WANTED: un inglés anda suelto (Segunda Parte)

Esta mañana os dejé con Churchill enviando a Sudáfrica ocho relojes de bolsillo de oro para agradecer a los hombres que habían arriesgado el pellejo ayudándolo a escapar de los bóeres y terminé diciendo que algún día habría segunda parte…

Bueno… pues algún día han sido unas horas. :joy::joy::joy:

Porque cuando me puse a buscar qué demonios había pasado con aquellos ocho relojes sobre el papel, parecía bastante sencillo seguirles la pista y contar dónde había acabado cada uno. Pues sencillo, una leche. :joy: En cuanto empecé a tirar del hilo, las cuentas dejaron de salir… A ver cómo os cuento este lío porque tiene enjundia… :upside_down_face:

Por un lado está lo que escribió el propio Churchill: en 1901 decía que había enviado ocho relojes de oro a Sudáfrica. :eight:

Por otro parece ser que cuando el paquete llegó y lo abrieron dentro había solamente siete relojes. :seven:

Y luego están las investigaciones posteriores porque décadas más tarde apareció en la historia un sudafricano llamado James “Jimmy” McLachlan, propietario del Boulevard Hotel de Witbank. Jimmy quería que el bar del hotel tuviera alguna relación con la historia de la ciudad y consiguió incluso permiso de Clementine Churchill, la viuda de Winston, para llamarlo Churchill’s.

Y fue precisamente Jimmy investigando qué podía contar y mostrar en aquel bar cuando se encontró con la historia de los relojes… A partir de ahí se le fue un poco de las manos. :joy: Empezó a escribir a descendientes, buscar documentación, hablar con historiadores y seguir la pista de los relojes uno por uno. Tanto se obsesionó con el asunto que acabó cambiando el nombre del bar: de Churchill’s pasó a llamarse The Eight Watches… Vamos, que lo que empezó buscando un nombre y algo de decoración para el bar acabó convirtiéndose en una investigación de varias décadas. :joy:

Durante su búsqueda Jimmy contactó con Celia Sandys, nieta de Churchill, y ahí apareció otro problema: mientras que en la documentación de Churchill figuraban ocho nombres, Sandys llegó a identificar hasta nueve personas que habían participado en la operación y que, por tanto, podían haber sido destinatarias.. :nine:

Así que resumiendo tenemos esto:

  • Churchill dice que envió ocho.
  • Cuando recibieron el paquete dicen que llegaron siete.
  • Y las investigaciones posteriores encuentran hasta nueve personas que podrían haber recibido uno. :joy:

Y para rematar, John Howard, precisamente uno de los hombres más importantes de toda la fuga, aquel a cuya puerta llamó Churchill durante su huida y que decidió esconderlo… no aparece entre quienes recibieron reloj.:face_with_raised_eyebrow:

A estas alturas ya tenía folios y folios con nombres, flechas y números apuntados por todas partes. :joy: Así que decidí hacer un esquema para que podáis seguir el follón mientras os cuento qué fue pasando con cada uno. :backhand_index_pointing_down:

¿Preparados? Pues coged papel y boli… o directamente imprimiros el esquema.

  • Daniel Dewsnap, el ingeniero de Oldham que había ayudado a esconder a Churchill en la mina, sí recibió uno de los relojes. Era de bolsillo, de oro de 18 quilates, con esfera de esmalte blanco y una dedicatoria grabada de Churchill.

El reloj pasó después a su nieto Errol y terminó saliendo a subasta en Londres en 1999. Eso sí… había perdido el cristal, la aguja horaria y la minutera. Pero seguía funcionando. :joy::joy::joy: Vamos, lo que un vendedor de Wallapop anunciaría como: “Muy buen estado teniendo en cuenta los años. Pequeñas marcas de uso. Revisado recientemente.” :joy::joy::joy: Se vendió por 9.775 libras a un coleccionista sudafricano, así que, casi un siglo después de haber salido de Sudáfrica, el reloj volvió allí.

  • Luego está Charles Burnham, el hombre que ayudó a esconder a Churchill entre balas de lana y consiguió sacarlo del país en un tren que también recibió el suyo.

Burnham conservó su reloj durante décadas y en 1955 lo entregó a la Campbell Collections de Durban.

  • El reloj del doctor James Gillespie también apareció… Había pasado a una doctora llamada Elizabeth McMullen y posteriormente a su sobrino, el general Roy Urquhart, que años después acabaría mandando la 1.ª División Aerotransportada británica en Arnhem durante la Operación Market Garden.

Y aquí la historia da uno de esos giros que por deformación profesional me encantan: Urquhart acabaría convertido en personaje de cine y sería interpretado nada menos que por Sean Connery en Un puente lejano. :joy:

  • El de Joe McKenna, capitán de la mina, también pudo seguirse durante un tiempo dentro de la familia. Una hija se lo llevó primero a Zimbabue y posteriormente a Inglaterra… para terminar en un museo entre objetos de Churchill.

  • El caso de John McHenry es bastante más dramático. McHenry había participado en preparar el escondite de Churchill y, según McLachlan, llevaba siempre el reloj porque lo consideraba una especie de amuleto de buena suerte… Después llegó la Primera Guerra Mundial, McHenry se convirtió en piloto, fue derribado y murió… No se sabe con certeza qué ocurrió con el reloj pero podemos deducir que como amuleto tampoco parece que fuese especialmente eficaz. :grimacing:

  • El de Adams, el secretario de la mina que precisamente había ido a recoger el paquete y que dijo que allí solo había siete relojes, sí sabemos cómo terminó: destruido en un incendio.

Y luego están los que directamente se convierten en misterios sin resolver.

  • No se ha localizado ningún reloj de Ada Blunden ni de Ellen David, las dos mujeres que también aparecen entre las posibles destinatarias y que habían ayudado a alimentar a Churchill durante su estancia escondido en la mina.

  • Y tampoco apareció nunca como os decía el supuesto reloj de John Howard… El pobre hombre llegó a pensar que quizá Churchill le había enviado el suyo aparte y que se había perdido por el camino. Años después intentaron preguntarle al propio Churchill qué había ocurrido. Y su respuesta, básicamente, fue que no se acordaba. :joy::joy::joy:

Así que después de todo este lío seguimos teniendo ocho relojes anunciados, siete supuestamente recibidos, nueve posibles destinatarios y uno de los hombres más importantes de toda la historia sin reloj… Vamos… que si Churchill pretendía agradecer ordenadamente a todo el mundo, tampoco se puede decir que dejase un Excel precisamente impecable. :joy:

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Vaya lio, te vas a volver loco, pero como te empeñes los encuentras :sweat_smile:

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