No sé vosotros, pero a mí cada vez me hace más gracia que compremos relojes llenos de funciones que probablemente no vamos a utilizar en nuestra puñetera vida…
Taquímetros, reglas de cálculo y demás inventos que hoy están ahí casi de adorno aunque en realidad nacieron para solucionar problemas reales. La cuestión es que los problemas fueron desapareciendo… pero los relojes se quedaron.
Así que viendo algunos de los míos me dio por buscar funciones relojeras que se quedaron “sin trabajo”.
Antes de empezar dos apuntes. Por un lado para evitar que venga la policía de la terminología relojera a detenerme
voy a utilizar aquí la palabra “complicación” de una manera bastante libre. Algunas sí son auténticas complicaciones mecánicas, pero otras son escalas o funciones asociadas, por ejemplo, a un cronógrafo.
Ya sé que un telémetro impreso en una esfera no es exactamente una complicación mecánica distinta… pero “El cementerio de las complicaciones, funciones, escalas e instrumentos incorporados a los relojes” me parecía un título un poco largo para el hilo.
Por otro lado pido disculpas porque sé que algunas de estas complicaciones ya se han tratado en el foro pero me daba pena dejarlas fuera de la recopilación…![]()
Y dicho esto… vamos al cementerio.
EL RELOJ QUE TE DECÍA LA HORA SIN MIRARLO
Arrancamos por uno de los abuelos del lugar… el repetidor de minutos.
Lo primero es explicar qué hace realmente un repetidor de minutos, porque la verdad es que el nombre no es que ayude demasiado.
La idea en realidad es muy sencilla: tú le preguntas al reloj qué hora es… y el reloj te la dice mediante sonidos. Literalmente. En un lateral de la caja hay una pequeña corredera. La desplazas con el dedo y al hacerlo cargas el mecanismo que va a producir el sonido. Entonces empieza el espectáculo. El reloj utiliza dos sonidos distintos, uno grave y otro agudo, y con ellos te va diciendo primero las horas, después los cuartos y finalmente los minutos.
Pongámonos en modo Ramontxu García durante las campanadas e imaginemos que son las 2:49. Primero escucharías: DONG… DONG… Dos golpes graves. Eso significa: son las dos. Después escucharías: DING-DONG… DING-DONG… DING-DONG… Tres parejas de sonidos. Cada pareja representa un cuarto de hora, así que tres cuartos son 45 minutos. Y finalmente: DING… DING… DING… DING… Cuatro golpes agudos. Es decir, han pasado cuatro minutos desde el último cuarto. Así que el reloj acaba de decirte: 2 horas + 45 minutos + 4 minutos = 2:49… Y todo esto mecánicamente.![]()
No hay un altavoz reproduciendo una grabación ni nada parecido, claro…
Dentro del reloj hay diminutas piezas que detectan en qué posición está el mecanismo horario, calculan cuántos golpes corresponden y hacen que dos pequeños martillos golpeen unos gongs metálicos. Y ahora viene lo importante… ¿Para qué demonios quería alguien algo tan complicado?
Pues porque si en 1870 te despertabas de madrugada con la habitación completamente a oscuras y no tenías electricidad ni una esfera llena de Super-LumiNova brillando como Chernóbil
pero querías saber la hora sin tener que encender una vela o una lámpara de aceite… pereza máxima… Con un repetidor lo tenías solucionado.
Cogías el reloj, movías la corredera y… DONG DONG… DING-DONG DING-DONG DING-DONG… DING DING DING DING y sin ver absolutamente nada sabías que hora era y despertabas a la parienta de paso ![]()
Existían versiones más sencillas. Algunos solo indicaban las horas y los cuartos. Otros podían aproximar intervalos más pequeños. El repetidor de minutos fue la evolución más sofisticada porque podía darte la hora prácticamente exacta al minuto.
Sobra decir que hoy esta función es prácticamente inútil. Si te despiertas de noche puedes mirar el móvil, tocar la pantalla del reloj, preguntarle la hora a un altavoz inteligente o simplemente encender una lámpara. Pero hace doscientos años aquello solucionaba un problema real. Y lo más curioso es lo que pasó después… desapareció el problema, pero no desapareció la complicación. Al contrario. Hoy un repetidor de minutos es una de las complicaciones mecánicas más difíciles, prestigiosas y caras que puede llevar un reloj… lo que quiere decir
pero así somos… inventamos la electricidad, dejamos de necesitar relojes que nos dijeran la hora a campanadas…y dos siglos después hay quien paga una fortuna por escuchar:
DONG… DING-DONG… DING. ![]()
EL TELÉMETRO: ¿A QUÉ DISTANCIA ME ESTÁN DISPARANDO?
Este me encanta porque dependiendo de tu estilo de vida puede resultar ligeramente menos útil hoy que en 1915.
El principio es sencillísimo. Estás en la guerra
ves el fogonazo de una explosión y arrancas el cronógrafo. Cuando el sonido llega a ti lo paras. Como la luz llega prácticamente de inmediato pero el sonido tarda en recorrer la distancia, una escala telemétrica convierte directamente ese tiempo en kilómetros y ya sabes aproximadamente a qué distancia ha ocurrido la explosión. También sirve con una tormenta, claro… ves el relámpago, cuentas hasta escuchar el trueno y sabes a qué distancia está.
Pero reconozco que la versión militar me gusta bastante más…![]()
—Cariño, están disparando.
—Un momento que saco el crono.
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Y rebuscando en la historia de esto encontré una auténtica maravilla. En 1892 Théodore Schaedeli patentó un cronógrafo-telémetro que tenía en cuenta además un problema: la velocidad del sonido cambia con la temperatura, así que para afinar el resultado había que aplicar correcciones. Aquí os dejo la patente.
O sea… para saber con precisión a qué distancia había caído una bomba podías necesitar el cronógrafo, conocer la temperatura, mirar una tabla de correcciones y hacer algún cálculo.
Todo ello procurando, imagino, que mientras hacías las cuentas no cayese la siguiente más cerca. ![]()
LA ESCALA CARACOL: CUANDO ALGUIEN DECIDIÓ QUE UNA ESFERA TODAVÍA TENÍA DEMASIADO ESPACIO LIBRE
Esta reconozco que no sé si debería estar enterrada aquí o en un museo dedicado a gente con demasiado tiempo libre como yo estos días… ![]()
A principios del siglo XX las escalas taquimétricas tenían una limitación bastante evidente: en una circunferencia solo caben determinados valores… Pero entonces F. Amez-Droz patentó en 1907 una escala taquimétrica en espiral, la famosa snail scale. En vez de hacer una sola vuelta alrededor de la esfera, los números iban dando vueltas hacia dentro como un caracol.
Funcionar, funcionaba. Legible…Bueno… Digamos que si alguna vez alguien diseñó una esfera pensando «aquí todavía veo demasiado bien los números» probablemente fue este señor. ![]()
No es exactamente una función que muriese porque apareciese otra tecnología… más bien fue una forma complicadísima de resolver un problema que acabamos aprendiendo a solucionar de maneras bastante más sencillas.
EL RELOJ QUE EVITABA QUE UN AVIÓN SE PERDIERA
Aquí ya entramos en cosas serias.
En los años veinte navegar en avión sobre el océano era una cosa bastante más entretenida que poner Google Maps y esperar a que la voz de una señora te diga «gire a la derecha».
Para calcular la posición mediante navegación astronómica era fundamental conocer la hora con precisión.
Philip Van Horn Weems desarrolló el llamado Second-Setting Watch que permitía sincronizar el reloj exactamente con las señales horarias recibidas por radio… ¿Y tan importante era acertar unos segundos? Pues sí porque un error de solo treinta segundos podía desplazar el cálculo de posición hasta siete millas. ¡¡11,3 kilómetros!!. Por llevar el reloj medio minuto mal ![]()
El sistema permitía ajustar los segundos sin tener que andar moviendo y perdiendo la posición de las agujas principales. Algo que hoy parece una tontería pero que podía ser literalmente la diferencia entre saber dónde estabas y estar sobrevolando el Atlántico pensando «pues juraría que aquí tenía que haber una isla». ![]()
EL LINDBERGH HOUR ANGLE: HACER TRIGONOMETRÍA EN LA MUÑECA PARA SABER DÓNDE ESTÁS
Y de Weems pasamos a su alumno más famoso: Charles Lindbergh.
Después de cruzar el Atlántico en 1927 Lindbergh se puso a estudiar navegación en serio con Weems y ambos terminaron colaborando en una evolución de aquellas herramientas. Así nació el Lindbergh Hour Angle Watch, fabricado posteriormente por Longines. Aquí intentaré no meterme demasiado en las matemáticas porque quiero que sigáis leyendo el hilo y porque, además, yo soy de letras puras así que terminaría metiendo la gamba en algo ![]()
La idea simplificada es que el reloj ayudaba a transformar el tiempo en grados de arco y facilitaba uno de los cálculos necesarios para determinar la posición mediante navegación celeste. El sistema de Weems y Lindbergh combinaba reloj, sextante, tablas y cálculos que permitían a los aviadores saber dónde demonios estaban en mitad de ninguna parte. Hoy miramos el móvil y aparece un puntito azul. Antes tenías que mirar al Sol con un sextante y hacer matemáticas. Hemos perdido romanticismo… pero reconozco que en este caso hemos ganado bastante. ![]()
BREITLING CHRONOMAT: UNA CALCULADORA QUE TAMBIÉN DABA LA HORA
Vamos con una de las funciones que más me fascinan por la absoluta confianza que tenían nuestros antepasados en la capacidad matemática de la gente… ![]()
Antes de las calculadoras electrónicas una regla de cálculo era una herramienta necesaria de verdad. Ingenieros, técnicos, pilotos y científicos las utilizaban constantemente. Así que la relojería decidió meter una en un reloj.
Breitling patentó en 1940 un sistema de regla de cálculo circular asociado a un cronógrafo y en 1942 apareció el Chronomat, cuyo nombre procedía precisamente de Chronographe-Mathématique. Permitía hacer multiplicaciones, divisiones y distintos cálculos, además de trabajar con escalas de velocidad, distancia, pulsaciones, etc.
Después la idea alcanzaría la fama con el Navitimer y la aviación… pero aquí viene uno de esos jardines relojeros en los que es mejor entrar con cuidado.
Porque cuando intentas averiguar quién fue exactamente el primero en meter una regla de cálculo en un reloj aparecen varios candidatos. Breitling patentó su sistema en 1940 y de ahí nacería el Chronomat… pero resulta que los señores de Mimo-Loga habían solicitado su propia patente unas semanas antes ese mismo año. Así que, antes de que aparezca alguien con una hemeroteca debajo del brazo, prefiero no repartir medallas y dejarlo en que ambos llegaron prácticamente al mismo tiempo. ![]()
Hoy llevamos en el bolsillo un aparato que puede resolver en una décima de segundo operaciones que yo ni siquiera sabría plantear…pero hay quien sigue comprando el reloj con la regla de cálculo porque somos así. ![]()
EL RELOJ QUE TE DECÍA CUÁNDO TENÍAS QUE COLGAR EL TELÉFONO
Este es de mis favoritos porque cuando empecé a investigar pensé que era una de esas historias relojeras que se han ido repitiendo hasta convertirse en verdad… y resulta que no… Durante años, hasta no hace tantos… esta es de esas cosas que a algunos nos recuerdan la edad que tenemos… las llamadas telefónicas, especialmente las internacionales, se cobraban por intervalos de tiempo. Por eso existen cronógrafos antiguos con marcas que se han relacionado con bloques de tres minutos… No he conseguido encontrar quién fue el primer relojero al que se le ocurrió aquello… pero las marcas aparecen ya en cronógrafos de los años treinta, justo cuando hablar por teléfono a larga distancia podía costar un riñón. ![]()
Ojo aquí… no significa que todo cronógrafo con esas marcas en la subesfera de las 3 sea necesariamente un contador telefónico. Parece que esa explicación se ha generalizado demasiado y dependiendo del reloj esas marcas podían tener otras funciones.
Pero hay un caso en el que no hay ninguna discusión. Charles Stern, copropietario de Patek Philippe, encargó una esfera especial para su propio reloj que llevaba una escala de tres minutos específicamente pensada para controlar las llamadas telefónicas.
Charles murió en 1944 antes de poder disfrutarlo así que quien realmente llevó el reloj durante unos tres años y lo utilizó como herramienta de trabajo en sus viajes fue su hijo Henri Stern… No debió tener mala herencia el tal Henri.
Es decir… uno de los relojes más increíbles del mundo incorporaba una pequeña función cuyo mensaje práctico era: «Vete despidiendo que como lleguemos al minuto tres te cobran otro tramo». ![]()
HEUER SOLUNAR: ¿CUÁNDO SUBE LA MAREA?
En 1949 Heuer presentó un reloj llamado Solunar.
Y aquí la historia me gusta especialmente porque para hacerlo Jack Heuer necesitó la ayuda de su profesor de física para calcular el mecanismo. El reloj estaba pensado para mostrar información relacionada con la Luna y las mareas… algo muy útil para pescadores, cazadores y navegantes.
Un año después Heuer llevó la idea a un cronógrafo y creó el Mareographe, del que Abercrombie & Fitch vendería su propia versión bajo el nombre Seafarer.
Ahora imaginemos la situación… Quieres saber cuándo será la próxima pleamar. Hoy: móvil, aplicación, dos segundos… 1949: un mecanismo relojero desarrollado después de que Jack Heuer fuese a preguntarle a su profesor cómo demonios calcular aquello. ![]()
No sé vosotros, pero yo casi prefiero la segunda opción aunque termine ahogado.
LA ALARMA MECÁNICA: EL RELOJ QUE HACÍA DE SECRETARIA
Este es curioso porque técnicamente no está muerto… pero su trabajo sí. Jaeger-LeCoultre presentó el Memovox en 1950. El propio nombre significa algo parecido a «voz de la memoria» y la idea era exactamente esa: que el reloj te recordase cosas. Una reunión. Una cita. Una llamada. La hora de salir. Lo que fuese…
Girabas una corona, colocabas la alarma en la hora deseada y cuando llegaba el momento aquello empezaba a zumbar en la muñeca. Jaeger-LeCoultre explica que el Memovox nació precisamente ante la creciente demanda de funciones prácticas y recordatorios para aquel nuevo hombre de negocios permanentemente ocupado. Vamos… Google Calendar con cuerda manual. ![]()
Y esta función acabó generando una de las variantes más maravillosas que he encontrado…
JAEGER-LECOULTRE MEMOVOX PARKING: EL RELOJ QUE EVITABA MULTAS
En los años cincuenta empezaron a extenderse los parquímetros de monedas. Aparcabas, echabas dinero y aquello te daba derecho a estar allí determinado tiempo. El problema era acordarte de cuándo terminaba. Y en 1958 alguien en Jaeger-LeCoultre pensó: ¿Y si hacemos un reloj para eso?
Así nació el Memovox Parking ![]()
Tenía un disco especial que permitía fijar la duración del estacionamiento y cuando el tiempo se agotaba… sonaba la alarma. Y esto no es una interpretación moderna. La propia Jaeger-LeCoultre explica que fue anunciado como un reloj con “built-in parking meter”, literalmente un «parquímetro incorporado», para evitar multas por pasarte del tiempo pagado. ![]()
Me parece maravilloso. Sales del coche, metes una moneda en el parquímetro, miras cuánto tiempo has comprado, lo programas mecánicamente en tu Jaeger-LeCoultre y cuando empieza a zumbar sales corriendo a buscar el coche. Hoy la aplicación del móvil te manda una notificación y puedes incluso ampliar el aparcamiento desde el sofá. Hemos avanzado muchísimo como especie… aunque reconozco que es bastante menos elegante. ![]()
HEUER RING-MASTER: UN RELOJ PARA CADA TRABAJO… CAMBIANDO EL ARO
Este es rarísimo. En 1957 Heuer presentó el Ring-Master, un cronómetro al que se le podían colocar diferentes anillos de colores con distintas escalas según lo que quisieras medir. Había un aro naranja preparado para controlar asaltos y descansos de boxeo.
Uno amarillo para cuentas atrás, deportes y regatas
Y uno verde que mostraba minutos decimales para cronometrar rallyes
Es decir… no comprabas un cronómetro para cada cosa. Le cambiabas el aro al aparato dependiendo de si esa tarde ibas a cronometrar un combate de boxeo, una regata o un rally. Lo normal para un domingo cualquiera. ![]()
Hoy un ordenador convierte cualquier unidad a cualquier otra antes de que hayas terminado de escribirla. Entonces necesitabas otro aro verde.![]()
EL SPEEDMASTER QUE SERVÍA PARA SABER CUÁNTO PRODUCÍA UNA FÁBRICA
Este probablemente sea el que más me ha sorprendido de todos. Porque todos sabemos para qué sirve un Speedmaster… Para ir a la Luna, claro… Bueno… eso vino después. ![]()
Cuando Omega lanzó el Speedmaster original a finales de los cincuenta lo presentó como un cronógrafo destinado al deporte, la investigación y la industria, y llamó a aquella escala del bisel Tacho-Productometer. La referencia CK2915 fue además pionera colocando esa escala en el bisel en lugar de dentro de la esfera. Pero supongo que os estaréis preguntando lo mismo que yo… ¿qué demonios era un productómetro? Pues exactamente lo que parece. Un reloj que servía para calcular cuántas unidades podía producir una máquina o un trabajador por hora. Hay incluso una explicación publicitaria de Omega realmente maravillosa.
Imagínate una imprenta que tarda 45 segundos en fabricar cien periódicos. Cronometras esos 45 segundos y la escala te da 80. Multiplicas 80 por las cien unidades que acabas de medir… 8.000 periódicos por hora… Es decir… décadas antes de convertirse en el Moonwatch, el Speedmaster podía servir para que el encargado de una fábrica mirase la muñeca y pensase: «Manolo hoy me está bajando la productividad».
Lo dicho, no sé por qué esta parte de la historia del Speedmaster no es muchísimo más conocida porque me parece fantástica.
FAVRE-LEUBA BIVOUAC: UNA ESTACIÓN METEOROLÓGICA EN LA MUÑECA
En 1962 Favre-Leuba decidió que dar la hora era claramente poco ambicioso y presentó el Bivouac. Un reloj mecánico con altímetro y barómetro. La propia Favre-Leuba lo presenta como el primer reloj de pulsera mecánico capaz de medir tanto la altitud como la presión atmosférica.
Lo bonito es cómo funcionaba ![]()
Dentro llevaba una cápsula que reaccionaba a los cambios de presión atmosférica. Al subir una montaña la presión disminuía, la cápsula se deformaba ligeramente y ese movimiento minúsculo acababa transmitiéndose mecánicamente hasta una aguja que indicaba la altitud. Sin batería. Sin satélite. Sin electrónica. Una cajita metálica deformándose dentro del reloj. ![]()
Y cuidado que no era una ocurrencia para chulear en una feria… El Bivouac fue utilizado realmente por montañeros y exploradores. Hoy cualquier reloj deportivo medianamente serio te da altitud, presión, posición GPS, desnivel acumulado, previsión meteorológica y probablemente te felicita cuando llegas arriba. El Bivouac hacía dos cosas. Pero las hacía con engranajes. Y qué queréis que os diga… yo creo que tiene bastante más mérito. ![]()
EL MÉDICO QUE TOMABA EL PULSO CON EL RELOJ
Este es bastante conocido en el foro porque aquí se ha hablado muchas veces de pulsómetros y hasta tuvisteis el proyecto Galeno… pero tenía que estar dentro de este cementerio.
Durante décadas un reloj fue literalmente parte del instrumental de un médico. El House de la época arrancaba el cronógrafo, contaba un determinado número de latidos… por ejemplo treinta… y al detenerlo podía leer directamente las pulsaciones por minuto sin tener que hacer ninguna cuenta. Pero resulta que aún se podía complicar más la cosa. Existían también los astmómetros (la de palabras que estoy aprendiendo en estas investigaciones)
destinados a medir la frecuencia respiratoria exactamente con el mismo sistema.
Curiosamente esto viene de bastante más atrás de lo que yo pensaba… Longines ya había fabricado un mecanismo en 1928 que ya llevaba las dos escalas: una calibrada para 30 pulsaciones y otra para 5 respiraciones.
Longines siguió utilizando este tipo de escalas durante décadas y en 1963 fabricó otro modelo médico con pulsómetro y astmómetro que acabaría sirviendo incluso como inspiración para una reedición moderna.![]()
Me flipa que hace cien años un médico podía ponerte los dedos en la muñeca, arrancar el cronógrafo, contar treinta latidos y obtener directamente tus pulsaciones por minuto… después observar cinco respiraciones y sacar también tu frecuencia respiratoria. Todo con un reloj mecánico, dos escalas impresas y sus propios dedos. Hoy te ponen una pinza en el dedo y una máquina empieza a pitar y a sacar números. Muchísimo más práctico. Infinitamente menos bonito. ![]()
FAVRE-LEUBA BATHY: PARA MEDIR LA PROFUNDIDAD HABÍA QUE DEJAR ENTRAR AL AGUA
Y termino con otro Favre-Leuba porque estos señores durante los sesenta debían tener alguna especie de competición interna para ver quién conseguía meter más instrumentos raros dentro de un reloj ![]()
En 1968 Favre-Leuba presentó el Bathy, uno de los primeros relojes de pulsera con un profundímetro mecánico integrado…Y aquí viene la parte que me encanta. Para medir la profundidad cuando estás dentro del agua (valga la redundancia) hay que medir la presión del agua así que los ingenieros tuvieron que diseñar un sistema en el que el agua actuase sobre una membrana del mecanismo de medición. Pensadlo un momento. Toda la historia de los relojes de buceo consiste en impedir que el agua llegue al movimiento… y estos señores decidieron dejarla entrar deliberadamente en una parte del reloj ![]()
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El mecanismo transformaba la presión en una indicación de profundidad en la esfera. Hoy cualquier buceador serio utiliza un ordenador de buceo que controla profundidad, tiempo, velocidad de ascenso, descompresión y media docena de cosas más. Pero durante un tiempo podías bajar ahí abajo con una membrana, una aguja y bastante fe en los ingenieros suizos.
Además de pasármelo como un enano haciendo esta investigación me he dado cuenta de algo que me resulta curioso… Mientras estas complicaciones eran herramientas nadie pensaba que hubiera nada romántico en ellas… pero después llegaron máquinas muchísimo mejores para hacer todas esas cosas…y algunos seres humanos… que seres más peculiares somos… empezaron a pagar una fortuna por llevar las antiguas en la muñeca.
Supongo que al final ese es el extraño encanto de la relojería mecánica. Que como con los humanos, el cementerio está lleno de muertos… pero ninguno se ha ido del todo. ![]()








































