nombres de las principales ciudades internacionales.
Esta configuración se completa con una indicación de día y noche, una solución práctica que se fue consolidando en los relojes de hora mundial desde finales de la década de 1930. En un contexto marcado por la expansión de la aviación, el aumento de las comunicaciones intercontinentales y la reorganización diplomática de la posguerra, este recurso refuerza la lectura global del tiempo más que añadir complejidad mecánica.
El funcionamiento del sistema es, en esencia, notablemente sencillo e intuitivo. La aguja horaria de doce horas se vincula mecánicamente a un disco de 24 horas que gira en sentido antihorario, completando media vuelta por cada rotación completa de la aguja horaria. Alrededor de este disco se dispone un anillo fijo con los nombres de las ciudades que definen los distintos husos horarios internacionales. En cada uno de los relojes realizados para los dirigentes aliados, la ciudad situada a las doce se personaliza en función del destinatario; en el ejemplar de Charles de Gaulle figura París. A medida que el reloj avanza, el disco de 24 horas se desplaza de forma sincronizada, permitiendo leer de un solo vistazo la hora correspondiente en cualquier parte del mundo. Dado que el minutero permanece inalterado independientemente del huso horario, basta observar la posición de cada ciudad respecto al disco horario para conocer inmediatamente la hora local.
El conjunto está impulsado por un movimiento manual de alta calidad, de construcción ginebrina tradicional, con 18 rubíes, escape de áncora suizo con platina en níquel, volante bimetálico compensado, regulación micrométrica y ajuste térmico. La caja, realizada en oro amarillo de tres cuerpos, presenta acabados pulidos y satinados y alcanza los 46 mm de diámetro, una proporción que responde tanto a la complejidad del mecanismo como a la ambición decorativa del conjunto.
El reverso concentra la dimensión simbólica del proyecto. En el centro aparece una gran “V” de victoria superpuesta sobre un mapamundi esmaltado. En el borde se encuentra la inscripción dedicada a de Gaulle, “1939 - Général Charles de Gaulle - 1945”, grabada por el maestro Edgar Maerky. La conservación del ejemplar es especialmente notable, con grabados nítidos y profundos y una superficie que mantiene un alto grado de integridad pese al paso del tiempo.
La esfera constituye el elemento más distintivo del reloj. En ella se representa a Juana de Arco desembarcando en una orilla mientras clava un estandarte coronado por la Cruz de Lorena, emblema de la Francia Libre. La escena incorpora además un velero y un buque de guerra en el horizonte, símbolos contrapuestos de paz y conflicto que introducen una lectura histórica y simbólica del conjunto. La Cruz de Lorena aparece tanto en el estandarte como en la aguja horaria, reforzando la coherencia iconográfica del diseño.
La conservación del ejemplar es especialmente notable. Las fotografías y descripciones de subasta muestran una esfera intacta, esmaltes perfectamente preservados y grabados extremadamente nítidos, algo poco habitual en relojes de esta antigüedad.
La técnica del cloisonné
La esfera está realizada mediante esmalte cloisonné policromado, una de las técnicas más exigentes dentro de la relojería artística y las artes decorativas sobre metal.
El proceso parte de una base de oro finamente pulida sobre la que se “dibuja” el diseño mediante hilos metálicos extremadamente finos, generalmente de oro. Estos hilos se moldean a mano siguiendo cada contorno y se fijan a la superficie para formar pequeñas celdas cerradas, los denominados cloisons. Cada compartimento actúa como un espacio independiente destinado a un color concreto.
Una vez definida la estructura, cada celda se rellena con esmalte en polvo mezclado con agua o aceites específicos que facilitan su aplicación. El material se deposita en capas muy finas y el dial se introduce en el horno a temperaturas que suelen superar los 800 grados. En ese momento, el esmalte se funde, se adhiere al metal y comienza un proceso de transformación irreversible. Al enfriarse, el volumen disminuye, por lo que el proceso debe repetirse varias veces hasta lograr una superficie estable y homogénea.
Cada cocción implica un riesgo. El esmalte puede agrietarse, formar burbujas o contaminarse con partículas mínimas durante el horneado. Incluso pequeñas variaciones térmicas pueden alterar el resultado final. Por ello, muchos talleres aplican una capa de esmalte en el reverso del dial para equilibrar tensiones y evitar deformaciones durante las sucesivas cocciones. Aun así, el índice de piezas rechazadas sigue siendo elevado.
El cloisonné combina química y control manual en un equilibrio delicado. Los pigmentos derivados de óxidos metálicos reaccionan de forma imprevisible al calor, lo que significa que el color final no siempre coincide con el tono inicial del polvo. El resultado depende tanto de la formulación del esmalte como de la experiencia del artesano en cada fase del proceso.
En el caso de este reloj, el trabajo fue realizado por el maestro esmaltador Michel Deville para Stern Frères, la prestigiosa manufactura ginebrina especializada en la producción de esferas. Los archivos de la casa documentan varios estudios previos antes de aprobar la versión definitiva del diseño, reflejo tanto de la complejidad iconográfica de la escena como del nivel de exigencia técnica del encargo.
El resultado es una esfera con una profundidad cromática muy marcada, en la que la superficie adquiere una apariencia casi vítrea. La luz no se limita a reflejarse sobre el esmalte, sino que parece atravesarlo, generando una sensación de volumen que refuerza el carácter pictórico de la composición.
En piezas de este tipo, especialmente en el cloisonné de mediados del siglo XX, el efecto visual responde también a una combinación de técnicas y pigmentos que hoy no siempre se utilizan del mismo modo. Determinados óxidos metálicos empleados en aquella época ofrecían una intensidad cromática difícil de reproducir con formulaciones actuales, lo que contribuye a la presencia singular de estas esferas cuando se conservan en buen estado.
El fabricante y los artesanos
Como ya hemos mencionado, para la gestión logística del encargo se eligió a la casa Wittnauer & Cie., que a su vez decidió que los relojes se fabricarían bajo la marca Agassiz Watch Co., una firma asociada a relojes de calidad que ya había comercializado algún modelo Heure Universelle equipado con el mecanismo desarrollado por Cottier.
Agassiz Watch Co.
La firma Agassiz Watch Co. fue fundada en 1876 por Georges Agassiz (1846-1910) y hunde sus raíces en una de las sagas más importantes de la historia relojera de Saint-Imier. Aunque hoy su nombre resulta mucho menos conocido que el de otras manufacturas suizas, la casa disfrutó durante décadas de una sólida reputación por la calidad de sus relojes de bolsillo y por su capacidad para colaborar con algunos de los mejores especialistas de la industria helvética.
Para comprender sus orígenes es necesario remontarse a la figura de Auguste Agassiz (1809-1877). En 1832 se incorporó a una pequeña empresa relojera de Saint-Imier que, tras diversas transformaciones societarias, acabaría operando bajo la denominación Agassiz & Co. Durante las décadas centrales del siglo XIX, la compañía prosperó gracias al tradicional sistema de producción suizo conocido como établissage, mediante el cual un empresario relojero coordinaba el trabajo de numerosos artesanos independientes encargados de fabricar los distintos componentes del reloj.
La expansión de la empresa coincidió con el creciente interés del mercado estadounidense por la relojería suiza. Gracias a una red comercial establecida al otro lado del Atlántico, el apellido Agassiz adquirió una notable reputación en Norteamérica. Este éxito permitió a Auguste acumular el capital necesario para apoyar posteriormente uno de los proyectos más importantes de la historia de la relojería: la creación de Longines.
En efecto, Ernest Francillon, sobrino de Auguste Agassiz, asumió progresivamente la dirección del negocio familiar y decidió modernizar por completo el sistema de producción. Inspirado por los métodos industriales que comenzaban a imponerse en Estados Unidos, adquirió unos terrenos en un lugar conocido como Les Longines, donde estableció una manufactura centralizada destinada a reunir bajo un mismo techo procesos que hasta entonces se encontraban dispersos entre numerosos talleres. De aquella iniciativa nacería la marca Longines.
Sin embargo, la aparición de Longines no supuso la desaparición de Agassiz. Auguste decidió preservar el nombre familiar y confió su continuidad a su hijo Georges Agassiz, quien fundó formalmente Agassiz Watch Co., Fabr.d’horlogerie du Vallon en 1876. Durante años ambas empresas mantuvieron vínculos comerciales y familiares muy estrechos. De hecho, los relojes de Agassiz y Longines fueron presentados conjuntamente en la Exposición Universal de Filadelfia de 1876 y compartieron canales de distribución en Estados Unidos a través de la agencia de J. Eugene Robert, posteriormente integrada en la red comercial de Wittnauer.
A finales del siglo XIX, Agassiz Watch Co. se había consolidado como un fabricante especializado en relojes de alta calidad. Durante muchos años adquirió movimientos a LeCoultre, entonces una de las manufacturas mecánicas más prestigiosas del valle de Joux. La importancia de esta relación queda reflejada en un dato revelador: hacia 1890 los pedidos de Agassiz a LeCoultre llegaron a superar el volumen conjunto de encargos procedentes de toda la ciudad de La Chaux-de-Fonds.
Posteriormente, la firma reforzó su presencia en Ginebra mediante su asociación con Touchon & Co., orientándose hacia el desarrollo de movimientos extrafinos. Entre sus realizaciones más notables figuraron calibres de apenas 1,7 milímetros de grosor, auténticas demostraciones de virtuosismo técnico para la época. Sus relojes obtuvieron además reconocimientos cronométricos en observatorios como los de Ginebra y Neuchâtel, consolidando una reputación basada más en la calidad que en el volumen de producción.
Cuando en 1945 el grupo de ciudadanos ginebrinos liderado por Ernest Baumann decidió encargar los denominados Victory Watches, Agassiz reunía varias cualidades difíciles de encontrar en una sola casa: experiencia en relojería de alto nivel, flexibilidad para acometer proyectos especiales y una estrecha relación con algunos de los mejores artesanos de Suiza. No resulta extraño, por tanto, que fuera la firma elegida para materializar unas piezas concebidas desde su origen como algo más que relojes: auténticos objetos de representación política, memoria histórica y excelencia artesanal.
Aunque el verdadero núcleo creativo de este singular proyecto estuvo formado por varios de los mejores artesanos independientes de Ginebra.
Louis Cottier: el hombre detrás de la hora mundial
Si existe un nombre inseparable de los Victory Watches, ese es el de Louis Cottier. Aunque los relojes fueron firmados por Agassiz Watch Co., la concepción técnica del proyecto, el diseño de sus indicaciones horarias y buena parte de su desarrollo artístico descansaron sobre los hombros de este extraordinario relojero ginebrino, considerado hoy una de las figuras más influyentes de la relojería suiza del siglo XX.
Louis Cottier nació en Carouge, en el cantón de Ginebra, el 28 de septiembre de 1894. Hijo de Emmanuel Cottier, relojero y constructor de autómatas (curiosamente, Emmanuel ya había trabajado en 1885 en un prototipo de reloj con hora mundial),
se formó en la Escuela de Relojería de Ginebra, donde pronto destacó por una combinación poco habitual de precisión técnica, sensibilidad estética y extraordinaria habilidad manual. Aquella formación marcaría profundamente toda su trayectoria profesional. Además de la relojería, cultivó durante toda su vida intereses tan diversos como la historia local, la investigación histórica sobre la propia relojería y la pintura a la acuarela.
Tras completar sus estudios trabajó durante más de dos décadas en diversas manufacturas ginebrinas (entre ellas Jaeger) como relojero completo, adquiriendo una sólida experiencia práctica en todos los aspectos del oficio. La crisis económica que afectó a la industria relojera durante los años veinte y primeros años treinta provocó el cierre de la empresa para la que trabajaba, circunstancia que le llevó a establecerse por cuenta propia en 1931, montando su taller en la trastienda de la librería y papelería de su esposa en su ciudad natal, Carouge. Aquella decisión marcaría el comienzo de la etapa más creativa de su carrera.
Fue precisamente ese mismo año cuando desarrolló la invención que acabaría asegurándole un lugar permanente en la historia de la relojería: el sistema de hora mundial (Heure Universelle). Su solución permitía visualizar simultáneamente la hora en los distintos husos horarios del planeta mediante la combinación de un disco rotatorio de veinticuatro horas y un anillo exterior con los nombres de las principales ciudades del mundo. La idea respondía a una realidad cada vez más evidente durante la primera mitad del siglo XX: un mundo progresivamente conectado por las comunicaciones internacionales, la navegación transoceánica y, más adelante, la aviación comercial.
En esos mismos años, el transporte aéreo comercial empezaba a consolidarse. Swissair inicia sus operaciones en 1931; ese mismo año, KLM ya realizaba rutas de largo recorrido hacia las Indias Orientales Neerlandesas, mientras que los vuelos del Graf Zeppelin conectaban Europa con América del Sur. Paralelamente, las comunicaciones telefónicas intercontinentales comenzaban a desarrollarse, todavía limitadas, pero ya suficientes para modificar la relación entre distancias y tiempo.
El primer reloj equipado con este sistema fue realizado en 1931 para el joyero ginebrino Lucien Salomon Baszanger.
Todo se basaba en un módulo que Cottier montaba personalmente sobre los calibres, lo que obligaba a las firmas relojeras interesadas a recurrir a su taller para su instalación. También diseñaba y fabricaba las manecillas, adaptándolas a cada modelo.
Durante los años siguientes, Cottier perfeccionó el mecanismo y suministró sus desarrollos a algunas de las casas más prestigiosas de Suiza. Entre ellas destacan Patek Philippe, que empleó sus mecanismos en referencias hoy legendarias como las 605, 1415 o 2523; Rolex, que utilizó el sistema en modelos como la referencia 4262; y Vacheron Constantin, otra de las grandes firmas que recurrió a sus soluciones técnicas.
Ya en la década de los 30 la indicación de día y noche había pasado a formar parte habitual de sus relojes de hora mundial, mejorando la legibilidad del sistema. Posteriormente se usará un bisel móvil para las ciudades que permitirá la selección de ciudad local. Más adelante, durante los años cincuenta, introdujo una segunda corona que simplificaba el ajuste de la complicación, una configuración que acabaría convirtiéndose en el estándar de muchos relojes de hora mundial posteriores.
Sin embargo, reducir la figura de Cottier a la invención de esta complicación sería injusto. Su actividad abarcó también relojes de horas saltantes, indicaciones digitales mecánicas, relojes para aviadores, autómatas y la fabricación de prototipos para numerosas manufacturas. Véase por ejemplo sus prototipos para Patek Philippe, como la referencia 784, concebido y fabricado íntegramente por él mismo entre 1956 y 1958, un bras en l’air elaborado en platino, oro blanco, rosa y amarillo, inspirado por la fábula de La Fontaine. Al presionar el botón del colgante, el zorro levanta su pata derecha para indicar la hora en el sector izquierdo. Simultáneamente, el cuervo abre el pico y deja caer el queso (de platino), que al caer indica los minutos en el lado derecho.
Precisamente, en el pasado Watches and Wonders 2026, Patek Philippe presentó una versión homenaje en formato de reloj de pulsera, el Patek Philippe 5249R-001.
Otro destacable prototipo fue la referencia 3414, conocido como “Cobra”, un ingenioso reloj de pulsera con pantalla digital que muestra la hora de manera lineal. Diseñado por Gilbert Albert, Cottier se encargó del aspecto técnico modificando un calibre 9’90. La esfera está compuesta por dos cilindros sintéticos: uno para las horas (que completa una rotación cada 12 horas) y otro para los minutos (que completa una rotación cada 60 minutos). Los cilindros superpuestos, mitad blancos y mitad negros, están conectados al mecanismo. Indican las horas y los minutos en dos estrechas aberturas a medida que giran.
La idea sería retomada en tiempos actuales por Urwerk para la creación de su modelo UR-CC1 King Cobra.
Destacable también fue su célebre movimiento de doble huso horario para Patek Philippe. Su invento resolvió el problema de la sincronización de la aguja de los minutos, un problema común en los relojes de doble huso horario de otros fabricantes. Estos relojes de pulsera, referencias 2597 y 2597 HS (HS por heure sautante, “hora saltante”) entraron en producción en 1958. La primera versión, 2597, tenía solo una manecilla horaria, que se ajustaba independientemente mediante dos pulsadores: al presionar el superior, la manecilla avanzaba una hora, o una zona horaria; al presionar el inferior, retrocedía una hora. La segunda versión, la referencia 2597 HS, tenía una segunda manecilla horaria de acero azulado que se ajustaba independientemente de forma similar.
En los Victory Watches de 1945, su papel fue mucho más allá del suministro de un mecanismo. Cottier participó en la preparación de los movimientos, diseñó las indicaciones horarias, intervino en el desarrollo iconográfico de las piezas y coordinó aspectos fundamentales de su ejecución. De hecho, la documentación conservada muestra que fue él quien realizó numerosos bocetos previos para las esferas y para los distintos elementos decorativos que acabarían identificando a cada destinatario.
Su reputación como artesano era tal que Hans Wilsdorf, fundador de Rolex, le confió la conservación y restauración de su colección histórica. Asimismo, colaboró estrechamente con destacados historiadores de la relojería como Alfred Chapuis en labores de investigación, catalogación y restauración de piezas antiguas.
Su producción fue siempre extraordinariamente limitada. Las investigaciones realizadas hasta la fecha indican que apenas unos 455 movimientos de hora mundial fueron suministrados por Cottier para relojes de pulsera, relojes de bolsillo y relojes de sobremesa a lo largo de toda su carrera. Esta escasez explica en buena medida la enorme importancia que poseen actualmente las piezas asociadas a su nombre.
Paradójicamente, pese a su relevancia histórica, Louis Cottier fue una persona de carácter discreto y extraordinariamente modesto. Nunca registró una marca propia ni un punzón personal, y ninguno de los relojes que construyó lleva su firma visible. Su reconocimiento llegó principalmente a través de las manufacturas para las que trabajó y de la admiración de generaciones posteriores de coleccionistas e historiadores. No resulta exagerado afirmar que buena parte de los relojes de hora mundial contemporáneos, independientemente de la marca que figure en su esfera, siguen siendo herederos directos de la idea concebida por Louis Cottier, en Carouge, en 1931.
Tras su fallecimiento el 16 de septiembre de 1966, y dado su carácter de relojero independiente, su taller cerró de manera definitiva. Uno de sus hijos, Jean-Pierre, realizó en 1967 una compilación de toda su producción a partir del registro de facturas. Ese mismo año, la familia donó al Museo de Ginebra el conjunto de muebles, herramientas y archivos del taller. El registro de facturas sería lamentablemente destruido en 1978. Como dato curioso, otro de sus hijos, Georges, estudió filosofía y teología y, en 1989, a petición del papa Juan Pablo II, se trasladó a Roma para ejercer como teólogo de la Casa Pontificia, cargo que posteriormente le llevaría a ser nombrado cardenal.
Como apunte, conviene señalar que la actual marca Louis Cottier no mantiene ninguna vinculación histórica con el célebre relojero ginebrino y utiliza únicamente su nombre a modo de reclamo comercial. La firma pertenece a la empresa francesa Majestic y a la vista de sus propuestas y trayectoria, resulta difícil considerar que represente o continúe la herencia técnica y creativa de quien fue uno de los grandes innovadores de la relojería del siglo XX.
Stern Frères y Michel Deville
Si Louis Cottier aportó la concepción técnica del proyecto, la dimensión artística de las esferas recayó en otro de los grandes nombres de la relojería ginebrina del siglo XX: Stern Frères.
Fundada en Ginebra a finales del siglo XIX, Stern Frères se consolidó durante la primera mitad del siglo XX como uno de los fabricantes de esferas más prestigiosos de Suiza. La firma suministró sus creaciones a numerosas manufacturas de primer nivel y destacó especialmente por la excelencia de sus trabajos en esmalte, grabado y decoración artística. Su relevancia histórica se vería reforzada en 1932, cuando la familia Stern adquirió Patek Philippe, iniciando una relación que continúa hasta nuestros días.
La ejecución de las esferas fue confiada a Michel Deville, uno de los esmaltadores más destacados vinculados a la Maison Stern. Nacido en Ginebra el 27 de abril de 1924, Deville se formó en la École des Arts Industriels bajo la dirección de Marcel Feuillat, orfebre, esmaltador y figura clave de las artes decorativas ginebrinas. En aquel entorno adquirió una sólida formación técnica y artística que le permitió dominar las complejas técnicas del esmalte y desarrollar un lenguaje propio caracterizado por el equilibrio entre tradición y modernidad.
Su talento fue reconocido tempranamente. En 1953 recibió, ex aequo con el joven joyero Gilbert Albert, el prestigioso Premio Charles Galland de la Ciudad de Ginebra, una distinción que confirmaba su posición entre la nueva generación de artistas-artesanos que renovaron las artes aplicadas suizas durante la posguerra.
Deville se especializó en el esmalte cloisonné. Aunque no se dedicó habitualmente a la pintura en miniatura sobre esmalte para relojes de bolsillo, desarrolló una destacada carrera en el ámbito de la decoración arquitectónica y de los objetos artísticos, colaborando al mismo tiempo con Patek Philippe en algunas de sus más célebres creaciones esmaltadas, especialmente los relojes de sobremesa “Dome”. Durante las décadas de 1960 y 1970 participó en la realización de piezas inspiradas en temas mitológicos, históricos y renacentistas que evidencian tanto su virtuosismo técnico como su sensibilidad narrativa.
Su estilo se distinguía por la pureza del dibujo, el refinamiento cromático y una interpretación moderna de los temas clásicos. Sin abandonar el rigor de la tradición del cloisonné ginebrino, incorporó recursos formales inspirados en el cubismo y en determinadas corrientes de la abstracción lírica. La influencia de artistas como Pablo Picasso, Juan Gris o Robert Delaunay se percibe en la geometrización de las formas, la multiplicidad de perspectivas y la construcción dinámica de sus composiciones.
Estas cualidades resultan especialmente evidentes en la esfera realizada para el denominado Victory Watch. Los archivos de Stern revelan que, antes de alcanzar el diseño definitivo, se estudiaron diversas propuestas iconográficas y técnicas, lo que pone de manifiesto tanto la complejidad del encargo como el elevado nivel de exigencia de sus promotores. El prolongado proceso de desarrollo buscaba encontrar una representación capaz de condensar, en un espacio extremadamente reducido, un poderoso mensaje político y patriótico.
La escena finalmente elegida, que muestra a Juana de Arco junto a la Cruz de Lorena, constituye una muestra particularmente refinada de esmalte cloisonné policromado. Más allá de la dificultad inherente a la técnica, el artista debía resolver delicados problemas de composición, profundidad y equilibrio cromático en una superficie de apenas unos centímetros de diámetro. El resultado es una auténtica obra pictórica en miniatura ejecutada sobre metal, donde simbolismo político, virtuosismo técnico y sensibilidad artística se integran en un conjunto de extraordinaria calidad, representativo de la mejor tradición esmaltadora ginebrina de mediados del siglo XX.
Paralelamente a su actividad como esmaltador, Michel Deville ejerció la docencia en disciplinas relacionadas con el dibujo y la decoración, transmitiendo a nuevas generaciones el conocimiento heredado de sus maestros. Permaneció siempre vinculado al ambiente artístico de Ginebra y Carouge, donde convivían orfebres, ceramistas, pintores y relojeros. En ese contexto, figuras como Louis Cottier, que también presidía la asociación Palette Carougeoise, contribuyeron a fomentar el diálogo entre las artes decorativas y la creación relojera, manteniendo viva una tradición de excelencia que había caracterizado a la región durante generaciones.
Deville falleció en Ginebra el 12 de enero de 2003. Su obra, relativamente escasa y siempre ejecutada con extraordinario cuidado, ocupa hoy un lugar destacado en la historia del esmalte ginebrino del siglo XX.
Del mismo modo, las esferas creadas por la Maison Stern Frères y por artistas como Nelly Richard, Marguerite Koch o el propio Michel Deville han alcanzado un estatus casi legendario entre coleccionistas y especialistas, obteniendo habitualmente importantes resultados cuando aparecen en las principales subastas internacionales.
Edgar Maerky
La decoración del reverso fue realizada por Edgar Maerky, maestro grabador responsable de una parte esencial de la identidad visual de los Victory Watches. Su intervención comprende tanto la inscripción personalizada dedicada a Charles de Gaulle como los elementos ornamentales que articulan la composición del fondo.
La tradición del grabado relojero ginebrino ocupaba un lugar central dentro de las llamadas métiers d’art, las artes aplicadas que enriquecían las grandes creaciones de la alta relojería. A diferencia de otros procesos más visibles para el usuario, el grabado requería una ejecución extremadamente precisa, capaz de aportar profundidad, contraste y definición sin alterar el equilibrio general de la pieza.
En el caso del reloj para de Gaulle, Maerky tuvo además la responsabilidad de integrar la dedicatoria personal dentro de una composición dominada por la gran “V” de Victory superpuesta sobre el mapamundi esmaltado. La nitidez con la que los grabados han llegado hasta nuestros días constituye uno de los aspectos más destacados del estado de conservación del reloj y permite apreciar plenamente la calidad de su trabajo.
La participación conjunta de Louis Cottier, Michel Deville, Edgar Maerky, la Maison Stern y la manufactura Agassiz ilustra una característica fundamental de la gran relojería ginebrina de mediados del siglo XX: las piezas más excepcionales no eran el resultado del trabajo de un único creador, sino de la colaboración de especialistas altamente cualificados, cada uno de ellos responsable de un aspecto concreto de la obra final. En los Victory Watches, esa suma de talentos alcanzó una de sus expresiones más logradas.
Conclusión: subastas y recorrido
De los cinco relojes entregados originalmente, solo dos han aparecido en el mercado público: los ejemplares destinados a Charles de Gaulle y Winston Churchill. Los demás permanecen fuera de circulación y sin registros recientes de venta. Del reloj de Harry S. Truman se conoce al menos una fotografía que apunta a su permanencia en una colección privada. El ejemplar destinado a Iósif Stalin podría conservarse todavía en Rusia, aunque no se dispone de información suficiente para confirmarlo. Tampoco ha trascendido el paradero actual del reloj entregado a Eleanor Roosevelt en memoria del presidente Franklin D. Roosevelt. Más incierto resulta el caso del reloj destinado a Chiang Kai-shek, cuya propia finalización sigue sin poder acreditarse con total certeza a partir de la documentación actualmente conocida.
El Victory Watch de Charles de Gaulle fue el primero en salir a subasta. Su aparición tuvo lugar en Antiquorum (Ginebra, 14 de octubre de 1990, lote 92), donde alcanzó 126.000 CHF. En ese momento ya llamó la atención por su procedencia histórica y por su relación directa con el final de la Segunda Guerra Mundial, aunque el mercado de relojes históricos aún no había desarrollado la especialización actual.
Su segunda aparición consolidó su posición dentro del coleccionismo internacional. En Phillips, durante The Geneva Watch Auction: XXIII (lote 24), se presentó con una estimación de 300.000 a 600.000 CHF, pero la adjudicación final alcanzó 1.460.500 CHF. El incremento respecto a su primera venta refleja el cambio profundo en la valoración de piezas donde la importancia histórica pesa tanto como la calidad relojera.
El reloj de Winston Churchill siguió una trayectoria distinta. Tras la muerte de Churchill en 1965, permaneció en la familia hasta su primera aparición en Sotheby’s Londres, dentro de The Political Sale (15 de julio de 1998, lote 96). Procedente directamente de la familia Churchill, se vendió por unas 25.000 libras esterlinas. En 2017 volvió al mercado en Sotheby’s (22 de septiembre de 2015, lote 75), donde alcanzó más de 540.000 euros, lo que supone una revalorización muy significativa en menos de dos décadas.
La comparación entre ambas trayectorias muestra una evolución clara del mercado. En los años noventa, estas piezas se trataban como objetos raros dentro de la alta relojería. Hoy se valoran como documentos materiales vinculados a figuras políticas del siglo XX y a un momento histórico concreto. El Victory Watch de Charles de Gaulle ocupa aquí una posición central, en la intersección entre relojería, historia y coleccionismo de alto nivel.
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Apéndices
I. La hora mundial y el problema de los husos horarios
El sistema de hora mundial se enfrenta a una limitación básica que no depende de la mecánica, sino de la forma en que el mundo organiza el tiempo. Este tipo de relojes se apoya en una división teórica de la Tierra en 24 husos horarios de una hora, aunque en la práctica esa estructura rara vez se aplica de manera estricta.
A ello se suma la gestión del horario de verano. Cada país decide si lo adopta, cuándo lo activa y cuándo lo abandona. No existe una coordinación global estable, lo que obliga a introducir ajustes periódicos que responden a decisiones políticas más que a criterios técnicos. Para un mecanismo fijo, esta variabilidad no puede representarse de forma automática.
El problema se acentúa en los husos horarios no enteros. India utiliza un desfase de cinco horas y media respecto al tiempo universal. Irán emplea tres horas y media, Afganistán cuatro horas y media, y regiones como el centro de Australia o Terranova también recurren a ajustes de media hora. En casos extremos, Nepal utiliza cinco horas y cuarenta y cinco minutos, mientras que la isla de Chatham alcanza doce horas y cuarenta y cinco minutos.
Estas excepciones rompen el esquema clásico de 24 divisiones iguales sobre el que se construyen los relojes de hora mundial tradicionales. El sistema desarrollado por Cottier funciona correctamente dentro de esa lógica regular, pero pierde precisión en cuanto el desfase deja de ser de una hora completa.
Algunas firmas han intentado responder a estas limitaciones. Un ejemplo es Vogard, creada en el año 2000 por el relojero de Biel Michael Vogt para comercializar su propuesta de ajuste rápido de husos mediante el bisel. Su primer modelo se llamó Timezoner.
Más adelante, vendería la patente a IWC y parte de su desarrollo tecnológico se integró en proyectos de la marca, adoptando soluciones similares en una línea Timezoner propia.
El objetivo es práctico: permitir al usuario ajustar de forma rápida la referencia horaria al viajar o al cambiar de zona, especialmente en relación con el horario de verano. Aun así, el sistema sigue basado en una simplificación del mapa horario global.
Incluso con estas soluciones, los desfases de media hora o de cuarenta y cinco minutos no encuentran una representación limpia en la relojería mecánica convencional. El propio Michael Vogt ha señalado que sería posible diseñar un sistema basado en 48 divisiones de media hora, pero su uso resultaría poco práctico para la mayoría de usuarios. Y eso sin mencionar siquiera la cuestión de los “tres cuartos de hora” nepalíes…
La conclusión es clara: cualquier reloj de hora mundial es, en esencia, una aproximación. Reduce un sistema irregular a una estructura legible, pero pierde exactitud en cuanto la organización real del tiempo deja de seguir un patrón uniforme.
No obstante, este desafío sigue despertando interés en la actualidad. Un ejemplo reciente es el The Delta Type de Ardra Labs, una propuesta que replantea la idea a partir de la configuración de un reloj GMT.
II. Los relojes del General y el LIP que no era
El general Charles de Gaulle también tuvo un LIP, como ya nos contaron en su día los compañeros @Tortuga_Shelly y @Drake en sendos hilos.
Según nos cuenta la historia oficial, en diciembre de 1958 Fred Lip (Lipmann) regaló a de Gaulle, y posteriormente también al presidente Eisenhower, un ejemplar de su revolucionario modelo “Electronic”. Este reloj, cuyo desarrollo se remontaba a 1952, se le llamaba “electrónico”, un término algo exagerado, ya que solo el diodo, que desempeña un papel secundario, es un componente electrónico. Sería más preciso llamarlos relojes eléctricos (algo que sí hacían en la publicidad) o electromecánicos. Los primeros relojes verdaderamente electrónicos aparecieron en la década de 1960 con movimientos transistorizados, seguidos por los de cuarzo.
En cualquier caso, según relata el propio Fred Lip en el libro de Marie-Pia Coustans, Lip: Des heures à conter:
“j’ai voulu que le Général soit le premier au monde à posséder l’une des montres électriques à pile créées par la firme que je dirigeais. Comme sa vue était mauvaise, je lui ai fait un cadran très lisible, avec des gros chiffres et des aiguilles particulièrement voyantes. Grâce à la complicité de Mme de Gaulle et du commandant Sabot, nous mimes au point un plan astucieux pour assurer l’exactitude du Président. Deux montres similaires furent établies, elles prenaient le relais toutes les semaines, sur sa table de nuit. Soigneusement réglées, sur ma demande, par un maître en la matière dans nos laboratoires, elles étaient remplacées après avoir varié de quelques secondes”.
Quería que el General fuera el primero del mundo en poseer uno de los relojes eléctricos a batería creados por la empresa que yo dirigía. Dado que su vista era deficiente, diseñé una esfera muy legible para él, con números grandes y manecillas especialmente visibles. Gracias a la colaboración de la Sra. de Gaulle y el Comandante Sabot, ideamos un ingenioso plan para garantizar la puntualidad del Presidente. Se fabricaron dos relojes idénticos, que se alternaban cada semana en su mesita de noche. Ajustados cuidadosamente, a mi petición, por un maestro relojero en nuestros laboratorios, se reemplazaban cuando se desviaban unos pocos segundos.
En 1994, coincidiendo probablemente con el cincuentenario del desembarco de Normandía y de la liberación de París, LIP decidió reeditar un modelo al que denominó Montre du Général.
La operación de marketing recuperaba además el recuerdo del antiguo lema “Montre des Présidents” de los años cincuenta, ya que uno de los ejemplares de la reedición fue obsequiado al presidente Bill Clinton.
En la actualidad, la firma mantiene incluso una colección denominada Général de Gaulle inspirada en aquel diseño.
Sin embargo, existe un problema evidente. La reedición de 1994 se basaba en los modelos LIP referencias 42998, de 1972, y 43816, de 1975.
Charles de Gaulle había fallecido en 1970. La marca omitió así un detalle fundamental: el reloj que realmente utilizó el presidente francés fue uno de los primeros modelos equipados con el calibre R27, o bien la posterior referencia 603 derivada de aquel. Desde entonces, la confusión se ha perpetuado en la comunicación comercial de la firma.
Pero es posible ir un paso más allá. El 18 de julio de 2019, la casa de subastas Artcurial presentó en Montecarlo la venta Horlogerie de Collection. Entre los lotes figuraba el número 658, descrito como un LIP R27 “Général de Gaulle”, número 152834. Procedente de Bernard de Gaulle, hijo del general, se presentaba como el reloj que Fred Lip había regalado personalmente al entonces presidente de Francia.
Al examinar las fotografías surge, no obstante, una cuestión interesante. El modelo coincide, pero la esfera no parece corresponderse exactamente con el reloj descrito por Fred Lip cuando afirmaba haber diseñado para de Gaulle “una esfera muy legible, con números grandes y manecillas especialmente visibles”.
La procedencia de la pieza, sin embargo, resulta difícilmente discutible.
La investigación se vuelve todavía más interesante cinco años después. El 16 de diciembre de 2024, Artcurial organizó en París la subasta De Gaulle: Une succession pour l’Histoire, compuesta por 372 lotes procedentes directamente de la familia de Gaulle. Entre cartas, manuscritos, condecoraciones, pinturas, libros y objetos personales, figuraban también varios relojes.
El lote 318 correspondía a un LIP calibre R27 “Patent Pending”, número 17298, heredado por su hijo Philippe.
Dos aspectos llaman especialmente la atención. El primero es su estética, que parece ajustarse mucho mejor a la descripción proporcionada por Fred Lip. El segundo es la inscripción “Patent Pending” (no muestran la trasera pero lo hemos visto en el R27 en acero más arriba). Si la patente todavía se encontraba pendiente de aprobación, es razonable pensar que nos encontramos ante una de las primeras unidades fabricadas, quizá incluso la primera serie de producción. Esta circunstancia encajaría perfectamente con el relato de Fred Lip sobre el obsequio realizado en 1958.
Disponemos así de dos relojes equipados con calibre R27 cuya procedencia parece fuera de toda duda. Por si fuera poco, en un foro francés, un forero publicó en 2012 un comentario en el que indicaba haber vendido en su día un LIP referencia 603 destinado a ser entregado a de Gaulle durante una visita oficial a Thonon-les-Bains, en la Alta Saboya, en 1960. Como prueba aportó una fotografía del resguardo que debía conservar el vendedor.
Existe además una fotografía del general saludando a los habitantes de la localidad en la que puede apreciarse un reloj en su muñeca. Aunque la imagen no permite una identificación concluyente, bien podría tratarse de uno de esos R27/603.
Aclarado el despiste de LIP (o quizá su interesada reinterpretación comercial), merece la pena detenerse ahora brevemente en otros relojes presentes en la subasta de 2024. Citamos por orden:
• Lote 18: reloj de bolsillo de oro amarillo de 18 quilates de L. Leroy & Cie.
• Lote 19: reloj de bolsillo tipo savonette de plata con cadena y dos llaves.
• Lote 174: reloj de bolsillo tipo savonette de oro amarillo de 18 quilates, obsequio del Bey de Túnez al general de Gaulle.
Gran aficionado a la relojería, el Bey de Túnez también regaló al general un reloj de pulsera con esfera de esmalte cloisonné decorada con su efigie. La pieza, que lo representa vestido con uniforme de gala, se conserva actualmente en el Museo Patek Philippe bajo la referencia de inventario P-841.
• Lote 340: LIP Chronomètre Piezo-Électronique.
• Lote 351: reloj de mesa Bulova, regalo navideño de 1969 con la inscripción “Merry Christmas 1969 Eunice and Sargent Shriver” y la dedicatoria “General and Madame de Gaulle”.
Sargent Shriver, destacado político y diplomático estadounidense, fue nombrado embajador de Estados Unidos en Francia en 1968. Su esposa, Eunice Kennedy Shriver, hermana del presidente John F. Kennedy, había fundado ese mismo año el movimiento Special Olympics, que acabaría adquiriendo relevancia internacional.
Para concluir este repaso no exhaustivo de los relojes que pertenecieron al general Charles de Gaulle, cabe señalar que algunas fuentes mencionan que fue también propietario de un Patek Philippe referencia 2481.
Referencias y materiales de ampliación
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Antiquorum, Important Wristwatches, Watches & Clocks, lote 92, Agassiz Watch Co. world time pocket watch for General Charles de Gaulle, subasta del 14 de octubre de 1990, Ginebra.
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Artcurial, Horlogerie de collection, lote 658, LIP R.27 “Général de Gaulle”, n° 152834, subasta 18 de julio de 2022, Monte-Carlo.
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Artcurial, De Gaulle: Une succession pour l’Histoire, subasta 16 de diciembre de 2024, París.
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Cladera, Miguel Ángel, Agassiz Pocket Watch. SaFonaGastroCrono.club, 14 julio, 2021.
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Coustans, Marie-Pia, Lip: Des heures à conter, Glénat, 2022, Grenoble, 2022.
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Crott, Helmut, The dial, the face of the wristwatch in the 20th century, 2nd ed. English edition. Watchprint, Ginebra, 2023.
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Invité, Montres Patek Philippe à cadran en émail cloisonné. Montres Mecaniques, 26 noviembre, 2013.
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Phillips, The Geneva Watch Auction: Five, lote 180, Agassiz Watch Co. world time pocket watch, subasta del 14 de noviembre de 2016, Ginebra.
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Phillips, The Geneva Watch Auction: XXIII, lote 24, “Agassiz Watch Co. Victory Watch for Charles de Gaulle”, subasta del 9–10 de mayo de 2026, Ginebra.
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Phillips, “The Art Of Cloisonné Enamel Dials”, artículo editorial, mayo de 2026.
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Pritchard, Kathleen H., Swiss Timepiece Makers, 1775–1975 , Phoenix Publishing (for NAWCC), West Kennebunk, ME, 1997.
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Sotheby’s, Fine Watches, lote 75, Winston Churchill “Victory Watch”, subasta del 22 de septiembre de 2017, Londres.
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Watch Library Foundation, "Réalisations de Louis Cottier“, Collections – Musée d’Art et d’Histoire de Genève, base de datos digital de las colecciones del MAH de Ginebra.









































































































































































