Siempre he pensado que España es un país donde NO GUSTA el picante. Salvo honrosas excepciones (pimientos de Padrón, pimentón picante para los callos, salsa brava, mojo picón, etc) hemos destacado por tener una cocina muy sabrosa y, por tanto, susceptible de ser consumida sin enmascaramientos. Por otra parte la manera tradicional de dar algo de mordiente a los guisos ha sido el uso del -al menos para mí- imprescindible condimento en nuestros fogones y despensas: su majestad el AJO.
Sin embargo hay personas (entre las que me encuentro) a quienes aparte del sabor natural de los ingredientes tradicionales les gusta sentir en la lengua y paladar un cierto toque a punzada… ese intenso calorcillo áspero que hace que las papilas gustativas y/o senos nasales toque a rebato.
En las cervezas de antier (Cervezas o sed) hablamos un poco del asunto, y les dije a los compas que, salvajadas químicas aparte -a las que tan aficionados son los gringos-, de las salsas comerciales hay dos singularmente poderosas. He mirado qué tenía por casa y aprovecho para abrir debate…
-Sin duda la marca más reconocida en el ámbito nacional es el ubicuo Tabasco. Producido en EEUU (Isla de Avery), su denominación rinde homenaje al país del picante por antonomasia, México. Imagino que comercialmente era una apuesta inteligente, pues darle el nombre de una región/ciudad mexicana a una salsa picante parece lógico… curiosamente los mexicanos reniegan de esa marca (supongo que por gringa y por no ceñirse a los procesos madurativos de los chiles tal como se entienden en el país mesoamericano)
-Al salir a colación el Tabasco comenté a los amigos de barra que en nuestro país las variantes del Tabasco son pocas, en comparación con la gama de producto tan amplia que se ofrece al otro lado del charco. El verde, el de chipotle y poco más. Sin embargo han ampliado el catálogo no hace mucho ofreciendo una salsa sobre la base de los chiles ‘scorpion’, originarios de Trinidad y Tobago, que hay que dosificar muy mucho. Es ciertamente poderosa, y adecuada para añadir con cuentagotas a cremas, salsas base o sopas. Siempre en un alimento donde pueda disolverse…
-Pero si queremos tomar un condimento realmente potente basta con mirar al oeste y disfrutar de las mejillas coloradas y la frente sudorosa que provoca el mítico Piri-Piri portugués. Nuestros hermanos lusos comparten con sus epígonos brasileiros el amor por las carnes a la parrilla. De ahí salen cosas tan fabulosas como los rodicios, el chimichurri (argentino) o la bomba gustativa de la que hablo. No os perdáis la poética descripción que hacen los de Ai Ai Paladín al descartar ciertos perfiles de consumidor, a quienes aconsejan abstenerse de forma muy sutil (y cómica)
No pretendo ser exhaustivo, ni subo algunas burradas que en su momento compré en Taste of America, porque el picante debe saber bien (‘que pique rico’, dicen los mexicanos… ¿no es así, Álvaro @ReactorMonk ?), no limitarse a joder al que lo consume. Por eso abro fuego con este hilo, y me gustaría conocer vuestras opiniones. Y salsas picantes locales, por qué no… ![]()



















