Guardatiempos Monumentales, RELOJES por el Mundo

LA TRADICIÓN DEL CERDO DE SAN ANTÓN. LA ALBERCA.
Hoy 17 de enero, día de San Antonio Abad, ejemplo de piedad cristiana. Con apenas 20 años vendió todos sus bienes y se retiro a vivir a una cueva como ermitaño, donde dicen que vivió hasta la edad de 105 años. Hoy día es popularmente conocido por ser el patrón de los animales.
Aunque no va sobre relojes, pero como aquí ya os he hablado de este pueblo y sus relojes, me parece apropiado compartir como adelanto, un resumen del artículo por encargo de la Revista inglesa Traveller de National Geographic.

Por ello me he venido, junto a mi hermano Ángel, avezado aficionado a la fotografía y a las tradiciones, a pasar el día a esta localidad serrana, entre hacer fotos, comer viandas desde jamón o chorizo al limón serrano o perrunillas y bailar a ritmo de tamboril, para junto al matancero de honor de este año, saber quien es, es un secreto hasta mañana, pero sea quien sea seguro que como ocurrió ya en dos ocasiones el muy querido español, salmantino, madridista y marqués, Don Vicente del Bosque que, junto a los nativos del pueblo, guardianes de esta tradición como es el caso de Fermín con su barba a lo Valle Inclán, disfrutaremos de los lindo.

El pueblo de La Alberca (Salamanca) rememora la tradición ancestral del cerdo de San Antón, porque del cerdo hasta los andares se aprovechan.
El 13 de junio, día de San Antonio, de cada año se suelta un cochino por la calles del pueblo, con apenas 40-50 kg. y vaga libremente por el mismo. El alimento se lo proporcionan los vecinos ya sea castañas, berzas, maíz y a veces hasta madalenas, se lo come todo, allí donde el cerdo, (marrano, cochino, gorrino, guarro, puerco) decide aposar sus jamones, le dan cobijo.

Esta tradición viene de hace cientos de años. El cerdo era cebado por los vecinos, y después se entregaba a la familia más desfavorecida o se repartía entre los pobres para su matanza y sustento durante el año. En la actualidad el cerdo es subastado, previa compra de unas papeletas. Actualmente la recaudación de la venta de estas, se destina a obras sociales o a una ONG y el afortunado con la rifa, recibe su equivalente en jamones y embutidos ya curados.

La tradición del “Marrano de San Antón” se remonta a la primera parte de la Edad Media, cuando en La Alberca vivían árabes cristianizados que levantaban los recelos de la Inquisición, que tuvo en este pueblo una sede. Una forma de hacer ver al Santo Oficio que el pueblo era cristiano y cumplía los preceptos, era potenciar iconos de los cristianos comiendo cerdo, por todos es muy conocido que los musulmanes no pueden comer "jalufo" o cerdo.


Este año el cerdo ibérico pesó 142 kg.

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Enhorabuena, expectante para leerlo completo.
Todo este hilo en un temazo, le doy las gracias por dedicar parte de su tiempo a escribirlo y compartirlo con nosotros.

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CAPÍTULO II LIMA

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CAPÍTULO III. LIMA CASCO HISTÓRICO Y RELOJ DE LOS DESAMPARADOS.

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Volvemos a MÉXICO

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Catedral de Sevilla

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Muy buen artículo :wink::ok_hand:t2:

En la Taifa de Mursiya también se le llama “chino”.

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ESTACIONES DE TREN Y RELOJES MONUMENTALES

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Hacia tiempo que no visitaba la Hospedería Fonseca y con ocasión de la visita de unas amistades, les conseguí alojamiento. Gratamente sorprendido, Palacio con gran patio porticado y reformado con gusto para dar cabida a 45 habitaciones a un precio mucho más económico que la media. Eso si es dependiente de la Universidad y entre congresos acaparan las habitaciones. Si os apetece visitar la ciudad reservar con antelación.

Por supuesto yo no tengo ningún interés más que ser buen anfitrión con los buenos amigos.

Pero porque lo cuelgo, pues porque en el palacio se encuentra una extraordinaria exposición de relojería gruesa con relojes de pared, sobremesa y despertadores que paseando entre las galerías y con un vinito de la mano la espera se hizo placentera

COLECCIÓN DE RELOJES DE 1800 A 1925 DE ANDRÉS SANTIAGO ZARZUELO

PALACIO HOSPEDERÍA ARZOBISPO FONSECA Universidad de Salamanca

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Qué joyas tiene Fonseca :heart_eyes:

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Esperando el tren en la Gare Saint-Jean de Burdeos me encuentro con estos dos relojes monumentales que cuelgan de la gran nave desde 1900. Ciento veintiséis años en activo, agujas de más de dos metros, monumento histórico desde 1984. No me resisto a sacar la muñeca.

Me llama la atención el diseño tan moderno: números en azul sobre fondo blanco, tipografía limpia e hiperlegible.

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Gracias por el aporte.
Disfruta las minicaciones

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Berlín: cuatro relojes y una cita a las seis

Vamos de paseo por el centro de Berlín, de esos en los que uno acaba mirando más hacia las torres que hacia los escaparates. Vamos a ver unos cuantos relojes, pero tenemos una cita concreta a las seis de la tarde. Así que podemos entretenernos, aunque tampoco demasiado.

Marienkirche: todavía tenemos tiempo

Empezamos por la Marienkirche, la iglesia de Santa María, cuya construcción se remonta aproximadamente a 1270; su remate de cobre, mucho más reciente, fue diseñado a finales del siglo XVIII por Carl Gotthard Langhans, el mismo arquitecto de la Puerta de Brandeburgo. Ya veis que aquí levantar la vista tiene su recompensa.

El reloj me parece especialmente bonito por cómo se integra en la torre. Las esferas oscuras, con numeración romana y agujas doradas, destacan sobre el cobre oxidado..

Parece que son poco más de las cinco y cuarto. Nos da tiempo de sobra, porque, aunque la iglesia merece la parada, aquí no es adonde vamos.

Rotes Rathaus: aspecto clásico, corazón eléctrico

Seguimos hasta el Rotes Rathaus, el Ayuntamiento Rojo, construido entre 1861 y 1869 según el proyecto de Hermann Friedrich Waesemann, con una arquitectura que combina referencias al Renacimiento italiano y elementos normandos. Aquí la impresión es otra: ladrillo, volumen y una torre que parece querer dejar claro quién manda.

El reloj tiene cuatro esferas de casi cinco metros de diámetro, así que lo que desde abajo parece una esfera perfectamente proporcionada es, en realidad, un relojuy grande. En la fotografía se aprecia muy bien el contraste de la numeración romana y las agujas doradas con el fondo gris azulado, todo ello enmarcado por el rojo del ladrillo.
Aquí el diseño es más rotundo y más legible.

Por dentro hubo cambio de corazón: en 2018 el antiguo mecanismo mecánico fue sustituido por uno eléctrico, después de sus últimos problemas de funcionamiento. La información del propio ayuntamiento destaca que el nuevo accionamiento requiere menos mantenimiento y ofrece gran precisión.

Estamos alrededor de las cinco y veinte. Seguimos teniendo margen, y aquí tampoco es nuestra cita.

Alexanderplatz: las veinticuatro horas del mundo

Nos acercamos ahora a la Weltzeituhr de Alexanderplatz, el reloj mundial diseñado por Erich John e inaugurado en 1969 como parte de la remodelación socialista de la plaza. Después de dos torres con números romanos, el cambio de lenguaje es completo.

A mí me parece un monumento a lo que la RDA entendía por modernidad: geometría, metal, grandes cifras, con ese enorme tambor suspendido sobre una columna y las órbitas metálicas por encima.

Sus veinticuatro caras representan esquemáticamente los veinticuatro husos horarios principales, y un anillo con las horas gira entre los nombres de las ciudades; sobre el conjunto se mueve una representación del sistema solar. Aquí no buscamos una aguja: buscamos nuestro lugar en el mundo.

Los obreros del mundo y sus veinticuatro horas. La asociación tiene además una base muy concreta: en su construcción participaron 124 trabajadores voluntarios organizados en las llamadas brigadas de después del trabajo.

Podríamos quedarnos dando vueltas y mirando qué hora es en cada ciudad, pero aún no son las seis.

Parochiallkirche: hemos venido a escuchar la hora

Ahora sí, llegamos a la Parochialkirche. En el reloj de la foto parecen faltar unos cinco minutos para las seis: hemos calculado bien el paseo.

La iglesia comenzó a construirse en 1695 y fue consagrada en 1703, todavía sin estar completamente terminada.

Antes de escuchar, miramos. En este dial lateral, las esferas tienen un precioso fondo azul turquesa, números romanos dorados y agujas muy ornamentadas; el color destaca sobre el revestimiento cobrizo de la torre.

Encima se eleva una aguja esbelta, rematada por una bola y un sol dorados; debajo, entre las columnas, asoman las campanas.

Ahí está la pista. Este no es únicamente un reloj que da las horas: la torre guarda un instrumento musical.

El primer carillón sonó en 1715, pero su afinación resultó insatisfactoria y fue reemplazado por el conjunto de 37 campanas de Jan Albert de Grave, completado en 1717. Los berlineses lo conocieron como la Singuhr, el «reloj cantor», cuyo mecanismo, asociado al reloj de la torre, hacía sonar distintas melodías a las horas.

Y el final de aquellas interpretaciones tenía un detalle difícil de superar: terminaban con un efecto de rugido de los leones que adornaban la torre.

La guerra acabó con aquella voz: en mayo de 1944 las bombas incendiarias destruyeron la parte superior de la torre, que cayó sobre la nave, y del antiguo carillón sobrevivieron dos pequeñas campanas.

La reconstrucción de la torre llegó en 2016, setenta y dos años después, y el 23 de octubre de ese año se inauguró un nuevo carillón de 52 campanas. No estamos, por tanto, ante la maquinaria barroca conservada intacta, sino ante la recuperación de una tradición que había quedado interrumpida.

El instrumento actual permite la interpretación desde un teclado y también dispone de un sistema automático electroneumático, con actuaciones diarias a las 9, 12, 15 y 18 horas. Por eso teníamos una cita a las seis, y por eso nos hemos ido entreteniendo con los otros relojes sin perder de vista la hora.

Para que la visita no se quede solo en fotografías, os dejo este vídeo del canal de la parroquia, con el carillón automático interpretando «Verleih uns Frieden». La grabación corresponde al toque de las doce, no al de las seis de nuestro paseo, pero permite escuchar el instrumento y verlo en funcionamiento.

Y para quienes quieran curiosear por dentro, Joey Brink recorre la torre con la carillonista Anna Kasprzycka y muestra las campanas, el teclado y parte de una interpretación.
Ya son las seis. Ahora guardamos el reloj de pulsera y dejamos que sea la torre la que hable.

Porque hay relojes a los que uno va para mirar la hora. Y otros a los que va para escucharla.

Gracias por llegar hasta aquí.

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Muchas gracias compañero por traer este magnífico paseo relojero musical que une la tierra con el cielo, lo terrenal con lo espiritual. Al hilo de tu reportaje, permíteme añadir que la música hace bailar los cuerpos, aunque muchas culturas y religiones consideran la música divina y el baile diabólico, pero son múltiples los relojes históricos que hacen danzar figuras al ritmo de las campanas en representaciones varias.

En Múnich el Glockenspiel Marienplatz pone la música y el baile

En Londres el carrillón Swiss Glockenspiel sobre el tambor del reloj al estilo del Weltzeituhr de Alexanderplatz, bailan figuras al son de las campanas del reloj.

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Soberbia aportación, muchas gracias por traerla :slightly_smiling_face:

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