La mujer que vendía la hora

Hace unas semanas abrí por aquí un hilo a raíz de una de esas preguntas tontas que empiezan ocupándote cinco minutos… y cuando te quieres dar cuenta llevas dos horas leyendo sobre observatorios astronómicos, señales horarias, campanarios, telégrafos y señores del siglo XIX mirando al cielo para saber si su reloj adelantaba tres minutos. :grinning_face_with_smiling_eyes:

La pregunta era bastante sencilla: ¿cómo sabía alguien hace 100 o 200 años si su reloj marcaba realmente bien la hora?

Pues tirando un poco más de aquel hilo me encontré con una historia que se me había escapado… y que me parece todavía mejor. Porque hubo una época en Londres en la que, si necesitabas saber la hora con precisión… podías pagar para que alguien te la llevase. Literalmente.

Cojamos el Delorean de nuevo…

Estamos en Londres, a comienzos del siglo XIX. Imaginad que sois relojeros… tenéis varios relojes para reparar, otros cuantos para vender y necesitáis comprobar que todos marchan correctamente :grinning_face_with_smiling_eyes: . El vuestro marca las 12:03. El de la iglesia de enfrente las 12:06. El del vecino las 12:04. Fenomenal.¿Y ahora qué? :grinning_face_with_smiling_eyes:

Una de las mejores referencias disponibles estaba en el Real Observatorio de Greenwich, donde la hora podía determinarse mediante observaciones astronómicas… así que, si necesitabas una referencia realmente fiable, podías llevar hasta allí un buen reloj, comprobarlo y volver después a Londres con la hora correcta… El problema es que aquello era bastante poco práctico…

Así que en 1836 alguien tuvo una idea bastante lógica: en vez de mandar un montón de relojes hasta Greenwich… ¿por qué no mandamos Greenwich hasta los relojes?

Y aquí aparece John Henry Belville, empleado del Observatorio. Su trabajo consistía en transportar una referencia horaria precisa desde Greenwich hasta Londres… y para hacerlo necesitaba un reloj especialmente bueno.

Un cronómetro de bolsillo fabricado por John Arnold en 1794 para mantener la hora con enorme precisión y al que terminarían llamando simplemente “Arnold”.

Pues eso… Cada semana llevaban a Arnold hasta Greenwich, allí comprobaban exactamente cuánto adelantaba o atrasaba y después John Henry se lo metía en el bolsillo y comenzaba su ruta por Londres…

Iba visitando relojerías y empresas que estaban abonadas al servicio. Llegaba, sacaba el cronómetro, el cliente comparaba sus propios relojes con aquella referencia llegada directamente del Observatorio, anotaba la diferencia… y pagaba. Así que, técnicamente, John Henry Belville no vendía relojes… vendía la hora. Y debía de venderla bastante bien, porque llegó a tener alrededor de 200 clientes…

Hasta que en 1856 el bueno de John Henry murió… :pensive_face:

Su viuda, Maria Belville, se quedó sin marido y además sin derecho a una pensión del Observatorio… así que pidió permiso para continuar ella con el trabajo… Y se lo concedieron.

A partir de entonces fue Maria quien llevaba a Arnold hasta Greenwich, recogía allí la hora y después se la iba repartiendo a sus clientes por Londres… Semana tras semana… Año tras año… Durante 36 años… Hasta que en 1892, con unos 80 años, decidió que ya había paseado bastante el reloj y se retiró… :grinning_face_with_smiling_eyes:

Para entonces, además, el mundo había cambiado bastante… entre otras cosas se había inventado algo especialmente incómodo para un negocio basado en transportar información andando: el telégrafo…

De hecho Greenwich llevaba ya décadas enviando señales horarias eléctricamente… así que, en teoría, el negocio de los Belville debería haber desaparecido. Pero no desapareció. Los clientes seguían pagando… Y Maria tenía una hija.:melting_face:

Se llamaba Elizabeth Ruth Naomi Belville, aunque todo el mundo acabaría conociéndola simplemente como Ruth Belville… Tenía 38 años cuando heredó el negocio familiar… y también a Arnold. :smirking_face:

Así que Ruth continuó haciendo prácticamente lo mismo que habían hecho antes su padre y su madre. Cada lunes iba hasta Greenwich… allí comprobaban el cronómetro contra la hora oficial… después volvía a Londres con Arnold dentro del bolso y empezaba su recorrido.

En 1908 tenía alrededor de 40 clientes a los que visitaba regularmente… y aquello no era una referencia aproximada de “son más o menos las cinco”… el sistema podía proporcionar la hora con una precisión del orden de una décima de segundo. Nada mal para una señora recorriendo Londres con un reloj fabricado cuando en Francia todavía andaban entretenidos con la Revolución. :grinning_face_with_smiling_eyes:

El problema es que para 1908 todo aquello empezaba a resultar bastante difícil de defender tecnológicamente… Existía el telégrafo, como decíamos… Existía el teléfono… Existían sistemas eléctricos capaces de mandar señales horarias directamente a una empresa. Es decir… podías recibir la hora por un cable… o podías esperar a que Ruth apareciese por la puerta con Arnold dentro del bolso. :joy:

¿Entonces por qué seguir contratando a Ruth?.. Y aquí aparece un personaje maravilloso.

Un tal St John Wynne, relacionado precisamente con una compañía que comercializaba sistemas eléctricos de distribución de la hora, decidió explicar públicamente que el método de Ruth estaba completamente anticuado :grinning_face_with_smiling_eyes: El problema es que decidió ir un poquito más allá… e insinuó que quizá Ruth conservaba tantos clientes no solo por la precisión de Arnold, sino también gracias a sus… ejem… encantos personales.:upside_down_face:

Aquello llegó a los periódicos… Pero la jugada le salió regulera.:rofl:

Porque la prensa descubrió que era muchísimo más interesante contar la historia de una mujer que llevaba décadas recorriendo Londres con un reloj del siglo XVIII para vender la hora… que hablar de una empresa que enviaba impulsos eléctricos por un cable… :rofl:

El Daily Express publicó su fotografía… The Tatler también… Y Ruth empezó a hacerse conocida como The Greenwich Time Lady.

Wynne intentó explicar al mundo que su negocio estaba obsoleto… y acabó haciéndole publicidad gratis. :joy: El ejemplo claro de “le salió tel tiro por la culata”…

Pero lo mejor viene ahora… Porque uno podría pensar que aquello aguantaría unos pocos años más y desaparecería definitivamente… Pues no… Porque llegó la Primera Guerra Mundial… y Ruth siguió trabajando… Se extendió la radio… Y Ruth siguió trabajando… En 1924, la BBC comenzó a emitir sus famosas señales horarias… los seis pitidos que permitían a cualquiera con una radio poner su reloj en hora… Y cualquiera diría… Ahora sí… se acabó el negocio. ¿No? Pues tampoco. :grinning_face_with_smiling_eyes:

Ruth no abandonó definitivamente el negocio hasta alrededor de 1940, cuando tenía unos 86 años. Tres años después, en 1943, falleció habiendo dejado el cronómetro a la Worshipful Company of Clockmakers…

Arnold estuvo currando desde 1836 hasta 1940. 104 años y ahí sigue…

Y por si queréis profundizar más en la historia…

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Muchas gracias por el curro. (De nuevo).
Curioso que tres personas dedicasen su vida laboral a este menester.
Otros tiempos.
Un saludo!

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Los negocios familiares es lo que tienen :rofl:

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Fantástica historia. Gracias por compartirla

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Preciosa historia.

Me ha encantado, muchas gracias por tu tiempo :wink::wink:

:clap:t2::clap:t2::clap:t2::clap:t2:

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Que maravilla de historias nos cuentas, es fascinante como perseveraron esas mujeres, tras el fallecimiento de John Henry Belville.

Y Arnold se hace merecedor a ese nombre, todo un forzudo inagotable dando la hora…

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Eres la caña trayendo curiosidades al foro compañero, gracias por tus aportaciones.

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Qué bueno

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Y dentro de 100 años alguien hablará de @Chinaskis que no nos vendía el tiempo, nos lo regalaba trayéndonos tan interesantes historias.
a man covering his face with his hand while a woman talks into a microphone with the words es una historia hermosa above him

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El efecto Streisand 95 años antes

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Tal cual

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Muy buenas historia

Ahora hay un dicho que seguro conoces,

ese es tan bueno vendiendo que te vende hasta la hora…

como cambian los tiempos…

Presentación impecable y muy amena lectura.

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Encantadora historia. Y luego preguntan porqué nos gustan tanto los relojes.

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Menos mal que se te puede felicitar por mensaje. Por que con estos hilos me dejas con la boca abierta. Gracias por enseñarme

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Fascinante. Mil gracias.

Ahora, me has hecho plantear una pregunta: ? Y en el resto de ciudades?

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No me hagas esto!! Jajajaja!!

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Maravillosa historia…y que bien contada…

Gracias por regalarnos tu tiempo…

Ese Arnold…fue el primer reloj…“greenwichcontrolado”…gracias a esa encantadora Lady…

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Muchas gracias por tan magnífico artículo. Me ha parecido muy interesante.
De verdad, esto enriquece muchísimo a este foro

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Nunca me había planteado esa situación. Muy buena información.

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Enhorabuena por otro hilo de éxito… Impresionante, las historias que buscas y que encuentras… y por encima de todo, cómo las cuentas!

:clap: :clap: :clap:

Gracias!!!

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