Berlín: cuatro relojes y una cita a las seis
Vamos de paseo por el centro de Berlín, de esos en los que uno acaba mirando más hacia las torres que hacia los escaparates. Vamos a ver unos cuantos relojes, pero tenemos una cita concreta a las seis de la tarde. Así que podemos entretenernos, aunque tampoco demasiado.
Marienkirche: todavía tenemos tiempo
Empezamos por la Marienkirche, la iglesia de Santa María, cuya construcción se remonta aproximadamente a 1270; su remate de cobre, mucho más reciente, fue diseñado a finales del siglo XVIII por Carl Gotthard Langhans, el mismo arquitecto de la Puerta de Brandeburgo. Ya veis que aquí levantar la vista tiene su recompensa.
El reloj me parece especialmente bonito por cómo se integra en la torre. Las esferas oscuras, con numeración romana y agujas doradas, destacan sobre el cobre oxidado..
Parece que son poco más de las cinco y cuarto. Nos da tiempo de sobra, porque, aunque la iglesia merece la parada, aquí no es adonde vamos.
Rotes Rathaus: aspecto clásico, corazón eléctrico
Seguimos hasta el Rotes Rathaus, el Ayuntamiento Rojo, construido entre 1861 y 1869 según el proyecto de Hermann Friedrich Waesemann, con una arquitectura que combina referencias al Renacimiento italiano y elementos normandos. Aquí la impresión es otra: ladrillo, volumen y una torre que parece querer dejar claro quién manda.
El reloj tiene cuatro esferas de casi cinco metros de diámetro, así que lo que desde abajo parece una esfera perfectamente proporcionada es, en realidad, un relojuy grande. En la fotografía se aprecia muy bien el contraste de la numeración romana y las agujas doradas con el fondo gris azulado, todo ello enmarcado por el rojo del ladrillo.
Aquí el diseño es más rotundo y más legible.
Por dentro hubo cambio de corazón: en 2018 el antiguo mecanismo mecánico fue sustituido por uno eléctrico, después de sus últimos problemas de funcionamiento. La información del propio ayuntamiento destaca que el nuevo accionamiento requiere menos mantenimiento y ofrece gran precisión.
Estamos alrededor de las cinco y veinte. Seguimos teniendo margen, y aquí tampoco es nuestra cita.
Alexanderplatz: las veinticuatro horas del mundo
Nos acercamos ahora a la Weltzeituhr de Alexanderplatz, el reloj mundial diseñado por Erich John e inaugurado en 1969 como parte de la remodelación socialista de la plaza. Después de dos torres con números romanos, el cambio de lenguaje es completo.
A mí me parece un monumento a lo que la RDA entendía por modernidad: geometría, metal, grandes cifras, con ese enorme tambor suspendido sobre una columna y las órbitas metálicas por encima.
Sus veinticuatro caras representan esquemáticamente los veinticuatro husos horarios principales, y un anillo con las horas gira entre los nombres de las ciudades; sobre el conjunto se mueve una representación del sistema solar. Aquí no buscamos una aguja: buscamos nuestro lugar en el mundo.
Los obreros del mundo y sus veinticuatro horas. La asociación tiene además una base muy concreta: en su construcción participaron 124 trabajadores voluntarios organizados en las llamadas brigadas de después del trabajo.
Podríamos quedarnos dando vueltas y mirando qué hora es en cada ciudad, pero aún no son las seis.
Parochiallkirche: hemos venido a escuchar la hora
Ahora sí, llegamos a la Parochialkirche. En el reloj de la foto parecen faltar unos cinco minutos para las seis: hemos calculado bien el paseo.
La iglesia comenzó a construirse en 1695 y fue consagrada en 1703, todavía sin estar completamente terminada.
Antes de escuchar, miramos. En este dial lateral, las esferas tienen un precioso fondo azul turquesa, números romanos dorados y agujas muy ornamentadas; el color destaca sobre el revestimiento cobrizo de la torre.
Encima se eleva una aguja esbelta, rematada por una bola y un sol dorados; debajo, entre las columnas, asoman las campanas.
Ahí está la pista. Este no es únicamente un reloj que da las horas: la torre guarda un instrumento musical.
El primer carillón sonó en 1715, pero su afinación resultó insatisfactoria y fue reemplazado por el conjunto de 37 campanas de Jan Albert de Grave, completado en 1717. Los berlineses lo conocieron como la Singuhr, el «reloj cantor», cuyo mecanismo, asociado al reloj de la torre, hacía sonar distintas melodías a las horas.
Y el final de aquellas interpretaciones tenía un detalle difícil de superar: terminaban con un efecto de rugido de los leones que adornaban la torre.
La guerra acabó con aquella voz: en mayo de 1944 las bombas incendiarias destruyeron la parte superior de la torre, que cayó sobre la nave, y del antiguo carillón sobrevivieron dos pequeñas campanas.
La reconstrucción de la torre llegó en 2016, setenta y dos años después, y el 23 de octubre de ese año se inauguró un nuevo carillón de 52 campanas. No estamos, por tanto, ante la maquinaria barroca conservada intacta, sino ante la recuperación de una tradición que había quedado interrumpida.
El instrumento actual permite la interpretación desde un teclado y también dispone de un sistema automático electroneumático, con actuaciones diarias a las 9, 12, 15 y 18 horas. Por eso teníamos una cita a las seis, y por eso nos hemos ido entreteniendo con los otros relojes sin perder de vista la hora.
Para que la visita no se quede solo en fotografías, os dejo este vídeo del canal de la parroquia, con el carillón automático interpretando «Verleih uns Frieden». La grabación corresponde al toque de las doce, no al de las seis de nuestro paseo, pero permite escuchar el instrumento y verlo en funcionamiento.
Y para quienes quieran curiosear por dentro, Joey Brink recorre la torre con la carillonista Anna Kasprzycka y muestra las campanas, el teclado y parte de una interpretación.
Ya son las seis. Ahora guardamos el reloj de pulsera y dejamos que sea la torre la que hable.
Porque hay relojes a los que uno va para mirar la hora. Y otros a los que va para escucharla.
Gracias por llegar hasta aquí.